{"id":1027,"date":"2023-04-23T10:00:00","date_gmt":"2023-04-23T10:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/arqueomania.es\/wordpress\/?p=import-27"},"modified":"2023-04-23T10:00:00","modified_gmt":"2023-04-23T10:00:00","slug":"nosotros-ylos-fosiles-del-transvaal","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/arqueomania.es\/index.php\/2023\/04\/23\/nosotros-ylos-fosiles-del-transvaal\/","title":{"rendered":"NOSOTROS YLOS F\u00d3SILES DEL TRANSVAAL"},"content":{"rendered":"<p><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/arqueomania.es\/attachments\/Image\/20230414_141818.jpg\" alt=\"PAR&Aacute;NTROPO. FOTO PIMENTEL. \">PAR&Aacute;NTROPO. FOTO PIMENTEL. Volamos a Sud&aacute;frica en busca de la Cuna de la Humanidad. O, mejor dicho, de la otra Cuna de la Humanidad, pues la UNESCO tambi&eacute;n otorg&oacute; dicho reconocimiento a los yacimientos de Olduvay, en Tanzania. Los espectaculares descubrimientos de los Leakey de <em>Homo habilis<\/em> a finales de los 50 y principios de los 60 bien justificaron el compartido galard&oacute;n. Tuvimos la fortuna de poder visitar el yacimiento tanzano, en pleno Parque Nacional del Serengueti, junto al extinto volc&aacute;n Ngorongoro, el de mayor densidad de vida salvaje del planeta, en 2018, para visitar las excavaciones dirigidas por los paleoantrop&oacute;logos espa&ntilde;oles Manuel Dom&iacute;nguez-Rodrigo y Enrique Baquedano, en primera l&iacute;nea internacional, todo un privilegio para la ciencia espa&ntilde;ola.<\/p>\n<p>Ambos cient&iacute;ficos nos hab&iacute;an retado a acompa&ntilde;arlos, en esta ocasi&oacute;n, a la visita que pensaban realizar a Sud&aacute;frica para conocer sus principales yacimientos paleoantropol&oacute;gicos. No lo dudamos. El equipo al completo de Arqueoman&iacute;a &ndash; Manuel Navarro, Carmen Mart&iacute;nez Morenilla y quien escribe estas l&iacute;neas &#8211; ajustamos agenda y nos embarcamos en su vuelo hacia Johannesburgo v&iacute;a El Cairo. Con la excitaci&oacute;n propia de los proleg&oacute;menos de todo gran viaje, compartimos expectativas e impresiones en las esperas de los aeropuertos. &Eacute;ramos conscientes de que &iacute;bamos a conocer los m&iacute;ticos yacimientos que pusieron a los <em>australopitecos<\/em> en el mapa del conocimiento humano y que alumbraron el camino que nos condujera hasta lo que hoy somos como especie.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Aprovech&eacute; el vuelo para finalizar el estupendo libro <em>Magn&iacute;ficos Rebeldes <\/em>(Taurus) de Andrea Wulf, de la que ya leyera a&ntilde;os atr&aacute;s su fascinante <em>El incre&iacute;ble viaje de Alexander von Humboldt<\/em>, una excelente biograf&iacute;a del cient&iacute;fico alem&aacute;n. La autora, en esta nueva obra, subtitulada <em>Los primeros rom&aacute;nticos y la invenci&oacute;n del yo<\/em>, aborda la incre&iacute;ble conjunci&oacute;n de genios que compartieron vida en la peque&ntilde;a ciudad universitaria de Jena en la &uacute;ltima d&eacute;cada del XVIII y que revolucionaron el pensamiento de las Luces al poner el &lt;&lt;yo&gt;&gt; en el centro de sus obras, complementando la omn&iacute;moda raz&oacute;n con la fuerza emergente de los sentimientos y la emoci&oacute;n. El romanticismo nac&iacute;a en la ciudad alemana, con una potencia que arrasar&iacute;a Europa por entero. El c&iacute;rculo de Jena estuvo compuesto, nada m&aacute;s ni nada menos, que por los famosos poetas Goethe, Schiller y Novalis, por los fil&oacute;sofos Fichte, Schelling y Hegel, por los provocadores hermanos Schlegel y la musa del grupo Caroline Schlegel, con las apariciones puntuales de Alexander von Humboldt. Una conjunci&oacute;n astral de talento que transformar&iacute;a para siempre la poes&iacute;a, pol&iacute;tica y filosof&iacute;a occidental. Adem&aacute;s, anticiparon la idea hoy dominante de la &iacute;ntima interrelaci&oacute;n de toda la naturaleza, que conforma, de alguna manera, un todo que no puede ser comprendido s&oacute;lo por sus partes.