{"id":1070,"date":"2021-02-24T10:00:00","date_gmt":"2021-02-24T10:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/arqueomania.es\/wordpress\/?p=import-70"},"modified":"2021-02-24T10:00:00","modified_gmt":"2021-02-24T10:00:00","slug":"arqueologiaen-cerdena-v-el-olimpo-brumoso-de-monte-vittoria-la-montana-sagrada-de-esterzili","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/arqueomania.es\/index.php\/2021\/02\/24\/arqueologiaen-cerdena-v-el-olimpo-brumoso-de-monte-vittoria-la-montana-sagrada-de-esterzili\/","title":{"rendered":"ARQUEOLOG\u00cdAEN CERDE\u00d1A V. EL OLIMPO BRUMOSO DE MONTE VITTORIA, LA MONTA\u00d1A SAGRADA DE ESTERZILI"},"content":{"rendered":"<p><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/arqueomania.es\/attachments\/Image\/20210207_124852.jpg\" alt=\"Pozo prehist&oacute;rico de Orx&iacute;a. Foto Pimentel.\">Pozo prehist&oacute;rico de Orx&iacute;a. Foto Pimentel.El azar permiti&oacute; que el domingo, &uacute;ltimo d&iacute;a de rodaje, se nos reservara una visita muy especial. Nos dirigir&iacute;amos a la zona monta&ntilde;osa de la isla, situada al noreste de Arborea. Objetivo, el Monte Santa Vittoria, a m&aacute;s de mil metros de altitud, en el t&eacute;rmino de la localidad de Esterzili, perdida entre monta&ntilde;as seg&uacute;n le&iacute;mos. Nos quedaban m&aacute;s de dos horas de camino, podr&iacute;amos disfrutar y leer el paisaje, s&iacute;, leerlo, porque m&aacute;s informaci&oacute;n arroja su relieve, su cultivo y su geolog&iacute;a que mil folletos tur&iacute;sticos. Lo que ocurre es que hay que entenderlo para poder comulgar en mayor medida con lugares y gentes, porque, desde siempre, la historia bebi&oacute; de la geograf&iacute;a que la determina. Los lectores de geograf&iacute;as bien sabr&aacute;n entendernos.<\/p>\n<p>Lo que s&iacute; resultaba f&aacute;cil de leer, por su cantidad, eran los carteles junto a la carretera que indican sitios arqueol&oacute;gicos vinculados a nuragas. Sorprende que hubiera tantas, como ya nos cuestionamos en Barumini. Pero volvimos a realizarnos la pregunta sin respuesta. &iquest;Cu&aacute;ntas pudieron erigirse a lo largo y ancho de la isla? Pues los investigadores no se ponen de acuerdo, pues muchas est&aacute;n destruidas o enterradas en el campo o bajo pueblos y ciudades. Pero, a pesar de lo mucho todav&iacute;a por descubrir, los arque&oacute;logos estiman que existir&aacute;n entre unas 8.000 y unas 12.000 de ellas, quiz&aacute;s m&aacute;s, lo que da una idea de la enormidad de yacimientos existentes, aunque, bien es cierto, que no tuvieron porqu&eacute; ser todos contempor&aacute;neos. Pero tal densidad apunta inequ&iacute;vocamente a dos realidades complementarias. A un control absoluto del territorio, por una parte, y a una alta densidad de poblaci&oacute;n, por otra, que, en plena edad del bronce bien pudieran haber superado con creces los 500.000 habitantes. Qui&eacute;n sabe si con una poblaci&oacute;n tan elevada &#8211; o por necesidad o por poder y ambici&oacute;n -, se lanzaron a saquear y guerrear a lo largo y ancho del Mediterr&aacute;neo. Y si as&iacute; hubiera sido, bien hubieran podido convertirse en alguno de los feroces pueblos del mar, de los que hablan con pavor los egipcios, que saquearon y destruyeron imperios enteros del mediterr&aacute;neo oriental, como el caso de los anteriormente todopoderosos hititas o de la civilizaci&oacute;n mic&eacute;nica. Varios textos egipcios denominan a uno de estos grupos de los pueblos del mar como <em>shirdana<\/em>, cuya ra&iacute;z podr&iacute;a indicarnos su procedencia sarda. No est&aacute; demostrado, desde luego, pero la simple posibilidad es