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LEE BERGER Y SUS MUCHACHOS DEL PLEISTOCENO

Publicado 26/04/2023

Réplica exacta del holotipo del australopitecus sediba en el Museo de Malapa. Kurro / CarmenRéplica exacta del holotipo del australopitecus sediba en el Museo de Malapa. Kurro / CarmenEl domingo 16 de abril visitamos el complejo de Malapa, dentro del Cradle of Humankind cercano a Johanesburgo, en Sudáfrica. Se trata de un núcleo situado a unos 50 kilómetros al noroeste de la gran metrópoli, en la provincia de Gauteng. Fue declarado patrimonio de la humanidad por la UNESCO.  Es un título muy merecido por la gran cantidad, calidad y antigüedad de los fósiles humanos descritos dentro de sus límites.

Malapa es un Sancta Sanctorum para Berger, o eso pienso yo. Lee Berger es el único paleoantropólogo vivo que ha descrito dos nuevas especies de homininos: el Australopitecus sediba y el Homo naledi.  Eso le da un lugar en el panteón de los paleoantropólogos; y es un lugar de honor, por tanto codiciado.

Hace unos dos mil millones de años un gran meteorito cayó en la región – provocando un cráter de 300 kilómetros -  cambiando la historia de la vida en la Tierra para siempre. Luego, eones de tiempo después, llegaron (aparecieron, evolucionaron…) los ancestros de los humanos.  

RINOCERONTES CERCA DE DRIMOLEN. KURRORINOCERONTES CERCA DE DRIMOLEN. KURROLa tarde del día 15 de abril habíamos tenido la oportunidad de estar a penas a unos metros de una rinoceronte blanca y su cría. Fue un momento singular, de esos en los que el tiempo se licua para deformarse caprichosamente. El canto de las aves se volvió un eco; los gritos de alborozo, un coro lejano. La enorme madre nos miró con su ojo sapientísimo y las gramíneas que cubrían el páramo se agitaron rítmicas, cadenciosas, melifluas. Cuando te mira un animal salvaje de grandes dimensiones – ya me ha pasado con hipopótamos, elefantes y leones – el misterio insondable de la madre naturaleza te recorre el espinazo y la boca del estómago. Es una mezcla de pavor reverencial y sensación de haber llegado a casa. A mí me dan miedo los grandes animales porque presumo que son serios y consecuentes con sus instintos. Sobre todo me dan miedo los leones, concretamente las leonas que tienen cara de pensar “para casa aunque sean piedras”.

Cuando vimos los rinocerontes, regresábamos desde Drimolen, un yacimiento paleoantropológico que según predicen Manuel Domínguez y Enrique Baquedano, va a dar mucho que hablar durante los próximos años. En realidad ya ha dado que hablar: el cráneo más completo de Parantropus robustus (Eurídice) jamás encontrado se obtuvo allí. También se ha excavado un parietal de Homo erectus en la cantera principal.

Las miradas periciales de los dos científicos españoles auguran cosechas fosilíferas futuras llenas de emoción. Drimolen es la gran esperanza, el mirlo blanco.Kurro, Carmen y Baquedano en Drimolen. NavarroKurro, Carmen y Baquedano en Drimolen. Navarro

Cerca del segundo yacimiento de Drimolen, llamado Makondo (2,6.m.a.) y que está situado un poco más arriba que el primero, unos cincuenta metros, se abre una covachuela oscura que – en palabras de Matthew y Stephanie Caruana, nuestros guías – es compartido por una hiena y un puerco espín. Nosotros sólo vimos las púas sueltas por la boca de la cueva. Desconocemos si hubo trifulca entre los “compañeros de piso”.

Antes de  Drimolen, esa misma mañana, habíamos estado en Sterkfontain y Swaktrans, dos yacimientos históricos pero con futuro, sobre todo Swaktrans, para comprender la evolución humana en Sudáfrica.

Como decía más arriba, el día 16 de abril visitamos Malapa. Comenzamos por su museo, una pequeña instalación que forma parte de un complejo hotelero en plena naturaleza. La visita a este museo es imprescindible para comprender bien la historia del Australopitecus sediba y su sensacional descubrimiento. Allí mismo me hice con un ejemplar del libro Almost human (Berger y Hawks. National Geographic, 2016) con el que me he llegado a hacer una primera imagen de Berger de puño y letra del propio Berger.

