{"id":1123,"date":"2019-08-31T10:00:00","date_gmt":"2019-08-31T10:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/arqueomania.es\/wordpress\/?p=import-123"},"modified":"2019-08-31T10:00:00","modified_gmt":"2019-08-31T10:00:00","slug":"el-gran-complejo-megalitico-de-cerro-boticario-o-como-la-sorpresa-nos-aguarda-las-mismas-puertas-de-casa","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/arqueomania.es\/index.php\/2019\/08\/31\/el-gran-complejo-megalitico-de-cerro-boticario-o-como-la-sorpresa-nos-aguarda-las-mismas-puertas-de-casa\/","title":{"rendered":"EL GRAN COMPLEJO MEGAL\u00cdTICO DE CERRO BOTICARIO, O C\u00d3MO LA SORPRESA NOS AGUARDA A LAS MISMAS PUERTAS DE CASA"},"content":{"rendered":"<p><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/arqueomania.es\/attachments\/Image\/20190829_202115.jpg\" alt=\"VISTA DEL CERRO\">VISTA DEL CERRO<\/p>\n<p>A veces, la mayor de las sorpresas nos aguarda en las puertas mismas de casa. Al menos, as&iacute; puede ser en nuestro caso. De confirmarse que Cerro Boticario conforma, en verdad, un gran complejo megal&iacute;tico, la sorpresa ser&aacute; may&uacute;scula, desconcertante, in&eacute;dita por completo, porque nunca se conoci&oacute; hasta ahora nada parecido, un lugar donde la mano de la naturaleza y la humana se conjugan para dar lugar a un recinto sacro desde el neol&iacute;tico, con necr&oacute;polis, santuario y observatorio astron&oacute;mico esculpido en un extra&ntilde;o paisaje de grandes recintos de rocas. &nbsp;Y aunque el probable yacimiento se erige en las inmediaciones de una transitada carretera nacional, junto a un r&iacute;o encajado en garganta y bordeado de huertas, todav&iacute;a no es conocido por la ciencia ni investigado por la arqueolog&iacute;a. Nos encontrar&iacute;amos ante un yacimiento virgen, descubierto por Enrique Escobedo y por Juan Antonio L&oacute;pez Cordero, que ya lo han puesto en conocimiento de las autoridades competentes. Quedamos, pues, a la espera de la investigaci&oacute;n arqueol&oacute;gica para confirmar, o no, la hip&oacute;tesis del gran recinto megal&iacute;tico junto al r&iacute;o Guadalbull&oacute;n, paso natural entre Ja&eacute;n y Granada.<\/p>\n<p>Y es que la vida humana, desde siempre, gir&oacute; sobre los r&iacute;os. La civilizaci&oacute;n naci&oacute; a sus orillas y sus cauces fueron las sendas que nos condujeron hasta los &uacute;ltimos confines del planeta. Y dominando el cauce del r&iacute;o Guadalbull&oacute;n se alza, desde la altura del Cerro Boticario &ndash; o Cerro de la Condesa, como se le identifica en alguna cartograf&iacute;a antigua -, el posible yacimiento prehist&oacute;rico objeto de nuestra visita. Atendiendo a su invitaci&oacute;n, quedamos con nuestro anfitri&oacute;n, Enrique Escobedo, en La Cerradura, una pedan&iacute;a de Pegalajar, en Ja&eacute;n, situada en las orillas de nuestro r&iacute;o protagonista. Desde mucho antes que el primer humano hollara la Pen&iacute;nsula Ib&eacute;rica, el r&iacute;o ya discurr&iacute;a a los pies de Sierra M&aacute;gina, labrando, con su erosi&oacute;n cantarina y constante, el valle que terminar&iacute;a uniendo el Alto Guadalquivir con la Vega del Genil y con el paso al sureste. La caprichosa gubia del agua esculpi&oacute;, en esta ocasi&oacute;n, una c&oacute;moda v&iacute;a de comunicaci&oacute;n entre esos grandes valles de riqueza proverbial, al atravesar, entre gargantas, las altas monta&ntilde;as de la cordillera subb&eacute;tica.<\/p>\n<p><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/arqueomania.es\/attachments\/Image\/20190825_111021.jpg\" alt=\"Cer&aacute;mica en el interior de la cueva\">Cer&aacute;mica en el interior de la cueva<\/p>\n<p>El r&iacute;o, se encajona al sur de Ja&eacute;n, por lo que fue f&aacute;cilmente defendible. El pueblo de La Guardia de Ja&eacute;n se erigi&oacute; como un custodio blanco para defender el Reino de Ja&eacute;n de los nazar&iacute;es granadinos. En el coraz&oacute;n de esos pasos estrechos, se encuentra la aldea de La Cerradura y, en sus inmediaciones, el Cerro Boticario. La Cerradura es una