{"id":1074,"date":"2021-02-14T10:00:00","date_gmt":"2021-02-14T10:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/arqueomania.es\/wordpress\/?p=import-74"},"modified":"2021-02-14T10:00:00","modified_gmt":"2021-02-14T10:00:00","slug":"arqueologiaen-cerdena-i-de-la-evocacion-tartesica-de-nora-las-estatuas-menhir-de-laconi","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/arqueomania.es\/index.php\/2021\/02\/14\/arqueologiaen-cerdena-i-de-la-evocacion-tartesica-de-nora-las-estatuas-menhir-de-laconi\/","title":{"rendered":"ARQUEOLOG\u00cdAEN CERDE\u00d1A I. DE LA EVOCACI\u00d3N TART\u00c9SICA DE NORA A LAS ESTATUAS MENHIR DE LACONI"},"content":{"rendered":"<p><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/arqueomania.es\/attachments\/Image\/20210203_113352.jpg\" alt=\"ESTATUA MENHIR DE LACONI. FOTO PIMENTEL\">ESTATUA MENHIR DE LACONI. FOTO PIMENTELQuer&iacute;amos abordar un programa sobre la representaci&oacute;n escult&oacute;rica de la figura humana a trav&eacute;s de la prehistoria, centrado en el soporte prodigioso de las estelas, que, desde siempre, nos hab&iacute;an llamado poderosamente la atenci&oacute;n. Ten&iacute;amos ya grabadas bastantes de Andaluc&iacute;a, como la se&ntilde;alad&iacute;sima de Almargen, as&iacute; como las del museo de Badajoz, pero quer&iacute;amos complementarlas con un viaje a C&aacute;ceres y a Portugal, geograf&iacute;as imprescindibles para abordar el registro de las estelas del bronce y del hierro del suroeste.&nbsp;<\/p>\n<p>Conscientes de que el fen&oacute;meno de las estelas en la prehistoria ten&iacute;a una dimensi&oacute;n muy superior al del oeste de la vieja Iberia, quisimos conocer la dimensi&oacute;n mediterr&aacute;nea. Por ello, decidimos viajar hasta Cerde&ntilde;a para conocer su sorprendente prehistoria, expresada tanto en estelas singulares como en la llamada cultura nur&aacute;gica, de grandes edificaciones cicl&oacute;peas de la Edad del Bronce. Como os pod&eacute;is figurar, ambos viajes nos ilusionaban, porque enmarcaban temporal y geogr&aacute;ficamente el mundo de las estelas, sus evoluci&oacute;n y significado.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Pero ya sabemos, como afirma el viejo refr&aacute;n, que el hombre propone, pero Dios &ndash; o mejor dicho en este caso la dichosa COVID &ndash; dispone. La alta incidencia de la enfermedad en Extremadura y, sobre todo, en Portugal &ndash; habl&aacute;bamos de principios de enero de 2021 &ndash; nos hizo suspender ese viaje. Tampoco pintaba bien el previsto para Cerde&ntilde;a, sometido a una incertidumbre sanitaria a la que no termin&aacute;bamos de acostumbrarnos. Finalmente, el viaje a la vieja isla sarda pudo realizarse, redobladas, eso s&iacute;, todas las cautelas sanitarias. En el momento de escribir estas l&iacute;neas, ya de regreso, a&uacute;n estamos con la esperanza de poder grabar las estelas portuguesas y cacere&ntilde;as.&nbsp;<img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/arqueomania.es\/attachments\/Image\/20210203_102831.jpg\" alt=\"ESTELA. FOTO PIMENTEL.\">ESTELA. FOTO PIMENTEL.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Viajamos a Cerde&ntilde;a entre los d&iacute;as comprendidos entre el martes 2 y el lunes 8 de febrero. Viajar en tiempos de COVID no resulta c&oacute;modo, pero se sobrelleva con resignaci&oacute;n y compresi&oacute;n, porque toda prevenci&oacute;n es poca. Cumplimos estrictamente todos los protocolos sanitarios previstos. Prueba de ant&iacute;genos a la ida, prueba de ant&iacute;genos al regreso. Narices y garganta bien refregadas por un hisopo agresor. Varios impresos, tanto en la ida como la vuelta, en el que nos autoresponsabiliz&aacute;bamos de nuestra salud. Controles y m&aacute;s controles convert&iacute;an en un tr&aacute;nsito &aacute;rido y desabrido cualquier gesti&oacute;n