{"id":1055,"date":"2021-08-16T10:00:00","date_gmt":"2021-08-16T10:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/arqueomania.es\/wordpress\/?p=import-55"},"modified":"2021-08-16T10:00:00","modified_gmt":"2021-08-16T10:00:00","slug":"de-que-hablamos-cuando-hablamos-dedescubrimiento-de-arte-rupestre-siega-verde-coa-y-altamira-la-asombrosa-obviedad-de-lo-invisible","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/arqueomania.es\/index.php\/2021\/08\/16\/de-que-hablamos-cuando-hablamos-dedescubrimiento-de-arte-rupestre-siega-verde-coa-y-altamira-la-asombrosa-obviedad-de-lo-invisible\/","title":{"rendered":"\u00bfDE QU\u00c9 HABLAMOS CU\u00c1NDO HABLAMOS DEDESCUBRIMIENTO DE ARTE RUPESTRE? Siega Verde, Coa y Altamira, la asombrosa obviedad de lo invisible"},"content":{"rendered":"<p><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/arqueomania.es\/attachments\/Image\/URO.jpg\" alt=\"URO DEL C&Ocirc;A. FOTO PIMENTEL\">URO DEL C&Ocirc;A. FOTO PIMENTELLos descubrimientos arqueol&oacute;gicos siempre conllevan dos focos de atenci&oacute;n y de inter&eacute;s general. El primero y m&aacute;s obvio, el que se centra en lo que propiamente se descubre. El segundo &ndash; y no menos importante &ndash; el que narra el c&oacute;mo y el qui&eacute;n lo descubri&oacute;. La intrahistoria de los descubrimientos, el qui&eacute;n, el c&oacute;mo, las circunstancias, la aventura, el azar, el tes&oacute;n y la moraleja final, constituye un relato que adquiere, en muchas ocasiones, una importancia similar al de la propia materia del descubrimiento. Siempre que visitamos o nos interesamos por una cueva, ll&aacute;mase Altamira, Pileta, Nerja, Lascaux o Chauvet, la historia de su descubrimiento &ndash; en muchas ocasiones totalmente inesperado y por tanto asombroso &ndash; nos llama casi tanto la atenci&oacute;n como su portentoso contenido. Por eso, los divulgadores de arqueolog&iacute;a no s&oacute;lo describimos las piezas o restos encontrados y tratamos de explicar su importancia para el conocimiento, sino, que tambi&eacute;n, nos recreamos en la aventura de su descubrimiento, sabedores de que, tanto lo uno como lo otro levantar&aacute; el inter&eacute;s de la audiencia.<\/p>\n<p>&iquest;Y qu&eacute; queremos decir cuando hablamos de descubrimiento arqueol&oacute;gico? Es un tema recurrente y debatido, pero que bien merece nuestra atenci&oacute;n. Y para ello, nada mejor que centrarnos en el arte rupestre, dado que en estas semanas grabamos programas del magdaleniense y del arte paleol&iacute;tico en general. Aprovechemos nuestra ruta para preguntarnos: &iquest;cu&aacute;ndo podemos afirmar, en verdad, que se &ldquo;descubre&rdquo; una pintura rupestre?<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Y, como viajeros que somos, trataremos de dar respuesta con ejemplos de los yacimientos hollados. &nbsp;Visitamos en los rigores del verano Siega Verde, un espectacular conjunto de grabados paleol&iacute;ticos a las orillas del r&iacute;o &Aacute;gueda, en el t&eacute;rmino municipal de Serranillos, a unos 15 kil&oacute;metros de Ciudad Rodrigo, en la provincia de Salamanca. Seg&uacute;n los estudios actuales, las figuras &ndash; en su mayor&iacute;a zoomorfas, aunque tambi&eacute;n existen no figurativos y signos abstractos &ndash; fueron grabadas desde har&aacute; unos 20.000 a&ntilde;os hasta hace unos 10.000 a&ntilde;os, aproximadamente, cubriendo