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PIRINEO COLOSAL

Publicado 18/07/2019

RODAJE EN ORDESA. FOTO CARMENRODAJE EN ORDESA. FOTO CARMEN

Ascendíamos ayer – a duras penas, todo hay que decirlo – desde los sótanos de Góriz en Ordesa, cuando de pronto,  a unos pocos metros, una hembra de rebeco o sarrio como se le conoce por las cumbres oscenses, apareció tras una roca y silbó su advertencia al grupo. He leído que las hembras de rebeco son las que dirigen las piaras de estos gráciles cápridos pirenaicos y que silban – de manera grave y sostenida – parta advertir de un peligro. La criatura se giraba y emitía su soplido y nosotros – desde nuestra quietud – le contestábamos. Nos pareció gracioso, cuando a ella seguramente le resultaría todo lo contrario. El caso es que nos miraba y silbaba.

Siempre me produce una sensación placentera, de ilusión, ver un animal salvaje en libertad. Por suerte, vimos al sarrio, pero también a las marmotas – danzando o boxeando – por la senda de Góriz; y en lo alto de los cielos infinitos del Parque Nacional, el vuelo majestuoso y extremadamente veloz del extraño quebrantahuesos.

Bajo Góriz, en covachas de alta montaña, los humanos de la prehistoria dejaron su arte. Allí, en el lugar más alto de su mundo.

EL REBECO O SARRIO, SOBREVIVE EN LAS CUMBRES PIRENAICAS. FOTO CARMEN.EL REBECO O SARRIO, SOBREVIVE EN LAS CUMBRES PIRENAICAS. FOTO CARMEN.

El hecho de poder rodar dentro del Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido ha resultado ser una experiencia única. Y agotadora. Éste es un país de colosos, de los de roca y hielo y de los de carne y hueso que han conseguido sobreponerse y adaptarse a un ambiente de extraordinaria belleza y dureza por partes iguales. Y a eso vinimos, a rastrear el paso de la Humanidad por la alta montaña.

La arqueología de alta montaña es una disciplina que exige – si cabe – mayor sacrificio que la arqueología convencional. El territorio es hostil: hay que tener pulmones de helio y piernas de acero; hay que conocer los pasos y las fuentes, desentrañar el mensaje de las nubes de tormenta y resistir. Así es Nacho Clemente  y así es Javier Rey. Y el resto de su equipo.

Estos investigadores nos han conducido durante varias jornadas por valles y cumbres tras los pasos de los primeros pastores neolíticos, tras las huellas de su hábitat y su mundo cultural. Herramientas, semillas y pinturas esquemáticas. De todo ha habido.

En Coro Trasito, a mil quinientos metros de altitud, pudimos filmar una excavación modélica, científica, que estudia el hábitat. Nacho y su equipo están obteniendo informaciones valiosísimas para desentrañar la presencia de los primeros agricultores y pastores de la gran cordillera.

Antes de subir a Coro Trasito habíamos visitado el dolmen de Tella. La cultura de estos primeros pobladores de la alta montaña se asentó con firmeza.

El barranco de Añisclo guarda – colgada – en su profundo desfiladero la cueva de Lóbrica. ¿Qué empujó a sus ocupantes a trasladar cerámica hasta allí? El ser humano se juega la vida por razones que se nos escapan.

En el mismo espacio, la ermita de san Urbez – santón que rescató los huesos de Justo y Pastor – está salpicada por más pinturas esquemáticas. El abrigo con su grueso muro, las caídas de agua, el ambiente fresco y el vuelo de las rapaces te trasladan hasta otras épocas.

Además de en el Sobrarbe también hemos tenido la oportunidad de rodar en el Somontano. Ya habíamos estado por el Río Vero y esta semana hemos vuelto a esta cintura del Pirineo para acudir a la cueva de la Fuente del Trucho. Ahí las ocupaciones y el arte se remontan – respectivamente – al neandertal y a los primeros artistas del paleolítico. Caballos, manos, puntos ¡Y un oso! Pilar Utrilla y Nieves Juste nos condujeron hasta el abrigo y nos mostraron el repertorio espectacular de su pintura mural.

CIERVA DE O LOMAR. FOTO PÉREZCIERVA DE O LOMAR. FOTO PÉREZ

Parece que todas las tierras altas cupieran en el Pirineo, como “el mundo entero cabe en la India”.

Nosotros nos marchamos pero la cierva de O Lomar sigue mirando las cumbres colosales del ocaso.

Manuel Navarro

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