{"id":1114,"date":"2019-11-25T10:00:00","date_gmt":"2019-11-25T10:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/arqueomania.es\/wordpress\/?p=import-114"},"modified":"2019-11-25T10:00:00","modified_gmt":"2019-11-25T10:00:00","slug":"dara-la-vieja-ciudad-de-las-aguas-tumbas-y-fortalezas-de-dario","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/arqueomania.es\/index.php\/2019\/11\/25\/dara-la-vieja-ciudad-de-las-aguas-tumbas-y-fortalezas-de-dario\/","title":{"rendered":"DARA,LA VIEJA CIUDAD DE LAS AGUAS, TUMBAS Y FORTALEZAS DE DAR\u00cdO"},"content":{"rendered":"<p><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/arqueomania.es\/attachments\/Image\/DARA-TUMBA.jpg\" alt=\"NECR&Oacute;POLIS DE DARA. FOTO NAVARRO\">NECR&Oacute;POLIS DE DARA. FOTO NAVARRO<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Dese&aacute;bamos conocer Dara, al sur de Turqu&iacute;a. Pero tendr&iacute;amos que aguardar hasta el d&iacute;a siguiente. Atardec&iacute;a y ten&iacute;amos que llegar hasta Mardin para dormir. No conoc&iacute;amos Mardin. Ni siquiera nos sonaba su nombre cuando comenzamos a preparar el viaje, aunque, desde siempre, estuviera ah&iacute;, custodiando desde sus alturas el tiempo suspendido de la Mesopotamia. O, mejor dicho, del nacimiento de la Mesopotamia. Mardin, ciudad antiqu&iacute;sima, se ubica en las faldas de una gran loma coronada por una meseta de paredes verticales, una extraordinaria e inexpugnable fortaleza natural reforzada por murallas de diversas &eacute;pocas y constructores. No en vano, Mardin significa en arameo siriaco fortaleza entre las fortalezas. Nuestro primer encuentro con ella aconteci&oacute; desde la distancia, al atardecer, recortada frente al crep&uacute;sculo. Sobrecog&iacute;a y eso que acab&aacute;bamos de abandonar otro lugar sobrecogedor, Mor Gabriel, el monasterio fundado en 397, regalo de Justiniano, con el incre&iacute;ble r&eacute;cord de 1622 a&ntilde;os de vida mon&aacute;stica ininterrumpida.&nbsp;<\/p>\n<p>Atardec&iacute;a y el paisaje comenzaba a dorarse. La geograf&iacute;a es un libro abierto. Un monte se destacaba sobre el infinito llano de la Mesopotamia naciente. Antes, incluso, de saber que Mardin se asentaba en sus faldas, ya nos llam&oacute; la atenci&oacute;n la atalaya natural de su relieve, destacando, agresiva, sobre la mansa llanura. Comentamos entonces que el perfil respond&iacute;a al gusto de nuestras ciudades del bronce, que se encaramaron en alturas imposibles en busca de protecci&oacute;n, se&ntilde;al inequ&iacute;voca de los tiempos sobresaltados y peligrosos que les toc&oacute; vivir. Acertamos. All&iacute;, en efecto, se encaramaba Mardin, la prodigiosa. Ya la conocer&iacute;amos. Entonces, tocaba descansar. Dormimos en un moderno hotel en las afueras de la ciudad nueva, adornada de edificios de acero y cristal con &iacute;nfulas de rascacielos. La ciudad nueva se extiende al norte de la colina, mientras que al sur se aposenta, l&aacute;nguida y serena, la vieja Mardin, la de las fortalezas, las madrazas y las iglesias.