{"id":1039,"date":"2022-12-11T10:00:00","date_gmt":"2022-12-11T10:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/arqueomania.es\/wordpress\/?p=import-39"},"modified":"2022-12-11T10:00:00","modified_gmt":"2022-12-11T10:00:00","slug":"el-misterio-resuelto-del-visir-del-faraon","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/arqueomania.es\/index.php\/2022\/12\/11\/el-misterio-resuelto-del-visir-del-faraon\/","title":{"rendered":"EL MISTERIO RESUELTO DEL VISIR DEL FARA\u00d3N"},"content":{"rendered":"<p><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/arqueomania.es\/attachments\/Image\/20221119_094639.jpg\" alt=\"Tumba del Visir Huy en Luxor. Foto Pimentel\">Tumba del Visir Huy en Luxor. Foto PimentelLa pol&iacute;tica siempre fue cosa caprichosa. Y es que, al igual que los dioses del Olimpo, le gusta jugar con los destinos humanos. Eleva a unos a la gloria y precipita a otros a los infiernos, sin l&oacute;gica previsible; otorga el poder con la misma rapidez que lo arranca inmisericorde. Y, una vez ca&iacute;do en desgracia, s&oacute;lo queda el llanto y la melancol&iacute;a. Pero, a veces, la fama p&oacute;stuma redime de las amarguras vividas. Y esto le ocurri&oacute; al visir Huy cuya historia vamos a conocer gracias a la arqueolog&iacute;a. Y, para ello, tendremos que trasladarnos hasta Egipto, donde rodamos unos episodios para Arqueoman&iacute;a, el programa de divulgaci&oacute;n arqueol&oacute;gica de TVE2.<\/p>\n<p>El vuelo, en Egyptair, dura algo m&aacute;s m&aacute;s de cuatro horas. La lectura de un buen libro posee la fuerza m&aacute;gica de devorar el tiempo, que deja de existir. Einstein, el sabio de la relatividad, ten&iacute;a raz&oacute;n. El tiempo es relativo, el&aacute;stico. Su paso, en ocasiones, se nos antoja lento, en otras, veloz como un potro al galope. Pero esta relatividad no deviene tan s&oacute;lo por la velocidad &ndash; variable f&iacute;sica &ndash;, sino sobre todo por el factor humano del placer, que lo acorta, o del dolor o la angustia, que lo alarga. Y, precisamente, un buen libro es una de esas piedras filosofales que transforma el tiempo en gozo. No se quiere dejar de leer aunque el sue&ntilde;o apriete o los meg&aacute;fonos anuncien nuestro inminente aterrizaje en el aeropuerto de El Cairo. Cierro con pesar el libro <em>&iquest;Tiene futuro la verdad?&nbsp;<\/em>de George Steiner, el &uacute;ltimo gran erudito europeo, profundo cr&iacute;tico literario, historiador, ensayista y buen conocedor del alma humana. Le&iacute;a su texto acerca de la belleza literaria de la Biblia, m&aacute;s all&aacute; de toda consideraci&oacute;n religiosa, cuando me dispuse a poner pie en una de las geograf&iacute;as b&iacute;blicas m&aacute;s hermosas y relumbrantes, el gran Egipto, el pa&iacute;s del Nilo, la tierra de los faraones que so&ntilde;aron &ndash; y consiguieron &ndash; la inmortalidad en el recuerdo de los hombres.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Ya en Luxor, tras otro vuelo breve desde El Cairo, la maleta facturada desde Madrid no aparece en la cinta de recogida de equipaje. Son las doce de la noche y supone un verdadero fastidio. A la ma&ntilde;ana siguiente rod&aacute;bamos desde primera hora y tendr&iacute;a que regresar para comprobar si la maleta perdida pod&iacute;a haber sido recuperada. Lo dicho, un fastidio. Pero no resulta sabio ni elegante irritarse. Son cosas del camino que un viajero sabe relativizar. Y de inmediato olvidar, para comenzar a disfrutar de una ciudad incre&iacute;ble, Luxor, la antigua Tebas, la ciudad de los faraones. Al pasar junto a las sombras del gran templo de Karnak, la casa del poderoso dios Am&oacute;n, percibo que nos encontramos en uno de los centros del mundo. A la derecha intuimos al padre Nilo, adornado por la constelaci&oacute;n de las luces de barcos y falucas.