atractiva. Una poderosa, rica y muy poblada civilizaci&oacute;n del bronce de Cerde&ntilde;a, constructora de las grandes nuragas y templos megal&iacute;ticos desde el 4.000 a.C., que, en alianza con otros pueblos atacara sin piedad las costas orientales de Mediterr&aacute;neo sobre el 1200 a.C., hasta provocar un colapso hist&oacute;rico cuyas evidencias quedar&iacute;an enterradas tanto en el registro arqueol&oacute;gico, como en la tradici&oacute;n oral &ndash; qui&eacute;n sabe si influy&oacute; en la propia Iliada &ndash; y en diversos textos jerogl&iacute;ficos de templos egipcios.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Tras una hora de camino, comenzamos a adentrarnos en el mayor macizo monta&ntilde;oso de la isla. La carretera, hasta entonces con trazados rectos, se enred&oacute; en serpenteos caprichosos en su ascensi&oacute;n. Los alcornoques, encinas y quejigos, tan familiares para nosotros, conjuraban un paisaje de monte mediterr&aacute;neo h&uacute;medo. Premonitoriamente, Leonardo me pregunt&oacute; si hab&iacute;a visto alg&uacute;n casta&ntilde;o. Le respond&iacute; que todav&iacute;a no, pero que el monte que nos cobijaba parec&iacute;a muy propicio para ellos. Las pendientes se elevan y los barrancos se hunden a nuestros pies, mientras que la sierpe de la carretera se desliza por laderas, collados y puertos. Dejamos atr&aacute;s barrancos, arroyos e incluso un gran pantano. Tras dos horas de camino, llegamos a Esterzili, un pueblo apartado de monta&ntilde;a, suspendido sobre una loma, que en sus d&iacute;as de gloria lleg&oacute; a tener casi dos mil habitantes, pero que ahora languidece con apenas 600. Y es que la despoblaci&oacute;n del mundo rural no es un fen&oacute;meno end&eacute;mico de Espa&ntilde;a, por lo que tambi&eacute;n podr&iacute;amos hablar de la Cerde&ntilde;a vac&iacute;a o vaciada, que tanto monta, como monta tanto a estos efectos.<\/p>\n<p>El alcalde, Renato Melis nos aguardaba. Amablemente se hab&iacute;a ofrecido a mostrarnos los lugares arqueol&oacute;gicos que dese&aacute;bamos grabar. Abandonamos Esterzili tras el coche del alcalde, y comenzamos a ascender entre brumas y pinos. Renato nos dedicar&iacute;a toda la ma&ntilde;ana de su domingo, se&ntilde;al evidente de su inter&eacute;s por promocionar el patrimonio cultural de su localidad, probablemente la &uacute;nica v&iacute;a de fijar poblaci&oacute;n y atraer visitantes con su savia vivificadora de consumo y euros. Esterzili est&aacute; realmente apartada, s&oacute;lo qui&eacute;n realmente busca turismo de naturaleza o de patrimonio arqueol&oacute;gico se aleja hasta un lugar tan remoto.&nbsp;<img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/arqueomania.es\/attachments\/Image\/20210207_142958.jpg\" alt=\"TEMPLO MIC&Eacute;NICO DE ORX&Iacute;A. FOTO PIMENTEL\">TEMPLO MIC&Eacute;NICO DE ORX&Iacute;A. FOTO PIMENTEL<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; A medida que ascend&iacute;amos, la niebla se hizo m&aacute;s densa y el aire m&aacute;s fr&iacute;o. Los pinos tomaron el relevo a las encinas y los alcornoques del camino, y brezos y helechos hicieron su aparici&oacute;n, cubriendo cunetas y laderas. El ambiente recuerda mucho m&aacute;s un paisaje celta que el protot&iacute;pico de una hermosa y luminosa isla mediterr&aacute;nea. Y esa bruma envolv&iacute;a con su manto m&aacute;gico y evanescente al primer monumento que visitamos, casi a 1.200 metros de altitud, el templo de Monti&acute;e Nuxi, el Monte de la Noche, enclavado, ahora s&iacute;, bajo un amplio casta&ntilde;ar. Se trata, claramente, de un templo consagrado al agua, pues el edificio principal, circular, se