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Reservamos la tarde para adentrarnos en los secretos de la ciudad. La ma&ntilde;ana la dedicar&iacute;amos a conocer las cercanas ruinas de Dara, la ciudad levantada por Dar&iacute;o y que se sit&uacute;a a penas 30 kil&oacute;metros al sureste de Mardin.Iniciamos nuestro viaje descendiendo desde las alturas de Mardin hacia el valle. Abajo se extend&iacute;a, en una llanura infinita, la vieja, la ancestral Mesopotamia. Llanura f&eacute;rtil, rica, pr&oacute;diga desde la antig&uuml;edad, ser&iacute;a testigo activo del nacimiento de la agricultura. Tambi&eacute;n, all&iacute; se fijar&iacute;a para el imaginario b&iacute;blico la ub&eacute;rrima ubicaci&oacute;n del Jard&iacute;n del Ed&eacute;n. Las plantaciones de ma&iacute;z y algod&oacute;n, cultivos de riego de alta productividad, sustituyen en la actualidad a los primitivos cultivos de espelta y cereales diversos que impulsaron, doce mil a&ntilde;os atr&aacute;s, el nacimiento de las primeras civilizaciones urbanas.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Una se&ntilde;al indica el desv&iacute;o para Dara. A apenas dos kil&oacute;metros de aquel cruce, descubrimos a nuestra izquierda unas colinas con la roca a flor de superficie. Pronto advertimos las peque&ntilde;as canteras de extracci&oacute;n de sillares. Dara deb&iacute;a encontrarse cerca, ya. Y, de repente, salta la sorpresa. La ciudad de los muertos nos recibe antes que la ciudad de los vivos, Dara. Fue Dar&iacute;o, el m&iacute;tico rey persa, el que la orden&oacute; erigir como residencia de verano. Sus primeros pobladores adoraron a Mazda y erigieron en su honor torres de fuego. Y, desde entonces, la roca horadada se convirti&oacute; en morada de los muertos. Nichos, criptas y sepulturas fueron excavadas en la blanda arenisca hasta configurar un paisaje extra&ntilde;o, hermoso e inquietante que alcanzar&iacute;a su apogeo en el posterior periodo romano y bizantino. Las penumbras de las cavidades nos observan y nos retan desde su vac&iacute;o inmemorial. Tumbas profanadas, tumbas expoliadas, tumbas que gritan el recuerdo de qui&eacute;nes an&oacute;nimos la habitaron muchos, muchos siglos atr&aacute;s.&nbsp;<img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/arqueomania.es\/attachments\/Image\/ALJIBE-DARA.jpg\" alt=\"ALJIBE DE DARA. FOTO NAVARRO\">ALJIBE DE DARA. FOTO NAVARRO<\/p>\n<p>De alguna manera, nos recuerda a la necr&oacute;polis de Carmona, con sus tumba e hipogeos monumentales. Una de esas tumbas monumentales de la necr&oacute;polis de Dara es la conocida como la de Ezequiel. Seg&uacute;n la tradici&oacute;n, el profeta baj&oacute; de los cielos para resucitar a unos soldados cristianos martirizados. Y es que el creciente F&eacute;rtil fue, desde siempre, tierra de patriarcas y profetas. La tumba es colectiva, de grandes dimensiones, con tres niveles subterr&aacute;neos, a los que se accede a trav&eacute;s de una amplia escalera excavada en la roca. Una necr&oacute;polis dentro de la necr&oacute;polis. Las dos plantas inferiores se usaron como sepultura, mientras que la principal, al parecer, fue la zona de las liturgias y ritos funerarios. Un pasillo perimetral lo rodea, franqueado por un claustro rupestre de grandes arcos que a&uacute;n se advierten a pesar de su deterioro.La tumba es solemne y t&eacute;trica al tiempo, inquietante en todo momento. Se accede a trav&eacute;s de un p&oacute;rtico monumental, de corte cl&aacute;sico, sobre el que est&aacute; esculpida una representaci&oacute;n del milagro de Ezequiel.<\/p>\n<p>La Biblia, el libro del cristianismo triunfante, terminar&iacute;a por orillar la iconograf&iacute;a pagana que en tiempos acompa&ntilde;ara en su tr&aacute;nsito a los difuntos romanos. Bizancio, la Roma de oriente, se cristianiz&oacute; intensamente, hasta que la media luna del islam lograra conquistar su capital y arrebatar su alma. Las distintas iglesias siriacas y ortodoxas que a&uacute;n sobreviven en la Mesopotamia ancestral son herederas del culto cristiano de los romanos de Oriente.