{"id":1120,"date":"2019-09-07T10:00:00","date_gmt":"2019-09-07T10:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/arqueomania.es\/wordpress\/?p=import-120"},"modified":"2019-09-07T10:00:00","modified_gmt":"2019-09-07T10:00:00","slug":"aigues-tortes-los-hijos-neoliticos-del-granito-y-las-alturas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/arqueomania.es\/index.php\/2019\/09\/07\/aigues-tortes-los-hijos-neoliticos-del-granito-y-las-alturas\/","title":{"rendered":"AIG\u00dcES-TORTES,LOS HIJOS NEOL\u00cdTICOS DEL GRANITO Y LAS ALTURAS."},"content":{"rendered":"<p><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/arqueomania.es\/attachments\/Image\/20190831_123812.jpg\" alt=\"PARQUE NACIONAL DE AIG&Uuml;ESTORTES. FOTO PIMENTEL\">PARQUE NACIONAL DE AIG&Uuml;ESTORTES. FOTO PIMENTEL<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Fue uno de esos d&iacute;as de viaje largo, coche cansino y paisaje, mucho paisaje. Y pocos pa&iacute;ses los presenta tan diversos y variados como nuestra Espa&ntilde;a inveterada. Partimos desde Alicante, donde hab&iacute;amos grabado la excelente exposici&oacute;n &ldquo;Ir&aacute;n, cuna de civilizaciones&rdquo;, organizada por el activo MARQ, admirable por su incansable tarea divulgativa. Carretera y manta, despu&eacute;s. Pasamos desde el sol, las palmeras, las playas y los naranjos del Levante mediterr&aacute;neo hasta las alturas, los bosques de abetos y abedules, los lagos y los torrentes del Alto Pirineo, seiscientos cincuenta kil&oacute;metros a trav&eacute;s de nuestra agostada y atormentada piel de toro.<\/p>\n<p>Alicante, Valencia, Castell&oacute;n, Tarragona, L&eacute;rida y, por fin, al fondo, la silueta agreste de los Pirineos, abrazado por las sierras prepirenaicas que los amparan y protegen. El aire se hizo m&aacute;s limpio, el calor m&aacute;s soportable. La carretera N-230 &ndash; que transcurre junto a la linde provincial entre Huesca y L&eacute;rida &#8211; nos dirig&iacute;a a la mole monta&ntilde;osa que nos cerraba el norte. El sol comenzaba a declinar y desde Puente de Monta&ntilde;ana ya advertimos un s&uacute;bito corte de la monta&ntilde;a, rendija colosal por la que podr&iacute;amos colarnos hacia los valles superiores. En efecto, el r&iacute;o Noguera Ribagorzana labr&oacute; con paciencia geol&oacute;gica y fuerza de torrente pirenaico una profunda garganta, puerta excepcional que comunica el valle del Ebro con los altos valles pirenaicos.<\/p>\n<p>A mediados del siglo XX, ingenio humano construy&oacute; la presa de las Escales para producir energ&iacute;a hidroel&eacute;ctrica, aprovechando el cierre natural de la garganta. Resulta bell&iacute;simo adentrarse en los valles pirenaicos mientras nos desplazamos por las orillas mismas del embalse, que custodia en su interior dos pueblos y una ermita rom&aacute;nica sumergidos. La carretera serpentea entre rocas y agua, atravesando hasta trece t&uacute;neles que horadan las verticalidades de la monta&ntilde;a. Una escalera rupestre, es decir excavada en la pared de roca, permite acceder a pie a la coronaci&oacute;n de la presa, de m&aacute;s de cien metros de altura. Pero, antes de ascender, una sorpresa nos aguardaba en el pueblo de Sopeira, hist&oacute;rica puerta de todos los espectaculares valles pirenaicos superiores, como el valle de Ar&aacute;n o el de Boh&iacute;, que fueron lugares muy remotos e inaccesibles hasta que a principios del siglo XX comenzaran a construirse carreteras para la explotaci&oacute;n hidroel&eacute;ctricas de sus grandes desniveles y abundante caudal. Sopeira era, pues, paso necesario de todas las comarcas pirenaicas del Alto Ribagorza, lo que justificar&iacute;a su riqueza en el medievo y la existencia del importante y bello monasterio de Sopeira, cuyo origen se eleva al siglo VI y que merece la pena visitar, recortado bajo las imponentes paredes de la garganta.