encuentra junto a un peque&ntilde;o Templo-Pozo, lleno de agua hasta su mismo borde, en el que se aprecia el arranque de la escalera sumergida. Junto a &eacute;l, un t&iacute;pico venero alimentado por una peque&ntilde;a cascada interna, visible entre sus penumbras. En el interior del edificio principal, un banco perimetral apoya en su pared, interrumpido por dos largas losas hincadas en paralelo sobre uno de sus laterales. El agua suena, te rodea, te impregna. Todo es agua en ese lugar m&aacute;gico. Incluso, al levantar una piedra en forma de tapa sobre el enlosado del edificio principal, tambi&eacute;n aparece agua abajo. Agua que corre bajo nuestros pies, agua que impregna nuestro rostro con la bendici&oacute;n de una fina lluvia.<\/p>\n<p>El alcalde nos indica que se est&aacute; excavando el entorno, con curiosos muros de f&aacute;brica en espina de pescado, cerrados en una especie de puerta monumental que da salida al torrente de agua nacida del seno del santuario. Nos resulta imposible hoy comprender la naturaleza de los ritos, ni los detalles de las creencias que impulsaron a aquellas gentes de la prehistoria a construir el santuario, pero es f&aacute;cil deducir que, inequ&iacute;vocamente, se dedic&oacute; al agua o a algunas de sus deidades o ninfas acu&aacute;ticas. La puerta monumental se franquea por dos muros que sostienen una terraza ante el santuario, cuya antig&uuml;edad permanece a&uacute;n indeterminada. Por defecto, se asocia al periodo nur&aacute;gico, aunque no se descarta que sea m&aacute;s antiguo.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Nos encontramos en una monta&ntilde;a elevada, que precede a las de mayor altura de la isla. Al norte del yacimiento, se sit&uacute;a la espina monta&ntilde;osa m&aacute;s elevada de la isla, que culmina con el pico de La Marmora, de m&aacute;s de mil ochocientos metros de altura, perteneciente al Parque Nacional del Golfo de Orosei &#8211; Gennargentu, el de mayor extensi&oacute;n de Cerde&ntilde;a, con 730 kil&oacute;metros cuadrados. La riqueza natural y paisaj&iacute;stica de la isla compite con la arqueol&oacute;gica. La caza mayor es muy abundante y el eco de los disparos de rifles reverberaba aquella ma&ntilde;ana entre el susurro del viento en los pinos, sonido habitual al encontrarnos en el coraz&oacute;n de lo que parece ser una extensa zona de caza, que precede al Parque Nacional, en la que los jabal&iacute;es, ciervos y muflones campean entre antiqu&iacute;simos santuarios de agua y bosques impenetrables.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Dejamos el agua para ascender al cielo. Llegamos con nuestros coches hasta la cima del Monte Vittoria &ndash; qu&eacute; tendr&aacute; esta advocaci&oacute;n para que sea usada con tanta frecuencia para nominar lugares sagrados de la prehistoria sarda- para encontrarnos en sus alturas, envueltos por pinos y fr&iacute;o, con un santuario nur&aacute;gico peculiar. Un muro de piedra delimita un espacio m&aacute;s o menos el&iacute;ptico en cuyo centro se advierte la planta en forma de &uacute;tero del templo principal. La niebla otorga un aspecto fantasmal a un lugar sagrado en la que la mano humana se conjuga con la naturaleza. Un farall&oacute;n de piedra, a modo de gran retablo trasero, cierra la vista del reciento. Resulta muy interesante la comuni&oacute;n de la naturaleza con la arquitectura en estos templos de la prehistoria, en muchos casos dedicados a elementos naturales como el agua, el cielo, la monta&ntilde;a, las rocas o los bosques. &nbsp;Las grandes rocas de la naturaleza que, algo modificadas, se convierten en enormes megalitos sin parecerlos. Merece que rese&ntilde;emos algunas an&eacute;cdotas constructivas, como las contorsiones del muro para sortear sobre ellas las grandes piedras que emergen del suelo, o las construcciones laterales en forma de nichos o peque&ntilde;os cobertizos, sin duda alguna manipulados por los pastores a lo largo de los siglos. Continuamos a una altitud de casi 1.200 metros, y el aire fr&iacute;o y h&uacute;medo, con aroma a monte y cielo, nos purifica y esclarece.