{"id":1124,"date":"2019-08-14T10:00:00","date_gmt":"2019-08-14T10:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/arqueomania.es\/wordpress\/?p=import-124"},"modified":"2019-08-14T10:00:00","modified_gmt":"2019-08-14T10:00:00","slug":"las-pinturas-de-la-fuente-del-trucho-y-el-espiritu-de-la-gran-travesia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/arqueomania.es\/index.php\/2019\/08\/14\/las-pinturas-de-la-fuente-del-trucho-y-el-espiritu-de-la-gran-travesia\/","title":{"rendered":"LAS PINTURAS DE LA FUENTE DEL TRUCHO Y EL ESP\u00cdRITU DE LA GRAN TRAVES\u00cdA"},"content":{"rendered":"<p><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/arqueomania.es\/attachments\/Image\/manos-trucho.jpg\" alt=\"Manos de Fuente del Trucho. Foto Pimentel.\">Manos de Fuente del Trucho. Foto Pimentel.<\/p>\n<p>&nbsp;La vida es camino, cant&oacute; el poeta. Camino que se hace al andar, camino en que el que dejamos huella y que su huella deja en nosotros. Y nuestro camino nos conduce hasta la Sierra de Guara, la de los barrancos descomunales, la de las gargantas estrechas y profundas, la de las paredes verticales que retan a los cielos. Y, en el coraz&oacute;n de estas serran&iacute;as brav&iacute;as, vamos a conocer las pinturas de la Cueva de la Fuente del Trucho, donde sus m&aacute;s de cincuenta manos paleol&iacute;ticas parecen, tambi&eacute;n, querer contarnos la historia de un camino, de una gran traves&iacute;a, en palabras de la catedr&aacute;tica, Pilar Utrilla.<\/p>\n<p>Pero no adelantemos acontecimientos. Cada camino comienza con un primer paso y ninguno mejor que A&iacute;nsa, desde donde nos dirigimos hacia el sur para adentrarnos en la Sierra de Guara. Sus formas, desde el norte, son suaves, como colinas redondeadas cubiertas de vegetaci&oacute;n. Esta suavidad del relieve contrasta con la fiereza y verticalidad de los barrancos y ca&ntilde;ones que acoge en su seno, cincelados por la paciente acci&oacute;n erosiva de r&iacute;os y arroyos. Barrancos, gargantas y torrentes son los elementos que mejor caracterizan el paisaje de estos pagos. Buceamos en la toponimia de Guara y nos encontramos que proviene del vocablo &iacute;bero de &ldquo;Guar&rdquo;, que significar&iacute;a torrente. As&iacute;, Guar-a significar&iacute;a los torrentes, ajustada y preclara nos resulta, desde luego, esta versi&oacute;n etimol&oacute;gica.<\/p>\n<p>Toda monta&ntilde;a es, en esencia, una gran escultura en piedra, en la que la geolog&iacute;a aporta los materiales, la orogenia moldea los vol&uacute;menes y el agua perfila, finalmente, los paisajes. Y la escultura resultante del Guara es soberbia, retadora e intr&eacute;pida, tallada por los cuatro r&iacute;os principales que la atraviesan, el Alcanadre, el Guatizalema, el Vero y el Isuala, que cortaron la sierra de norte a sur con la tozudez ma&ntilde;a y la fuerza erosiva de las escorrent&iacute;as bravas de los Pirineos.<\/p>\n<p>La Sierra de Guara se extiende a lo largo y ancho de varias comarcas, como la del Sobrarbe, Alto G&aacute;llego, Hoya de Huesca y Somontano. La ciudad de A&iacute;nsa, al norte, Alqu&eacute;zar &ndash; capital del barranquismo -, en su seno, y Barbastro, al sureste, delimitan el macizo prepirenaico o de las monta&ntilde;as exteriores, como gustan llamar ahora. La elevaci&oacute;n m&aacute;s elevada es el Tozal de Guara o Pico de Guara de 2.077 metros de altitud. La sierra atesora, adem&aacute;s de un enorme valor paisaj&iacute;stico y natural, valios&iacute;simos ecosistemas. Los m&aacute;s singulares, los rup&iacute;culas, sostenidos sobre las espectaculares paredes de sus barrancos. Pero, adem&aacute;s de la naturaleza, Guara es tambi&eacute;n humanidad, pues fue habitada desde la m&aacute;s remota prehistoria. Por eso, queremos destacar la relevancia y singularidad del Parque Cultural del r&iacute;o Vero, por cuanto supone de protecci&oacute;n y difusi&oacute;n de un importante patrimonio cultural, fruto de milenios de actividad humana. Y como muestra m&aacute;s antigua, sus m&aacute;s de sesenta abrigos con pinturas rupestres, en los que encontraremos un amplio muestrario de &eacute;pocas y estilos, desde el naturalismo del paleol&iacute;tico, pasando por el esquem&aacute;tico neol&iacute;tico, hasta albergar excelentes muestras de arte levantino.