<img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/arqueomania.es\/attachments\/Image\/20190831_102349.jpg\" alt=\"\"><\/p>\n<p>Y, por fin, el Valle de Boh&iacute; &ndash; la Vall de Bo&iacute;, en catal&aacute;n &ndash;, labrado por un antiguo glaciar, en el quela naturaleza y la mano humana se conjugaron para conformar uno de los paisajes m&aacute;s hermosos.La iglesia de San Juan, en Boh&iacute; o las de Santa Mar&iacute;a y San Clemente, en Tahull, son un ejemplo sublime del arte rom&aacute;nico, adornadas por singulares torres de estilo lombardo. En su interior se pintaron extraordinarios Pantocr&aacute;tores dibujados sobre los &aacute;bsides, que ser&iacute;an arrancados sobre la d&eacute;cada de los veinte del siglo pasado para ser trasladadas a Barcelona, donde se exponen en el Museo Nacional de Catalu&ntilde;a. &iquest;Expropiaci&oacute;n b&aacute;rbara? &iquest;Medida de protecci&oacute;n frente a expolios o deterioros? &iquest;Garant&iacute;a de que no fueran vendidas a coleccionistas extranjeros? El debate est&aacute; servido y doctores tendr&aacute; la iglesia para dilucidarlo, que bastante tenemos nosotros con dejarlo planteado.<\/p>\n<p>Dormir&iacute;amos en Pla de la Ermita, una aldea tur&iacute;stica, asociada al esqu&iacute; y al monta&ntilde;ismo y que se sit&uacute;a algo m&aacute;s arriba de Tahull. All&iacute; nos encontramos con nuestros anfitriones, Javier Rey, responsable del Gobierno de Arag&oacute;n, a Ignacio Clemente, investigador de CSIC, impulsores del grupo de arqueolog&iacute;a de alta monta&ntilde;a, acompa&ntilde;ados, tambi&eacute;n, por Yolanda Mairal, con la que compartir&iacute;amos jornada de grabaci&oacute;n al d&iacute;a siguiente, donde nos reunir&iacute;amos con Ermengol Gassiol, profesor de la aut&oacute;noma de Barcelona, conocidos todos ellos en nuestras jornadas de Ordesa y Tella y codirectores del yacimiento de Coro Trasito, en el pirineo oscense.<\/p>\n<p>Ya al d&iacute;a siguiente ascendimos hacia el Parque Nacional, por una carretera que serpentea entre bosques de abetos, pinos y abedules. No insistiremos en estas l&iacute;neas en la belleza paisaj&iacute;stica del lugar, recortado por altas cumbresy extensos bosques de ladera. El r&iacute;o Sant Nicolau se precipita en cascadas, como la espectacular del Santo Esp&iacute;ritu, que nos sorprende y admira. Hacemos una primera parada sobre un mirador que domina el lago Llebreta, el &uacute;nico de origen no glaciar, que compone una aut&eacute;ntica imagen de postal alpina. A nuestros pies, los restos de un antiguos b&uacute;nker, de la l&iacute;nea defensiva que recorri&oacute; una buena parte de las alturas de los Pirineos. Nos cuesta imaginarnos las condiciones de vida de aquellos reclutas de guardia en las fr&iacute;as y largas noches de invierno, completamente aislados por la nieve y el hielo. Pero si aquello pudo ser un infierno, el parque nos muestra en esos momentos una imagen id&iacute;lica, cercana a un para&iacute;so monta&ntilde;oso, naturaleza en estado puro.Los reyes de la fauna del parque son el &aacute;guila real, el quebrantahuesos, el sarrio y el urogallo. El oso, que comienza a detectarse puntualmente, vendr&iacute;a &ndash; una vez que se consolide &ndash; a ocupar el p&oacute;dium que por m&eacute;ritos propios le corresponde.