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Y para terminar nuestra visita, un plato fuerte, la Domus de Orgia, o de Urx&iacute;a, una prehist&oacute;rica deidad mal&eacute;fica adorada en un curios&iacute;simo templo erigido sobre un poblado prenur&aacute;gico. El templo se levant&oacute; en un entorno geogr&aacute;fico de excepci&oacute;n, justo en un collado de monta&ntilde;a, que separa dos picos y dos vertientes hidrogr&aacute;ficas, cruce de caminos y punto de encuentro para los pastores trashumantes desde la antig&uuml;edad. De hecho, a&uacute;n perdura entre los ganaderos trashumantes, la costumbre de reunirse all&iacute;, habi&eacute;ndose celebrado una especie de feria de ganado hasta hace recientemente poco.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La arquitectura del templo difiere por completo de las tradicionales construcciones circulares nur&aacute;gicas. Para nuestra sorpresa, nos encontramos con un edificio rectangular, muy bien conservado, con un gran atrio que nos acoge con sus brazos invit&aacute;ndonos a entrar a trav&eacute;s de sus puertas adinteladas. El interior del templo quedo delimitado dos amplias estancias y la del fondo, el santa sanct&oacute;rum, adem&aacute;s de alguna hornacina en sus paredes, muestra el cl&aacute;sico banco corrido, que lo consagra como lugar de reuni&oacute;n. El templo recuerda a los templos tipo <em>megaron<\/em> t&iacute;picos del Egeo, de Anatolia y de la cultura mic&eacute;nica. Algunos autores, incluso, llegan a proponer la directa influencia mic&eacute;nica en el dise&ntilde;o del edificio, lo que nos hablar&iacute;a de las intensas relaciones comerciales y qui&eacute;n sabe si militares y pol&iacute;ticas de los sardos con el Mediterr&aacute;neo oriental. El templo fue utilizado desde el 1.600 a.C. hasta el 500 d.C. En su interior se han encontrado estatuillas votivas del Bronce y tambi&eacute;n diverso material romano.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Tocaba regresar, la lluvia apretaba, como si quisiera dejar claro que aquellas alturas le pertenec&iacute;an. Nos despedimos agradecidos de Renato. Ojal&aacute; la arqueolog&iacute;a de sus templos prehist&oacute;ricos haga revivir a Esterzili, el pueblo que representa. Ya que el presente no le es propicio, quiz&aacute; el pasado pueda echarle mejor mano. El alcalde regresa por donde hab&iacute;amos venido, y nosotros partimos en direcci&oacute;n opuesta, ruta m&aacute;s corta hacia Arborea, donde regresamos. Al descender por el sotavento, la niebla desapareci&oacute; con rapidez, quedando condensada en la vertiente del barlovento, donde queda, brumosa, suspendida y melanc&oacute;lica, la Esterzili que tan bien nos trat&oacute;.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La carretera desciende de manera continua. Si volvemos la vista atr&aacute;s podemos apreciar las elevaciones de el Monte Vittoria, en comuni&oacute;n con las nubes y el cielo. La comparaci&oacute;n es inevitable y pensamos si, quien sabe, ser&iacute;a considerado como una especie de Monte Olimpo, morada de los dioses, para los habitantes de la prehistoria sarda. Eso explicar&iacute;a la inusitada densidad de templos y santuarios en sus alturas.