<\/p>\n<p>El hotel Winter Palace, donde nos alojamos, nos aguarda envuelto en su halo m&iacute;tico. Construido en 1886, primero como palacio del Jeque Tawfiq, despu&eacute;s como hotel para arist&oacute;cratas y millonarios, aloj&oacute;, entre otros, a Howard Carter y a Lord Carnavon, en su epopeya tras la tumba de Tutankam&oacute;n. Tambi&eacute;n a Agatha Christie, siempre a la caza de la inspiraci&oacute;n que le llevar&iacute;a a escribir su c&eacute;lebre <em>Muerte en el Nilo<\/em>. Un cl&aacute;sico hotel colonial, con cierto aire decadente, de grandes salones, hermosas antig&uuml;edades y con un enorme jard&iacute;n de palmeras que imploran a los cielos desde sus largos y esbeltos troncos. Y, ya en la habitaci&oacute;n, las vistas al r&iacute;o desagravian cualquier pesar del camino. A pesar de la hora, m&aacute;s de las dos la ma&ntilde;ana, resulta imposible resistirse a la tentaci&oacute;n de una cerveza fr&iacute;a mientras se contempla la constelaci&oacute;n de reflejos refulgentes del r&iacute;o.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Se duermen pocas horas, pues toca madrugar. El dorado de la monta&ntilde;a tebana, iluminada por los primeros rayos de sol, marca el camino hacia la ciudad de los muertos, al oeste del r&iacute;o. Me encuentro con el resto del equipo de Arqueoman&iacute;a &#8211; Manolo, Carmen, Kurro &#8211; en el desayuno. Comentamos el plan de la jornada, nada m&aacute;s ni menos que conocer la tumba de visir Amenhotep Huy, excavada por un equipo espa&ntilde;ol liderado por Francisco J. Mart&iacute;n y Teresa Bedman, experimentados egipt&oacute;logos que llevan a&ntilde;os escudri&ntilde;ando las entra&ntilde;as milenarias de las necr&oacute;polis de Tebas y que han logrado recuperar del olvido secular la incre&iacute;ble historia de un poderoso visir, ca&iacute;do en desgracia, para ser p&oacute;stumamente elevado a la categor&iacute;a de santo popular. Pero no adelantemos acontecimientos, que nos queda disfrutar de los proleg&oacute;menos a la epifan&iacute;a de su descubrimiento.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/arqueomania.es\/attachments\/Image\/IMG_20221119_140650_609.jpg\" alt=\"Momia de la excavaci&oacute;n del Visir. Foto Pimentel\">Momia de la excavaci&oacute;n del Visir. Foto PimentelCruzamos el Nilo en faluca, con el mismo barquero que en a&ntilde;os anteriores. Siempre cumple con puntualidad sonriente. Ya en la orilla de los muertos, nos acomodamos en la furgoneta que nos conducir&aacute; hasta la tumba del visir Amenhotep Huy.&nbsp; Pero, antes, los colosos de Memn&oacute;n, esculturas sedentes del gran fara&oacute;n Amenofis III, nos saludan con su colosal hieratismo. Cuentan que, en &eacute;poca del emperador Adriano, al amanecer, los colosos cantaban, probablemente por el efecto del viento y la arena sobre sus grietas y agujeros caprichosos. Vibia Sabina, la mujer de Adriano, quiso escuchar el prodigio. All&aacute; fue la comitiva imperial, con el propio emperador al frente y con Ant&iacute;noo, su efebo amante acompa&ntilde;&aacute;ndolos. Impaciente, el emperador &ndash; un Dios &ndash; urgi&oacute; a los colosos a cantar, amenaz&aacute;ndolos con destruirlos si no silbaban la plegaria de la ma&ntilde;ana. Fuera por simple casualidad o por divino temor reverencial, el caso es que al final entonaron la melod&iacute;a solicitada para satisfacci&oacute;n de la familia imperial. Desconocemos lo que experimentar&iacute;a el hermoso Ant&iacute;noo, que a los pocos d&iacute;as apareci&oacute; ahogado, sin que nunca se llegara a descubrir si ocurri&oacute; por accidente, suicidio o crimen.