pedan&iacute;a de Pegalajar nacida a mediados del XIX. Sus primeros pobladores se esmeraron en las huertas cultivadas a las orillas del r&iacute;o, y que hoy languidecen a&ntilde;orando aquellos tiempos de hortelanos pacientes y esmerados. Los frutales y los bancales de hortalizas han sido sustituidos por los omnipresentes olivos, de f&aacute;cil y somero cuidado. Pero, adem&aacute;s de a la huerta, La Cerradura naci&oacute; al calor de dos oficios estrechamente vinculados, el de la canter&iacute;a y el de la caminer&iacute;a, que, de alguna manera, tanto tuvieron que ver con el origen y con el descubrimiento del complejo megal&iacute;tico.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La extracci&oacute;n y talla de piedra caliza es una actividad secular en la zona. As&iacute; se demuestra, por ejemplo, en las cercanas canteras del Mercadillo, en la vecina Cambil, ya utilizada desde &eacute;poca romana y de las que proceden las piedras de la catedral de Ja&eacute;n. Las canteras, ayer y hoy, ocuparon a centenares de personas de la zona. El oficio de canter&iacute;a pas&oacute; de padres a hijos desde hace miles de a&ntilde;os. De hecho, todav&iacute;a hoy son visibles los frentes de cantera, tanto para extracci&oacute;n de zahorras como de piedra de canter&iacute;a. El Cerro Boticario est&aacute; rodeado por dos canteras, la de Herrera y la de Los Frailes, as&iacute; conocidas por el nombre de los cortijos que las contienen.&nbsp; Se aprecian trabajos antiguos de canter&iacute;a en las mismas inmediaciones de las formaciones del Cerro Boticario, sin que, afortunadamente, hayan da&ntilde;ado el posible recinto megal&iacute;tico.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Y fue, precisamente, la conjunci&oacute;n de la canter&iacute;a con la caminer&iacute;a, la que propici&oacute; el descubrimiento de Cerro Botinero por parte de Enrique Escobedo y de Juan Antonio L&oacute;pez Cordero. Nuestros protagonistas impulsaban el Centro de Interpretaci&oacute;n de la Caminer&iacute;a, que se encuentra en un tramo perdido de la antigua carretera nacional Ja&eacute;n-Granada, a su paso por la Cerradura, cuando decidieron tratar de recuperar un leguario &ndash; el moj&oacute;n de piedra que indicaba las distancias en leguas hasta el XIX &ndash; de &eacute;poca de Isabel II que se encontraba abandonado al pie de una cantera del Cerro Boticario. Aunque les result&oacute; imposible su traslado hasta el museo &ndash; no exist&iacute;an caminos y el helic&oacute;ptero era prohibitivo &ndash;, el intento de recuperaci&oacute;n del leguario abri&oacute; las puertas al descubrimiento del yacimiento que se erig&iacute;a algo m&aacute;s arriba, y cuyas formas verticales ya se apreciaban desde donde yac&iacute;a el leguario abandonado. El leguario, perfectamente tallado y de m&aacute;s de un metro de altura, probablemente, se habr&iacute;a ca&iacute;do del carro que lo transportaba desde la cantera de extracci&oacute;n y talla para quedar olvidado en las soledades del monte. Nadie lo pudo imaginar entonces, pero ese leguario se convertir&iacute;a en la llave del descubrimiento, el hito que indicar&iacute;a el camino hasta el complejo megal&iacute;tico desconocido para la historia.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; A ra&iacute;z de su primera visita, comenzaron a frecuentar aquel castillete de grandes piedras que conforman un complejo de gran belleza y extra&ntilde;eza singular. Al principio, s&oacute;lo vieron formas curiosas de la naturaleza, para ir advirtiendo, en sucesivas visitas, que la mano del hombre estaba m&aacute;s presente de lo que inicialmente pensaron. Muros de piedra, soler&iacute;a, escalones, piedras apoyadas y abundantes restos cer&aacute;micos en superficie les convencieron de que se encontraban en un desconocido yacimiento arqueol&oacute;gico. La estructura geol&oacute;gica, que hab&iacute;a quedado encaramada en lo alto del cerro a modo de testigo de su estrato calizo, presentaba una gran escollera en su base, como si de restos de canter&iacute;a se tratara. Pero all&iacute; arriba nunca existi&oacute; una