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Pero no es el paisaje ni la fauna el objetivo principal de nuestra visita, sino el conocer la arqueolog&iacute;a de las alturas del Parque. La primera ocupaci&oacute;n humana del valle se produjo har&aacute; unos 10.000 a&ntilde;os, pues hasta los 11.000 los hielos lo cubr&iacute;an por completo, secuencia helada de la &uacute;ltima gran glaciaci&oacute;n. Pero la repoblaci&oacute;n humana se intensificar&iacute;a despu&eacute;s, har&aacute; unos siete mil a&ntilde;os, como lo demuestran las excavaciones arqueol&oacute;gicas que conocer&iacute;amos esa ma&ntilde;ana.<\/p>\n<p>De nuevo nos encamin&aacute;bamos a un yacimiento neol&iacute;tico de monta&ntilde;a, en este caso en un paraje a&uacute;n m&aacute;s cerrado y agreste que el que conoci&eacute;ramos en Ordesa, enclavado en el coraz&oacute;n del actual Parque Nacional de Aig&uuml;es-Tortes, cuya traducci&oacute;n podr&iacute;a ser algo as&iacute; como aguas tortuosas o torcidas. Y, a pesar de su belleza, no responde al paisaje que pudi&eacute;ramos imaginar para un poblamiento permanente de la Edad de Piedra. Cuando pensamos en el neol&iacute;tico, necesariamente, lo asociamos a aquellos primeros ganaderos y agricultores que domesticaron plantas y animales. Cerramos los ojos y nos parece verlos en sus poblados, ubicados en las inmediaciones de los grandes r&iacute;os y lagos, rodeados por amplios corrales y atareados en los campos de cereal y leguminosas cultivados en las besanas llanas de las inmediaciones. Sin embargo, ya sabemos &ndash; gracias a a la arqueolog&iacute;a de alta monta&ntilde;a &#8211; que estos ganaderos y agricultores habitaron tambi&eacute;n en los altos valles pirenaicos, pastorearon sus reba&ntilde;os en prados elevados e, incluso,cultivaron cereal en sus laderas.<\/p>\n<p><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/arqueomania.es\/attachments\/Image\/ceramica-neol.jpg\" alt=\"CER&Aacute;MICA NEOL&Iacute;TICAL FOTO PIMENTEL\">CER&Aacute;MICA NEOL&Iacute;TICAL FOTO PIMENTEL<\/p>\n<p>El paisaje de Aig&euml;s-Tortes viene, como siempre, determinado en gran medida por su geolog&iacute;a. El valle fue excavado por los glaciares sobre el lecho de un enorme batolito gran&iacute;tico, sin apenas suelos f&eacute;rtiles, por los que las &aacute;reas de cultivo hubieron de limitarse a las peque&ntilde;as vegas formadas a las orillas del r&iacute;o. La geolog&iacute;a, dec&iacute;amos, condiciona el paisaje. El parque se enclava, como sabemos, sobre el gran batolito gran&iacute;tico de Aneto-Maladeta, que determina las formas abruptas, escarpadas y con escaso suelo f&eacute;rtil. En el horizonte, por el contrario, advertimos formaciones de esquistos pizarrosos, erosionados y redondeados, con m&aacute;s suelo susceptible de ser cubiertos por pastos, bosques y praderas. Pero, a pesar de las pendientes y de la infertilidad gran&iacute;tica, la humanidad supo construir su h&aacute;bitat y habitarlo desde hace miles de a&ntilde;os.