{"id":1128,"date":"2019-07-28T10:00:00","date_gmt":"2019-07-28T10:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/arqueomania.es\/wordpress\/?p=import-128"},"modified":"2019-07-28T10:00:00","modified_gmt":"2019-07-28T10:00:00","slug":"lanecropolis-de-la-belena-la-arqueologia-como-desagravio-de-una-clausuradesconocida-y-misteriosa","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/arqueomania.es\/index.php\/2019\/07\/28\/lanecropolis-de-la-belena-la-arqueologia-como-desagravio-de-una-clausuradesconocida-y-misteriosa\/","title":{"rendered":"LANECR\u00d3POLIS DE LA BELE\u00d1A, LA ARQUEOLOG\u00cdA COMO DESAGRAVIO DE UNA CLAUSURADESCONOCIDA Y MISTERIOSA"},"content":{"rendered":"<p><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/arqueomania.es\/attachments\/Image\/belena-excavacion.jpg\" alt=\"LA BELE&Ntilde;A DE CABRA. FOTO KURRO\">LA BELE&Ntilde;A DE CABRA. FOTO KURRO<\/p>\n<p>&iquest;Por qu&eacute; se excava una necr&oacute;polis? Pues se excava porque se vive en esperanza. En esperanza de permanencia, de asentamiento, de procreaci&oacute;n. &iquest;Por qu&eacute; se clausura? Pues porque, con aroma de drama, hay que partir, marcharse para siempre del hogar secular. Luminoso lo primero, desgarrador lo segundo. Sentimientos humanos contradictorios ante la vida y la muerte que nos acompa&ntilde;aron en nuestro largo peregrinar y que humanizan el fr&iacute;o conocimientos cient&iacute;fico de dataciones, estilos y materiales.<\/p>\n<p>Regresamos a La Bele&ntilde;a, la necr&oacute;polis que mejor interpreta al neol&iacute;tico tard&iacute;o desde el libro abierto de sus sepulturas, excavadas sobre el 3.300 a.C. bajo las albarizas de un olivar cercano a Cabra, localidad hist&oacute;rica situada al sur de C&oacute;rdoba. Impresionados en aquella primera visita, escribimos la cr&oacute;nica de &ldquo;La necr&oacute;polis de La Bele&ntilde;a y la ciencia de la inmortalidad&rdquo;, vigente para qui&eacute;n desee conocer los pormenores de la formidable excavaci&oacute;n y de sus descubrimientos. Regresamos de nuevo, como dec&iacute;amos. Comprobamos que una nueva sepultura, la 6, acaba de ser excavada, con un rico balance en materiales y conocimiento. Y con un bell&iacute;simo &iacute;dolo-placa en esquisto llamado a convertirse en el icono del yacimiento de La Bele&ntilde;a.<img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/arqueomania.es\/attachments\/Image\/IDOLO.JPG\" alt=\"&Iacute;DOLO PLACA DE LA BELE&Ntilde;A. FOTO PIMENTEL\">&Iacute;DOLO PLACA DE LA BELE&Ntilde;A. FOTO PIMENTEL<\/p>\n<p>Conocemos la necr&oacute;polis, pero no los poblados en los que habitaron sus constructores en vida. Como en tantas otras ocasiones, parece que en aquellos tiempos megal&iacute;ticos se prest&oacute; m&aacute;s atenci&oacute;n a la muerte que a la vida. As&iacute;, quienes erigieron soberbios d&oacute;lmenes o los que excavaban hipogeos monumentales, debieron morar en humildes caba&ntilde;as. Palacios para los muertos, chozas para los vivos. Hoy, que todo lo volcamos hacia la m&aacute;s y mejor vida, apenas si reparamos en la muerte, en sus espacios y liturgias. Por eso, apartamos los cementerios mientras que, en aquellos tiempos antiqu&iacute;simos, erig&iacute;amos costos&iacute;simas necr&oacute;polis para honrar a los ancestros fundacionales. Y si importante hubo de ser la decisi&oacute;n de inaugurar una nueva necr&oacute;polis, a&uacute;n lo tuvo que ser en mayor medida la cruda necesidad de su clausura. La apertura significa esperanza; la clausura, desesperanza, melancol&iacute;a y olvido. Y La Bele&ntilde;a nos susurra las esperanzas de su apertura y del drama desconocido de su cierre, perfectamente acotadas en el tiempo. Y es que nada tiene m&aacute;s vida que una necr&oacute;polis, por cuanto grito a la eternidad supone. Porque nada queda de aquellas familias que un d&iacute;a habitaron esos cerros, salvo el testimonio cierto y rico de su valiosa necr&oacute;polis, que ahora, gracias a los trabajos de los arque&oacute;logos, descubrimos y conocemos. Y como nadie muere del todo mientras alguien le recuerda, la ciencia acaba de regalar la inmortalidad que el conocimiento confiere a los restos descubiertos.