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En teor&iacute;a, Dara deber&iacute;a ser considerada como un destino tur&iacute;stico, pero, para nuestra sorpresa, eran pocos los que hasta all&iacute; se acercaban. Coincidimos con alg&uacute;n grupo de turistas, turcos en su inmensa mayor&iacute;a. Alg&uacute;n ruso, quiz&aacute;s. Dara queda demasiado lejos de los circuitos tur&iacute;sticos y demasiado cerca del conflicto de Siria como para resultar atractivo a las agencias y mayoristas de viaje y a sus pol&iacute;ticas de cero riesgo.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Dara, tambi&eacute;n es la ciudad del agua.La arqueolog&iacute;a nos muestra que fue una de las primeras ciudades mesopot&aacute;micas en poseer complejos y eficientes sistemas de riego, aljibes, canales y presas, aunque su principal misi&oacute;n fuera la de servir de guarnici&oacute;n militar avanzada, justo all&iacute; donde la Mesopotamia mor&iacute;a para dar nacimiento a las escarpadas monta&ntilde;as de la Anatolia.Guarnici&oacute;n persa en su camino hacia Grecia, destacamento romano en susguerras contra los partos, frontera bizantina ante los llanos por los que el incipiente islam galopaba enfervorecido. Dara, siempre en la frontera, siempre en la inestabilidad, siempre dependiente de un agua que supieron almacenar en gigantescas cisternas de b&oacute;veda, o, a&uacute;n m&aacute;s espectaculares a&uacute;n, en catedralicios aljibes subterr&aacute;neos, s&oacute;lo comparables a los de Constantinopla. Agua que correr&iacute;a por un arroyo que atravesaba una de sus puertas monumentales, junto a la calzada por la que los caminantes part&iacute;an en busca de sus esperanzas y anhelos.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Abandonamos la Dara de la frontera, los muertos y el agua para regresar a Mardin, el tiempo apremiaba. La vieja ciudad de Mardin, en el horizonte, ense&ntilde;orea la llanura f&eacute;rtil de riqueza proverbial. La ciudadela, con sus murallas perfiladas sobre los cortados y paredes verticales, a&uacute;n muestra su fiereza ind&oacute;mita desde sus 1.200 metros de altitud. No en vano, Mardin significa fortaleza. La fortaleza es un palimpsesto de distintas &eacute;pocas y sus cimientos deben asentarse sobre sillares colocados muchos miles de a&ntilde;os atr&aacute;s. Esta altura dominadora, enriquecida con abundantes manantiales, tuvo que constituir una tentaci&oacute;n inevitable para los humanos desde la m&aacute;s remota antig&uuml;edad. Por eso, Dar&iacute;o, el constructor de Dara, tambi&eacute;n pas&oacute; alg&uacute;n tiempo habitando sus alturas y sus vistas.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Mardin nos aguarda, pero queda en nuestro recuerdo la Dara inmemorial de la que a&uacute;n nos queda tanto por descubrir.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Manuel Pimentel Siles.<\/p>\n<p><a href=\"..\/..\/home\/vesubio\/\">&laquo; Anterior<\/a> | <a href=\"..\/..\/home\/cincuenta-anos-perdidos\/\">Siquiente &raquo;<\/a><a href=\"..\/..\/\">Atr\u00e1s<\/a><\/p>\n<p><noscript><\/p>\n<p>\t\t\tEl soporte de JavaScript no est\u00e1 activado en su navegador. Para ver el contenido de esta p\u00e1gina, active JavaScript. 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