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Llévalo a las redes

Vlog: crónica visual de los rodajes

Hoy hemos estado en Vélez Málaga con nuestro querido Pepe Ramos.  

 


EL ORÁCULO

Todos atentos a posible publicación que puede cambiar (o sostener) paradigmas. ¡Orejas tiesas! 

EPÍGRAFE DE ELEUSISEPÍGRAFE DE ELEUSIS

FOTOS DE LA TEMPORADA 2017

EL VLOG DEL DOCUMENTAL METAMORFOSIS - ADRIANO

EL TAJO DE LAS FIGURAS Y EL PODER DEL RELATO

CALCO DEL TAJO DE LAS FIGURASCALCO DEL TAJO DE LAS FIGURAS

 

Somos relato. Nuestra mente entiende el mundo a través del relato que la construye, que la configura. El relato nos crea, nos une, nos hace partícipes de una identidad, de una tradición y de una historia. Fuera del relato, sencillamente, no somos. Desde la más remota antigüedad, escuchamos extasiados los cuentos, las leyendas, los romances, los mitos, que los juglares y los viejos narraronal calor de las hogueras que nos acompañaron en nuestro peregrinar exitoso por un mundo todavía desconocido.

Las pinturas rupestres son arte, para algunos; símbolos místicos, de poder, espirituales o identitarios, para otros; constituyen un relato, para todos. Cualquier panel, en cualquiera de las cuevas que los contienen, grita algo al vacío que, desgraciadamente, hoy no alcanzamos a descifrar. Esa voz estremecida de las pinturas y grabados parietales nos conmueve y a veces nos inquietan, porque parecen advertirnos desde su profundidad ancestral. Pues si esa voz callada se aprecia en cualquier pintura, el grito y el espíritu del relato aún se percibe con mayor fuerza y contundente descaro en las pinturas del Tajo de las Figuras, uno de los complejos parietales más importantes de esta España de nuestras entretelas.

Vamos a escribir del Tajo de las Figuras a pesar de que en esta temporada de Arqueomanía no la pudimos grabar. ¿Por qué entonces esta crónica? Pues, porque, de alguna manera, ha estado presente en nuestro periplo veraniego. Viajamos hasta Santillana del Mar para grabar un episodio sobre los pioneros de la arqueología dedicado a Sanz de Sautuola, el descubridor de Altamira. Allí nos topamos con una exposición itinerante tituladaArte y Naturaleza en la Prehistoria, que mostraba la excepcional colección de los calcos originales de arte rupestre del Museo Nacional de Ciencias Naturales. Sólo dos adjetivos para valorarla: excelente y soberbia. Quien pueda, que la visite, no se arrepentirá. Los calcos fueron realizados entre 1912 y 1936 por Juan Cabré Aguiló y Francisco Benítez Mellado, por encargo de la entonces Comisión de Investigaciones Paleontológicas y Prehistóricas. La exposición es una belleza, una oportunidad única de conocer una cuidada selección de los calcos de los paneles de pinturas más representativas del arte rupestre español. Una temprana clarividencia permitió salvaguardar para el futuro unas pinturas que, en algún caso, ya se han perdido para siempre. Los calcos, en sí mismos, ya son una bellísima expresión artística. Y las pinturas del Tajo de las Figuras, espléndidas y enigmáticas, abrían el sorprendente itinerario a través de los tiempos. Por eso, esas pinturas estuvieron presentes en nuestro caminar veraniego tras las huellas de los arqueólogos.

Las pinturasdel Tajo de las Figuras muestran animales esquemáticos, sobre todo diversos tipos de cuadrúpedos y ciervos, así como aves, figuras humanas, tectiformes y dibujos varios, algunos de los cuales bien pudieran ser barcos calcolíticos o del bronce. Sin duda alguna, una de las mejores muestras del arte esquemático del sur que, desde siempre, tendió a simplificar las formas, a esquematizarlas, incluso en la previa época naturalista del solutrense y magdaleniense paleolítico. Están realizadas en rojo, con algún mineral rico en óxido de hierro. Ya hablaremos de ellas y del relato que conforman. Pero, primero, tras conocer el porqué de esta crónica, trasladémonos a las geografías que las ampararon desde la antigüedad.

El Tajo de las Figuras se encuentra en Comarca de La Janda, encrucijada de las historias y los tiempos. Al recorrerla, sentimos que estamos en el corazón de nuestro pasado en la Península, cuyo origen y antigüedad aún desconocemos, pero que bien podría haberse firmado, quién sabe, con unas primeras pisadas sobre el lienzo del suelo gaditano. La Janda, enclavada en el centro de la ruta verde que une por el interior las bahías gaditanas de Algeciras y de Cádiz, reverbera esa gran aventura humana bajo el cielo azul que la sublima para envolverse en un halo de misterio primigenioque ni siquiera el fortísimo Levante que bate sus sierras con frecuencia ha logrado desdibujar.