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Pocas lecturas m&aacute;s adecuadas que esta reflexi&oacute;n sobre el &lt;&lt;yo&gt;&gt; rom&aacute;ntico en estos momentos en los que nuestra propia identidad se diluye en el marasmo digital y en los que una Inteligencia Artificial emergente nos asombra e intimida. Y, aunque nos neguemos a reconocerlo, intuimos que pronto nos superar&aacute;, con todo lo que ello significa para nuestro porvenir como especie. Y para conocer este incierto futuro, quiz&aacute;s lo mejor sea comenzar descubriendo nuestro propio pasado, escrito en f&oacute;siles en las cavernas sudafricanas que nos dispon&iacute;amos a visitar.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Aterrizamos, tras atravesar los cielos de &Aacute;frica de norte a sur, en el <em>O.R. Tambo internacional airport<\/em>, el limpio y funcional aeropuerto de Johannesburgo, dispuestos a conocer sus santuarios paleoantropol&oacute;gicos, cuna de nuestros antecesores en la larga cadena evolutiva y testigos de la aparici&oacute;n de nuestra luminosa y diferencial inteligencia. El azar hace que, apenas sellado el pasaporte, advirtamos un gran cartel publicitario de una empresa tecnol&oacute;gica sobre las paredes de un gran <em>hall <\/em>que proclama que <em>Inteligence that is lived is not learnt<\/em>. Pues eso, que la inteligencia vivida no se aprende, como bien pudiera enunciar un paleoantrop&oacute;logo para justificar la inesperada aparici&oacute;n de los primeros <em>Homo,<\/em> dotados de una inteligencia muy superior a la de todas las especies que le precedieron. Sugerente coincidencia que centra el objetivo de nuestro viaje y que tomo como un buen augurio de unas jornadas que finalmente resultar&iacute;an muy fruct&iacute;feras.<\/p>\n<p>Una furgoneta nos aguardaba, Tras cargar nuestro equipaje nos dirigimos hacia Pretoria. Sobre una colina advertimos los rascacielos de Johannesburgo, la mayor ciudad del pa&iacute;s con sus casi seis millones de habitantes.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Tras apenas cuarenta minutos de viaje nos adentramos en el territorio nominado como Cuna de la Humanidad, una zona k&aacute;rstica, principalmente de dolomitas, de unos quinientos kil&oacute;metros cuadrados, que se sit&uacute;a a unos cincuenta Kil&oacute;metros al noroeste de Johannesburgo. En su infinidad de cuevas y dolinas quedaron depositados restos de animales y hom&iacute;nidos, que fosilizaron en sedimentos y brechas calizas. Probablemente el mejor registro f&oacute;sil de la vida animal y humana desde hace algo m&aacute;s de tres millones de a&ntilde;os hasta la actualidad. Aqu&iacute; se han descubierto muchos de los mejores y m&aacute;s completos f&oacute;siles de hom&iacute;nidos, desde diversos tipos de <em>australopithecus<\/em>, <em>paranthropus<\/em> y diversos <em>Homo<\/em>, como el <em>Homo ergaster<\/em>, lo que la ha hecho merecedora del reconocimiento por parte de la UNESCO en 1999 como Patrimonio de la Humanidad, bajo el transcendente t&iacute;tulo de Cuna de la Humanidad que comparte, como ya dijimos, con Olduvay en Tanzania.