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Vlog: crónica visual de los rodajes

Evocación y recuerdos de hace tantos años ayer en Venta Micena, Orce

 


EL ORÁCULO

Está en el aire. Se están preparando algunos elementos novedosos para esta temporada. Los espectadores van a ver como nunca algunos elementos claves de nuestra prehistoria y protohistoria. Tiempo al tiempo.  

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FOTOS DE LA TEMPORADA 2017

EL VLOG DEL DOCUMENTAL METAMORFOSIS - ADRIANO

ORCE Y SU SINFONÍA DE EXTRAÑEZA ESENCIAL

 MANUEL PIMENTEL Y JUAN MANUEL JIMÉNEZ AYER EN ORCEMANUEL PIMENTEL Y JUAN MANUEL JIMÉNEZ AYER EN ORCE

 

Orce es una bella sinfonía en clave de extrañeza. Sus tierras, blancas, tienen el color de los millones de fósiles que dormitan sepultados bajo sus calizas sedimentarias. Orce, hermosa por caserío y paisaje, es una ventana abierta hasta aquellos tiempos extraños, un millón y medio de años atrás, en los que los primeros humanos se desplazaron por Europa.

Todavía no conocemos nuestro propio pasado. Sólo la ciencia, con el apoyo de los escasos fósiles humanos aparecidos, podrá alumbrar la caverna oscura de nuestro origen. Primero fue la inmovilidad, el relato bíblico. El mundo era como lo veíamos, apariencia, forma, que dirían los clásicos. La esencia de la materia nunca cambia, es inmutable, afirmaron. Y si la materia lo es, el mundo también lo sería, con razón acrecentada. La continuidad esencial de Parménides, el nada cambia, impregnó el paradigma del conocimiento humano hasta que los fósiles – testigos molestos de un pasado que no entendíamos – y, sobre todo, hasta que Darwin y sus teorías nos convencieron de que la vida evolucionaba y cambiaba. Orillamos a Parménides y abrazamos el Panta rei de Heráclito, el todo fluye, nada permanece. Antes, los incipientes estudios de geología nos habían descubierto las colosales fuerzas telúricas que elevaban las montañas y que hundían continentes enteros. Al-Biruni ya afirmó, allá por el siglo X, aquello tan revolucionario de que la India fuese antes un mar. Charles Lyell publicó en 1830 su famoso libro Principios de Geología, que tanta influencia tuviera en el propio Darwin, y gracias al cual la humanidad tomó consciencia definitiva de que las geografías mudaron en el tiempo y, lo más importante, que seguirían haciéndolo en el futuro.

Todo cambia, todo fluye, nada permanece. Y la certeza de que nunca podremos bañarnos dos veces en el mismo río nos provoca un sentimiento de extrañeza en relación con el mismo suelo que pisamos, sobre el familiar territorio que habitamos, que no fue como hoy lo vemos, ni será como lo vean los nietos, de los nietos de nuestros nietos. Sobre sus campos no pastaron ni cazaron los mismos animales que hoy lo hacen. Donde hoy vemos ovejas, vacas, ciervos y jabalíes, en el pasado pleistocénico al que nos remiten los yacimientos de Orce, habitaron enormes mamuts con defensas imposibles, hipopótamos, rinocerontes, hienas gigantes, tigres de dientes de sable. Y entre tanta desmesura de bestias y fieras, vivieron los homínidos o humanos pleistocénicos de alrededor de millón y medio de años de antigüedad. Nos los figuramos trémulos, asustadizos, pero con la firme determinación de sobrevivir y con una inteligencia asombrosa que les permitió tallar útiles en piedra y hueso. Ya eran nuestra estirpe, nuestros parientes apartados que nos dejaron la rica herencia de sus genes. En Europa apenas si hay yacimientos con restos humanos con antigüedades superiores al millón de años y Orce es uno de ellos, junto a Dmanisi y Atapuerca.