o tr&aacute;mite habitual y, en otros tiempos, liviano. Requisitos algo artificiosos pero necesarios ante nuestro desconcierto v&iacute;rico. A diferencia de anteriores expediciones, la experiencia de un viaje internacional bajo la epidemia del coronavirus result&oacute; bien distinta, siempre dispuestos al sobresalto inesperado, a la anulaci&oacute;n imprevista y al cambio de programaci&oacute;n permanente. &Eacute;ramos conscientes de las condiciones en las que nos tocar&iacute;a grabar y decidimos afrontarlas con prudencia. Cuando, esperemos, regrese cierta normalidad, recordaremos estos tiempos aciagos con amargura y sin a&ntilde;oranza alguna.<\/p>\n<p>En varios art&iacute;culos dibujaremos un sucinto resumen de lo visto, de lo aprendido y de lo apreciado en nuestra ruta tras las estelas, los megalitos las nuragas y las ruinas sardas varias. En este caso, el catedr&aacute;tico de prehistoria de la universidad de Sevilla, Leonardo Garc&iacute;a San Juan, nos acompa&ntilde;ar&iacute;a con su sabidur&iacute;a y lucidez. Quer&iacute;amos que &eacute;l fuera la voz autorizada que contextualizara la rica prehistoria de la isla y la relacionara con la din&aacute;mica peninsular. Nunca pod&iacute;amos haber elegido mejor sabio para enmarcar el fen&oacute;meno nur&aacute;gico que tanto nos sorprender&iacute;a. Le quedamos muy agradecidos por su generosidad y paciencia.<\/p>\n<p>Comenzamos el viaje con madrug&oacute;n en Madrid para, tras parada de trasbordo en Roma, aterrizar en Cagliari, capital de la Cerde&ntilde;a. El vuelo ya nos permiti&oacute; apreciar la enormidad de la isla, un peque&ntilde;o continente dado su extensi&oacute;n y diversidad de climas y paisajes. No en vano es la segunda isla de mayor superficie del Mediterr&aacute;neo, con algo m&aacute;s de veinte mil kil&oacute;metros cuadrados &ndash; el equivalente a tres provincias espa&ntilde;olas -, y s&oacute;lo algo menor que la soleada Sicilia.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Cerde&ntilde;a, en su devenir hist&oacute;rico ha guardado estrecha relaci&oacute;n con la Corona de Arag&oacute;n, primero, y con la de Espa&ntilde;a, despu&eacute;s. De hecho, en alguno de sus pueblos a&uacute;n se habla un dialecto del catal&aacute;n, y muchas palabras espa&ntilde;olas &ndash; como mesa, ventana, semana o adi&oacute;s, entre otras muchas &ndash; se incorporaron a la lengua sarda. Y, como ir&iacute;amos comprobando a lo largo de nuestros desplazamientos por la isla, el espa&ntilde;ol tambi&eacute;n dej&oacute; un rastro evidente en la toponimia local.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Nuestro primer destino, la ciudad de Arborea, la del nombre sonoro, se encontraba en la costa oeste. Pero, antes de llegar hasta nuestro hotel, decidimos desviarnos para acercarnos hasta un lugar m&iacute;tico, las ruinas de Nora, una ciudad costera, fundada oficialmente por los fenicios, que se hizo famosa por una estela sorprendentemente bien conservada. Al parecer, se trata de escritura fenicia, pero algunos autores insisten en relacionarla con Norax, pr&iacute;ncipe procedente de Tartessos, primer reino de Occidente del que mantenemos memoria hist&oacute;rica. La idea de que un pr&iacute;ncipe tartesio fundara la ciudad sarda le otorgaba un aire m&iacute;tico dif&iacute;cilmente eludible. Pero al llegar, nuestro gozo en un pozo. El sitio arqueol&oacute;gico se encontraba cerrado por la pandemia, como la pr&aacute;ctica totalidad de los lugares visitables de la isla. A pesar de no poder caminar ni grabar las ruinas de aquella ciudad que quiz&aacute;s alg&uacute;n d&iacute;a hollaran sandalias tartesias, la vista de la costa bien mereci&oacute; el tiempo invertido. Una peque&ntilde;a pen&iacute;nsula, coronada por una torre, probablemente medieval, cerraba un extenso golfo ante nuestros ojos, un refugio protegido de los albures del mar abierto para las naves de aquellos valientes y esforzados marineros y guerreros que navegaron en la protohistoria a lo largo y ancho del viejo Mediterr&aacute;neo que nos abrazaba.