<\/p>\n<p>Pero, a medida que nuestra furgoneta recorre por buenas autov&iacute;as un paisaje verde de colinas suaves, bien merece la pena conocer la historia del lugar. Johannesburgo fue fundada en 1886, tras el descubrimiento de grandes reservas de oro en Witwatersrand, la cercana sierra del Agua. La ciudad creci&oacute; tan vertiginosamente que tan s&oacute;lo una d&eacute;cada despu&eacute;s alcanzar&iacute;a una poblaci&oacute;n de cien mil habitantes. El consumo de cal para construir infraestructuras, edificios p&uacute;blicos y viviendas, as&iacute; como para ser usada para el proceso de tratamiento del oro, se dispar&oacute;, as&iacute; como su precio. Multitud de cuadrillas de mineros se dispersaron por el entorno k&aacute;rstico en busca de la calcita subterr&aacute;nea que, una vez tratadas en las caleras &ndash; grandes hornos semienterrados &ndash;, se transformar&iacute;a en la preciada cal que era transportada, a lomos de mulas y carros, entre leones, jirafas y rinocerontes, hasta la cercana capital emergente.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Existen, como ya dijimos, infinidad de cavernas. Los mineros las excavaban en busca de sus espeleotemas de calcita precipitada, usando con frecuencia detonaciones de dinamita. Sin ser conscientes de ello, afloraron algunos de los m&aacute;s ricos yacimientos de f&oacute;siles humanos del planeta, una concentraci&oacute;n in&eacute;dita de restos de los antiqu&iacute;simos hom&iacute;nidos que nos asombrar&iacute;an d&eacute;cadas despu&eacute;s.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Tras la fiebre de la cal, las canteras quedaron olvidadas, cubiertas de hierba y melancol&iacute;a. No ser&iacute;a hasta 1924 cuando volvieron a adquirir un inesperado protagonismo. Un extra&ntilde;o y peque&ntilde;o cr&aacute;neo fosilizado fue extra&iacute;do de una antigua cantera de cal de Taung y mostrado al profesor de la universidad de Witwatersrand, Raymond Dart, que, de inmediato, fue consciente de la enorme repercusi&oacute;n del hallazgo. Identificado como un ejemplar infantil de unos tres a&ntilde;os de edad, pas&oacute; a nominar una nueva especie, <em>Australopitecus africanus<\/em>, fechada en unos incre&iacute;bles 2,5 millones de a&ntilde;os de antig&uuml;edad en aquel entonces, aunque ahora se considera m&aacute;s antigua. Se public&oacute; en 1925 en la revista <em>Nature<\/em>, y levant&oacute; dudas y vivas pol&eacute;micas en aquellos tiempos en los que se pensaba que la humanidad proced&iacute;a de Asia, gracias a los restos del conocido <em>Pitec&aacute;ntropo<\/em> descubierto por Dubois en 1891 en Java oriental. Otros, sin embargo, cre&iacute;an, con mirada euroc&eacute;ntrica, que el hombre de Piltdown, hallado en 1908 en una cantera brit&aacute;nica, era, en verdad, el eslab&oacute;n perdido entre el mono y el hombre. En 1953 se descubri&oacute; el fraude, por lo que esta hip&oacute;tesis qued&oacute; totalmente descartada. Pero pong&aacute;monos en su tiempo, en el que, tanto por la tesis asi&aacute;tica como por la europea, vigentes en el momento del descubrimiento del ni&ntilde;o de Taung, el origen africano de la humanidad no se tom&oacute; demasiado en cuenta.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/arqueomania.es\/attachments\/Image\/20230415_094944.jpg\" alt=\"CON EL EQUIPO DE MATHEW CARUANA. \">CON EL EQUIPO DE MATHEW CARUANA. <\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>STERKFONTIEN<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Sin respetar un orden cronol&oacute;gico, queremos que nuestra primera parada narrativa sea en el m&iacute;tico yacimiento de Sterkfontien, a pesar de haberlo visitado en la segunda jornada de nuestro viaje.Nos lo ense&ntilde;&oacute;, con todo lujo de detalle, el paleoantrop&oacute;logo Matthew V. Caruana, acompa&ntilde;ado por su familia, su mujer, la tambi&eacute;n paleoantrop&oacute;loga Stephanie Baker, directora de la excavaci&oacute;n de Drimoli que conocer&iacute;amos por la tarde, y por su hija, una ni&ntilde;a de siete a&ntilde;os que aguant&oacute; estoicamente la intensa jornada. No podemos por menos que quedarles muy agradecidos por su atenci&oacute;n, pues nos dedicaron el s&aacute;bado por completo y nos regalaron su conocimiento y sabidur&iacute;a.