Los alrededores de la Laguna de la Janda poseen una enorme riqueza arqueológica desde el remoto paleolítico. Pero uno de sus vórticeses, sin duda alguna, el Tajo de las Figuras.El Tajo de las Figuras se encuentra en un risco que domina el embalse del Celemín, en el término municipal de Benalup, también conocida por Benalup-Casas Viejas. La toponimia de Benalup nos remite a la expresión árabe Ben Alup, que, según alguna leyenda local, significa hija de la loba. Benalup creció alrededor de la ermita de Casas Viejas, erigida en el siglo XVI por la ciudad de Medina Sidonia, a la que perteneció hasta 1991, en el que alcanzó su independencia municipal. Los sucesos de Casas Viejas de 1933, en el que un grupo de anarquistas, con el célebre Seisdedos al frente, fue duramente represaliado tras asaltar el Cuartel de la Guardia Civil, hizo que su nombre pasara a la historia de España. Aquella tragedia que originó la caída del gobierno de Azaña aún envuelve con su halo negro el nombre del lugar. La espiral de la historia que gira acelerada sobre este espacio mágico…

El escudo de Benalup-Casas Viejas nos muestra un cuervo, con una barra de pan, posado sobre la fortaleza musulmana primigenia. Creen los británicos que la monarquía y el imperio británico se mantendrá en el poder mientras los cuervos aniden en la Torre de Londres. Quizás el cuervo, también, sea el animal sagrado del entorno, y, quién sabe, uno de los pájaros dibujados en la cueva. El cuervo trae un pan en el pico a la villa de Benalup-Casa Viejas, un pueblo con dos nombres o dos nombres para un pueblo, un pueblo bifronte, al modo de Jano, que cambia de denominación a lo largo de la historia para, substancialmente, seguir siendo el mismo, un singular enclave humano en un territorio singular y único en el que luce, por méritos propios,el Tajo de las Figuras.

El Tajo de las Figuras se encuentra rodeado por otros abrigos menores con pinturas, muy próximo a unas tumbas antropomórficas excavadas en rocas de las inmediaciones, y situado sobre los dólmenes que aún se aprecian a orillas del embalse del Celemín. Un lugar sagrado desde la antigüedad que aún emite una extraña energía, algo así como el eco de un pasado denso y presente.

El 17 de abril de 1913, un grupo de personas cultas e interesadas por las curiosidades históricas del pueblo realizaron una visita a la cueva. Aunque conocida desde siempre por los pastores y habitantes de aquellas tierras, se considera que esa expedición constituye el descubrimiento científico – o al menos oficial – de las pinturas, pues dejaron un legado de maravillosas fotografías que cualquier puede consultar hoy en día en internet y que sirvieron para documentar las pinturas ante la Academia de la Historia de Madrid. Tras este público conocimiento, Cabré visita la cueva y al año siguiente, en 1914, lo hace acompañado por dos de los grandes prehistoriadores del momento, presentes en tantas cuevas españolas, el abate Breuil y W. Verner. Juan Cabré realizaría unos calcos maravillosos de las pinturas, que, en 1924, fueron declaradas Monumento Arquitectónico Artístico Nacional. Desde entonces, abierta a los curiosos, las pinturas sufrieron un cierto deterioro, ya que los visitantes arrojaban cubos de agua sobre el panel, para que las pinturas resaltaran, lo que creó con el tiempo una pátina caliza que las cubrió y desdibujó. Posteriormente se protegió con una reja y se habilitó una escalera de acceso. No obstante, por motivos de seguridad, las visitas están extraordinariamente restringidas, por lo que me considero uno de los afortunados que han podido disfrutarlas en estos últimos tiempos.

DETALLE DEL CALCODETALLE DEL CALCO

Visité la cueva del Tajo de las Figuras el 21 de abril de 2017, atendiendo a la amable invitación de Sonia Díez y aprovechando que el día anterior acababa de pronunciar una conferencia sobre el vino y la nueva sociedad en la bodega Williams&Humbert de Jerez de la Frontera. Sonia Díez es una mujer sorprendente, que irradia serenidad a pesar de la intensa actividad que desarrolla y de la grave enfermedad que hubo de superar. Es directora del Colegio Europa de Getxo, en Vizcaya,y creadora del Colegio Internacional Torrequebrada, en la Costa del Sol malagueña. Ciudadana del mundo, vive a caballo entre Bilbao, de donde procede, y Andalucía, donde ha encontrado su hogar. El currículum académico es de vértigo. Licenciada en Psicología, doctora en Ciencias Económicas y Empresariales, MBA por el Instituto de Empresa, a los que suma varios posgrados en Harvard. Un mundo de posibilidades, es el lema de sus colegios. Tras padecer y superar un cáncer de páncreas, incrementó su compromiso social y su actividad a través de la fundación Ítaca, de apoyo a la reinserción de presos jóvenes a través de la cultura y de la creatividad.La conocí en unas conferencias TED en Sevilla, celebradas en el enero anterior, en la que ella pronunció de manera brillante la conferencia Evoca, provoca e invoca la vida. Aquel día me invitó a conocer el área recreativa del Celemín, bautizada como Wakana, que gestiona y, sobre todo, a visitar las pinturas del Tajo de las Figuras, algo que deseaba desde tiempo atrás. Como no pudo ser de otra manera, acepté encantado.