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Y mientras nuestra charla y mente sobrevuela Olimpos y Parnasos, una enorme bandada de estorninos se convulsiona cu&aacute;nticamente ante nosotros, en empe&ntilde;ados en proporcionarnos un espect&aacute;culo de vuelo sincr&oacute;nico y acrob&aacute;tico, conformando una nube entr&oacute;pica, un enjambre de p&aacute;jaros y trinos recortado sobre el lienzo gris del cielo. Si los dioses del olimpo nur&aacute;gico hubieran querido despedirse de nosotros, no podr&iacute;an haber encontrado una oraci&oacute;n m&aacute;s hermosa que la del salmo coral recitado por el vuelo prodigioso de aquellos p&aacute;jaros danzantes.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Se nos hab&iacute;a hecho tarde y deb&iacute;amos parar a comer algo, a&uacute;n nos quedaba un buen trecho de coche para llegar al hotel. Paramos junto a un gran &aacute;rbol situado junto a una capillita dedicada a una virgen policromada. Al abrir las bolsas del supermercado, unos perros pastores blancos se acercaron t&iacute;midamente hasta nosotros, desconfiados a pesar de nuestras llamadas. Finalmente, tras agarrar los bollos que les arrojamos, regresaron mansamente junto a las ovejas que custodiaban. Imbuidos todav&iacute;a por el ambiente sagrado de los templos de la monta&ntilde;a, dejamos el pan sobrante sobre un banco, sin saber si lo hac&iacute;amos como premio a los perros pastores o como ofrenda a la virgen\/diosa venerada en su hornacina, que estas cosas pasan cuando acabas de bajar, emocionado, del Olimpo de los misteriosos dioses de la prehistoria sarda.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Celebramos nuestra &uacute;ltima cena en el hotel, con la comida por encargo que nos tra&iacute;an. Tras repasar las visitas, reparamos que, a pesar de los muchos kil&oacute;metros recorridos por la isla, apenas si hab&iacute;a visitado su costa. S&oacute;lo el d&iacute;a de nuestra llegada, junto a la m&iacute;tica ciudad de Nora pudimos apreciar la belleza de su mar. Tambi&eacute;n al regreso de una de nuestras jornadas de rodaje, aparcamos junto a una playa para poder caminar un poco sobre su arena, escuchar el canto milenario de las olas e imaginar nav&iacute;os de h&eacute;roes que part&iacute;an en busca de gloria y riquezas hacia las costas lejanas del levante, all&aacute; donde termina el mar que nos ba&ntilde;a.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Cerde&ntilde;a, todo un continente, resulta inabarcable en pocos d&iacute;as o semanas de viaje. Pero tocaba regresar a la Espa&ntilde;a siempre hermosa y atormentada. AL despegar desde Cagliaria, rumbo a Roma, sobrevolamos salinas y estuarios y los flamencos &ndash; muy abundantes &ndash; nos despidieron con el adi&oacute;s rosa de su plumaje.<\/p>\n<p>Cerde&ntilde;a, paisaje; Cerde&ntilde;a, Arqueolog&iacute;a; Cerde&ntilde;a, gentes; Cerde&ntilde;a, naturaleza; en nuestra memoria y en nuestro coraz&oacute;n quedas. Esperemos hacerte justicia con el documental que te dedicaremos. En ello volcaremos nuestro recuerdo y agradecimiento.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Manuel Pimentel Siles<\/p>\n<p><a href=\"..\/..\/home\/arqueologiaen-cerdena-iv-la-sorpresa-del-museo-de-barumini-la-maqueta-nuragica-de-sumulinu-y-el-ogro-de-la-tumba-de-gigante\/\">&laquo; Anterior<\/a> | <a href=\"..\/..\/home\/conversaciones-neandertales\/\">Siquiente &raquo;<\/a><a href=\"..\/..\/\">Atr\u00e1s<\/a><\/p>\n<p><noscript><\/p>\n<p>\t\t\tEl soporte de JavaScript no est\u00e1 activado en su navegador. Para ver el contenido de esta p\u00e1gina, active JavaScript. 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