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Y, nuestro primer yacimiento a grabar fue La Cova del Sardo, situada a una altitud de 1780 metros, apenas poco m&aacute;s que una covacha de un tres de metros de profundidad y una treintena de anchura, situada a unos sesenta metros de desnivel sobre el camino que transcurre por el fondo del valle. La cueva se form&oacute; por una sobreexcavaci&oacute;n lateral del antiguo glaciar, como se puede advertir en algunos tramos de sus paredes y techos, perfectamente pulimentados. Se aprecian una serie de corrales, m&aacute;s o menos derruidos, en las inmediaciones de la cueva, que servir&iacute;an para el cobijo del ganado en sus sucesivas ocupaciones. Las m&aacute;s extensa de estas ocupaciones humanas se produjo en el neol&iacute;tico, desde el 4800 a.C. hasta el 2400 a.C., m&aacute;s de dos mil a&ntilde;os como hogar de unas familias que nos legaron un rico patrimonio en industria l&iacute;tica, cer&aacute;mica y un espl&eacute;ndido hogar delimitado por piedras, perfectamente alineadas y visibles en superficie. Es el &uacute;nico yacimiento del parque que muestra restos de los tres neol&iacute;ticos cronol&oacute;gicos, el antiguo, el medio y el final.<\/p>\n<p>Las puntas de flecha, lascas, trapecios y otros &uacute;tiles l&iacute;ticos fueron tallado sobre un s&iacute;lex no local. El m&aacute;s cercano procede de Sopeira, situado a unos treinta kil&oacute;metros y el m&aacute;s lejanos de canteras del valle del Ebro situadas a m&aacute;s de ciento sesenta kil&oacute;metros de yacimiento.&nbsp; Desde las cronolog&iacute;as m&aacute;s antiguas se atestigua un comercio de s&iacute;lex &ndash; probablemente tambi&eacute;n de sal &ndash; que se intercambiar&iacute;a con productos agr&iacute;colas, ganaderos o artesanales producidos por los habitantes de la cueva. Este comercio se desarrollar&iacute;a a trav&eacute;s de unos caminos que, probablemente, seguir&aacute;n siendo utilizados en la actualidad. La cer&aacute;mica encontrada es de uso ordinario, sin decoraci&oacute;n cardial. Analizados sus contenidos, se deduce la producci&oacute;n de queso desde, al menos, el 4800 a.C. Los recipientes cer&aacute;micos fueron usados para guisar carne de cordero. Existen tambi&eacute;n evidencia de cerdo, aunque bien pudiera ser los restos del uso de manteca o tocino tra&iacute;do de zonas bajas del valle. Como es sabido, el pastoreo del cerdo resulta m&aacute;s dificultoso que el de la oveja, cabra o vaca. Curiosamente, y a pesar de la presencia de &uacute;tiles de caza, como las puntas de flecha, apenas si se han encontrado restos de fauna salvaje, cuando lo esperado hubiera sido que la caza tambi&eacute;n formara parte de la dieta habitual de las familias neol&iacute;ticas.<\/p>\n<p>Las reducidas dimensiones del abrigo limitar&iacute;an el n&uacute;mero de sus habitantes a una familia nuclear formada por siete u ocho miembros a lo sumo. Nada impide que se erigieran caba&ntilde;as en las inmediaciones, por lo que la poblaci&oacute;n hubiera podido resultar superior. No se han localizado ninguna necr&oacute;polis del periodo neol&iacute;tico, quiz&aacute;s sus restos a&uacute;n nos aguarden en alguna cueva clausurada o, qui&eacute;n sabe, tambi&eacute;n puede que se perdieran para siempre.<\/p>\n<p>Sobre la Cova del Sardo, a apenas unos veinticinco metros de diferencia de cota, se abre otra peque&ntilde;a covacha, a&uacute;n m&aacute;s reducida, bautizada como Sardo II y que bien hubiera podido ser utilizada durante el periodo neol&iacute;tico. Subimos a visitarla, usando un antiguo camino de herradura, probablemente de origen medieval. Una cama realizada de hierbas parec&iacute;a atestiguar que un gran animal hab&iacute;a invernado a su protecci&oacute;n, qui&eacute;n sabe si uno de los osos que espor&aacute;dicamente se detectan en los bosques del parque.