un amplio periodo del Paleol&iacute;tico Superior hasta las puertas mismas del epipaleol&iacute;tico. Se encuentran grabadas sobre paneles pulidos por el agua sobre grandes bloques de esquistos. Los grabados fueron realizados con gran precisi&oacute;n mediante piqueteado, incisi&oacute;n o abrasi&oacute;n y, aunque algunos est&aacute;n erosionados, otros muchos se aprecian a la perfecci&oacute;n, incluso a cierta distancia, dado su gran tama&ntilde;o. Se trata de un conjunto de excepcional valor, con m&aacute;s de quinientos grabados realizados sobre 96 paneles, situados en su inmensa mayor&iacute;a en la margen izquierda del r&iacute;o y en un tramo de aproximadamente un kil&oacute;metro de longitud.<\/p>\n<p>Los motivos y las formas son las t&iacute;picas del arte rupestre de su &eacute;poca: caballos, uros, ciervos y cabras. Tambi&eacute;n, y como reflejo de las etapas fr&iacute;as, renos, bisontes e, incluso, un rinoceronte lanudo. Muchas de estas figuras se aprecian con suma facilidad, dada la calidad tanto del esquisto de soporte como del grabado realizado. No hay que hacer ning&uacute;n esfuerzo para localizarlas, dado su tama&ntilde;o y contraste. Cualquiera que pase a su lado tiene que, necesariamente, verlas. Por tanto, en teor&iacute;a, estos grabados deber&iacute;an conocerse desde la antig&uuml;edad. Pero eso s&oacute;lo es en teor&iacute;a, porque, sorprendentemente, los grabados de Siega Verde no fueron descubiertos hasta&hellip; &iexcl;1988!, es decir hasta hace dos d&iacute;as. &iquest;C&oacute;mo puede ser eso posible? &iquest;Es que la multitud de personas que han caminado entre ellas durante generaciones nunca las vieron? A buen seguro que s&iacute;. &iquest;Cabe considerar, pues, su fecha de descubrimiento la de 1988?<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En efecto, las orillas del &Aacute;gueda fueron sido permanente frecuentadas desde la antig&uuml;edad. Miles de personas han transitado por ellas sin que, aparentemente, se percataran de unos grabados obvios por espectaculares. Para todav&iacute;a hacer m&aacute;s extra&ntilde;a la sinraz&oacute;n de su secular invisibilidad, un enorme puente de piedra, el puente de La Uni&oacute;n, fue levantado en el centro mismo del yacimiento durante los a&ntilde;os veinte del pasado siglo. Uno de sus pilares principales parte en dos un importante panel de grabados, de tal manera que en la actualidad se pueden apreciar grabados a uno y otro lado del pilar. &iquest;C&oacute;mo es posible que ni los trabajadores ni los t&eacute;cnicos de la obra las descubriesen y dieran aviso sobre grabados tan llamativos? Pues por un sencillo motivo. Porque las ve&iacute;an sin verlas. Verlas ten&iacute;an que verlas, porque resulta del todo imposible no advertirlas. Lo que ocurren es que su vista no reparaba en ellas, porque al no entenderlas ni sospechar lo que en verdad significaban, no le concedieron mayor importancia, pensando de que se tratar&iacute;an de una simple casualidad o de unos burdos dibujos realizados por pastores, ni&ntilde;os o excursionistas aburridos. Es decir, que la vista va por detr&aacute;s de los aprioris conceptuales. S&oacute;lo las gafas del conocimiento nos hacen ver. Como no todav&iacute;a no se conoc&iacute;a la existencia de arte rupestre paleol&iacute;tico al aire libre, pues nadie ve&iacute;a los grabados paleol&iacute;ticos exteriores que con tanta obviedad se mostraban.