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Al llegar al hotel tuvimos que encargar la cena fuera, para que la trajeran en fiambreras desechables y bolsas de pl&aacute;stico. Los restaurantes &ndash; eso s&iacute; lo sab&iacute;amos antes de ir para all&aacute; &ndash; estaban cerrados. Todas las ma&ntilde;anas, antes de partir, pas&aacute;bamos por un supermercado tempranero y compr&aacute;bamos las viandas que consumir&iacute;amos al mediod&iacute;a sobre rocas o bajo encinas. Seg&uacute;n todos los conocedores, la cocina es uno de los principales atractivos de la isla, pero, desgraciadamente, en este viaje no podr&iacute;amos disfrutarla ni rendirle el homenaje que sin duda alguna merec&iacute;a.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; A la ma&ntilde;ana siguiente, con la excitaci&oacute;n propia de quienes se lanzan a conocer, salimos en coches rumbo a nuestro primer destino, Laconi. La zona central-sur de la isla est&aacute; atravesado por un amplio valle, de riqueza agr&iacute;cola proverbial, que servir&iacute;a de despensa a la mism&iacute;sima Roma. Este valle transcurre sureste &ndash; noroeste y se encuentra encajado entre monta&ntilde;as, algunas de gran altura, como tendr&iacute;amos ocasi&oacute;n de comprobar en algunas de nuestras jornadas de trabajo.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Nuestro primer destino, como dijimos, fue el museo de la estatuaria prehist&oacute;rica de Laconi, una localidad enclavada en la ladera de un monte. El museo se ubica en un antiguo palacio erigido a principios del XIX por la familia Aymerich, de origen hispano, que nos aguardaba, solemne y elevado sobre una gran rampa que lo engrandec&iacute;a ante los ojos de quienes a &eacute;l se acercaran.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Antes de comenzar a narrar lo que en su interior descubrimos, merece la pena que repasemos someramente la arqueolog&iacute;a de la isla a trav&eacute;s de sus expresiones arquitect&oacute;nicas caracter&iacute;sticas, que para eso la arquitectura es la huella, junto a las pinturas y estelas, m&aacute;s evidentes y permanentes del caminar de la humanidad a trav&eacute;s de los tiempos. Dime c&oacute;mo construyes y te dir&eacute; qui&eacute;n eres o, al menos, d&oacute;nde, cu&aacute;ndo y c&oacute;mo lo hiciste. Pues bien, y sin entrar en el debate de su paleol&iacute;tico &ndash; algunos arque&oacute;logos nos comentaron que era casi inexistente y muy reciente, mientras que otros nos hablaban de dataciones de m&aacute;s de 300.000 a&ntilde;os -, nuestro breve relato comenzar&aacute; en un neol&iacute;tico de hace m&aacute;s de seis mil a&ntilde;os cuyo m&aacute;s caracter&iacute;stico exponente es la arquitectura megal&iacute;tica de los d&oacute;lmenes. Todav&iacute;a en el neol&iacute;tico, har&aacute; unos 4.500 a&ntilde;os se excavaron los hipogeos-tumbas conocidos como Domus de Janas, Casa de Hadas o de Brujas, seg&uacute;n la expresi&oacute;n popular -. En el inicio de la Edad del Bronce, sobre el 2.200 a.C. se comenzaron a erigir las primeras nuragas, grandes torres de piedras cicl&oacute;peas, que fueron haci&eacute;ndose m&aacute;s complejas para llegas a convertirse en villas nur&aacute;gicas desde el 1.500 a.C. Las monumentales Tumbas de Gigante son sus necr&oacute;polis asociadas y entre ellas se cuentan algunos de los monumentos m&aacute;s ic&oacute;nicos de la isla.