<\/p>\n<p>&nbsp;En aquella primera visita, ya debatimos con sus investigadores, DodesCamalich y Dimas Mart&iacute;n, acerca de la diferencia sentida ante una necr&oacute;polis y un cementerio, aparentemente iguales entre s&iacute;, pero bien diferentes, en verdad. Y supimos entonces, y rememoramos ahora, que no resulta f&aacute;cil, en verdad, distinguir entre ambas acepciones. Seg&uacute;n la RAE, el cementerio es un terreno, generalmente cercado, destinado a enterrar cad&aacute;veres, mientras que la definici&oacute;n de la necr&oacute;polis se adorna al ser considerada como un cementerio de gran extensi&oacute;n en el que abundan los monumentos funerarios. Sin&oacute;nimos, pues, tan s&oacute;lo en apariencia, percibimos el oc&eacute;ano de matices y significados que separa a ambos continentes-conceptos. Y queremos sondearlo, para conocer su profundidad. Comenzamos por la propia sonoridad arcaizante de la palabra necr&oacute;polis que directamente nos remite a ciudad, como si los muertos no yacieran en ella, sino que la habitaran. O sea, que mientras que el cementerio es el lugar en el que se entierran los cad&aacute;veres, la necr&oacute;polis es la ciudad en la que habitan los muertos. Y a trav&eacute;s de esta bell&iacute;sima paradoja comenzamos a comprender.<\/p>\n<p><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/arqueomania.es\/attachments\/Image\/IMG-20190724-WA0004_1.jpg\" alt=\"LA BELE&Ntilde;A. FOTO KURRO.\">LA BELE&Ntilde;A. FOTO KURRO.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Los cementerios se erigen en las afueras de las ciudades mientras que las necr&oacute;polis se enclavan en el coraz&oacute;n mismo de los pueblos que las erigen y veneran. Los vivos parecen apartar a los muertos en los cementerios, para, en contra, convivir con ellos, de alguna manera, en las necr&oacute;polis. B&eacute;cquer bien pudo cantar aquello de &ldquo;qu&eacute; solos se quedan los muertos&rdquo; frente a un cementerio burgu&eacute;s del XIX, cuando la vida bulliciosa rehu&iacute;a, ya, de los camposantos, relegados al papel de t&eacute;tricos escenarios de terror g&oacute;tico.<\/p>\n<p>La Bele&ntilde;a, excavada con un dise&ntilde;o monumental y con gran esfuerzo y destreza, es una necr&oacute;polis ancestral, de cuando el neol&iacute;tico se dispon&iacute;a a abrirse al metal que todo lo revolucionar&iacute;a. As&iacute;, su necr&oacute;polis se abrir&iacute;a en el 3.300 a.C. para clausurarse sobre el 2.900 a.C. Los arque&oacute;logos estiman una vida de la necr&oacute;polis de unos 350 a&ntilde;os, bien datados por el Carbono 14 sobre multitud de restos. Y parece que, m&aacute;s o menos, todas las sepulturas-hipogeos estuvieron abiertas y en carga sepulcral durante todo el periodo. Quiere esto decir que una comunidad que desconocemos decidi&oacute; hace m&aacute;s de 5.000 a&ntilde;os, la apertura de una necr&oacute;polis, con una docena de tumbas monumentales, de tipolog&iacute;a cl&aacute;sica, esto es, un peque&ntilde;o corredor con dintel de entrada que daba paso a una &uacute;nica c&aacute;mara abovedada, en la que se enterraban respetuosamente a los ancestros a los que se deb&iacute;a la vida y el conocimiento. &iquest;Qui&eacute;nes fueron aquellos remotos arquitectos? Gracias a la arqueolog&iacute;a y a la antropolog&iacute;a sabemos ya mucho acerca de ellos, de c&oacute;mo eran y de c&oacute;mo viv&iacute;an. Jonathan Santana, antrop&oacute;logo, afirma que eran de estaturas medianas, entre 1,55 y 1,75, sanos y robustos, y con escasas se&ntilde;ales de violencia. No fueron tiempos, pues, de guerras ni de contiendas entre clanes vecinos. Al parecer, y a eso nos remite la epigen&eacute;tica de su dentici&oacute;n, los grupos familiares se enterraban agrupados por tumbas, aunque este extremo a&uacute;n habr&aacute; de confirmarlo el an&aacute;lisis en curso del ADN de los antiguos moradores.