{"id":1130,"date":"2019-07-17T10:00:00","date_gmt":"2019-07-17T10:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/arqueomania.es\/wordpress\/?p=import-130"},"modified":"2019-07-17T10:00:00","modified_gmt":"2019-07-17T10:00:00","slug":"lainesperada-necropolis-prehistorica-de-la-cueva-del-nacimiento-del-rio-cuadros-en-bedmar-jaen-sellada-durante-milenios","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/arqueomania.es\/index.php\/2019\/07\/17\/lainesperada-necropolis-prehistorica-de-la-cueva-del-nacimiento-del-rio-cuadros-en-bedmar-jaen-sellada-durante-milenios\/","title":{"rendered":"LAINESPERADA NECR\u00d3POLIS PREHIST\u00d3RICA DE LA CUEVA DEL NACIMIENTO DEL R\u00cdO CUADROS,EN BEDMAR, JA\u00c9N, SELLADA DURANTE MILENIOS"},"content":{"rendered":"<p><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/arqueomania.es\/attachments\/Image\/20190709_135759.jpg\" alt=\"Entrada a la cueva.\">Entrada a la cueva.<\/p>\n<p>La Sierra M&aacute;gina, enclavada en el coraz&oacute;n de Ja&eacute;n, adem&aacute;s de hermosa e imponente, es m&aacute;gica. O, al menos, as&iacute; lo creen muchos de sus ciudadanos y visitantes, admirados por los sucesos hist&oacute;ricos y extra&ntilde;os que all&iacute; acontecieron durante el lento transcurrir de los siglos, desde las famosas caras de Belmez de la Moraleda, hasta los dos castillos de Bedmar, pasando por las leyendas de la Fuenmayor de Torres o lo acontecido en el pueblo de nombre tan inici&aacute;tico como el de Cabra del Santo Cristo. Pues hacia Bedmar nos dirigimos con una doble intenci&oacute;n. Por la tarde, pronunciar una conferencia en la inauguraci&oacute;n del III CAMPUS INTERNACIONAL DE ARQUEOLOG&Iacute;A BEDMAR PREHIST&Oacute;RICO, para, a continuaci&oacute;n, presentar nuestro libro de ARQUEOMAN&Iacute;A, HISTORIAS DE LA ARQUEOLOG&Iacute;A. El evento transcurri&oacute; a la perfecci&oacute;n, con un p&uacute;blico atento que rebosaba la sala y unas autoridades que, a pesar de su diverso signo pol&iacute;tico, se mostraron aunadas, todas ellas, en el apoyo a la investigaci&oacute;n arqueol&oacute;gica y a la difusi&oacute;n cultural. Toda una lecci&oacute;n de concordia en estos tiempos alborotados de desacuerdos y grima.&nbsp;<\/p>\n<p>La segunda raz&oacute;n de nuestra presencia era la de conocer y grabar la cueva que se excavar&iacute;a a lo largo de este III Campus, abierta sobre el nacimiento del r&iacute;o Cuadros, un paisaje formidable en el que se enclava el Santuario de la Virgen de Cuadros, donde nos hospedar&iacute;amos.<\/p>\n<p>En las campa&ntilde;as de los dos Campus precedentes se trabaj&oacute; en el seno de dos de las muchas cuevas que alberga el municipio y los resultados fueron, sencillamente, espectaculares. En la cueva de la Serrezuela se encontraron m&aacute;s de 600 piezas l&iacute;ticas musterienses, propia de los neandertales. Y, en la grandiosa cueva del Portillo, resultaron catalogadas m&aacute;s de dos mil quinientas piezas talladas desde el neol&iacute;tico hasta el magdaleniense, har&aacute; unos catorce mil a&ntilde;os. Adem&aacute;s de abundante industria l&iacute;tica &ndash; dedicada sobre todo a la caza de la cabra mont&eacute;s, abundante ayer y hoy en la zona &ndash; y de hogares que calentaron a aquellos remotos cazadores-recolectores, destacaron dos collares de conchas, uno de ellos pr&aacute;cticamente completo. En esta campa&ntilde;a, como dec&iacute;amos, se dispon&iacute;an a excavar en una nueva cavidad y uno de los lugares m&iacute;ticos de sierra M&aacute;gina, la conocida como Cueva del nacimiento del r&iacute;o Cuadros. Los arque&oacute;logos ya hab&iacute;an programado la campa&ntilde;a de excavaci&oacute;n, que promet&iacute;a proporcionar grandes alegr&iacute;as para la ciencia y para el conocimiento de nuestra prehistoria. &iquest;Qu&eacute; se encontrar&iacute;a en su interior&ndash; nos preguntamos -, qu&eacute; misterios atesorar&iacute;a?