<\/p>\n<p>Existen fotos de los a&ntilde;os cincuenta y sesenta del pasado siglo de ba&ntilde;istas arroj&aacute;ndose a las pozas que el r&iacute;o forma en el mismo coraz&oacute;n del yacimiento. Sin embargo, y sorprendentemente, nadie pareci&oacute; verlas. Ni una referencia, ni una cr&oacute;nica, ni un suelto en un peri&oacute;dico local. Fue en 1988 cuando un habitante de Serranillo, Juan Hervalejo, comunic&oacute; a Manuel Santoja acerca de una figura que parec&iacute;a de caballo sobre una roca. El arque&oacute;logo realiz&oacute; una primera inspecci&oacute;n de la zona y la sorpresa fue may&uacute;scula. &iexcl;Se trataba de soberbias manifestaciones de arte paleol&iacute;tico! &iexcl;Y al aire libre, algo no contemplado por la ciencia hasta ese momento! De inmediato se procedi&oacute; al rastreo e investigaci&oacute;n de la zona que arroj&oacute; el asombroso resultado que hoy conocemos y que sac&oacute; al arte paleol&iacute;tico de las cavernas. Durante nuestra visita nos acompa&ntilde;aron Rodrigo Balb&iacute;n y Mim&iacute; Bueno, ambos arque&oacute;logos y catedr&aacute;ticos de prehistoria, que participaron en primera l&iacute;nea del v&eacute;rtigo de los descubrimientos y que dan testimonio personal de la conmoci&oacute;n cient&iacute;fica generada.&nbsp;<img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/arqueomania.es\/attachments\/Image\/BISONTES-PEQUENA.jpg\" alt=\"BISONTES DE LA NEOCUEVA DE ALTAMIRA. FOTO PIMENTEL\">BISONTES DE LA NEOCUEVA DE ALTAMIRA. FOTO PIMENTEL<\/p>\n<p>Por vez primera, como dec&iacute;amos, el arte rupestre sal&iacute;a de las cavernas. Y, por eso, por primera vez fuimos capaces de &ldquo;ver&rdquo; los grabados es cuando supimos lo que eran y lo que significaban. El ojo va por detr&aacute;s de la idea del concepto y del conocimiento. Descubrir, por tanto, no es ver, sino comprender por vez primera lo que se ve y darlo a conocer con autoridad suficiente. Nosotros, que gracias al &ldquo;descubrimiento&rdquo; sab&iacute;amos lo que ve&iacute;amos, disfrutamos de aquellos grabados soberbios, realizados por artistas inconmensurables que, en muy pocas l&iacute;neas, lograron transmitir la fuerza, el vigor, la potencia o la elasticidad de los grandes herb&iacute;voros con los que convivieron y a los que convirtieron en sus fuerzas tot&eacute;micas o en sus estandarte de linaje, quien sabe.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Continuamos nuestro viaje de rodaje hasta el sorprendente valle del r&iacute;o Coa, ya en Portugal, en el Alto Douro y cerca de Tras os Montes. El r&iacute;o Coa se encajona en un valle estrecho, con frecuentes afloramientos de esquistos, de a&uacute;n mayor calidad geol&oacute;gica que los de Siega Verde. No en vano a&uacute;n se explotan varias canteras como material noble de construcci&oacute;n, dada su cercan&iacute;a a las pizarras. Nos sorprendi&oacute; la vegetaci&oacute;n que cubr&iacute;a el valle, puramente mediterr&aacute;nea: olivos, almendros, vi&ntilde;edos, higueras, algunos rastrojos de cereal. Los cultivos, todav&iacute;a hoy, en terrazas, llegan hasta la misma orilla del r&iacute;o en algunos puntos. Asimismo, se aprecian aterrazamientos ya abandonados, testigos de un pasado agr&iacute;cola boyante. Un paisaje buc&oacute;lico, sereno, propio del Portugal agrario y profundo, muy cercano a la raya con Espa&ntilde;a.