<\/p>\n<p>Sobre el 1.300 a.C., en algunas ocasiones sobre pret&eacute;ritas nuragas, se comenzaron a construir grandes santuarios, con sus caracter&iacute;sticos Templo Pozo y, en alg&uacute;n caso, Fuente Santa. Estos santuarios continuar&iacute;an en funcionamiento durante la Edad del Hierro, desde el 900 a.C. hasta el imperio romano, y, en algunos de ellos, el culto, tras resultar cristianizados, durar&iacute;a hasta nuestros d&iacute;as, en un hermoso relevo de sincretismo religioso, tal y como tendr&iacute;amos ocasi&oacute;n de vivir.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Y sirvan estas breves l&iacute;neas para resumir de manera somera lo que en verdad hubo de ser una complej&iacute;sima din&aacute;mica que se extendi&oacute; durante m&aacute;s de cinco mil a&ntilde;os. Pero, y esa es la ventaja del divulgador, un simple vuelo superficial nos sirve para acercar al lector a las grandes din&aacute;micas de la prehistoria. Qui&eacute;n desee profundizar, libros y manuales tiene a su disposici&oacute;n.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Una vez situados en la prehistoria sarda, dispong&aacute;monos a conocer el museo de Laconi. En el recibidor, un menhir neol&iacute;tico y unas estelas calcol&iacute;ticas nos dan la bienvenida y nos sirven de excusa para que Leonardo explique brevemente c&oacute;mo los menhires son, de alguna forma, expresi&oacute;n de una remota estatuaria neol&iacute;tica, para dar paso, en el calcol&iacute;tico, a las estelas o estatuas menhir que vamos a conocer en el &uacute;nico museo monogr&aacute;fico dedicado en exclusiva a la estatuaria prehist&oacute;rica, destino obligado para Arqueoman&iacute;a.&nbsp;<img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/arqueomania.es\/attachments\/Image\/20210203_105011.jpg\" alt=\"ESTELA. FOTO PIMENTEL.\">ESTELA. FOTO PIMENTEL.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Las estelas nos causan una honda impresi&oacute;n. En el museo se exponen m&aacute;s de cuarenta, pero existen en el territorio varios centenares, la mayor&iacute;a alrededor de la localidad de Perda Iddoca. Las estelas presentan una iconograf&iacute;a similar. Las piedras est&aacute;n talladas con una cara plana, donde se esculpen &ndash; que no se graban &ndash; los motivos repetitivos. Por una parte, arriba, las cejas y la nariz, lo que unido a la talla otorga a la estela de un claro aspecto antropomorfo. Debajo de este rostro ciego sin ojos ni boca, aparece un motivo repetitivo objeto de debate interpretativo. Para unos, un signo en forma de tridente, para otros, una esquematizaci&oacute;n de una persona lanz&aacute;ndose al vac&iacute;o, con la cabeza hacia abajo y los brazos hacia atr&aacute;s. Parece que recoger&iacute;a una antiqu&iacute;sima leyenda local de un suicidio del h&eacute;roe. Sea lo que fuere, el tema es de gran plasticidad y belleza, encarnando un halo de est&eacute;tica vanguardista. Bajo este motivo aparece otro que se interpreta mayoritariamente como dos cuchillos unidos por el mango y con las puntas hacia afuera, lo que le otorga un aspecto fusiforme. Qui&eacute;n sabe lo que los maestros calcol&iacute;ticos quisieron representar en estas estelas esculpidas, repetimos, que no grabadas. Y, para concederle a&uacute;n m&aacute;s forma humana, la parte trasera suele trabajarse como si de una espalda cubierta por una larga capa se tratara.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En general los escultores prehist&oacute;ricos aprovecharon la forma natural de las piedras para otorgarle ese aspecto humanoide, que dir&iacute;a un aficionado a las pel&iacute;culas de ciencia ficci&oacute;n. Los tama&ntilde;os y formas son distintos, pero en casi todas las estelas los motivos se repiten. &iquest;Qu&eacute; quer&iacute;an decir? &iquest;Para qu&eacute; se esculpieron y colocaron junto a caminos y collados? &iquest;Para marcar fronteras o territorios? &iquest;Para sacralizar un espacio? &iquest;Para se&ntilde;alizar un hito especial o un recuerdo a los ancestros? &iquest;Quiz&aacute;s algo m&aacute;s prosaico y pragm&aacute;tico? No lo sabemos, por lo que su mensaje queda abierto e ignoto en el eco de los tiempos, a la espera de qui&eacute;n sepa escucharlos e interpretarlos.