<\/p>\n<p><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/arqueomania.es\/attachments\/Image\/20190709_111132.jpg\" alt=\"CR&Aacute;NEO EN EL TUBO DE ENTRADA\">CR&Aacute;NEO EN EL TUBO DE ENTRADA<\/p>\n<p>Tras la cena, nos dirigimos hasta la hospeder&iacute;a. Atr&aacute;s quedaba ya la apertura oficial del III Campus, que acoger&iacute;a durante las pr&oacute;ximas semanas a estudiantes, arque&oacute;logos y cient&iacute;ficos de varios pa&iacute;ses del mundo, dispuestos a excavar por la ma&ntilde;ana para trabajar por la tarde en la limpieza, conservaci&oacute;n y catalogaci&oacute;n de las piezas encontradas. Ser&iacute;an d&iacute;as intensos para los participantes, que nunca podr&aacute;n olvidar ni a esas sierras ni a su gente. Felicitamos entonces y volvemos a felicitar ahora a Paleom&aacute;gina, al ayuntamiento de Bedmar, a la diputaci&oacute;n de Ja&eacute;n, a la UNIA y al IPEH por impulsar y posibilitar esta loable iniciativa, dirigida por Marco Antonio Bernal y financiado por la Caja Rural. El silencio de la sierra acun&oacute; nuestro sue&ntilde;o profundo y reparador.<\/p>\n<p>Amanec&iacute;a cuando escribimos estas l&iacute;neas. El alba voceaba un sol t&iacute;mido que a&uacute;n tardar&iacute;a en romper sobre la l&iacute;nea de monta&ntilde;as que nos abrazaban. Sin duda, Sierra M&aacute;gina es una de las m&aacute;s hermosas y desconocidas de entre las muchas sierras bellas y luminosas de la Alta Andaluc&iacute;a. En un rato, subir&iacute;amos hasta la cueva del nacimiento del r&iacute;o Cuadros, donde grabar&iacute;amos el inicio de las excavaciones arqueol&oacute;gicas que tantas expectativas levantaba en nuestra ilusi&oacute;n y &aacute;nimos.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Desayunamos al fresco de la primera ma&ntilde;ana, pared con pared con el Santuario. El r&iacute;o Cuadros murmuraba, incansable, su c&aacute;ntico saltar&iacute;n de corrientes y adelfas en flor. Sin duda alguna, nos encontr&aacute;bamos en uno de esos lugares privilegiados por la naturaleza y la historia, abrazados por monta&ntilde;as bell&iacute;simas y manantiales vivificadores, reverenciado durante milenios por mujeres y hombres de &eacute;pocas distintas y credos diversos, tan diferentes en sus culturas como parecidos en sus adentros. Y es que los lugares considerados como sagrados son muy tenaces en el tiempo. As&iacute;, las actuales ermitas y santuarios se encuentran, con frecuencia, sobre lugares venerados desde la m&aacute;s remota antig&uuml;edad. Lo que hoy es templo cristiano, lo fue en el pasado musulm&aacute;n, y, hace dos mil a&ntilde;os, romano; &iacute;bero con anterioridad y neol&iacute;tico o paleol&iacute;tico, qui&eacute;n sabe, en aquellas profundidades del tiempo en las que a&uacute;n dibuj&aacute;bamos creencias y mitos fundacionales sobre las paredes de las cavernas tenebrosas. S&iacute;, los lugares sagrados son tenaces y nos dispon&iacute;amos a comprobarlo, una vez m&aacute;s, en la cueva que visitar&iacute;amos.<\/p>\n<p>Nos encontr&aacute;bamos en un lugar relativamente concurrido, junto a la ermita de la virgen de Cuadros, abrazados por rocas y manantiales y coronados por la esbelta atalaya nazar&iacute;. Sobre el r&iacute;o se extiende, como serpiente silbante, un adelfal extenso y de gran porte. Recorrer sus penumbras es un canto en flor a la madre naturaleza que tan pr&oacute;diga se muestra en esta esquina de Sierra M&aacute;gina. Sobre nosotros, imponente, un cortado en el que anida el &aacute;guila real, la se&ntilde;ora de los cielos hispanos. Desde sus riscos imposibles observar&iacute;a, indiferente, como ascendimos por una senda frecuentada por caminantes y turistas. El paisaje del valle cerrado por las altas cumbres bien que merec&iacute;a la pena el esfuerzo.