<\/p>\n<p>Apenas unos minutos de traves&iacute;a nos conducen hasta el santo desierto, zona de templos y de necr&oacute;polis ancestrales. La l&iacute;nea de la vida y de la muerte, que limita el verde feraz con el secarral atroz y la huerta f&eacute;rtil con el yermo pedregal, parece trazada con precisi&oacute;n de delineante. Adonde llega el agua, la salmodia verde de las plantas reverbera en su exuberancia tropical. Adonde no llega, ni siquiera una triste mata logra sobrevivir. Y, en terreno seco, donde las antiguas crecidas del Nilo no llegaban, las ruinas de antiguos monumentos, que florecen aqu&iacute; y all&aacute;, redimen la desolaci&oacute;n del erial.<\/p>\n<p>Abandonamos el reino de la huerta, con sus campesinos, borriquitas y tractores, para adentrarnos en el terreno sagrado de la muerte, en el que se entremezclan y abrazan tumbas de distinto nivel y periodo con los solemnes y majestuosos Templos de Millones de A&ntilde;o, como el de Rams&eacute;s II, que queda a nuestra derecha o el de Tutmosis III, cuya espectacular excavaci&oacute;n y consolidaci&oacute;n, bajo la direcci&oacute;n de Myriam Seco, ya conocimos de viajes anteriores.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Los gigantescos Templos de Millones de A&ntilde;os de los c&eacute;lebres faraones de las dinast&iacute;as XVIII y XIX se suceden ante nuestro asombro. Sus nombres resuenan en nuestros o&iacute;dos: Amenofis III, Rams&eacute;s II, Rams&eacute;s III, Tutmosis III y arriba, en las mismas faldas de la monta&ntilde;a, el espectacular templo de la reina fara&oacute;n Hatshepsut, reconstruido por los polacos a lo largo de d&eacute;cadas de trabajo. Hacia sus pies nos dirigimos, una zona de necr&oacute;polis conocida como Asasif, donde se encuentra la tumba del visir, la conocida como AT-28.<\/p>\n<p>Hapshepsut tuvo una vida intensa, mil veces llevada a la literatura y al cine. Y, desde luego, es que no es para menos. Fue el c&eacute;lebre Champollion &ndash; el que primera lograra descifrar la escritura jerogl&iacute;fica gracias a la providencial piedra Roseta &ndash; qui&eacute;n postulara con asombro la existencia de una mujer fara&oacute;n, que, con gran poder, habr&iacute;a ordenado construir el gran templo cuyas ruinas visit&oacute; en 1829. En ning&uacute;n listado real que &eacute;l hubiese consultado aparec&iacute;a su nombre ni, mucho menos, su condici&oacute;n femenina. Por alg&uacute;n motivo que desconoc&iacute;a, su nombre hab&iacute;a sido borrado, en una clara operaci&oacute;n de <em>damnatio memoriae<\/em>. Sorprendido, propuso la incorporaci&oacute;n de su reinado tras el de su marido Tutmosis II y antes que el de su sobrino Tutmosis III, el gran fara&oacute;n guerrero. Hatshepsut recobr&oacute; la justicia afortunada de su memoria, que ahora, de alguna manera, veneramos.&nbsp;<\/p>\n<p>Ruinas de casas, de templos, de tumbas. Casas que se construyen y destruyen, templos y tumbas mil veces expoliadas y que ahora se reconstruyen. Vida y muerte entrelazadas sobre un mismo lugar. Turistas, arque&oacute;logos y trabajadores pululan por aqu&iacute; y por all&aacute;. Los habitantes de la zona llevan miles de a&ntilde;os viviendo de los faraones. Primeros los sirvieron y trabajaron para construir sus templos y tumbas. Despu&eacute;s los expoliaron y comerciaron con sus tesoros y con el polvo de sus momias trituradas. Desde hace dos siglos, sobreviven o progresan gracias a los trabajos de excavaci&oacute;n arqueol&oacute;gica y del turismo internacional que, en masa, acude desde todos los rincones del planeta a rendir pleites&iacute;a admirada a aquellos remotos faraones que buscaron la inmortalizada trav&eacute;s de sus construcciones colosales. Y, ahora, sumidos en una fiebre restauradora, no s&oacute;lo las excavan y consolidan, sino que, parcialmente, las reconstruyen, con exquisito respeto a las formas y materiales originales, diferenciando lo nuevo de lo antiguo y bajo la sabia direcci&oacute;n facultativa.