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EL VLOG DEL DOCUMENTAL METAMORFOSIS - ADRIANO

MIRANDO EL MAR

PATERA MARROQUÍ EN LA PESCA DEL ATÚN EN EL ESTRECHO. FOTO KURROPATERA MARROQUÍ EN LA PESCA DEL ATÚN EN EL ESTRECHO. FOTO KURRO

 

Hoy hemos embarcado en Tarifa, en un bimotor de poco más de seis metros de eslora y nos hemos ido hasta aguas marroquíes, más o menos frente a Tánger, para filmar cetáceos, cabos, aguas y brumas en este enclave. Huele a salitre y a gasóil. 

El Estrecho de Gibraltar es como la puerta giratoria de Chicote: nadie sabe qué se va a encontrar al otro lado. Que se lo digan sino a Fabricio, nuestro piloto, que vino a España para pasar un mes y lleva treinta años enganchado a esta brecha salina. Ahora te enseña a ver ballenas en el Moby Dick. Puede sonar obvio, pero Fabricio conoce el espíritu de las gentes de Nantucket y detecta los rorcuales y las orcas como Acab, aunque sin rencor por una pierna perdida. 

Hoy hemos comenzado con una calma aparente que ha virado a poniente casi severo durante algunos momentos de la singladura. Hemos zarpado con una media niebla o falsa calima y hemos regresado con un sol propio de la fecha. Al principio hemos visto delfines, al final calderones. Las millas han ido cayendo a medida que el sol subía. 

Estas aguas bravas, cambiantes, son pródigas para la pesca. Pero todo el que se adentra en ellas, se juega la vida. Qué duro es esto. En la foto se ve a dos pescadores marroquíes sacando un atún desde una patera. Cuánta verdad, qué poco aparato. Dos hombres frente a una bestia marina. Ahí no hay carretes dorados ni sónares. Lo que hay es oficio, necesidad y valor. Si agarran mal un sedal o el pez tira por sorpresa, un dedo puede volar en menos de un segundo. O llevarte hasta el fondo del océano.

Hemingway hubiera pasado el día con ellos. Ya con quedan escritores así, o muy pocos. 

Estas son las aguas por las que cruzan los inmigrantes, las que les sirven de escape o de sepultura. Nada es gratis en el Estrecho y nada está exento de riesgo. Los que llegan después de cruzar el Sáhara lo ven como un mal menor. Se ve la otra orilla, ahí, muy cerca. Pero cuidado, son aguas procelosas. 

El viernes pasamos por el pie del Peñón, por las cuevas de Gorham y Vanguard, refugio de neandertales y templo de marineros que llegaron desde las escalas de Levante ya en la Protohistoria. El sábado visitamos la Cueva del Tajo de las Figuras, en la que puede que haya barcos como los de la Laja Alta y relatos que inspiran; el domingo rodamos en la Cueva de Atlanterra, que algunos llaman Cueva de las Orcas. 

Este verano hemos ido a rodar otras cavernas marinas como en la Sierra de Arrábida en Portugal. Y ya conocíamos  la Araña en Málaga o Benzú en Ceuta, por poner solo dos ejemplos. 

¿Estamos mirando suficientemente al mar como vector de la evolución humana? ¿Se minusvalora la capacidad náutica del ser humano? ¿Se tiene debidamente en cuenta el mar como fuente - casi inagotable - de alimento? ¿Se le considera como un medio de transporte y por tanto de comunicación o como una barrera? 

Yo creo que los hombres - al igual que doblegaron al elefante o al león - vencieron a las bestias del mar. Yo creo que los grupos humanos supieron cuándo y supieron cómo. El mar deja poco rastro, las comprobaciones son más difíciles de hacer. Y muchos yacimientos están bajo sus aguas. 

Pero les digo - mirando al mar - que hay que abrir los ojos a los inmensos horizontes del océano. Vengan si no al Estrecho. 

 

Manuel Navarro


 

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