cantera, &iquest;de d&oacute;nde proced&iacute;a tanto material de derrumbe? Y, entonces, de forma natural, surgi&oacute; la pregunta. &iquest;Y si aquel lugar fuera, en verdad, un gran complejo megal&iacute;tico? &iquest;Y si nuestros ancestros, utilizando las curiosas formas naturales las hubiesen trabajado para crear una extensa necr&oacute;polis y un santuario con orientaci&oacute;n astral? Miraron con ojos de ver&hellip; y advirtieron, entonces, la necr&oacute;polis y el santuario, enclavado en una zona estrat&eacute;gica de paso, en la que ya se enclavan otros yacimientos prehist&oacute;ricos, como los poblados del Cerro de la Cabeza, el Mulej&oacute;n o el de Puerta Arenas. Escribieron un art&iacute;culo y lo presentaron en un congreso de caminer&iacute;a, denunciando el descubrimiento ante las autoridades arqueol&oacute;gicas competentes, sin que, hasta la fecha, hayan obtenido respuesta. Esperemos que pronto las autoridades adopten las medidas oportunas para confirmar la veracidad del hallazgo y las medidas de protecci&oacute;n correspondientes.<\/p>\n<p><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/arqueomania.es\/attachments\/Image\/20190825_113726.jpg\" alt=\"Posible acci&oacute;n antr&oacute;pica\">Posible acci&oacute;n antr&oacute;pica<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Ese mismo art&iacute;culo nos fue remitido por Enrique unas semanas antes, adjuntando su invitaci&oacute;n a conocer el yacimiento, que aceptamos intrigados. Por eso, acompa&ntilde;ados por Antonio Cuesta, director de la editorial Almuzara, nos dirigimos hacia La Cerradura, con el &aacute;nimo de conocer de primera mano el desconcertante hallazgo. El yacimiento se sit&uacute;a sobre una colina de algo m&aacute;s de 700 metros de altura, enclavado en el margen izquierdo del r&iacute;o Guadalbull&oacute;n, entre los kil&oacute;metros 53 y 54 de la antigua carretera N-323, al sur del puente Padilla.<\/p>\n<p>Abandonamos la antigua carretera Ja&eacute;n-Granada para comenzar a ascender por un carril que atravesaba una zona de canteras. Arriba, en lo alto del cerro, se apreciaba una especie de castillete rocoso, unos grandes crespones en roca que destacaban en el paisaje. A sus pies, unos canchales que grandes rocas que hubieron de rodar desde ese lugar. Estas piedras no proven&iacute;an de cantera alguna conocida. &iquest;Por qu&eacute; rodaron entonces desde arriba? &iquest;Por simple acci&oacute;n de la naturaleza o porque son restos de talla del castillete superior? Enrique nos indica que esa fue, precisamente, una de las se&ntilde;ales que le advirti&oacute; de posibles trabajos humanos sobre las rocas superiores, canteros prehist&oacute;ricos antecesores de los actuales. Avanzamos por el camino de piedra mientras que los conejos, con su incesante ir y venir, distra&iacute;an nuestra conversaci&oacute;n. Hac&iacute;a tiempo que no ve&iacute;amos tantos a esa hora de la ma&ntilde;ana, se&ntilde;al inequ&iacute;voca de su bendita recuperaci&oacute;n, despu&eacute;s de las plagas b&iacute;blicas que los diezmaron.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Dejamos el coche en una explanada, fruto de una antigua cantera, situada sobre el cortijo de Los Frailes. A nuestro frente, a media ladera del pico de los Tres Valientes, en la Sierra de Grajales, se abr&iacute;a la gran Cueva de las Vacas, un enorme abrigo bien visible desde la distancia en la que nos encontr&aacute;bamos y que supon&iacute;a un ineludible hito paisaj&iacute;stico. Antes de subir al Cerro Boticario, ya supusimos que, de confirmarse su naturaleza megal&iacute;tica, deber&iacute;a mantener alg&uacute;n tipo de relaci&oacute;n visual con aquella cueva tan visible y destacada, al modo en el que el dolmen de Menga lo mantiene con la Pe&ntilde;a de los Enamorados.