&nbsp;<img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/arqueomania.es\/attachments\/Image\/20221119_100039.jpg\" alt=\"Interior de la tumba del Visir. Foto Pimentel\">Interior de la tumba del Visir. Foto Pimentel<\/p>\n<p>Egipto es pura rememoraci&oacute;n de su pasado fara&oacute;nico. Su est&eacute;tica y s&iacute;mbolos todo lo ocupan, desde nombres de hoteles y agencias de viajes, hasta las iconograf&iacute;as, figuras y esculturas de rotondas y cruces.&nbsp; &iquest;Qu&eacute; ser&iacute;a de Egipto sin el legado de sus faraones? Probablemente, poca cosa. Pero, &iquest;Qu&eacute; ser&iacute;a C&oacute;rdoba sin su Mezquita o Granada sin su Alhambra? Tambi&eacute;n mucho menos de lo que hoy son. Y es que el legado magn&iacute;fico del ayer, en muchas ocasiones, nos ayuda a sobrellevar la dura realidad del hoy.<\/p>\n<p>Por fin llegamos hasta la tumba del visir, excavada en una zona de privilegio, bien cerca del gran templo de Hatshepsut. Francisco Mart&iacute;n y Teresa Bedman nos reciben con entusiasmo. &iexcl;Tienen tantas cosas que contarnos, y nosotros tan poco tiempo para grabarlo! Junto a antiguas tumbas reconvertidas en almacenes provisionales de restos arqueol&oacute;gicos y de momias, y bajo un gran toldo, se encuentra el centro de operaciones donde realizan los primeros trabajos sobre las piezas encontradas, que son muchas y de gran calidad. Centenares de cer&aacute;micas se encuentran clasificadas en los alrededores, mientras algunos miembros del equipo trabajan con inscripciones o realizando las primeras faenas de conservaci&oacute;n y restauraci&oacute;n. Observamos, at&oacute;nitos, como depositan con sumo cuidado una momia, en perfecto estado de conservaci&oacute;n, sobre una mesa. Las telas de lino que la recubren parecen que hubiesen sido tejidas el d&iacute;a anterior e, incluso, un fino bigote a&uacute;n destaca, hirsuto, sobre el resto del difunto.<\/p>\n<p>&nbsp;Mientras bajamos a la excavaci&oacute;n, los arque&oacute;logos Mart&iacute;n y Bedmar nos cuentan la fant&aacute;stica historia del poderoso visir. Aunque la tumba fue construida en vida de Huy, y por su expreso mandato, jam&aacute;s lleg&oacute; a reposar all&iacute;. Descendemos a trav&eacute;s de una rampa monumental, rodeada por altas paredes, hasta llegar a un amplio patio solar, en uno de cuyos lados podemos apreciar un pasillo porticado a medio excavar. Como dec&iacute;amos, la tumba colosal ni siquiera lleg&oacute; a terminarse y su construcci&oacute;n fue s&uacute;bitamente interrumpida, como apreciamos en las paredes del interior, donde podemos ver pa&ntilde;os de paredes con bell&iacute;simas inscripciones jerogl&iacute;ficas, mientras que en otras se encuentran a medio esculpir. Incluso, descubrimos los bocetos en carb&oacute;n de algunas figuras apenas iniciadas. Tambi&eacute;n aparecieron los mazos de sus constructores abandonados, como si hubiesen tenido que salir corriendo. Y, por si fuera poco, las representacionesdel visir fueron cuidadosamente piqueteadas hasta dejarlas irreconocibles. &iquest;Por qu&eacute;? &iquest;Por qu&eacute; este ensa&ntilde;amiento con el que hasta entonces hab&iacute;a sido uno de los hombres fuertes de Amenofis III? Pues, porque, como inici&aacute;bamos estas l&iacute;neas, la pol&iacute;tica es cosa caprichosa y cruel desde el inicio de los tiempos humanos.<\/p>\n<p>En la Tebas de la &eacute;poca se veneraba a Am&oacute;n, que descollaba sobre su parnaso polite&iacute;sta. En Karnak ten&iacute;a su gran templo, cuyos sacerdotes atesoraban gran poder y riqueza. Pues bien, por razones que ignoramos &ndash; quiz&aacute; por lucha contra el poder sacerdotal, o por alguna clave pol&iacute;tica o, simplemente, por convicci&oacute;n &ndash; el caso es que Amenofis III comenz&oacute; a abandonar los viejos cultos a Am&oacute;n para consagrarse a At&oacute;n, el dios sol, como &uacute;nica deidad. Su hijo, Amenofis IV, Aketan&oacute;n, culmin&oacute; esta revoluci&oacute;n con el traslado a la nueva ciudad de Amarna, hoy pasto de la desolaci&oacute;n. Huy, se distanci&oacute; de las nuevas corrientes y se mantuvo fiel a las tradicionales creencias de Am&oacute;n, lo que le hizo caer en desgracia. No sabemos qu&eacute; fue de su destino, si logr&oacute; huir, o si result&oacute; encarcelado o ajusticiado. El caso es que su tumba qued&oacute; inconclusa y abandonada y su rastro hist&oacute;rico perdido para siempre.