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Tras una hora de camino en coche llegamos a un ensanchamiento de la carretera, donde comienza la vereda del Arp&aacute;n. All&iacute; nos reunimos los miembros de nuestra expedici&oacute;n a Fuente del Trucho: Javier Rey, Ignacio Clemente, Pilar Utrilla &#8211; catedr&aacute;tica de Prehistoria de la universidad de Zaragoza y gran conocedora de la cueva que visitaremos -, Mari Nieves Juste Arruga &#8211; gerente del Parque Cultural del r&iacute;o Vero -,Mari Cruz Sopena &ndash; doctora en historia y excelente dibujante, adem&aacute;s &ndash;,Fernando Abad&iacute;as, alcalde que fue de Colungo &#8211; en cuyo t&eacute;rmino municipal se encuentra la cueva &ndash; y con nuestro equipo habitual, acompa&ntilde;ado en esta ocasi&oacute;n por el intr&eacute;pido y sabio David P&eacute;rez.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Nos reagrupamos en dos todoterrenos que nos permitieron salvar las pendientes acusadas que encontramos para llegar hasta donde el camino finalizaba. A partir de ah&iacute; marchar&iacute;amos a pie hasta la cueva. Caminante, no hay camino, se hace camino al andar, que cantara el poeta. Pues eso. Descendimos por el barranco del Trucho o del Arp&aacute;n, abrazados por una densa vegetaci&oacute;n mediterr&aacute;nea que, a veces, nos hace perder la senda. Sabinas, enebros, boj y cornicabras, compiten por el suelo y la luz, tejiendo una compacta y sutil cubierta vegetal. Tendremos que caminar una media hora hasta llegar al yacimiento, ubicado en la cercan&iacute;a de la confluencia del Arp&aacute;n con el r&iacute;o Vero. A medida que avanzamos, el barranco se encajona. En las paredes laterales apreciamos numerosas cavernas y cuevas, algunas de las cuales presentan evidencias de ocupaci&oacute;n prehist&oacute;rica. De hecho, dejamos en un barranco lateral la famosa Cueva de Arp&aacute;n, en cuyas paredes se encuentra dibujado un espl&eacute;ndido ciervo, uno de los iconos de la ruta del Vero.<\/p>\n<p>Y, por fin, advertimos la boca de la cueva, suspendida en una pared vertical a pocos metros sobre el lecho del arroyo. A sus pies nace un manantial, la Fuente del Trucho, que da nombre a la cueva. Trucho significa agujero. Y la antesala de la cueva presenta un enorme trucho &ndash; con restos de puntos rojos a su alrededor &#8211; por el que el sol penetra en los equinoccios para protagonizar de nuevo el habitual prodigio astral de los tiempos prehist&oacute;ricos, el de la iluminaci&oacute;n ritual del elemento tot&eacute;mico. En este caso, un enorme oso, tallado sobre el suelo inclinado y perfectamente visible desde metros de distancia. El artista, combin&oacute; la t&eacute;cnica de talla y la del arranque de las costras, con el propio volumen natural de la roca, para esculpir un gran oso naturalista que parece hibernar. Tan perfecto resulta, que produce extra&ntilde;eza. La talla no es demasiado conocida, ni siquiera rese&ntilde;ada en las publicaciones y art&iacute;culos que, sin embargo, si se extienden en la cantidad y calidad de las pinturas interiores. Junto al gran oso se sit&uacute;an lo que parecen dos garras o huellas del plant&iacute;grado talladas en la roca, am&eacute;n de otros grabados geom&eacute;tricos y de dif&iacute;cil interpretaci&oacute;n. Pilar Utrilla considera que, por razones estil&iacute;sticas y por coherencia con las cronolog&iacute;as de las pinturas datadas, el gran oso fue tallado en el gravetiense, har&aacute; unos 29.000 a&ntilde;os. No comprendemos como una talla tan hermosa, tan descomunal, no es m&aacute;s citada y alababa nien la literatura cient&iacute;fica ni en la divulgativa.