Rodeados de una naturaleza plena fuimos avanzando desde el complejo hotelero y cultural hasta la cueva de Malapa. En algunas fases del trayecto, Manuel Domínguez Rodrigo aseguraba que el paisaje que ocuparon, disfrutaron y sufrieron los primeros homininos en África del Sur era tal y como el que veíamos en esos momentos.

Malapa cave. SelfieMalapa cave. SelfieTras una hora de camino en un gran todoterreno, luego de atravesar grupos de papiones, ñus, jabalíes verrugosos, antílopes, cebras y el territorio del leopardo – al que no vimos pero de cuya presencia en el lugar no hay duda -  alcanzamos Malapa Cave, una vez que hubimos recorrido bastantes metros entre aguas claras que brotaban de una surgencia próxima. Sediba significa fuente o manantial, además de primavera, en idioma sesotho, el de los pobladores originales del lugar. De ahí la nomenclatura del australopiteco que se descubrió allí: Australopithecus sediba.

Todos bajamos del coche. Me quedé unos segundos detrás, mirando alrededor. Estábamos en uno de los lugares clave para conocer la evolución humana. Sentía la emoción de haber llegado, la suerte de haber podido venir con grandes expertos que iban a ser nuestros ojos y nuestros oídos durante la visita. Nunca le estaré lo suficientemente agradecido a Enrique Baquedano y Manuel Domínguez por incluirnos en esta expedición.

Lo que se observa a primera vista en Malapa, además de la gran estructura metálica que protege el yacimiento, es un afloramiento calizo, una cantera. No se trata de una cueva al uso, caso de Gladisvale que visitamos unas horas después.

Lee Berger tiene un carácter expansivo, como se dice ahora. Un castizo diría que es un “echao palante”. Al menos esa es la imagen que me queda tras leer su obra Almost Human. Berger nació hace 58 años en el estado de Georgia. Sus padres pensaron para él un futuro en la Marina de los Estados Unidos, pero a Lee le gustaban el campo y los fósiles. Se plantó en una conferencia de Donald Johanson en Texas, siendo apenas un zagal y a los pocos meses estaba en Kenia recibiendo instrucción de los míticos Leaky. Llegó a Sudáfrica en 1990 y una controversia con Philip Tobias – gran científico con el que tuve la suerte de poder hablar hace unos años – lo alejó de una importante publicación sobre Sterkfontain, la cuna de Mrs. Ples y otros cien australopitecos. Su departamento universitario fue dividido y tuvo que ponerse las pilas.

Lee Berger no es de los que se rinde a las primeras de cambio y diseñó un programa para detectar yacimientos arqueológicos – fundamentalmente canteras abiertas por los pioneros de la minería – en un amplio territorio. Comenzó a utilizar herramientas de detección remota como Google Earth y un día, un buen 15 de agosto de 2008, cuando ya se marchaban de las proximidades de Malapa, su hijo Matthew, de unos diez años, acompañado por un pastor de Rodesia, un perrazo cazaleones, encontró un fósil: se trataba del Australopitecus sediba.

¿Cuántas veces en la arqueología el descubrimiento se ha producido en el último momento? ¿No pasó con el Tesoro de Villena? ¿Con la Tumba del Guerrero de Málaga? Hasta el rabo todo es toro, que no se nos olvide. E se non è vero é ben trovato.

Lee Berger tardó 15 días en conseguir un permiso de excavación de SAHRA (el organismo sudafricano que gestiona todo lo que tiene que ver con el patrimonio cultural y natural) y montó un equipo de trabajo. El primer día, ante la falta de nuevos hallazgos, pensó que el fragmento de brecha dolomítica que había encontrado Matthew, tal vez había caído de una vagoneta o de la arriería que transportaba calizas para la construcción de Johanesburgo. Pero la duda fue breve. Pronto comenzaron a llegar más fósiles engastados en caliza, como diamantes en anillos de oro.

Berger es un enamorado de la aventura y de la evolución. También de las nuevas tecnologías y del trabajo en equipos organizados. Predica el acceso libre a los fósiles por parte de la comunidad científica – con el orden requerido por logística, claro está – y publica en abierto. Fue periodista, concretamente operador de cámara, cuando tenía unos veinte años, lo que sin duda le da cercanía a los medios y a la necesidad de comunicar sus hallazgos. Es un hombre que ha tenido que enfrentarse a decisiones difíciles. Por ejemplo cuando tuvo que elegir entre regresar desde Filipinas a Estados Unidos cuando su padre se rompió el cuello en un accidente o seguir con un proyecto de excavación en unas islas del Pacífico que tenían gran interés para comprender el caso del Hobbit de la Isla de Flores. Berger aguantó en Filipinas y su padre que había quedado tetrapléjico, murió a los cuatro días. No se pudo despedir.