<\/p>\n<p><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/arqueomania.es\/attachments\/Image\/20190825_121633.jpg\" alt=\"Vista desde el interior de la cavidad\">Vista desde el interior de la cavidad<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Y ya preparados, iniciamos nuestro corto ascenso hasta donde nos aguardaba la gran sorpresa. &iquest;Nos encontrar&iacute;amos con un yacimiento todav&iacute;a desconocido para la ciencia o, simplemente, se tratar&iacute;a de una extra&ntilde;a obra de la naturaleza? Dos grandes rocas, de paredes lisas y verticales, marcaban, en apariencia la puerta monumental del gran conjunto megal&iacute;tico. O, &iquest;se trataba de una simple casualidad geol&oacute;gica? Como siempre nos ocurrir&iacute;a durante nuestro recorrido, nos resultar&iacute;a imposible discernir hasta d&oacute;nde llegaba la naturaleza y d&oacute;nde comenzaba la mano humana. Traspasamos el umbral y entramos en el recinto. En todo momento tuvimos la sensaci&oacute;n de estar en el interior de un enorme complejo, que bien sea un gran santuario neol&iacute;tico o una caprichosa formaci&oacute;n geol&oacute;gica, resulta solemne, hermoso y extra&ntilde;o al tiempo. De manera inesperada, en lo alto de aquella loma redondeada, aparec&iacute;an esas formaciones verticales de roca, altos pin&aacute;culos y monolitos, componiendo un gran recinto que acog&iacute;a nuestra marcha. Algunas de estas formaciones rocosas, parec&iacute;an retocadas por la mano humana, qui&eacute;n sabe, algo indemostrable a simple vista.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Las coscojas, cornicabras, enebros, pinos, acebuches, retamas y almezos nos acompa&ntilde;an en nuestro camino a lo largo del gran megalito, dificultando alg&uacute;n paso que, en el pasado, tuvo que presentarse limpio y expedito.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Enseguida, tras traspasar las puertas monumentales de entrada, una covacha se abr&iacute;a a nuestra izquierda. La cueva estaba formada por grandes piedras apoyadas unas sobre otras, aparentemente por derrumbes naturales, aunque algunos rellenos y piedras parec&iacute;an haber sido colocadas intencionadamente. A partir de ese punto, nuestro recorrido nos llevar&aacute; de un recinto a otro, todos con esas covachas laterales abiertas hacia su centro. El patr&oacute;n se repite. De un recinto cerrado por grandes pin&aacute;culos y crespones de piedra&ndash; cada uno de una forma y tama&ntilde;o diferentes, aunque tendiendo hacia el c&iacute;rculo &ndash; se pasa al siguiente. A veces, lo hacemos a trav&eacute;s de una especie de pasillo entre rocas, a veces por un desnivel salvado por lo que parecen escaleras. En cada recinto, perfectamente delimitado por paredes verticales, se abren unas covachas al modo de capillas laterales, normalmente por el hueco dejado por grandes losas verticales apoyadas entre s&iacute;. Aunque estas cavidades parecen naturales, se aprecia con claridad retoques y a&ntilde;adidos. As&iacute;, la mayor&iacute;a de ellas presentan muretes de piedra o losas hincadas que delimitan y protegen su espacio. A su vez, una vez dentro, se aprecian piedras que parecen cerrar los grandes huecos interiores. Es cierto que podr&iacute;an ser fruto de derrumbe casuales, pero el patr&oacute;n se repite en unas y otras covachas anexas a los recintos de distribuci&oacute;n. Los descubridores consideran que esta primera parte del complejo compone una gran necr&oacute;polis, en la que los enterramientos se realizar&iacute;an en estas cuevas laterales. Entramos en una de ellas, y en una c&aacute;mara inferior, alumbrados por la linterna de nuestros m&oacute;viles, encontramos restos de cer&aacute;micas antiguas, quien sabe si calcol&iacute;ticas o neol&iacute;ticas. Alg&uacute;n trozo mostraba el arranque de un asa y otros unas incisiones onduladas. Tambi&eacute;n encontramos algunos huesos, probablemente de &eacute;quidos. El suelo, que aparentaba tener cierta potencia de sedimentos, se mostraba sin excavar, y bien podr&iacute;a custodiar restos de antiqu&iacute;simos enterramientos. O no, qui&eacute;n sabe.<\/p>\n<p>Los descubridores, adem&aacute;s de gran cantidad de restos de cer&aacute;mica antigua, han localizado, tambi&eacute;n en superficie, piedras de ofita, tra&iacute;das de otra zona, y de la que se hac&iacute;an hachas y mazos. Estos materiales abonar&iacute;an la tesis de que nos encontramos en un yacimiento neol&iacute;tico, a la espera de que los trabajos arqueol&oacute;gicos lo confirmen.