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/arqueomania.es\/attachments\/Image\/oso-trucho.jpg\" alt=\"Grabado de oso en la Cueva del Trucho. Foto Pimentel. \">Grabado de oso en la Cueva del Trucho. Foto Pimentel. <\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La covacha se configura en una &uacute;nica gran sala, de unos veinte metros de ancho y unos veinticuatro de profundidad. Por su fisonom&iacute;a y por los motivos pict&oacute;ricos que custodia &ndash; manos, caballos, alineaciones de puntos &ndash; nos recuerda a la Cueva de las Estrellas que tanto nos impresion&oacute; durante nuestra visita a la &uacute;ltima selva europea en La Almoraima, la gran finca del Estrecho de Gibraltar. Las pinturas de la Cueva de la Fuente del Trucho fueron descubiertas y publicadas por vez primera en 1978 por investigadores de la Universidad de Zaragoza y del Museo de Huesca. Sorprende como una cueva con arte tan inmenso y solemne no fuera descubierta hasta fechas tan recientes. Su riqu&iacute;simo patrimonio pict&oacute;rico se encuentra datado entre los 31.000 y los 29.000 a&ntilde;os de antig&uuml;edad y supone la mejor muestra de arte paleol&iacute;tico de Arag&oacute;n. Las figuras fueron recientemente datas por Uranio-Torio, como a&uacute;n se aprecia por los rascados sobre las concreciones calc&aacute;reas depositadas sobre las pinturas datadas.<\/p>\n<p>Preguntada Pilar Utrilla por los elementos a su parecer m&aacute;s caracter&iacute;sticos y singulares de la cueva, nos responde que las l&iacute;neas de puntos y, desde luego, las manos. Y, desde luego, as&iacute; nos lo parece. A simple vista se aprecian cincuenta y siete manos en negativo &ndash; muchas con los dedos incompletos -, tanto en rojo &ndash; la mayor&iacute;a &#8211; como en negro &ndash; unas pocas e infantiles, adem&aacute;s -. Pero, dado que parte de la cueva se encuentra bajo la tizne de las candelas de los pastores, pueden existir muchas m&aacute;s. De hecho, algunos cient&iacute;ficos calculan que podr&iacute;an llegar hasta la cifra incre&iacute;ble de las cien manos.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Si en el santuario exterior pudimos apreciar dos osos, un caballo y un c&eacute;rvido, en el interior, adem&aacute;s de la extraordinaria abundancia de manos, se visualizan nueve caballos, un c&eacute;rvido, un c&aacute;prido, varios trilobulados &ndash; muy caracter&iacute;sticos, adem&aacute;s, de la cueva -, diversas figuras geom&eacute;tricas y, sobre todo, extensas y n&iacute;tidas alineaciones y series de puntos en rojo. Desde luego, son las manos y las l&iacute;neas de puntos las que m&aacute;s tensi&oacute;n emocional aportan al conjunto. Y, ya lo dijimos antes, volvemos a recordar alas de la Cueva de las Estrellas, con sus manos, caballos y l&iacute;neas de puntos, al modo de esquem&aacute;ticos circuitos neuronales como los evocamos en aquella ocasi&oacute;n. En Fuente del Trucho, una de estas alineaciones, conformadas por varias l&iacute;neas de puntos, une a dos figuras de caballos que se miran entre s&iacute; y que se encuentran separadas a unos cinco metros y medio. &iquest;Qu&eacute; puede significar esa arm&oacute;nica uni&oacute;n? Pilar Utrilla nos proporciona una posible lectura, tan sugerente como po&eacute;tica. Dado que se ha encontrado abundante s&iacute;lex procedente de la vertiente norte de los Pirineos, por una parte, y que las manos de Fuente del Trucho son muy similares a las de la cueva francesa de