<\/p>\n<p>Hicimos una primera parada para grabar el lavadero donde cribar&iacute;an la tierra extra&iacute;da de la cueva, para as&iacute; separar los diversos materiales que a&uacute;n pudiera albergar, desde peque&ntilde;as lascas de piedra hasta min&uacute;sculos huesecillos, que suelen arrojar valios&iacute;sima informaci&oacute;n.<\/p>\n<p>Desde all&iacute; ascendimos durante un par minutos hasta una covacha, apenas si algo m&aacute;s profunda que un abrigo, que se abri&oacute; a nuestra derecha, al pie mismo de la senda. Sus techos aparec&iacute;an tiznados por las candelas de los antiguos pastores que subieron, durante muchos, siglos sus reba&ntilde;os hacia los pastos frescos de las alturas. &iquest;En esa cavidad se encontraba el yacimiento que tanto promet&iacute;a? Una cueva, al mismo pie de una senda concurrida, &iquest;pod&iacute;a, en verdad, custodiar alg&uacute;n secreto valioso? Pues, s&iacute;, y bien que lo atesoraba. Nada m&aacute;s ni nada menos que una necr&oacute;polis prehist&oacute;rica, sellada miles de a&ntilde;os atr&aacute;s. Nadie, desde entonces, hab&iacute;a vuelto a profanar la oscuridad silente de la cueva de los muertos. &iquest;Neol&iacute;ticos? &iquest;Calcol&iacute;ticos? &iquest;Del bronce? Todav&iacute;a, de tan nuevo, el descubrimiento, por aquel entonces ni se hab&iacute;a excavado, ni estudiado, ni, mucho menos, datado. Y, es que a veces, estos prodigios ocurren y, donde menos se espera, salta el descubrimiento inesperado. En este caso fue una corriente de aire, procedente de uno de los laterales de la cueva, la que alert&oacute; a los arque&oacute;logos de Paleom&aacute;gina, que pidieron el apoyo a los espele&oacute;logos que, con diligencia, retiraron las piedras y la tierra que tapaba un entrante del fondo. Todav&iacute;a no lo sab&iacute;an, pero estaban removiendo el sellado en piedra con el que alguien, miles de a&ntilde;os atr&aacute;s, cerrara por completo la cueva, aisl&aacute;ndola del exterior y de la memoria de los sucesivos pueblos que habitaron estos lugares.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Bajar&iacute;amos a la cueva con los arque&oacute;logos, Jos&eacute; Mar&iacute;a Hidalgo Molina, Rafael Berm&uacute;dez Cano, Daniel Nieva Sanz y Miguel &Aacute;ngel Yanes Puga. Le preguntamos ante la c&aacute;mara sobre el qu&eacute; fue lo que sintieron al penetrar por vez primera en aquella necr&oacute;polis precintada, respondieron al un&iacute;sono, &ldquo;&iexcl;Una honda emoci&oacute;n!&rdquo;. La entrada era realmente angosta. Pr&aacute;cticamente aprisionados entre suelo y techo descendemos como podemos al interior de la cavidad reci&eacute;n descubierta. A nuestra derecha, en una peque&ntilde;a capilla, nos da la bienvenida un cr&aacute;neo en perfecto estado de conservaci&oacute;n, probablemente de una mujer. Deben de existir muchos m&aacute;s ocultos bajo los sedimentos y las piedras removidas por las sucesivas riadas e inundaciones que se advierten en los perfiles. Cuando logramos enderezarnos, la momia de una gineta o de un animal parecido nos aguarda con su rigidez de cart&oacute;n-piedra y su sonrisa de dientes afilados. Nos hacemos las fotos de rigor y, emocionados y respetuosos, comenzamos nuestra andadura por la cueva-necr&oacute;polis. Nos llaman la atenci&oacute;n algunos muretes y estructuras antr&oacute;picas cuya funci&oacute;n y antig&uuml;edad los arque&oacute;logos habr&aacute;n de desentra&ntilde;ar. Los estrechamientos y laminadores se repiten mientras avanzamos reptando, en ocasiones, en cuclillas, en otras, y caminando de pie, en