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Un recorrido lineal une los distintos recintos. En tiempos, tuvieron que estar perfectamente delimitados, ya que todav&iacute;a se parec&iacute;an tramos con la soler&iacute;a de piedras planas perfectamente dispuestas. Los recintos, por otra parte, suelen presentarse limpios de grandes rocas en su interior, como si hubiesen sido despejados. S&oacute;lo piedras de tama&ntilde;o reducido &ndash;&nbsp; qui&eacute;n sabe si restos de la antigua soler&iacute;a &ndash; aparecen uniformemente distribuidas a lo largo y ancho de su espacio. Recorremos con asombro el peculiar recorrido de la posible zona de necr&oacute;polis, con los patrones repetitivos que conocemos. Pasillo, recintos delimitados por grandes piedras verticales, cuevas laterales con sus muretes o lajas clavadas que la definen. Y mientras tanto, restos claros de soler&iacute;a por aqu&iacute; y posibles escaleras por all&aacute;.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Las curiosas formas de las grandes rocas que cierran el recinto, castilletes y pin&aacute;culos, fruto en gran parte de la erosi&oacute;n, no dejan de asombrarnos. Sus formas imposibles liberan a la imaginaci&oacute;n, que aprecia figuras y motivos. Y, acompa&ntilde;&aacute;ndonos siempre, la duda. &iquest;Fueron retocadas esas piedras? Con esa pregunta sin responder en los labios continuamos nuestro recorrido por el complejo, hasta que llegamos a un gran recinto &ndash; el mayor de todos ellos &ndash; que se encuentra dividido en dos terrazas a diferente nivel. La terraza superior est&aacute; sostenida por un gran muro de piedra seca, de m&aacute;s de dos metros de altura en su parte m&aacute;s alta. Lo que parece un derrumbe de este muro en su zona central, tambi&eacute;n puede ser interpretado como una rampa de bajada.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La obra de este muro, doble en ocasiones y con m&aacute;s de un metro de anchura, es descomunal. Y no es un muro de cierre de un corral o cercado, sino de un muro de contenci&oacute;n de terraza o una construcci&oacute;n monumental de separaci&oacute;n de espacios. &nbsp;Desde luego, no es obra de pastores, como con frecuencia nos hemos preguntando ante los muretes que apreciados tanto en la delimitaci&oacute;n de las covachas con las de los recintos. Si no son obras de pastores&hellip; &iquest;qui&eacute;n las pudo haber hecho? Sin duda alguna s&oacute;lo una poblaci&oacute;n que empleara ingentes recursos en la construcci&oacute;n de un recinto monumental, construido para asombro y temor de sus contempor&aacute;neos. Aunque aquellos recintos quiz&aacute;s fueran usados como corrales para el ganado con posterioridad, resultaba evidente que aquellas grandes estructuras no eran obra de pastores. S&oacute;lo, los incre&iacute;bles arquitectos megal&iacute;ticos podr&iacute;an haber dise&ntilde;ado y ejecutado una obra de tal potencia y pericia.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Los descubridores consideran que el gran muro separa la zona de la necr&oacute;polis del santuario, que alcanza su centro ritual en el siguiente recinto, cerrado por cuatro grandes monolitos rocosos, de unos siete metros de anchura y unos quince metros de altura. El primero y segundo de estos monolitos se encuentran a unos siete metros de distancia, la misma que separa el tercero del cuarto. La distancia entre el segundo y el tercero se eleva a unos veinte metros, en cuya base se ubica lo que bautizaron como altar, una gran piedra plana, que parece realzada y apoyada para alcanzar la horizontalidad. Estos monolitos parecen tallados, probablemente para permitir los ritos astrales en aquel recinto-santuario. En efecto, como los descubridores han experimentado y fotografiado, el sol sale justo entre estos monolitos tanto en el equinoccio como en los solsticios de verano e invierno, funcionando cada par de monolitos como puerta sagrada de los primeros rayos de sol en fechas tan se&ntilde;aladas para las religiones y creencias prehist&oacute;ricas.