Orce se encuentra al norte de la provincia de Granada y acoge, como decíamos, algunos de los yacimientos con presencia humana más antiguos de Europa. El paisaje, árido, de blancas albarizas y profundos barrancos, es exótico, bellísimo y único y recuerda a las profundas gargantas tanzanas de Olduvai, consideradas por algunos como el origen de la humanidad. En el término de Orce existen abiertos varios yacimientos, de los que en la presente campaña se han excavado tres, Barranco León, Fuentenueva 3 y Venta Micena, que visitamos.Estos yacimientos se localizan en lo que fueran las orillas de un lago antiquísimo y poseen una riqueza espectacular, tanto en fauna del pleistoceno inferior como en instrumentos líticos de los homínidos que poblaron estas tierras hará, al menos, unos 1,4 millones de años.RODAJE DE AYER EN FUENTENUEVA 3RODAJE DE AYER EN FUENTENUEVA 3

Desde que José Gibert descubriera los yacimientos a finales de los setenta del pasado siglo hasta nuestros días, las diversas campañas de excavación – pocas para tan largo periodo – realizadas por Gibert y otros eminentes paleoantropólogos, como Isidro Toro, Bienvenido Martínez o Robert Sala, han arrojado un riquísimo material paleontológico y de industrias líticas que sitúan a Orce en el parnaso de la arqueología pleistocénica. Asimismo, se han descubierto valiosos restos humanos, como un diente infantil,un probable húmero, dos epífisis humerales o un posible hueso parietal, que son, a día de hoy, los más antiguos localizados en Europa tras los de Dmanisi.

El Proyecto Orce contempla cuatro campañas de excavación e investigación a partir de este verano de 2017, coordinados por la Universidad de Granada. Juan Manuel Jiménez Arenas, director del proyecto, es bien consciente de la enorme responsabilidad que contrae tanto con la comunidad cientínfica como con el conjunto de la sociedad. Orce es un yacimiento con un enorme potencial que arrojará luz sobre un periodo aún tan confuso como el Pleistoceno inferior. Para ello ha organizado un amplio equipo interdisciplinar e internacional, en colaboración con el IPHES, compuestos por técnicos y científicos de diversas disciplinas y con un soporte metodológico y tecnológico de última generación. El objetivo es conocer tanto la fauna como el clima de aquel tiempo remoto, así como, por supuesto, estudiar la presencia de aquellos primeros homínidos europeos, para responder así las muchas preguntas que sobre ellos aún se suscitan.

José Solano nos muestra el yacimiento de Barranco León, suspendido sobre la enorme cárcava que la erosión creó sobre el sedimento del lago. Aquí apareció el diente humano y destaca por la rica presencia de hipopótamo en unas cronologías que rondan los 1,4 millones de años.Nos trasladamos a continuación hasta Fuente Nueva 3, un yacimiento con 1,2 millones de años, donde encontramos al mamut meridional como rey. Unas defensas enormes, las mayores encontradas de la especia hasta ahora, dominan, soberbias, la excavación. Deborah Barsky, su directora e investigadora del IPHES, narra apasionada la importancia de Orce en la escena europea y la trascendencia de estas excavaciones.

El yacimiento más antiguo es el de Venta Micena, con casi 1,6 millones de años de antigüedad – muy cercano al ya que excavara Gibert -, que destaca por su alta concentración de fauna, en especial de carnívoros, aunque, hasta ahora, no se ha encontrado actividad humana alguna. Carmen Luzón, tafónoma, nos muestra la alta densidad de fósiles de licaones, lobos e hienas, además de unas imponentes cuernas de un enorme cérvido. En este yacimiento aún no se ha localizado actividad humana, aunque no descarta descubrirla en cualquier momento.

Fragmento de colmillo de tigre de dientes de sable excavado esta campañaFragmento de colmillo de tigre de dientes de sable excavado esta campaña

Hace millón y medio de años, una inmensidad en el tiempo, grandes animales vivieron en estas tierras, acompañados por unos inteligentes e inquietos homínidos, de los que aún sabemos muy poco. Orce posee la llave que nos abrirá la puerta de sus arcanos que, de alguna manera, también son los nuestros. Mientras, los paisajes de Orce, sus páramos y barrancos, continuarán componiendo su sinfonía de extrañeza singular, de asombro y sorpresa, ante el misterio más extraño: nuestro propio origen, nuestro propio Ser. ¿Somos nosotros aquellos homínidos? ¿Habitan ellos en nosotros? Quizás, al final, tanto Parménides como Heráclito tuvieran razón al tiempo, al modo de Lampedusa. Que cambie todo, para que nada, en esencia, se modifique. Quién sabe si, al final, no estamos tan lejos de aquellos primeros humanos como hoy suponemos. Orce dirá, Orce sentenciará. Y si no, al tiempo.

 

Manuel Pimentel Siles.


 

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