Garg&aacute;s, Pilar considera que las familias que habitaron la cueva &ndash; o que, al menos, la dibujaron &ndash; proced&iacute;an de la actual Francia. Para llegar hasta la Sierra de Guara tuvieron que superar la dura traves&iacute;a de los Pirineos centrales, con la nieve eterna de sus picos. Esa exigente prueba dej&oacute; una huella indeleble en los protagonistas, que quisieron reflejarla, de alguna manera, en su nuevo santuario. De ah&iacute; que esa alineaci&oacute;n de puntos bien pudiera representar un mapa del camino a trav&eacute;s de la gran cordillera. Y como salida y llegada sendas figuras de caballos, el s&iacute;mbolo del clan en sus cuevas-santuario respectivas.&nbsp; Esta idea de la migraci&oacute;n y de la relaci&oacute;n entre las cuevas de las dos vertientes pirenaicas se refuerza con la representaci&oacute;n de manos a las que le faltan trozos de dedos que, seg&uacute;n esta interpretaci&oacute;n, tendr&iacute;an que haberse amputado tras congelarse durante la terrible traves&iacute;a de las monta&ntilde;as.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Las representaciones rupestres de manos a las que le falta alg&uacute;n dedo &#8211; o trozo de dedo &ndash; son relativamente abundantes, como hemos podido comprobar en varias de las cuevas visitadas. &iquest;Por qu&eacute; se plasmaban de esta manera? Existen diversas interpretaciones, de las que quisi&eacute;ramos dejar constancia. Una primera, que la ausencia de dedos fuera fruto de una amputaci&oacute;n ritual. Otra, que las amputaciones fueran accidentales &ndash; por ejemplo, en el caso de congelaci&oacute;n &ndash; y que eso otorgara al individuo de una cierta preeminencia lit&uacute;rgica digna de representaci&oacute;n. Pero tambi&eacute;n existen arque&oacute;logos que opinan que los dedos no tienen que estar necesariamente amputados, sino que pod&iacute;a estar simplemente flexionados, con el objeto de obtener una marca &uacute;nica, una especie DNI digital y de lenguaje de manos que identificar&iacute;a a un clan. Quiz&aacute;s existan otras posibles interpretaciones que pudieran explicar a&uacute;n mejor estas representaciones de manos &ldquo;amputadas&rdquo; que tanto nos conmueven y admiran.<\/p>\n<p>Sabemos que se dibujaron tanto manos masculinas como femeninas &ndash; parece que, incluso, m&aacute;s abundantes &ndash; y, tambi&eacute;n, infantiles. Precisamente, uno de los paneles m&aacute;s hermosos de Fuente del Trucho lo componen unas manos infantiles en negativo y en color negro, a diferencia de las otras, que est&aacute;n en rojo. Sobre estas manos en negro se superponen una alineaci&oacute;n de dos l&iacute;neas de puntos rojos. &iquest;Qu&eacute; significa esta composici&oacute;n tan evocadora como hermosa? No lo sabemos, pero su impronta, cercana a la de las cabezas de dos caballos contrapuestas, nos estremece, todav&iacute;a en la penumbra de la covacha. Las manos dibujadas en negativo poseen una gran fuerza expresiva, una potencia inmanente que nos sacude y golpea. Nuestra alma a&uacute;n escucha el grito a la eternidad que profirieron, hace m&aacute;s de veinte mil a&ntilde;os, aquellos humanos que sobrevivieron a fr&iacute;os, a hambrunas y a fieras. El eco de su identidad, de su voluntad de ser y de trascender, se hizo piedra en forma de estas manos ancestrales que conforman un universo simb&oacute;lico, cuya raz&oacute;n no entendemos, pero cuyo grito percibimos miles de a&ntilde;os despu&eacute;s de ser proferido.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Estas pinturas, m&aacute;s all&aacute; del virtuosismo de su ejecuci&oacute;n, precisan de una compleja preparaci&oacute;n t&eacute;cnica del soporte, pues la costra calc&aacute;rea superficial fue rebajada y retirada para que aflorara la superficie lisa y blanca que se ocultaba debajo. Sobre este lienzo de blancura pr&iacute;stina destacaron sus dibujos, realzados por el contraste de las pinturas con el blanco as&iacute; como por el limpio perfilado de sus trazos y dibujos.