<\/p>\n<p>Hagamos, de nuevo, un poco de historia. En la d&eacute;cada de 1890 los mineros comenzaron los trabajos de extracci&oacute;n de caliza, para producir la valiosa cal. Aunque hubieron de encontrar infinidad de f&oacute;siles &ndash; algunos a buen seguro humanos &ndash; no nos lleg&oacute; noticia alguna de ellos. Pero como la historia de la paleoantropolog&iacute;a es tambi&eacute;n la historia de los paleoantrop&oacute;logos que la hicieron posible, merece la pena que nos detengamos brevemente en la figura del m&eacute;dico y paleoantrop&oacute;logo Robert Broom, que irrumpir&iacute;a con fuerza en la ciencia sudafricana al apoyar p&uacute;blicamente las tesis de Raymond Dart &ndash; recordemos, la del ni&ntilde;o de Taung -, lo cual &eacute;ste agradeci&oacute; con sinceridad. Cuenta la leyenda que Dart ten&iacute;a sobre su mesa el cr&aacute;neo. Cuando Broom entr&oacute; por vez primera en su despacho, se arrodill&oacute; delante del f&oacute;sil. &iquest;Pero qu&eacute; haces? &#8211; le pregunt&oacute; Dart. Rindo respetos a mi antepasado, le contest&oacute;Broom, para asombro y halago de Dart.<\/p>\n<p>Broom lleg&oacute; a ser director del museo de Pretoria. Interesado por los f&oacute;siles de las antiguas canteras, envi&oacute; a su alumno John Robinson a recorrer las explotaciones mineras de la zona, la mayor&iacute;a ya abandonadas, en busca de posibles yacimientos de f&oacute;siles. As&iacute;, Robinson lleg&oacute; por vez primera a la cueva de Sterkfontein, donde advirti&oacute; su enorme potencial.<\/p>\n<p>Animado por las noticias deRobinson, Broom se traslad&oacute; hasta las canteras de Sterkfontein. Cuentan que cuando las vio, qued&oacute; asombrado por su riqueza fosil&iacute;fera. Al parecer ense&ntilde;&oacute;una foto del cr&aacute;neo del ni&ntilde;o de Taungal due&ntilde;o, pregunt&aacute;ndole si hab&iacute;a visto algo parecido. El se&ntilde;or sonri&oacute; y le respondi&oacute;: Espera que os voy a dar una sorpresa. Les mostr&oacute; entonces un trozo de cr&aacute;neo fosilizado que guardaba en una caseta. Broom qued&oacute; definitivamente convencido de la riqueza del yacimiento y junto a Robinson y otros estudiantes comenzaron a excavarlo en 1936. Pronto lograron encontrar un ejemplar de <em>Australophitecus<\/em>, de m&aacute;s de 2,5 millones de a&ntilde;os, lo que confirmar&iacute;a la tesis del Ni&ntilde;o de Taung.<\/p>\n<p>Tras el par&oacute;n de la Segunda Guerra Mundial, retomaron los trabajos. En 1947 apareci&oacute; un espectacular cr&aacute;neo de <em>Australopithecus africanus<\/em>, pr&aacute;cticamente completo, de m&aacute;s de 3 millones de a&ntilde;os de antig&uuml;edad, que bautizaron como Mrs Ples, la se&ntilde;ora Ples, y que se convertir&iacute;a en todo un icono internacional. Su utiliz&oacute; dinamita y el cr&aacute;neo apareci&oacute; partido entre dos bloques. El yacimiento de Sterkfontein se revel&oacute; a partir de entonces como trascendente. El mito de Piltdown cay&oacute; y &Aacute;frica se convertir&iacute;a en la cuna de la humanidad. Pronto, la universidad de Berkeley comenz&oacute; a trabajar en el yacimiento, lo que le concedi&oacute; mayor relevancia internacional.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; A d&iacute;a de hoy han aparecido miles de restos en Sterkfontein, que suponen m&aacute;s de un centenar de individuos australopitecos, un n&uacute;mero descomunal dada su extraordinaria antig&uuml;edad. Tambi&eacute;n se han encontrado dientes de Par&aacute;ntropos y miles de piezas de industrias l&iacute;ticas olduvayenses y achelenses. Pocos yacimientos han contribuido m&aacute;s al conocimiento de nuestro azaroso caminar evolutivo que esta famosa caverna del Transvaal.