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En las inmediaciones de la cueva se aprecian, como dijimos, estructuras que corresponder&iacute;an a cercados y corrales para aprisco del ganado. Las m&aacute;s evidentes en la actualidad fueron erigidas en la ocupaci&oacute;n medieval del siglo X, que dej&oacute; tambi&eacute;n evidencias arqueol&oacute;gicas, como, por ejemplo, fragmentos cer&aacute;micos de recipientes de un licor producido por los musulmanes de L&eacute;rida y que ser&iacute;a adquirido por los pastores monta&ntilde;eses para aliviar las largas noches de invierno.Como an&eacute;cdota, los investigadores encontraron en la cueva una moneda de Felipe V, lo que demuestra su ocupaci&oacute;n puntual durante el siglo XVIII, a partir del cual ya no se encuentran nuevas evidencias de actividad humana. No se trata de la &uacute;nica moneda localizada en un yacimiento del parque. As&iacute;, en un abrigo situado a 2.300 metros de altitud se encontr&oacute;una moneda de Luis XV, lo que evidencia el paso frecuente de los pastores y comerciantes a ambos lados de las fronteras por pasos tan elevados.<\/p>\n<p>Al igual que la vegetaci&oacute;n natural fue variando con el clima a lo largo de los milenios, as&iacute; tambi&eacute;n lo hizo la explotaci&oacute;n humana de los recursos naturales. As&iacute;, la vegetaci&oacute;n que hoy apreciamos ser&iacute;a distinta a la que vieron los primeros pobladores del neol&iacute;tico antiguo del 10.000 a.C., que se encontrar&iacute;an con bosque de hayas, robles y especies caducifolias. A partir del neol&iacute;tico medio, el clima se enfri&oacute; y fueron los abetos, abedules y avellanos los que se extendieron por las laderas de las monta&ntilde;as, sin que desde entonces hasta ahora haya variado demasiado ni la vegetaci&oacute;n ni la fauna silvestre. Estas variaciones de clima influyeron en la actividad ganadera, pues los pastos ascend&iacute;an o bajaban en funci&oacute;n del fr&iacute;o dominante. En todo caso, parece que la ocupaci&oacute;n por debajo de los 2000 metros de altitud fue permanente durante todo el periodo.<\/p>\n<p>Curiosamente, no se han encontrado yacimientos del bronce, una inexplicable ausencia despu&eacute;s de miles de a&ntilde;o de ocupaci&oacute;n. Un misterio que qued&oacute; resuelto tras el inesperado descubrimiento de unas vasijas cer&aacute;micas sorprendentemente intactas. Aparecieron en una covacha en un gran canchal y fueron interpretadas como dep&oacute;sitos intermedios en los que los pastores intercambiar&iacute;an mercanc&iacute;as y alimentos. La cueva &ndash; apenas si una hornacina &ndash; permaneci&oacute; sin derrumbes durante los &uacute;ltimos cuatro mil a&ntilde;os, lo que demuestra la inmovilidad del canchal durante, al menos, ese prolongado periodo. Visitamos el hueco en el que aparecieron las cer&aacute;micas, que grabar&iacute;amos despu&eacute;s en el centro de interpretaci&oacute;n del Parque Nacional que se encuentra en Boh&iacute;. Se han encontrado otras seis ubicaciones de cer&aacute;micas del bronce, todas ellas ocultas en canchales, lo que nos habla de una pr&aacute;ctica habitual de avituallamiento para los pastores del bronce.