pocas. Algunas salas aparecen bellamente adornadas por esbeltas estalactitas y estalagmitas, y capillas laterales con prometedores sedimentos. Todo apunta a que los arque&oacute;logos tendr&aacute;n trabajo por d&eacute;cadas hasta desvelar al completo los secretos de la cavidad. Los espele&oacute;logos nos se&ntilde;alan una columna con evidentes trazos en ocre, en un extra&ntilde;o lenguaje que no logramos descifrar. Seguro que en alg&uacute;n panel todav&iacute;a no localizado de la cueva &ndash; a&uacute;n queda mucho por explorar &ndash; aguardan pacientes m&aacute;s pinturas y qui&eacute;n sabe si grabados rupestres para mostrarse a la mirada humana ausente durante miles de a&ntilde;os. Al fin y al cabo, para eso fueron dibujadas, para dejar un mensaje a la eternidad de los humanos que ese d&iacute;a nos toc&oacute; encarnar.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Algunos tramos quedan encajonados entre la costra partida del suelo, a veces, recubierta de fina arena por la que es un placer deslizarse, sobre todo despu&eacute;s de venir de gatear sobre piedras y costras.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Continuamos nuestro descenso hasta salas y corredores situados pr&aacute;cticamente al nivel del r&iacute;o. El suelo se convierte, progresivamente, en una f&eacute;rtil alfombra de restos arqueol&oacute;gicos. Destacan grandes trozos de cer&aacute;mica, diversos huesos humanos y un f&eacute;mur muy bien conservado y en posici&oacute;n vertical que se encuentra cimentado por concreci&oacute;n calc&aacute;rea en su base, testigo p&eacute;treo de su antig&uuml;edad. Decidimos no avanzar, para no pisar ni deteriorar estos ricos suelos y comenzamos nuestro regreso a la superficie. La gatera final se nos hace a&uacute;n m&aacute;s estrecha y angosta, pero reptando como podemos logramos ascender hasta la sala de entrada, no sin antes despedirnos respetuosamente del cr&aacute;neo-guardi&aacute;n de la entrada.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Ya estamos en la superficie y en pleno siglo XXI, despu&eacute;s de haber descendido en el tiempo hasta aquellos tiempos remotos en los que practic&aacute;bamos las inhumaciones en la oscuridad sagrada de cuevas y cavernas. Jadeando por el esfuerzo, con ara&ntilde;azos en todo el cuerpo que no sentimos por la adrenalina disparada, nos mostramos las fotos tomadas durante el descenso y que quedar&aacute;n como recuerdo de una experiencia que jam&aacute;s podremos olvidar.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Desde un lugar sagrado del ayer hasta el lugar sagrado del hoy, nos dirigimos hacia la hospeder&iacute;a, donde nos duchamos. Hemos quedado a almorzar con los estudiantes del Campus en el comedor de su residencia. Pero antes entramos en el santuario para visitar a la Virgen de Cuadros, se&ntilde;ora y reina del lugar para la devoci&oacute;n popular.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Hemos conocido, bajo el foco de nuestras linternas, las muchas interrogantes que la cueva plantea. Le toca ahora a la ciencia y a la arqueolog&iacute;a resolverlos bajo la luz de la raz&oacute;n. Y nosotros, ojal&aacute;, podamos volver para contarlo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Manuel Pimentel Siles.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><a href=\"..\/..\/home\/los-dolmenes-prehistoricos-de-antequera-y-la-arqueologia-de-vanguardia\/\">&laquo; Anterior<\/a> | <a href=\"..\/..\/home\/pirineo-colosal\/\">Siquiente &raquo;<\/a><a href=\"..\/..\/\">Atr\u00e1s<\/a><\/p>\n<p><noscript><\/p>\n<p>\t\t\tEl soporte de JavaScript no est\u00e1 activado en su navegador. Para ver el contenido de esta p\u00e1gina, active JavaScript. 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