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Dije que todas las estelas son id&eacute;nticas y no es cierto. Existen algunas con variaciones en el tema. Nos llam&oacute; la atenci&oacute;n una de tama&ntilde;o reducido y forma rectangular que marcaba dos senos, lo que hac&iacute;a entender que se trataba de una representaci&oacute;n femenina. En su interior presenta un rect&aacute;ngulo que asemeja a un p&oacute;rtico, lo que ha sido interpretado como una representaci&oacute;n de la cueva esencial, de la que toda cultura proviene. Otra pieza muy especial es un menhir de forma curiosa que luce solitario en una sala que le es dedicada en exclusiva. Menhir del silencio, le dicen, porque evoca una paz serena y silenciosa a quien lo observa desde la silla enfrentada. Nos sorprende la gran fuerza expresiva que consiguieron con sencillez de trazos los artistas neol&iacute;ticos. Miles de a&ntilde;os despu&eacute;s, a&uacute;n siguen conmovi&eacute;ndonos.&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Terminamos el rodaje del museo y sus colecciones. Pero a&uacute;n ten&iacute;amos ganas de m&aacute;s. En un video proyectado en la recepci&oacute;n pudimos apreciar una alineaci&oacute;n de menhires en su posici&oacute;n natural en el campo. Al interesarnos por ellos, el director del museo, que atentamente nos atendi&oacute; durante nuestra visita, nos indic&oacute; vagamente un lugar en el campo en el que podr&iacute;amos localizarlos. Pero su descripci&oacute;n fue realmente vaporosa, algo as&iacute; como que estaban a unos ocho kil&oacute;metros por la carretera que sale del pueblo y que despu&eacute;s tendr&iacute;amos que caminar unos veinte minutos.&nbsp; O sea, que nos ser&iacute;a imposible encontrarlos. Pero la tentaci&oacute;n era demasiado fuerte como para resistirnos, as&iacute; que partimos para tratar de llegar hasta ellas, sabedores de lo incierto de nuestra misi&oacute;n. Tras apartarnos del pueblo nos adentramos en un monte de alcornoques, lentiscos y acebuches que tanto nos recordaron a nuestros montes de Sierra Morena occidental. Apenas si se apreciaban construcciones y el paisaje no deb&iacute;a de ser muy distinto del que hollaran los escultores de las estelas miles de a&ntilde;os atr&aacute;s. Desgraciadamente, no fuimos capaces de encontrarlas, pero el intento nos sirvi&oacute; para un primer contacto con la riqu&iacute;sima y biodiversa naturaleza sarda y, tambi&eacute;n, y todo hay que decirlo, para encontrar unas grandes piedras que dominaban un barranco que nos sirvieron de comedor natural para nuestro almuerzo tard&iacute;o. Mientras un r&iacute;o rug&iacute;a a nuestros pies, en alg&uacute;n lugar olvidado, las estelas quedaban solitarias y ausentes en su filosofar de milenios. Nuestros destinos no estaban llamados a encontrarse ese d&iacute;a, pero quede aqu&iacute; nuestro homenaje a aquellas estelas que supieron mantenerse de pie frente a los desatinos de los siglos y a aquellos maestros prehist&oacute;ricos que las esculpieron, grabando en la piedra una trascendencia que lleg&oacute; hasta nuestros d&iacute;as.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Manuel Pimentel Siles<\/p>\n<p><a href=\"..\/..\/home\/sardos\/\">&laquo; Anterior<\/a> | <a href=\"..\/..\/home\/santa-vittoria-de-serri-nuestro-encuentro-con-la-nuraga-y-con-el-templo-pozomistico-y-monumental\/\">Siquiente &raquo;<\/a><a href=\"..\/..\/\">Atr\u00e1s<\/a><\/p>\n<p><noscript><\/p>\n<p>\t\t\tEl soporte de JavaScript no est\u00e1 activado en su navegador. Para ver el contenido de esta p\u00e1gina, active JavaScript. 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