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<\/p>\n<p>SWARTKRANS<\/p>\n<p>Desde Sterkfontein nos trasladamos hasta el yacimiento de Swartkrans, ubicado en una colina vecina, tambi&eacute;n usado como antigua cantera de caliza. Tras una caminata, llegamos a la cueva, inicialmente explotada por los mineros del XIX. Una collera de b&uacute;hos arranc&oacute; a volar, sobresaltados por nuestra presencia, lo que evidencia las pocas visitas que recibe y el abandono del lugar. Broom y Robinson comenzaron a excavarla en 1943. Bob Brain se incorporar&iacute;a al equipo, aunque, por desavenencias, lo abandon&oacute; para asentarse durante un tiempo en Namibia. En 1965 Robinson se march&oacute; como profesor universitario a EEUU y Bob Brain regresa, formulando la tesis de las acumulaciones por causas naturales en las cavernas. Hasta la presente, se han descubierto restos de cuatro individuos de <em>Homo erectus<\/em> y, al menos, de cuarenta y cinco par&aacute;ntropos de entre 1,8 y 2,25 millones de a&ntilde;os, as&iacute; como m&aacute;s de 2.000 piezas de industria l&iacute;tica olduvayense de talla bipolar, la que significa una talla r&aacute;pida, para uso inmediato. En este yacimiento, como en todos los de Sud&aacute;frica, el <em>Homo habilis<\/em> es inexistente.<\/p>\n<p>Tras la caminata de regreso, nos dirigimos en nuestros veh&iacute;culos hasta el<em>Bothongo Rino and Lion Park<\/em>, una reserva natural de 1.600 hect&aacute;reas, habilitada para el turismo. Almorzamos en su restaurante Neck and Deck, y, bajo la batuta de Stephanie Baker, su directora de excavaci&oacute;n, nos dispusimos a conocer el yacimiento de Drimoli, enclavado en el coraz&oacute;n de la reserva natural, al que llegamos tras una traves&iacute;a por caminos de tierra a bordo de un todoterreno, lo que nos permiti&oacute; admirar la rica fauna africana del lugar: ant&iacute;lopes diversos, gacelas, &ntilde;us y, sobre todo, algunos espectaculares ejemplares de rinoceronte blanco,alegraron nuestro camino y forzaron alguna parada para grabar su parsimonioso caminar.<\/p>\n<p>Llegamos hasta la caverna de Drimolen, trabajada por los mineros, primero, y en fase de excavaci&oacute;n actual, que dar&aacute; mucho que hablar. Su proceso de sedimentaci&oacute;n y colmataci&oacute;n, ocurrido har&aacute; unos dos millones de a&ntilde;os, apenas si dur&oacute;cien mil a&ntilde;os, lo cual permite la f&aacute;cil dataci&oacute;n de sus f&oacute;siles, pr&aacute;cticamente contempor&aacute;neos. Los f&oacute;siles sobresalen de las paredes, lo que nos da una muestra de la enorme riqueza que atesora. Adem&aacute;s de los hom&iacute;nidos, el yacimiento es rico en restos de carn&iacute;voros: dos especies de<em>Dinofelis<\/em> (diente de sable), leopardos, dos especies de hienas, f&eacute;lidos no identificados y chacales.<\/p>\n<p><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/arqueomania.es\/attachments\/Image\/20230414_141405.jpg\" alt=\"CRANEO DE MRS. PLES. FOTO PIMENTEL\">CRANEO DE MRS. PLES. FOTO PIMENTEL<\/p>\n<p>El yacimiento fue descubierto por Keiser en 1992, tras localizar la calera. Inmediatamente busc&oacute; entre los bloques de desecho y no tard&oacute; en encontrar abundancia de f&oacute;siles. En 1994 descubri&oacute; el cr&aacute;neo m&aacute;s completo de <em>Paranthropus<\/em>, el conocido como DNH7, correspondiente a una hembra. Posteriormente se encontrar&iacute;a muy cerca el cr&aacute;neo de un macho, por lo que los investigadores, coloquialmente, los conocen como Orfeo y Eur&iacute;dice.Se han localizado hasta la fecha unos 350 restos, que corresponden con un m&iacute;nimo de doce individuos de par&aacute;ntropo.