{"id":1072,"date":"2021-02-21T10:00:00","date_gmt":"2021-02-21T10:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/arqueomania.es\/wordpress\/?p=import-72"},"modified":"2021-02-21T10:00:00","modified_gmt":"2021-02-21T10:00:00","slug":"arqueologiaen-cerdena-iii-la-geometria-sagrada-de-santa-cristina-y-el-gigantismo-colosalde-la-nuraga-de-losa-de-abbasanta","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/arqueomania.es\/index.php\/2021\/02\/21\/arqueologiaen-cerdena-iii-la-geometria-sagrada-de-santa-cristina-y-el-gigantismo-colosalde-la-nuraga-de-losa-de-abbasanta\/","title":{"rendered":"ARQUEOLOG\u00cdAEN CERDE\u00d1A III. LA GEOMETR\u00cdA SAGRADA DE SANTA CRISTINA Y EL GIGANTISMO COLOSALDE LA NURAGA DE LOSA DE ABBASANTA"},"content":{"rendered":"<p><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/arqueomania.es\/attachments\/Image\/20210205_124258.jpg\" alt=\"Pozo de Santa Cristina. Foto Pimentel\">Pozo de Santa Cristina. Foto PimentelEse viernes conocer&iacute;amos el lugar arqueol&oacute;gico de Santa Cristina, abierto tan s&oacute;lo para nosotros al encontrarse cerrado al p&uacute;blico. Un desgraciado privilegio que nos permiti&oacute; admirar y grabar en soledad aquel lugar m&aacute;gico. Leonardo Garc&iacute;a Sanju&aacute;n nos anticip&oacute; el que su Templo-Pozo nos sorprender&iacute;a, por lo que cre&iacute;mos que, una vez llegamos, lo primero con lo que nos topar&iacute;amos ser&iacute;a con esa afamada arquitectura sagrada del agua. Nos equivocamos. Nos encontramos en una gran plaza empedrada, rodeadas de casas bajas, de paredes de piedra vista y cubiertas de tejas rojizas, de aspecto medieval, que se alineaban rectangularmente alrededor de una vieja Iglesia.&nbsp;<\/p>\n<p>Esas casitas individuales simples, unidas unas a otras para la formar las alineaciones descritas, se conocen como &ldquo;muristenes&rdquo; y fueron las celdas de los monjes Camaldulenses, creadores del complejo monacal a principios del siglo XIII, que complementaron con una hospeder&iacute;a en la que atend&iacute;an a los peregrinos y fieles que acud&iacute;an al lugar. Otro bell&iacute;simo caso de sincretismo religioso en el que el car&aacute;cter sagrado de los lugares de culto de la prehistoria se prolonga a lo largo de los siglos, y que a&uacute;n contin&uacute;a en nuestros d&iacute;as, pues en el lugar se celebran dos populosas romer&iacute;as, una en honor de Santa Cristina y otra en honor de San Rafael Arc&aacute;ngel, conocido popularmente como San Serafino.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La iglesia, muy sobria en su construcci&oacute;n, ha sufrido varios cambios y reformas a lo largo del tiempo desde su fundaci&oacute;n medieval. En su interior se custodian varios frisos decorados procedentes del pozo sacro, que no pudimos grabar al encontrarse la iglesia cerrada.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Una dehesa esclarecida de olivos y acebuches, proporciona el escenario de sosiego al lugar sagrado. Musgo sobre las rocas redondeadas, hierba tersa, verde y h&uacute;meda, tr&eacute;boles y esa flor amarilla que en Andaluc&iacute;a conocemos como vinagritos, cuyo tallo se mastica para gozar de su sabor &aacute;cido. No pude resistir la tentaci&oacute;n y, como cada d&iacute;a, comulgu&eacute; con su gusto agrio y vivo. El entorno irradiaba una paz profunda, antigua y m&iacute;stica, pontificada con la cobertura serena de las plantas. Santa Cristina es historia, es piedra, pero, tambi&eacute;n, su conjunto pertenece al reino vegetal. Religi&oacute;n, arqueolog&iacute;a, historia y bot&aacute;nica para conjugar los secretos de un lugar excepcional.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Caminamos, a lo largo de un sendero de piedra hasta divisar la nuraga. Queda a nuestros pies y descendemos hasta ella. Entre piedras redondeadas y acolchadas por el musgo, se erige enhiesta y orgullosa, el torre&oacute;n de la nuraga. Cicl&oacute;pea su base, la edificaci&oacute;n milenaria muestra un excelente estado de conservaci&oacute;n. Al entrar por su puerta, tenemos que agacharnos, no es demasiado alta, apreciamos un p&oacute;rtico monumental interno que da entrada a otro espacio interior, como si una segunda torre, al modo de las mu&ntilde;ecas rusas, se encontrara inserta en su interior. Y, entre la torre externa y la interna queda una especie de pasillo, que los arquitectos seculares aprovecharon para realizar una escalera de grandes pelda&ntilde;os de piedra por la que se asciende, en forma de amplia rampa de caracol, hasta la cubierta de la nuraga. Perfecta ejecuci&oacute;n que nos habla de la excelencia alcanzada por los