<\/p>\n<p>Tambi&eacute;n sabemos, gracias al an&aacute;lisis de los is&oacute;topos estables, que su alimentaci&oacute;n era t&iacute;picamente mediterr&aacute;nea, con vegetales, cereales y carne. Sin embargo, el escaso desgaste de sus esmaltes dentales nos sugiere un uso limitado de harinas de cereal, siempre contaminadas por el polvillo de los molinos de piedra que lija los dientes. Esta aparente contradicci&oacute;n podr&iacute;a apuntar, qui&eacute;n sabe, a una dieta guisada que incluyera al cereal. La ausencia de molinos podr&iacute;a avalar esta hip&oacute;tesis, as&iacute; como la pr&aacute;ctica inexistencia de caries, al nivel de la que suelen presentar, habitualmente, las poblaciones de cazadores-recolectores.<\/p>\n<p>Dimas Mart&iacute;n, a trav&eacute;s del an&aacute;lisis de los materiales encontrados, tambi&eacute;n nos ayuda a comprender el c&oacute;mo viv&iacute;an. Sabemos que era una comunidad de posibles, relativamente rica, con excedentes suficientes para comerciar con mercanc&iacute;as lejanas y prestigiosas, como lo demuestra la placa de marfil africana ricamente decorada, los s&iacute;lex de Loja y de N&iacute;jar en Almer&iacute;a o, sobre todo, el &iacute;dolo-placa descubierto en la Sepultura 6 en la presente campa&ntilde;a y que se ha convertido por m&eacute;rito propio en la estrella de la necr&oacute;polis. Se trata de una perfecta talla sobre esquisto, con dos orificios en su parte superior y una decoraci&oacute;n geom&eacute;trica en l&iacute;neas zigzag, muy similar a los encontrados en monumentos megal&iacute;ticos portugueses, lo que nos confirma la existencia de un gran espacio cultural y comercial que abarcar&iacute;a, al menos, todo el sur de la pen&iacute;nsula Ib&eacute;rica. O sea, que eran ricos y estaban abiertos a las rutas del comercio. Tambi&eacute;n los sabemos preocupados por las apariencias y por el ornato personal, como lo demuestra el colgante de cristal de roca, los collares hilvanados con cuentas min&uacute;sculas o el engarzado sobre conchas dentalium, encajadas entre s&iacute; gracias una obra de fina orfebrer&iacute;a prehist&oacute;rica. El uso de puntas triangulares, similares a puntas de flecha, pero sin ped&uacute;nculo ni se&ntilde;ales de uso, se asocian a cuestiones lit&uacute;rgicas y de prestigio.<\/p>\n<p>La arqueolog&iacute;a nos permite conocer, tambi&eacute;n, c&oacute;mo enterraban a sus muertos, a los que otorgaban gran preeminencia y respeto, vista la desproporci&oacute;n entre los recursos destinados a la morada sepulcral de los ancestros frente a las modestas habitaciones de los vivos. Javier Rodr&iacute;guez Santos nos explica los diversos tipos de enterramientos, primarios y secundarios, en los que se encuentran proporciones similares de mujeres y de hombres, pero ning&uacute;n ni&ntilde;o de menos de cinco a&ntilde;os. Los infantes, al parecer, recibir&iacute;an otro tipo de sepultura, qui&eacute;n sabe si enterrados bajo el suelo de la morada familiar. P&iacute;a Frade y Amparo Caballero se afanan en las tareas de restauraci&oacute;n y conservaci&oacute;n de los restos humanos, como si de una postrera muestra de respeto a los antiguos se tratara. Pero, adem&aacute;s de todo ello, Javier nos insiste en una idea fundamental. En todas las sepulturas se encuentran menos cr&aacute;neos que individuos fueron enterrados, seg&uacute;n contabilizan los restos descubiertos. Quiere esto decir que alguien, en alg&uacute;n momento de la vida o de la clausura de la necr&oacute;polis, los retir&oacute; por alg&uacute;n motivo que ignoramos por completo.