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ELRELATO DEL TURUÑUELO

Publicado 07/06/2024

Entrevista a Sebastián Celestino delante de la puerta principal Entrevista a Sebastián Celestino delante de la puerta principal

 

El Turuñuelo de Guareña es una inteligencia ancestral (IA) que responde con dudas a las preguntas que le formulan los pacientes investigadores encargados de su excavación. Sebastián Celestino, veterano en mil batallas y Esther Rodríguez – estrella emergente de la nueva generación de arqueólogas españolas – son los máximos responsables de los trabajos que se desarrollan en Guareña (Badajoz) hace casi una década y que no paran de ofrecer resultados espectaculares en forma de arquitecturas y de artes suntuarias. Aunque, a veces, parece que un espíritu burlón disemina las pistas al azar o por capricho, al menos, a primera vista. En realidad estamos ante la construcción de un relato complejo que tiene que cambiarse forzosamente tras la ejecución de cada campaña.

Las campañas arqueológicas del Turuñuelo de Guareña, conocido ahora como Casas del Turuñuelo, son de gran calado. No se trata de pequeñas  catas. Estamos ante un trabajo de varios meses en el que arqueólogos, antropólogos, genetistas, operarios de obra, artistas 3D y cineastas trabajan bajo las instrucciones de Esther y Celestino en pos de documentar un extraordinario patrimonio arqueológico que deviene – lógicamente – en una necesaria interpretación. La arqueología sin interpretación no es arqueología, es una acumulación de antigüedades.

El Turuñuelo de Guareña ha mostrado al mundo muchas cosas en poco tiempo. Su registro es prolijo. Su interpretación es ya harina de otro costal. Tenemos que ser conscientes de que estamos viendo una cápsula de tiempo engañosa, un escenario en el que se representaron muchos episodios – algunos sangrientos – durante más de un siglo. Las últimas estimaciones cronológicas del Turuñuelo abarcan parte del siglo VI y la práctica totalidad del  siglo V antes de Cristo. Eso ya nos deja ante una probable ocupación sucesiva de grupos diferentes. Podría darse el caso de que fuera un yacimiento tartésico en su origen, bien es verdad que se trataría de una fase final de Tarteso, y también turdetano o íbero en su tramo final. El tiempo irá aclarando las cosas, aunque hasta ahora, las ha complicado.Esther Rodríguez y Sebastián Celestino explican el hallazgo de la placa grabadaEsther Rodríguez y Sebastián Celestino explican el hallazgo de la placa grabada

Durante la primera campaña la idea predominante era la de un edificio singular que respondía al modelo de un santuario mediterráneo. No de un templo, no hay que confundirse. Los santuarios en la Antigüedad son edificios más complejos, con más actividades desarrollándose entre sus muros y su perímetro. La proximidad del Santuario de Cancho Roano era un indicativo, un camino de baldosas amarillas...

Pronto aparecieron algunas voces que se inclinaban más por decantar el Turuñuelo hacia un uso palacial o civil. Algunos recordaréis que la penúltima temporada de Arqueomanía, emitida en 2023, finalizaba con dos capítulos centrados en las posibles influencias o paralelismos entre el mundo etrusco y el yacimiento del Turuñuelo. Concretamente en Murlo pudimos observar parte del registro material de una excavación de una extensa explotación rural, una suerte de cortijo por decirlo en Román paladino, que podía presentar ciertas concomitancias con las Casas del Turuñuelo. Pero faltaba asegurar con más fuerza la existencia de espacios dedicados a la producción. Hecho que ha sucedido estas dos o tres últimas semanas.

En esta campaña, rodamos en el Turuñuelo hace un mes y en ese momento – tan próximo – no se habían localizado con seguridad la puerta principal del edificio ni las áreas de producción. Tampoco se había excavado la placa con el grabado de los soldados o combatientes ni las decenas de restos de platos. O las pesas de telar que parecen estar en proceso de fabricación industrial (para la época). Hay pocos yacimientos en los que pasadas cinco semanas haya cambiado tanto el panorama, como tuvimos ocasión de comprobar en nuestra segunda jornada de rodaje realizada el pasado día 5 de junio.

LA PLACA DE PIZARRA

Dice Alfonso Mañas en el Capítulo I de su obra Gladiadores, el gran espectáculo de Roma (Ariel, Barcelona 2013):

En Roma el espectáculo consistente en ofrecer luchas de gladiadores se llamaba munus (“deber”, “obligación”) porque originariamente (antes del siglo II a. C.)esta práctica era una obligación fúnebre que se tenía con el difunto recién fallecido; los familiares más allegados tenían el deber (munus) de ofrecer en memoria del muerto un combate de gladiadores (munus gladiatorium), con la idea de que la sangre del gladiador vencido (en aquellos tiempos sí moría siempre el vencido) favoreciese al espíritu del fallecido en la otra vida (se creía que la sangre era fuente de vitalidad, por lo que si se derramaba junto a la tumba el espíritu del difunto podría obtener algo de esa energía vital, sintiéndose “menos muerto”). “

DETALLE DE LA PLACA. FOTO CSIC.DETALLE DE LA PLACA. FOTO CSIC.Mañas retrotrae el origen de esta tradición a la misma Ilíada, a los etruscos y al irrepetible Alejandro Magno. También señala que Escipión el Africano celebró estos juegos en Carthago Nova el 206 a.C.  

¿Es posible que la placa de pizarra del Turuñuelo muestre un proto combate de gladiadores? Veamos la escena que se recoge en una de sus caras: un hombre yace sobre el suelo, son su casco (indicativo de que es un guerrero o militar). Tiene un gran falo (se relaciona con la vitalidad para la otra vida). Por tanto su posición y el detalle iconográfico del gran falo nos pueden llevar a pensar que se trata de un caído, probablemente en combate, de ahí el indicativo del casco. Sobre él hay dos figuras ataviadas con panoplia militar. La de la derecha, puede ser incluso una guerrera. Viste una túnica corta, tiene (lo que parecen) tatuajes en las piernas, glebas, una lanza fina y una espada ¡con la empuñadura de una falcata íbera! Sin duda el espíritu burlón del Turuñuelo está disfrutando después de otorgar otro de sus favores.

La grandeza del Turuñuelo está en su registro y en que todavía quedan dos terceras partes por excavar. Es cierto que la zona central del complejo está prácticamente terminada, pero no lo es menos que decenas de habitaciones esperan bajo la tierra parda de Guareña.

No es temerario afirmar que el relato del Turuñuelo está aún en fase preliminar. Otra cosa será cuando se terminen los trabajos de excavación y entonces, con todos los elementos en la mano, se pueda ofrecer por parte del equipo de investigación, una explicación más sólida. Aunque ya sabéis que la arqueología necesita de la disparidad de criterios, como todas las ciencias.  

 

Seguiremos los pasos de este gran proyecto, palabra de honor:

 

Manuel Navarro

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