maestros prehist&oacute;ricos. Bajamos de nuevo la escalera y nos disponemos a traspasar la puerta colosal de la torre interior, enmarcada por piedras cicl&oacute;peas que le otorgan una monumentalidad superior a la puerta exterior. Este juego inverso nos muestra ante un espejo de sabidur&iacute;a. Siempre es m&aacute;s importante el interior que la fachada, lo que se oculta que lo que se muestra. El interior de la nuraga se cierra con una falsa b&oacute;veda de hiladas de piedra que se aproximan sucesivamente hasta encajar en su v&eacute;rtice, otorgando una forma troncoc&oacute;nica a la cubierta. En los muros se aprecian unas hornacinas bien enmarcadas, de las que ignoramos la funci&oacute;n que cumpl&iacute;a cuando la nuraga era el coraz&oacute;n de la comunidad. Al girarnos para abandonar la edificaci&oacute;n, vislumbramos el juego de luces y penumbras contrapuestas que componen las dos puertas en perspectiva. Con asombro y respeto nos alejamos de la nuraga, redoblando nuestro compromiso de humildad ante el saber del pasado. S&oacute;lo desde la ignorancia y la necedad se puede despreciar la sabidur&iacute;a prehist&oacute;rica. NI ahora somos m&aacute;s listos, ni, muchos menos a&uacute;n, nuestros antepasados remotos fueron m&aacute;s torpes. Ah&iacute; queda dicho, como ant&iacute;doto contra la insufrible y extendida soberbia del actualismo.&nbsp;<img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/arqueomania.es\/attachments\/Image\/20210205_125311.jpg\" alt=\"Pozo de Santa Cristina. Foto Pimentel.\">Pozo de Santa Cristina. Foto Pimentel.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Y, cuando tenemos enfrente el Templo-Pozo de Santa Cristina, esa honda admiraci&oacute;n a la sabidur&iacute;a pret&eacute;rita se redobla, pues nos encontramos ante una obra de arquitectura sagrada realmente excepcional. Sobrecoge la perfecci&oacute;n y osad&iacute;a de las geometr&iacute;as que conforman del pozo sagrado. Una escalera de sillares de piedra perfectamente tallados desciende al interior de la tierra a medida que se estrecha, al tiempo que las paredes se levantaron con inclinaci&oacute;n hacia el interior, conformando una conjunci&oacute;n de trapecios y tri&aacute;ngulos de una osad&iacute;a y vanguardia que nos hace olvidar, por unos instantes, que nos encontramos ante un prodigio de 3.500 a&ntilde;os de antig&uuml;edad, y no ante una entrada monumental a un aeropuerto futurista. Bajamos hasta el &uacute;ltimo pelda&ntilde;o, reducido ya al tama&ntilde;o, en anchura y altura de una puerta perfectamente rectangular. &iexcl;Cu&aacute;ntos c&aacute;lculos hubieron de realizar, buen Dios, para que las geometr&iacute;as, pendientes y aristas encajaran de forma tan portentosa! Y, para rematar el prodigio arquitect&oacute;nico, la cubierta se cierra con una escalera inversa que, de alguna manera, refleja la que pisamos. Incre&iacute;ble, sobrecogedor. Y del asombro racional de una arquitectura imposible, pasamos a la honda emoci&oacute;n que bautiza el agua sacra. En efecto, una peque&ntilde;a cascada alimenta el pozo ancestral, perfectamente enmarcado en siller&iacute;a circular en sus paredes y falsa b&oacute;veda en su cubierta, cuya sonoridad reverbera el eco de la madre tierra que nos acoge. Cu&aacute;nta espiritualidad se percibe en ese recinto de agua vivificadora, qu&eacute; turbaci&oacute;n purificadora. Se detiene el tiempo y todo se convierte en agua y origen, en el Aleph en el que confluyen las cuerdas caprichosas que tejen el pasado y el futuro. Mojamos nuestros dedos en aquella agua cu&aacute;ntica y, renovados de la honda energ&iacute;a tel&uacute;rica que el pozo sacro emana, resurgimos a la superficie por el canal de parto de la escalera prodigiosa. Renacidos, toca continuar con la grabaci&oacute;n del programa. Hijos del tiempo, el v&eacute;rtigo de nuestro tiempo nos reclama.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Tras un breve traslado en coche, llegamos hasta nuestra segunda cita con el tiempo nur&aacute;gico, y lo hacemos a lo grande. La enorme mole de la nuraga de Losa de Abbasanta se alza solemne frente a nosotros, retando tiempos y gravedades. Con sus m&aacute;s de trece metros de altura actual (equivale a un edificio de cuatro plantas) y los probables dieciocho metros que alzar&iacute;a en sus momentos, se muestra colosal y soberbia ante los ojos admirados de sus &uacute;nicos visitantes, nosotros, testigos de la provocaci&oacute;n que supone su volumen de gigantes.