Un agente de Medio Ambiente de la Junta de Andalucía nos acompañó hasta la cueva, cercana al centro recreativo. Tras una cómoda subida, llegamos hasta el tajo. Para acceder hasta la altura de la cueva, utilizamos una escalera metálica batida por el fuerte levante. Cuando, por fin, nuestra vista se perdió,admirada, entre las mil y una figuras que componen el panel, los interrogantes se sobrepusieron a las afirmaciones que proclamaban sus evidencias figurativas. Podemos ver – e identificar -, con claridad esquemática, cientos de figuras; sabemos lo que son, pero no lo que nos quieren decir.Descubrimos a los protagonistas, pero no entendemos el relato que sostienen. Aquí un ciervo, allí un pájaro que parece un ibis eremita, allí un ideograma en forma de barco. Bandadas de pájaros, guerreros con armas, figuras que asemejan brujos ancestrales,todo nos aparece tan atractivo, que lo concreto nos impide ver lo general, la figura al cuadro, el verso, al poema, la frase, al relato. No son figuras sueltas al azar, componen una sinfonía armónica compuesta por el solfeo del relato. Alguien, a través de miles años, lleva contándonosuna historia que hoy no logramos entender. No estamos ante unas simples pinturas rupestres, estamos ante un cuadro, una composición, un discurso complejo en la que cada figura tiene su papel. ¿Qué pueden significar? El lugar es tan evocador que la imaginación se dispara. Algunos han querido ver el relato de Gárgoris y Habidis, toda vez que éste, criado por una cierva, antes de convertirse en rey fue bandolero, hombre de armas, como las que se aprecian en las pinturas. Quién sabe si las pinturas guardan alguna relación con la primera genealogía real conocida en España. Manuel Laza publicó en 1965 un ensayo titulado Gárgoris y Habidis, primeros reyes de Tartessos, inspirado, al parecer, por el relato que componían las pinturas del Tajo de las Figuras. Fernando Sánchez Dragó se inspiró en este libro mientras redactaba su famoso libro Gárgoris y Habidis, una historia mágica de España. Manuel Laza tiene una historia fantástica, relacionada con la Cueva del Tesoro del Rincón de la Victoria, que ya contaremos en otra ocasión. Aquí queda, negro sobre blanco, la luminosa intuición de ambos escritores, por si el tiempo – y la ciencia – terminaran algún día dándoles la razón. Pero sea éste u otro, no cabe duda alguna que el Tajo de las Figuras es el libro en piedra de un relato poderoso y profundo.

El relato nos configura, nos une, nos aporta identidad, un marco de creencias en el que vivir, unas coordinadas para ubicarnos en la historia y en la sociedad. Nuestra mente tiene naturaleza discursiva, precisa de un relato que aúne y de sentido y coherencia a los hechos, conocimientos y datos individualizados. La tradición oral garantizó durante miles de años la transmisión, de generación en generación, de las grandes historias y relatos de una comunidad. En la África profunda aún permanece esa tradición de contadores de cuentos, que atesoran en su memoria, la historia de un pueblo o de una raza. Cuando muere un viejo, desaparece una biblioteca, repiten los sabios del lugar, conocedores de que una gran parte de su propia historia se custodia en la memoria de esos recitadores de historia, hoy en peligro de extinción.

Creemos que los relatos míticos y fundacionales tan sólo se transmitieron de manera oral hasta la aparición de la escritura. Pero, ¿y si también hubiéramos utilizado el soporte artístico para narrarlas? Al fin y al cabo, la iconografía clásica, o la eclesiástica, nos muestran a través de esculturas y pinturas sus mitologías e historias sagradas. ¿Por qué no pudo pasar eso desde la antigüedad? Nosotros contamos historias a través de películas, cómics, novelas gráficas. ¿Es acaso, patrimonio de la actualidad la fuerza narrativa del arte?

Las preguntas quedan en el aire mientras descendemos del Tajo, sabedores del retablo fundamental que acabamos de conocer. Visitaremos el Tajo de las Figuras en una próxima edición de Arqueomanía y nos detendremos en sus figuras. Hoy sólo queríamos dejarnos envolver por el desconocido relato escrito sobre su lienzocalizo hace miles de años. Ojalá, alguien, lograra,algún día, desentrañarlo.

 

Manuel Pimentel Siles.


 

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