<\/p>\n<p>Existen algunas presas que regulan el caudal del r&iacute;o. Es decir, nos encontramos en una zona fuertemente antropizada, donde la mano del hombre se deja notar desde hace cientos, si no miles, de a&ntilde;os atr&aacute;s. No en vano, el propio caudal del r&iacute;o ha accionado los m&uacute;ltiples molinos que molieron el grano desde sus orillas y cuyas ruinas a&uacute;n se pueden apreciar.<\/p>\n<p>Un lugar pr&aacute;cticamente desconocido para la ciencia y el turismo hasta el a&ntilde;o 1991. En 1989 los primeros grabados fueron descubiertos al proyectar una compa&ntilde;&iacute;a el&eacute;ctrica el construir una gran presa. Se mantuvieron en secreto hasta que, en 1991, el arque&oacute;logo Nelson Rabada, que los estudiaba para la empresa constructora, los dio a conocimiento p&uacute;blico, denunciando el riesgo de que quedaran bajo el agua. La movilizaci&oacute;n social, bajo el grito de &ldquo;Los grabados no nadan&rdquo;, fue muy fuerte y, afortunadamente, lograron paralizar las obras de la presa, salvando de la inmersi&oacute;n a muchos de los grabados que hoy nos asombran. Esos grabados, realizados desde hace casi 40.000 a&ntilde;os, muestran, sobre todo, los animales t&iacute;picos del paleol&iacute;tico, como uros, caballos, cabras y ciervos. Algunos son de gran tama&ntilde;o y perfectamente visibles desde cierta distancia. &iquest;C&oacute;mo es posible, entonces, que los grabados no se descubrieran hasta 1991 en un lugar tan frecuentado? Pues, al igual que ocurriera en Siega Verde, verse se ve&iacute;an, pero sin comprenderse y, por consiguiente, sin apreciarlos ni valorarlos. Los que los miraban, no sab&iacute;an, en verdad, lo que ve&iacute;an. Por eso, no le daban importancia. Tuvo que llegar el ojo del experto para que los grabados nacieran para la humanidad. Y el descubrimiento de Coa no puede ser m&aacute;s espectacular. Se trata, ni m&aacute;s ni menos, que el mayor yacimiento de grabados paleol&iacute;ticos al aire libre, realizados a lo largo de casi 30.000 a&ntilde;os, hasta har&aacute; unos 10.000 y que vino a revolucionar, conjuntamente con Siega Verde, el concepto que hasta ese momento se ten&iacute;a del arte rupestre, asociado exclusivamente a las cavernas. Desde entonces, los descubrimientos de yacimientos de grabados paleol&iacute;ticos a aire libre se han multiplicado tanto en Espa&ntilde;a como en Portugal, tambi&eacute;n algunos en el sur de Francia e, incluso, en Alemania. La humanidad se ha puesto &ldquo;las gafas de ver&rdquo; y encontrar&aacute; muchos otros yacimientos ahora que ya es capaz de advertir y &ldquo;ver&rdquo; el arte paleol&iacute;tico en el exterior.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Un extraordinario panel, encabezado por un uro de cuerpo entero &ndash; dir&iacute;amos una ura con m&aacute;s propiedad, y varios caballos, adem&aacute;s de ciervos y una cabra, fue el primero en descubrirse, a las orillas mismas del actual recrecimiento del r&iacute;o. Se grab&oacute; en un panel vertical, a modo de gran retablo, delante de la cual se encuentra una peque&ntilde;a explanada que lo hace a&uacute;n m&aacute;s vistoso. El conjunto panel\/grabado rupestre tuvo que ser perfectamente visible para quien pasara por la zona, que se encontraba junto a un camino que utilizaban los molineros para ascender la ladera desde sus artilugios. Alguno de ellos, tallistas