<\/p>\n<p>Y cuando dentro de la sepultura 6 nos cuentan, de manera fr&iacute;a y cient&iacute;fica, que la tumba fue sistem&aacute;ticamente clausurada con una cobertura de tierra roja que a&uacute;n apreciamos en sus paredes, percibimos el punzante dolor del drama. &iquest;Por qu&eacute; fue clausurada?La arqueolog&iacute;a, que tanto nos ense&ntilde;a, se muestra incapaz de iluminar la oscuridad de su inquietante final. Conocemos mucho de ellos, pero lo que no sabemos, ni quiz&aacute;s nunca podamos saber, es el porqu&eacute; decidieron clausurarla, por qu&eacute; se fueron, por qu&eacute; tuvieron que emigrar del paraje que los hab&iacute;a acogido durante siglos. &iquest;Por guerras, por invasiones, por sequ&iacute;as, por cat&aacute;strofes naturales, por miedos, por simple traslado a una mejor ubicaci&oacute;n?&nbsp; No lo sabemos, tenemos que repetirnos. La arqueolog&iacute;a que tanto nos permite conocer de la vida de aquellos remotos pobladores del neol&iacute;tico se muestra incapaz de desvelar los motivos de la clausura de su camposanto,los secretos de su emigraci&oacute;n, los porqu&eacute;s del abandono de los venerados restos de los ancestros, las razones de la huida. No lo sabemos, como tampoco podemos ni imaginarnos siquiera los sentimientos que los embargar&iacute;an cuando entraron por vez &uacute;ltima a la morada eterna de sus ancestros, para retirar, quiz&aacute;s, algunos objetos de valor y llevarse, tambi&eacute;n, de paso, algunos cr&aacute;neos como compa&ntilde;eros fundacionales para su nuevo peregrinar. &iquest;Qu&eacute; sentir&iacute;an al tener que abandonar a los antepasados con los que hab&iacute;an convivido desde tiempo inmemorial?<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Los dos momentos m&aacute;s trascendentes en la vida de una necr&oacute;polis, sin duda alguna, son los de su apertura y los de su clausura. El primero, el del inicio, se asocia a la promesa, a la expectativa cierta de asentamiento pr&oacute;spero en un lugar determinado. Demuestra seguridad, confianza, bonanza en el horizonte. Unas familias saben que sus hijos crecer&aacute;n en un territorio en el que convivir&aacute;n, con respeto y cari&ntilde;o con sus ancestros. La inauguraci&oacute;n de una necr&oacute;polis encierra una promesa de eternidad. Los vivos juntos a sus muertos dignificados para el jam&aacute;s de los jamases. Pero la historia se escribe con l&iacute;neas azarosas y siempre llega un d&iacute;a en el que todo termina. Toca marcharse, emigrar de la patria, abandonar a sus muertos, perder parte de la propia identidad. Pero, a pesar del temor y del dolor que les invade, dedican tiempo y energ&iacute;a en clausurar las sepulturas, para que ni el tiempo, ni los animales ni los hombres las profanen nunca jam&aacute;s.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Y, as&iacute;, durante casi cinco mil a&ntilde;os, aquellos ancestros quedaron abandonados en la soledad oscura y h&uacute;meda de sus hipogeos, olvidados para siempre del recuerdo humano. Durante cinco mil a&ntilde;os fueron nada. Y ahora, gracias a la arqueolog&iacute;a, emergen para el recuerdo de los hombres, testigos como somos, del renacer de sus historias. As&iacute;, la ciencia oficia el rito de desagravio reparador ante el cruel abandono infringido por sus propios familiares y que aquellas personas del neol&iacute;tico, sensibles e inteligentes,jam&aacute;s lograron comprender desde la melancol&iacute;a solemne de su necr&oacute;polis profanada.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Manuel Pimentel Siles<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><a href=\"..\/..\/home\/pirineo-colosal\/\">&laquo; Anterior<\/a> | <a href=\"..\/..\/home\/tella-el-pueblo-de-los-dolmenes-ermitas-y-brujas-y-el-asentamiento-neolitico-de-altura-de-coro-trasito\/\">Siquiente &raquo;<\/a><a href=\"..\/..\/\">Atr\u00e1s<\/a><\/p>\n<p><noscript><\/p>\n<p>\t\t\tEl soporte de JavaScript no est\u00e1 activado en su navegador. Para ver el contenido de esta p\u00e1gina, active JavaScript. 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