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Visitamos, en &uacute;ltimo lugar, las ruinas de una antigua instalaci&oacute;n ganadera, al parecer medieval, de la que a&uacute;n se aprecia con nitidez una especie de corredor de piedra &ndash; una <em>mang&aacute;<\/em> que dir&iacute;an en nuestra tierra &ndash; que se utilizar&iacute;a para orde&ntilde;ar al ganado y para cualquier otro tipo de atenci&oacute;n o manipulado de los animales. Recordamos a las mayatas que conocimos en Ordesa. Los animales se har&iacute;an pasar por el largo corredor de piedras y el pastor, sentado en una piedra central, podr&iacute;a orde&ntilde;ar con toda la serenidad que la operaci&oacute;n precisa. Tambi&eacute;n esquilar, sanar o marcar, que muchas y variadas son las faenas que el ganado requiere. Este tipo de instalaciones ya se levantar&iacute;an desde la prehistoria, por lo que no podemos afirmar que no hubiera sido erigida por vez primera por pastores neol&iacute;ticos. En todo caso, su &uacute;ltimo uso datado fue medieval. Complementa la construcci&oacute;n para el orde&ntilde;o los restos de una vivienda y de algunos corrales adjuntos. Nuestros anfitriones nos advierten de la extrema toxicidad de una planta que suele crecer junto a las instalaciones ganaderas y que admiramos temerosos ante nuestros pies. Se llama Tora y presenta unas llamativas flores moradas, que retan nuestra atenci&oacute;n. No se deben tocar, pues si, por alg&uacute;n motivo, nos llev&aacute;ramos las manos a la boca, se podr&iacute;a producir un grave envenenamiento. Y los relatos de personas envenenadas por la Tora surgieron espont&aacute;neamente, muestra viva de la eficaz perduraci&oacute;n de la tradici&oacute;n oral.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La ma&ntilde;ana de grabaci&oacute;n tocaba a su fin. Sobre una gran roca de granito improvisamos un somero almuerzo con los embutidos que Ignacio hab&iacute;a tra&iacute;do para la ocasi&oacute;n y que a pura gloria pirenaica nos supieron. Bajamos, despu&eacute;s, en coche hasta Boh&iacute; para grabar las cer&aacute;micas del bronce expuestas en el Centro de Interpretaci&oacute;n. Dejamos en el Parque a Ermengol, que regresar&iacute;a caminando. Estos profesionales de la arqueolog&iacute;a, enamorados de su trabajo, nos parecen admirables. El grupo de arqueolog&iacute;a de alta monta&ntilde;a realiza una gran labor prospectiva e investigadora. Si hasta hace pocos a&ntilde;os se consideraba que la huella arqueol&oacute;gica de actividades humanas en las alturas ser&iacute;a insignificante, hoy se conocen m&aacute;s de 350 yacimientos dentro, tan s&oacute;lo, del actual per&iacute;metro del parque. En la actualidad excavan en el yacimiento conocido como Portarro, situado a 2200 metros de altitud, un complejo de abrigos y corrales con ocupaci&oacute;n tanto del periodo neol&iacute;tico como romano. Existe un rico muestrario de yacimientos en altura, como un t&uacute;mulo de piedras localizado a unos 2.500 metros de altitud &ndash; a&uacute;n sin excavar &ndash; y otro yacimiento a 2.800 metros en el que aparecieron l&aacute;minas de s&iacute;lex que ojal&aacute; podamos volver a grabar en una futura ocasi&oacute;n.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Nosotros partimos hacia el sur. Arriba, entre abetos, abedules, lagos y cascadas, quedaba el recuerdo inmanente de aquellos pastores neol&iacute;ticos, hijos valientes del granito y de las alturas que jam&aacute;s terminaron de irse del todo de aquel valle hermoso que, para siempre, conquistaron para la humanidad.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Manuel Pimentel Siles.<\/p>\n<p><a href=\"..\/..\/home\/el-refugio-de-los-neandertales\/\">&laquo; Anterior<\/a> | <a href=\"..\/..\/home\/ex-oriente-lux\/\">Siquiente &raquo;<\/a><a href=\"..\/..\/\">Atr\u00e1s<\/a><\/p>\n<p><noscript><\/p>\n<p>\t\t\tEl soporte de JavaScript no est\u00e1 activado en su navegador. Para ver el contenido de esta p\u00e1gina, active JavaScript. 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