finos, dejaron algunos textos, inscripciones y motivos religiosos grabados sobre un par de rocas horizontales que, a modo de banco, rodean al retablo paleol&iacute;tico. Est&aacute;n fechados en el siglo XVIII. Las cruces cristinas se contraponen con los animales tot&eacute;micos del remoto paleol&iacute;tico. &iquest;Simple casualidad? &iquest;Quisieron lo molineros honrar, de alguna manera, a aquellos extra&ntilde;os grabados? &iquest;Desear&iacute;an, por el contrario, protegerse de ellos y conjurarlos? Verlos, tuvieron que verlos. Probablemente los ignorar&iacute;an, pero, sin que alcancemos a comprender sus motivos, experimentaron la pulsi&oacute;n de grabar motivos religiosos a su vera. En ning&uacute;n momento da&ntilde;aron o destruyeron los grabados prehist&oacute;ricos, lo que puede significar tanto que los respetaban como que los despreciaban o ignoraban.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Existen otros grabados del XVIII, XIX y del XX realizados en las inmediaciones de las figuras paleol&iacute;ticas. Nos llamaron la atenci&oacute;n varios relojes grabados por molineros de finales del XIX, bajo un enorme panel de un par de uros confrontados de casi tres metros de longitud. &iquest;C&oacute;mo es posible que no los &ldquo;descubrieran&rdquo;? Resulta del todo imposible que no los advirtieran. Verlos sin descubrirlos, como ya sabemos a estas alturas. Preguntamos al arque&oacute;logo Andr&eacute;s Santos, nuestro anfitri&oacute;n, si existi&oacute; alguna nota en alg&uacute;n medio local, alguna descripci&oacute;n de alg&uacute;n viajero rom&aacute;ntico del XIX o alguna cr&oacute;nica que describiera alg&uacute;n grabado o hiciera referencia de alguna manera a aquellas extra&ntilde;as figuras de grandes animales. Pero no, no existe nada, era como si no hubieran existido. Por eso, podemos considerar que 1989\/1991 fue el a&ntilde;o del descubrimiento real del prodigio de los grabados porque a ra&iacute;z de ese descubrimiento la humanidad lo incorpor&oacute; al acervo del conocimiento compartido. Miles de a&ntilde;os conviviendo con las grabados y hasta 1991 no nos enter&aacute;bamos que estaban all&iacute; como testigos de un pasado remoto empe&ntilde;ado en trascender y no morir.<\/p>\n<p>&iquest;Qu&eacute; significa entonces descubrir? Pues seg&uacute;n el diccionario de la RAE, significa manifestar, hacer patente; hallar los que estaba ignorado o escondido; registrar o alcanzar a ver; venir en conocimiento de algo que se ignoraba. Pues eso, descubrir no significa ver, sino comprender, valorar y compartir, como ya sabemos. Descubrir tiene m&aacute;s de cognitivo &ndash; conocer &ndash; que de sensorial &ndash; ver -. Se puede, por tanto, pasar todos lo d&iacute;as de una vida junto a una pintura rupestre sin descubrirlo, por m&aacute;s que se vea.<\/p>\n<p>Quiso la casualidad que tras Siega Verde y Coa nuestros pasos se encaminaran hacia Altamira, la gran Altamira, cuna por antonomasia del del arte paleol&iacute;tico. El descubrimiento de las pinturas por Marcelino Sanz de Sautuola, en 1879, conmocion&oacute; a la humanidad unos a&ntilde;os despu&eacute;s. Contra las creencias tanto populares como cient&iacute;ficas, nuestros ancestros paleol&iacute;ticos fueron capaces de crear un arte rupestre bell&iacute;simo, que en nuestros d&iacute;as a&uacute;n asombra y emociona. Sautuola public&oacute; su hallazgo