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La gran nuraga de Losa se construy&oacute; con la caracter&iacute;stica piedra bas&aacute;ltica del sur de Cerde&ntilde;a, prolongado el esp&iacute;ritu del vulcanismo que la forj&oacute; con energ&iacute;a incandescente. Con sus 3.500 a&ntilde;os a cuestas, tuvo diversos usos a lo largo, del tiempo, como, por ejemplo, necr&oacute;polis en &eacute;poca romana. Presenta una forma trilobulada, otorgando al conjunto una forma org&aacute;nica que nos recordar&iacute;a, de alguna manera, a las motillas del bronce manchego, como la de la bell&iacute;sima Motilla de Azuel. Las nuragas evolucionaron de las formas simples iniciales &ndash; apenas un torre&oacute;n y poco m&aacute;s &ndash; a los complejos de varias torres, muros, murallas y caba&ntilde;as circulares adyacentes que le otorgan una est&eacute;tica conjunta muy peculiar y realmente llamativa y hermosa desde una vista a&eacute;rea. Desde el aire se aprecia el gran basti&oacute;n trilobular que compone el conjunto de la torre principal con las dos adyacentes. Una gruesa muralla la rodea, completando el conjunto una serie de torres menores y alguna planta de vivienda del bronce, conformando, un caracter&iacute;stico complejo nur&aacute;gico, cuyas formas org&aacute;nicas volver&iacute;amos a encontrar durante algunas de nuestras visitas de los d&iacute;as siguientes.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Accedemos al basti&oacute;n a trav&eacute;s del pasillo estrello que delimita, por un lado, una de las torres exteriores y, por otro, la f&aacute;brica cicl&oacute;pea &ndash; megacicl&oacute;pea, que dir&iacute;a el tiquismiquis &ndash; de la base de la torre principal, piedras gigantescas que nos remiten a esfuerzos megal&iacute;ticos para su tallado, transporte y colocaci&oacute;n. La puerta exterior, simple, queda delimitada por grandes piedras, pero, al igual que en la nuraga de santa Cristina, es en la puerta que define la torre interior &#8211; en este caso las torres, pues encontramos dos p&oacute;rticos interiores -. donde los constructores se esforzaron en marcar su car&aacute;cter monumental. Nada m&aacute;s ni nada menos, que dos pasillos circulares internos, en uno de los cuales &ndash; el m&aacute;s cercano al centro &#8211; volvemos a encontrarnos con la escalera que a modo de espiral asciende hasta la cubierta. Al llegar arriba, todo dominio del paisaje, volvemos a percibir el gigantismo del basti&oacute;n y la perfecci&oacute;n arquitect&oacute;nica de sus entra&ntilde;as. Una vez abajo, comprobamos que el discurso arquitect&oacute;nico interior de la nuraga resulta muy similar al que ya vivimos en Santa Cristina. Juegos de luces de las, en este caso, tres puertas, falsa b&oacute;veda en cubierta y hornacinas encajadas en los muros. S&oacute;lo el gigantismo interior y los dos pasillos conc&eacute;ntricos de la nuraga de Losa parece diferenciarla de la menor, pero muy digna, nuraga de Santa Cristina.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Recorremos el peque&ntilde;o laberinto delimitado por torres, casas y muros hasta descender a una torre que guarda una sorpresa bajo sus muros, una peque&ntilde;a entrada descendente que conduce a un pozo. De nuevo, el matrimonio inseparable del agua y la nuraga, del pozo y la fortificaci&oacute;n. Abbasanta nos remite a agua santa, al reino insondable de los Templo Pozo, indisociablemente unidos al coraz&oacute;n de piedra de los tiempos nur&aacute;gicos.<\/p>\n<p>Nos dicen que, en las cercan&iacute;as, se encuentra una Tumba de Gigantes, la caracter&iacute;stica necr&oacute;polis de las nuragas, una bigamia reiterada entre la construcci&oacute;n de los vivos y la edificaci&oacute;n de los muertos. Ese d&iacute;a no podr&iacute;amos grabarla, no quer&iacute;amos abusar de la amabilidad de los guardas que nos abr&iacute;an privilegiadamente el monumento. Dejamos sin hollar el edificio de los muertos para regresar al de los vivos. Era tarde ya, y, amablemente, los responsables del lugar nos indicaron que podr&iacute;amos utilizar una especie de merendero externo, en el que pudimos dar cuenta de las viandas adquiridas por la ma&ntilde;ana en el supermercado salvador.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Manuel Pimentel Siles<\/p>\n<p><a href=\"..\/..\/home\/santa-vittoria-de-serri-nuestro-encuentro-con-la-nuraga-y-con-el-templo-pozomistico-y-monumental\/\">&laquo; Anterior<\/a> | <a href=\"..\/..\/home\/arqueologiaen-cerdena-iv-la-sorpresa-del-museo-de-barumini-la-maqueta-nuragica-de-sumulinu-y-el-ogro-de-la-tumba-de-gigante\/\">Siquiente &raquo;<\/a><a href=\"..\/..\/\">Atr\u00e1s<\/a><\/p>\n<p><noscript><\/p>\n<p>\t\t\tEl soporte de JavaScript no est\u00e1 activado en su navegador. 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