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Bajo el altar se encuentra una peque&ntilde;a covacha, cerrada por lo que parece una falsa b&oacute;veda constituida por grandes piedras. Reproducimos la descripci&oacute;n del recinto del altar que los descubridores escribieron en la publicaci&oacute;n presentada en el V CONGRESO VIRTUAL SOBRE HISTORIA DE LAS V&Iacute;AS DE COMUNICACI&Oacute;N, celebrado del 15 al 30 septiembre de 2017.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&ldquo;El megalitismo tambi&eacute;n tiene su representaci&oacute;n en la mesa ceremonial del Cerro Boticario. Una gran losa, de forma el&iacute;ptica, de unos cuatro metros de largo por casi dos de ancho, apoyada sobre otras rocas, y calzada para obtener de ella una posici&oacute;n horizontal. Se levanta unos cuatro metros del nivel del suelo, formando a sus pies un refugio en cueva de unos cuatro metros cuadrados, con la apertura se&ntilde;alada por la sombra de un monolito en los &uacute;ltimos rayos solares del equinoccio. Frente a la piedra del altar se extiende un gran lienzo de piedra que delimita gran parte del Oeste de la explanada del santuario y sobre el que inciden los rayos solares del amanecer, que pudo acoger pinturas en el pasado y tambi&eacute;n pudo tener su simbolog&iacute;a en los rituales prehist&oacute;ricos del lugar. Esta gran losa ser&iacute;a la piedra del altar. Se ubica en el centro de cuatro monolitos lineales del yacimiento, iluminado por los rayos del Sol que penetran entre el segundo y tercer monolito en los equinoccios. A los pies de la piedra del altar se extiende la explanada del yacimiento, donde el p&uacute;blico compartir&iacute;a el rito sacerdotal o el sacrificio que sobre la piedra se realizase. Sorprende la ac&uacute;stica excepcional del lugar desde la piedra del altar, bajo la que se extiende una explanada de unos 1700 metros cuadrados, lo que induce a pensar en la ejecuci&oacute;n en el lugar de actos rituales masivos. Otros megalitos forman parte del entorno del yacimiento, cuyo verdadero significado s&oacute;lo poder ser conocido por quienes compartieron los ritos de este santuario. Hacia el Noreste del cuerpo central del yacimiento, pasados los cuatro monolitos que conforman el calendario solar, se extiende una red lineal de monolitos irregulares que disminuyen en tama&ntilde;o, como si el hombre hubiese aprovechado una formaci&oacute;n natural de piedra para hacerla dentada, derrumbando trozos de la misma&rdquo;.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El santuario se alza sobre grandes cortados que la elevan sobre el paisaje. Desde su cara norte se divisa el r&iacute;o y se domina una extensa superficie. Justo desde es mirador natural se puede apreciar, la Cueva de las Vacas, al suroeste, y el Cerro Carabuzo, al noreste, que funcionan como grandes hitos paisaj&iacute;sticos. Curiosamente, en este &uacute;ltimo emplazamiento han localizado lo que parece ser un gran menhir y un enorme betilo, perfectamente tallado, con un gran orificio central. La expresi&oacute;n Carabuzo significa, al parecer, Puerta de Piedra. Deber&aacute; investigarse la relaci&oacute;n paisaj&iacute;stica entre estos hitos y el santuario megal&iacute;tico, pues todo parece apuntar a que formar&iacute;an parte de su complejo conceptual y lit&uacute;rgico. AL sur del recinto del santuario se abre una profunda garganta. Salvamos su desnivel gracias a lo que parecen escaleras rudimentarias. Apreciamos, tambi&eacute;n un muro de piedra, que nos sabemos interpretar. Al frente, se abre una cueva poco profunda. Llegamos hasta ella para comprobar que una peque&ntilde;a pileta se encuentra excavada en una gran roca de su suelo. Desde su interior, la vista se dirige, directamente, a la plataforma elevada del santuario. Todo nos parece un mecanismo demasiado preciso y sofisticado como para ser casual. &iquest;O se trata de simple sugesti&oacute;n ante unas formaciones tan evocadoras?