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Nos cuesta abandonar la cueva de las manos y de los caminos de puntos. Sean mapas de rutas pirenaicas, abstracciones mentales, constelaciones astrales o delirios psicotr&oacute;picos, el caso es que constituyen un conjunto monumental de extraordinaria importancia. Cuando se acometan las tareas de limpieza muchas otras pinturas, hoy ocultas, volver&aacute;n a ver la luz y dar&aacute;n sentido a la composici&oacute;n global que conforman sus figuras, l&iacute;neas y puntos.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Debemos partir y nos despedimos con respeto del asombroso conjunto parietal. Al salir, con encontramos de nuevo con el gran oso hibernado, indiferente ante nuestro asombro y emociones. All&iacute; seguir&aacute;, impert&eacute;rrito, en su sue&ntilde;o milenario de trocha equinoccial.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Regresamos. A&uacute;n nos queda casi una hora de caminata para llegar hasta los todoterrenos, esta vez cuesta arriba. Volvemos a discurrir por las mismas sendas estrechas, bajo la misma cubierta de monte mediterr&aacute;neo bajo la que caminar&iacute;an aquellos cazadores recolectores, aquellos pioneros que, en las penumbras de la gran cueva, dibujaron sus sue&ntilde;os, sus ideales, sus temores y sus anhelos. Qui&eacute;n sabe si, tambi&eacute;n, el relato &eacute;pico de la gran traves&iacute;a fundacional que sus mayores realizaron entre cumbres y glaciares.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Llegamos hasta los veh&iacute;culos. Y, entonces, Fernando, el alcalde, nos sorprendi&oacute; con las viandas tra&iacute;das para la ocasi&oacute;n y que bien agradecimos en aquel momento. Comprendimos entonces algunos de los motivos por los que unos llegan a alcaldes y otros se quedan en el intento. Y con nuestro sabroso yantar tambi&eacute;n comulgamos, de alguna manera, con el esp&iacute;ritu de la tierra, expresado en aquel queso recio bien curado y enlas chacinas que ansiosamente cortamos con navaja. La hogaza de pan, la cerveza, el vino de Somontano y el hambre que arrastr&aacute;bamos, realzaron su sabor y el calor de su convivencia. Porque caminante somos y como humanidad, juntos caminamos. El camino es marcha, pero tambi&eacute;n es parada. Y, desde siempre, la bebida y la comida restablecieron las fuerzas del caminante y avivaron la precisa convivencia en esos instantes de descanso. As&iacute; fue esa tarde para nosotros y as&iacute; lo ser&iacute;an tantas otras para los miles, para los millones de caminantes ancestrales que nos precedieron. Su camino tuvo una meta conseguida, el nosotros actual. Tomemos, pues, fuerza para continuar con nuestro camino hacia una humanidad futura, pendiente de nuestros aciertos y yerros.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Y mientras, la Fuente del Trucho quedar&aacute; como testimonio rupestre de aquella gran traves&iacute;a que un d&iacute;a remoto marc&oacute; para siempre a unos clanes que no conocemos, pero que, de alguna manera, a&uacute;n viven en nosotros.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Manuel Pimentel Siles<\/p>\n<p><a href=\"..\/..\/home\/garum\/\">&laquo; Anterior<\/a> | <a href=\"..\/..\/home\/el-gran-complejo-megalitico-de-cerro-boticario-o-como-la-sorpresa-nos-aguarda-las-mismas-puertas-de-casa\/\">Siquiente &raquo;<\/a><a href=\"..\/..\/\">Atr\u00e1s<\/a><\/p>\n<p><noscript><\/p>\n<p>\t\t\tEl soporte de JavaScript no est\u00e1 activado en su navegador. Para ver el contenido de esta p\u00e1gina, active JavaScript. 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