<\/p>\n<p>En el yacimiento tambi&eacute;n se han excavado los restos m&aacute;s antiguos conocidos hasta la fecha de <em>Homo erectus<\/em>. Sin embargo, apenas ha aparecido industria l&iacute;tica.Pero las sorpresas, a buen seguro, continuar&aacute;n. Tanto Baquedano como Dom&iacute;nguez-Rodrigo nos confirman el enorme potencial del yacimiento.<\/p>\n<p>Antes de marcharnos del lugar, nos acercamos hasta una cueva vecina, a&uacute;n no excavada, pero cohabitada por hienas y erizos, seg&uacute;n atestiguan las largas p&uacute;as que encontramos en su boca. Y, como espl&eacute;ndida despedida, una rinoceronte seguida por su cr&iacute;a, se cruza en nuestro camino de regreso, lo que nos obliga a una nueva parada para grabarla con nuestras c&aacute;maras y asombro.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>MALAPA<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La fundaci&oacute;n Lee Berger posee un peque&ntilde;o, pero recomendable, museo junto al <em>Cradle boutique hotel<\/em>, puerta de una extensa reserva natural de doce mil hect&aacute;reas que atravesamos hasta llegar a los yacimientos. Primero, el de Malapa, que alcanzamos tras m&aacute;s de cuarenta y cinco minutos de traves&iacute;a por pistas de tierra rodeada de fauna y naturaleza.<\/p>\n<p>El paleoantrop&oacute;logo Lee Berger localiz&oacute; la antigua cantera de Malapa por Google Earth. Al llegar, comprob&oacute; que, por razones desconocidas, los mineros, tras dinamitar una peque&ntilde;a fosa, la abandonaron sin llegar a explotarla. Berger lleg&oacute; hasta ella para prospectarla superficialmente, en busca de f&oacute;siles. Tras un buen rato, al no encontrar nada, decidi&oacute; abandonarla. Fue en ese momento, cuando su hijo Mattheu, de nueve a&ntilde;os, que le acompa&ntilde;aba, le grit&oacute; que un hueso sobresal&iacute;a de la piedra que sosten&iacute;a entre sus manos. Para su sorpresa, Berger descubri&oacute; un hueso que parec&iacute;a una clav&iacute;cula humana. Redobl&oacute; entonces su busca y localiz&oacute;, incrustada en un bloque de caliza, un trozo de mand&iacute;bula con un diente de hom&iacute;nido. Acaba de descubrirse un extraordinario yacimiento que, a pesar de lo reducido de sus dimensiones ya ha permitido recuperar dos esqueletos casi completos de una nueva especie, el <em>Australopithecus sediba<\/em>, el australopiteco m&aacute;s moderno y, seg&uacute;n Berger, antecesor directo del <em>Homo ergaster<\/em>. Al parecer, tienen localizados y pendientes de excavar, los restos de tres individuos m&aacute;s, un n&uacute;mero prodigioso para las dimensiones del lugar.<\/p>\n<p>La zona donde se enclava, en las cercan&iacute;as de un arroyo, los leopardos abundan. El gu&iacute;a, al llegar, nos advirti&oacute; que hab&iacute;an observado merodeando por las cercan&iacute;as a un chacal rabioso, aconsej&aacute;ndonos que nos refugi&aacute;ramos en el coche en el caso que apareciera. Nos pareci&oacute; una acumulaci&oacute;n de hom&iacute;nidos realmente sorprendente para un yacimiento tan reducido y superficial.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>GLADYSVALE<\/p>\n<p>Nuestra siguiente visita fue al yacimiento de Gladysvale, una enorme caverna vaciada por los mineros y en cuyas galer&iacute;as profundas excavan ahora los paleoantrop&oacute;logos que, adem&aacute;s de abundant&iacute;sima fauna, han encontrado dos dientes de par&aacute;ntropos. Los bloques de brecha, depositados en el exterior, se muestran repletos de f&oacute;siles, todav&iacute;a pendientes de estudio. Mientras los observ&aacute;bamos, calibrando el ingente trabajo todav&iacute;a por realizar, los gritos de unos papiones cercanos, pero ocultos por la maleza, parec&iacute;an retarnos desde su parentesco de primate.