en una publicaci&oacute;n de reducida extensi&oacute;n que titul&oacute;, con modestia, <em>Breves apuntes sobre algunos objetos prehist&oacute;ricos de la provincia de Santander<\/em>. Quiz&aacute;s nunca llegar a ser consciente del todo, pero su descubrimiento cambiar&iacute;a para siempre la idea que ten&iacute;amos sobre nosotros mismos. La cueva fue, en este caso s&iacute;, descubierta y vista por vez primera por un lugare&ntilde;o, Modesto Cubillas, en 1868, al desprenderse una roca que la taponaba tras una explosi&oacute;n en un lugar cercano. Sautuola la visit&oacute; por vez primera en 1875, sin que, sorprendentemente, viera el panel tan espectacular de los bisontes. S&oacute;lo cuatro a&ntilde;os despu&eacute;s, y, al parecer, a trav&eacute;s de los ojos inocentes de su hija Mar&iacute;a, fue cuando descubriera, con asombro y consternaci&oacute;n, la que ha sido considerada como la Capilla Sixtina del arte magdaleniense. &iquest;C&oacute;mo es posible que en los once a&ntilde;os que transcurren desde el descubrimiento de la cueva en 1868 hasta la epifan&iacute;a de 1879 nadie advirtiera el descomunal techo pintado? De nuevo la extra&ntilde;eza y la confirmaci&oacute;n de que, en verdad no se ve lo que no se comprende.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El arque&oacute;logo Manuel Gonz&aacute;lez Morales, catedr&aacute;tico de prehistoria de la universidad de Cantabria, aborda con brillantez la cuesti&oacute;n que nos ocupa cuando titula, <em>&iquest;C&oacute;mo se descubre una nueva pintura?<\/em>, un cap&iacute;tulo de su estupenda obra <em>Releyendo la Prehistoria<\/em> (ed. La Huerta Grande, 2018). Comienza planteando una inferencia l&oacute;gica. Tras el descubrimiento de Sautuola de las pinturas de Altamira, lo esperable es que se hubiera desatado una oleada de descubrimientos de nuevas pinturas. Sin embargo, no ser&iacute;a hasta casi veinticinco a&ntilde;os despu&eacute;s, en 1903, cuando Herminio Alcalde del R&iacute;o, profesor de dibujo en la Escuela de Artes y Oficios de Torrelavega, descubriera las preciosas pinturas de Covalanas y dos d&iacute;as m&aacute;s tarde las de La Haza. Se iniciaba as&iacute; un <em>annus mirabilis<\/em> que conllevar&iacute;a el descubrimiento de espectaculares cuevas con pinturas, entre las que destacan Hornos de la Pe&ntilde;a y la espectacular Cueva del castillo en Puente Viesgo. Esta cueva era frecuentemente visitada por los turistas del cercano balneario, dirigidos por gu&iacute;as locales. Incluso alg&uacute;n erudito local, como Am&oacute;s de Escalante (cu&ntilde;ado por cierto de Sautuola) narr&oacute; con todo detalle su asombrada visita a la cueva en 1871&hellip; sin que hiciera referencia alguna a las pinturas. &iquest;C&oacute;mo es posible que cientos, o miles de personas, hubieran pasado, sin advertirlos, delante de enormes paneles con evidentes pinturas de manos o bisontes? Para cualquier visitante actual resulta imposible de comprender el que todos aquellos visitantes no vieran un arte rupestre tan obvio y llamativo. Pero, por sorprendente que hoy pueda parecernos, no lo &ldquo;vieron&rdquo;. Aquellas l&iacute;neas, trazos y dibujos ser&iacute;an considerados como meros accidentes o casualidades geol&oacute;gicas, o pinturas sin importancia de pastores o de alg&uacute;n visitante con &iacute;nfulas de artista. De hecho, son frecuentes los graffitis de valientes del XVIII y XIX que se adentraron en la oscuridad de las cavernas. Es decir, que las ve&iacute;an sin verlas, por lo que, en verdad, no las ve&iacute;an. Lo radicalmente novedoso de Alcalde del R&iacute;o es que supo verlas como lo que eran, creaciones art&iacute;sticas del Paleol&iacute;tico. Y s&oacute;lo entonces fue cuando realmente se descubrieron para la sorpresa y pasmo de la humanidad.