<\/p>\n<p>Pero, cosas del destino, la revoluci&oacute;n de Akhetan&oacute;n y de su mujer Nefertiti fracas&oacute; y su sucesor Tutankam&oacute;n, regres&oacute; a Tebas y a los cultos de Am&oacute;n en Karnak. Fue entonces cuando el pueblo comenz&oacute; a considerar a Huy como un santo, como un m&aacute;rtir por la causa verdadera. Su tumba inacabada se convirti&oacute; entonces en una especie de santuario en su honor, usado como necr&oacute;polis durante siglos. De ah&iacute; que se aprecien numerosas tumbas excavadas en las paredes del patio y de la rampa de acceso. Despu&eacute;s cay&oacute; en el olvido hasta que los exquisitos trabajos arqueol&oacute;gicos la han vuelto a sacar a la luz. El interior de la tumba es espectacular, con sus bell&iacute;simas columnas en plena reconstrucci&oacute;n. Nos prometemos regresar para conocer el resultado final de la cuidadosa restauraci&oacute;n. A buen seguro, el visir Huy, se encuentre donde se encuentre, sonreir&aacute; feliz ante el desagravio de su <em>damnatio memoriae<\/em>.&nbsp;<img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/arqueomania.es\/attachments\/Image\/IMG_20221119_140929_308.jpg\" alt=\"Foto de equipo. Pimentel. \">Foto de equipo. Pimentel. <\/p>\n<p>Francisco Mart&iacute;n y Teresa Bedman realizan un trabajo formidable, que admiramos y felicitamos. Tambi&eacute;n el gran Huy les estar&aacute; agradecido. Nos toca despedirnos por el momento de los investigadores, pero no sin antes asombrarnos con algunos frutos de sus investigaciones. Primero, la corregencia de Amenofis III con Amenofis IV. Segundo, el de que Tutankam&oacute;n no era hijo de Amenofis IV como se pensaba, sino de Amenofis III con una de sus hijas, es decir, fruto de un incesto real, lo cual, por otra parte, era bastante habitual en la &eacute;poca.<\/p>\n<p>Todav&iacute;a tendr&iacute;amos ocasi&oacute;n de aprovechar el conocimiento de los arque&oacute;logos espa&ntilde;oles en la cena que celebramos esa noche en el Winter Palace. Un aut&eacute;ntico placer. A la ma&ntilde;ana siguiente partir&iacute;amos para Amarna, pero esa es otra historia que alg&uacute;n d&iacute;a contaremos.<\/p>\n<p>Y, ya de regreso en Espa&ntilde;a, recordamos la sabrosa historia del visir Huy, que todo &ndash; hasta su propia tumba &ndash; perdiera, para, al final, obtener la recompensa del recuerdo y de la veneraci&oacute;n. Cosas, en efecto, de la pol&iacute;tica que ni siquiera el paso de los milenios ha logrado mutar. Conocer la historia es conocernos a nosotros mismos, con nuestras pasiones y pulsiones, inmutables con el devenir de los siglos. Quien tenga poder, que conozca y sepa, Huy <em>dixit<\/em>.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Manuel Pimentel Siles<\/p>\n<p>Publicado Blog espublico 07\/12\/2022<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><a href=\"..\/..\/home\/la-tumba-de-boabdil-se-proyecta-en-el-instituto-cervantes-de-fez\/\">&laquo; Anterior<\/a> | <a href=\"..\/..\/home\/las-emisiones-de-arqueomania-9-comienzan-el-11-de-enero-de-2023\/\">Siquiente &raquo;<\/a><a href=\"..\/..\/\">Atr\u00e1s<\/a><\/p>\n<p><noscript><\/p>\n<p>\t\t\tEl soporte de JavaScript no est\u00e1 activado en su navegador. Para ver el contenido de esta p\u00e1gina, active JavaScript. 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