<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Envueltos por el halo del lugar, nos dirigimos hacia el lugar donde se encuentra el leguario isabelino, la llave que abri&oacute; el misterio del santuario a sus descubridores. Toca regresar. Atravesamos en sentido inverso el gran complejo megal&iacute;tico, ahora m&aacute;s visible ante nuestros ojos, pero siempre oculto tras la duda esencial. &iquest;Casualidad natural o arquitectura humana?<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; S&oacute;lo la arqueolog&iacute;a podr&aacute; resolver este dilema que nos inquieta. Almorzamos en La Cerradura, mientras pensamos los siguientes pasos a dar. Por lo pronto, la redacci&oacute;n de este art&iacute;culo descriptivo del lugar y de nuestras emociones e impresiones. Despu&eacute;s, lo remitiremos a las instituciones, con la esperanza de que decidan iniciar la investigaci&oacute;n del lugar. Ojal&aacute;, pronto, veamos arque&oacute;logos en su seno. Si se confirmaran las tesis de Enrique y de Juan Antonio nos encontrar&iacute;amos ante uno de los mayores hallazgos arqueol&oacute;gicos de los &uacute;ltimos tiempos. Y es que, las grandes sorpresas, a veces nos aguardan en las mismas puertas de casa.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Manuel Pimentel Siles<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><a href=\"..\/..\/home\/las-pinturas-de-la-fuente-del-trucho-y-el-espiritu-de-la-gran-travesia\/\">&laquo; Anterior<\/a> | <a href=\"..\/..\/home\/el-nudo-celtibero\/\">Siquiente &raquo;<\/a><a href=\"..\/..\/\">Atr\u00e1s<\/a><\/p>\n<p><noscript><\/p>\n<p>\t\t\tEl soporte de JavaScript no est\u00e1 activado en su navegador. Para ver el contenido de esta p\u00e1gina, active JavaScript. Haga clic <a href='http:\/\/www.google.com\/support\/bin\/answer.py?answer=23852' target='_blank'>aqu\u00ed<\/a> para descubrir c\u00f3mo activar JavaScript.<\/p>\n<p><\/noscript><\/p>\n<h2>Arqueoman\u00eda<\/h2>\n<p>Mi direcci\u00f3n, Mi ciudad, Espa\u00f1a&nbsp; &nbsp; &nbsp;| &nbsp; &nbsp; &nbsp; Mi tel\u00e9fono &nbsp; &nbsp; &nbsp; | &nbsp; &nbsp; &nbsp; <a href=\"mailto:Mi email\">Mi email<\/a><\/p>\n<p>&copy; 2014. Mi empresa. All Rights Reserved.<\/p>\n<div\n\n\n<p><em>Publicado originalmente en <a href=\"https:\/\/arqueomania.es\/home\/el-gran-complejo-megalitico-de-cerro-boticario-o-como-la-sorpresa-nos-aguarda-las-mismas-puertas-de-casa\/\">https:\/\/arqueomania.es\/home\/el-gran-complejo-megalitico-de-cerro-boticario-o-como-la-sorpresa-nos-aguarda-las-mismas-puertas-de-casa\/<\/a><\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VISTA DEL CERRO A veces, la mayor de las sorpresas nos aguarda en las puertas mismas de casa. Al menos, as&iacute; puede ser en nuestro caso. De confirmarse que Cerro Boticario conforma, en verdad, un gran complejo megal&iacute;tico, la sorpresa ser&aacute; may&uacute;scula, desconcertante, in&eacute;dita por completo, porque nunca se conoci&oacute; hasta ahora nada parecido, un [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[5],"tags":[],"class_list":["post-1123","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-articulos-antiguos"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/arqueomania.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1123","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/arqueomania.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/arqueomania.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/arqueomania.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/arqueomania.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=1123"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/arqueomania.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1123\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/arqueomania.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=1123"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/arqueomania.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=1123"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/arqueomania.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=1123"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}