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Descubrir no es lo mismo que ver, queda mucho m&aacute;s asociado a comprender, entender, valorar. Y, desde luego, dar a conocer a la sociedad el descubrimiento, algo nuevo que, hasta ese momento se desconoc&iacute;a. Por eso, cavidades mil veces visitadas siguen custodiando pinturas que nadie vio nunca, como recientemente ocurri&oacute; en algunas cavernas vascas. Como bien afirma Manuel Gonz&aacute;lez, &ldquo;No se trata, como muchos piensan, de una cuesti&oacute;n de casualidad&hellip; el secreto est&aacute; en la mirada: investigadores entrenados en el estudio y an&aacute;lisis del arte parietal, con un objetivo de b&uacute;squeda definido y con la &acute;vista aleccionada por la pr&aacute;ctica&acute; que nos dec&iacute;a Alcalde del R&iacute;o&rdquo;.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Por eso, son los arque&oacute;logos los que, normalmente, adem&aacute;s de ver, comprenden. Y es, en ese preciso instante, cuando se produce el portento del descubrimiento. Afortunadamente, todav&iacute;a nos queda tanto por conocer que los descubrimientos seguir&aacute;n a&uacute;n asombr&aacute;ndonos por muchos a&ntilde;os. Que su luz generosa ilumine nuestro camino del conocimiento, am&eacute;n.<\/p>\n<p>Manuel Pimentel Siles<\/p>\n<p><a href=\"..\/..\/home\/un-plan-para-las-cuevas-de-la-arana\/\">&laquo; Anterior<\/a> | <a href=\"..\/..\/home\/etruscos-un-preludio-de-roma\/\">Siquiente &raquo;<\/a><a href=\"..\/..\/\">Atr\u00e1s<\/a><\/p>\n<p><noscript><\/p>\n<p>\t\t\tEl soporte de JavaScript no est\u00e1 activado en su navegador. Para ver el contenido de esta p\u00e1gina, active JavaScript. Haga clic <a href='http:\/\/www.google.com\/support\/bin\/answer.py?answer=23852' target='_blank'>aqu\u00ed<\/a> para descubrir c\u00f3mo activar JavaScript.<\/p>\n<p><\/noscript><\/p>\n<h2>Arqueoman\u00eda<\/h2>\n<p>Mi direcci\u00f3n, Mi ciudad, Espa\u00f1a&nbsp; &nbsp; &nbsp;| &nbsp; &nbsp; &nbsp; Mi tel\u00e9fono &nbsp; &nbsp; &nbsp; | &nbsp; &nbsp; &nbsp; <a href=\"mailto:Mi email\">Mi email<\/a><\/p>\n<p>&copy; 2014. Mi empresa. All Rights Reserved.<\/p>\n<div\n\n\n<p><em>Publicado originalmente en <a href=\"https:\/\/arqueomania.es\/home\/de-que-hablamos-cuando-hablamos-dedescubrimiento-de-arte-rupestre-siega-verde-coa-y-altamira-la-asombrosa-obviedad-de-lo-invisible\/\">https:\/\/arqueomania.es\/home\/de-que-hablamos-cuando-hablamos-dedescubrimiento-de-arte-rupestre-siega-verde-coa-y-altamira-la-asombrosa-obviedad-de-lo-invisible\/<\/a><\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>URO DEL C&Ocirc;A. FOTO PIMENTELLos descubrimientos arqueol&oacute;gicos siempre conllevan dos focos de atenci&oacute;n y de inter&eacute;s general. El primero y m&aacute;s obvio, el que se centra en lo que propiamente se descubre. El segundo &ndash; y no menos importante &ndash; el que narra el c&oacute;mo y el qui&eacute;n lo descubri&oacute;. 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