Cuando descubrieron Rising Star, en 2013, y ante la imposibilidad de que él – Berger -  accediera a las cámaras profundas, por una cuestión de tamaño, decidió instalar un circuito de televisión en el sistema de cavidades. Y unos teléfonos militares de emergencia, por si había algún problema con el equipo. Sin duda, Berger observa los problemas y busca una solución. En Rising Star excavaron seis mujeres, que eran las que mejor cabían.

Los análisis paleoantropológicos ya son harina de otro costal. Hay que decir en su defensa, que las dos nuevas especies que ha descrito tienen características muy complejas. Grosso modo se puede afirmar que comparten rasgos con las poblaciones evolucionadas de Homo erectus, incluso de Homo sapiens, a la vez que presentan características, como el hombro del Australopithecus sediba, que se acercan a una regresión evolutiva. Para Berger, este conjunto de elementos anatómicos modernos y muy antiguos implicaría el linaje humano podría provenir directamente del sediba. Berger no cree que Homo habilis tenga características de especie singular y lugar en la evolución. Así que el linaje de los Homo erectus (Homo ergaster en África) provendría de estos australopitécidos, de los sediba.  Australopitecus Sediba. De Photo by Brett Eloff. Courtesy Profberger and Wits University who release it under the terms below. - Trabajo propio, CC BY-SA 4.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=10094681Australopitecus Sediba. De Photo by Brett Eloff. Courtesy Profberger and Wits University who release it under the terms below. - Trabajo propio, CC BY-SA 4.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=10094681

El Homo naledi, sería un linaje extinto, un callejón sin salida en la evolución.

En ambos casos, los individuos analizados presentan dientes pequeños y cerebros pequeños. Y no está claro que comieran carne. ¿Es esa la causa de que tuvieran cerebros con menos volumen que los erectus? El aumento del tamaño cerebral, dado el altísimo consumo energético de un cerebro humano, que llega al 20% del total del organismo, se asocia a digestiones rápidas y con gran obtención de energía en los alimentos, algo que sólo puede proporcionar la ingesta de carne. Se sabe con certeza que en Olduvai, los primeros Homo ergaster o sus predecesores cazaron y consumieron animales hace más de 1,7 m.a. Así lo publicaron recientemente Baquedano y Rodrigo junto a parte de su equipo.

Es plausible que los dientes pequeños de los dos nuevos homininos sean apropiados para un consumo de fruta o de otra dieta “blanda”. Así que tal vez sediba y naledi eran bípedos, sociales, inteligentes pero no habían “eclosionado” todavía hacia nuestra especie. El problema del naledi es que las cronologías defendidas por Berger y su equipo lo sitúan hace unos 300 mil años, cuando Homo sapiens estaba en sus albores y los preneandertales de la Sima de los Huesos estaban muchísimo más evolucionados. Tal vez  Homo naledi sea un linaje que se originó con los otros australopitecos y sobrevivió durante un periodo mayor de tiempo.

Para colmo, en Rising Star, la cueva donde se ha descrito Homo naledi, carece de restos de industrias líticas y de otros animales, por el momento, lo que ha dado pie a la teoría de que la Cámara de Dinaledi es un depósito funerario. Una afirmación muy gruesa para las pruebas que se manejan. En caso de ser cierta, estaríamos ante un escenario similar al de la Sima de los Huesos de Atapuerca. Doctores tiene la Iglesia y esta discusión no ha hecho nada más que empezar.

La visión sudafricana, el primer acercamiento a los “Muchachos de Berger” nos deja ahítos de noticias y nos viste de humildad ante el conocimiento de nuestros orígenes. Se trata de una labor de equipo (todos los científicos), tecnológica y larga, muy larga. Ahora sé que no tendremos las claves hasta dentro de mucho. Pero también me estimula estar en el momento de los pioneros, porque cuando las cosas empiezan tienen un sabor más intenso y un color más vivo.

Manuel Navarro

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