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>RAISING STAR CAVE<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Y, finalizaremos nuestra cr&oacute;nica por el principio, tal y como nos lo permite el privilegio de narrador. Dado que a estas alturas ya conocemos los yacimientos y a los personajes que lo descubrieron podremos comprender mejor los debates y conclusiones de las dos visitas que realizamos la misma jornada que aterrizamos en Johannesburgo procedentes de El Cairo.<\/p>\n<p>Comenzamos entonces con la visita a un yacimiento excepcional, <em>Raising Star Cave<\/em>. Aunque fue descubierta y citada en 1913 y visitada por espele&oacute;logos entre 1960 y 1980, no ser&iacute;a hasta 2013 cuando comenzaron los descubrimientos de restos humanos. Un grupo de espele&oacute;logos hall&oacute; una profunda c&aacute;mara, de acceso complicado con el suelo lleno de huesos. Tan nuevos parec&iacute;an, que pensaron que se tratar&iacute;an de los de un espele&oacute;logo desaparecido a&ntilde;os atr&aacute;s. El paleoantrop&oacute;logo Lee Berger, que ya conocemos como descubridor de Malapa, organiz&oacute; la excavaci&oacute;n seleccionando a seis cient&iacute;ficas mujeres, que han recuperado m&aacute;s de mil restos correspondientes a, por lo menos, una docena de individuos. En otra c&aacute;mara se descubrieron tambi&eacute;n miles de restos, asignados a unos quince individuos. Todav&iacute;a no ha aparecido ninguna pieza l&iacute;tica. Sorprende la enorme cantidad de hom&iacute;nidos encontrados, ninguno con se&ntilde;al de haber sido arrastrados por carn&iacute;voros ni por corriente de agua, lo que hizo que Berger postulara que fueron depositados antr&oacute;picamente tras su muerte.<\/p>\n<p>En 2016 publica la nueva especie en <em>eLife<\/em> bautiz&aacute;ndola como <em>Homo naledi<\/em>, con una dataci&oacute;n propuesta inicialmente de unos dos millones de a&ntilde;os de antig&uuml;edad, dado su aspecto general similar a los primeros Homo. Algunos a&ntilde;os m&aacute;s tarde, se revis&oacute; la dataci&oacute;n por series de uranio-torio realizadas por Arnold Lee con un sorprendente resultado. El espeleotema que cubr&iacute;a los restos se dat&oacute; en fecha mucho m&aacute;s reciente, lo que hizo determinar que la antig&uuml;edad de los <em>Homo naledi<\/em> era de unos 335.000 y 236.000 a&ntilde;os. El debate estaba servido. &iquest;C&oacute;mo pod&iacute;a haber llegado un homo de un aspecto tan arcaico hasta fechas tan recientes? &iquest;C&oacute;mo pod&iacute;an tener comportamientos rituales? A d&iacute;a de hoy es uno de los grandes debates tanto antropol&oacute;gico como filogen&eacute;tico que seguiremos atentamente.<\/p>\n<p>En la misma finca cercada, a apenas doscientos metros, nos muestran una nueva cueva, bautizada como UW105, que ha arrojado grandes resultados. Un esqueleto completo de <em>Australopiteco<\/em> espera ser extra&iacute;do que la brecha que lo alberga. Tambi&eacute;n presenta, al parecer, caracter&iacute;sticas muy especiales, lo que podr&iacute;an significar una nueva especie, seg&uacute;n nos dicen.<\/p>\n<p>Para nosotros supuso una honda emoci&oacute;n entrar en la cueva, atravesando sus estrecheces, sabedores que nos encontr&aacute;bamos en un important&iacute;simo yacimiento todav&iacute;a muy poco visitado. Todo un privilegio que valoramos en lo mucho que supone para los cient&iacute;ficos y los amantes de la paleoantropolog&iacute;a.<\/p>\n<p>Y, mientras coment&aacute;bamos lo visto, nos dispusimos a conocer un museo singular. Y para ello, nos dirigimos hacia Pretoria.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>MUSEO DE HISTORIA NATURAL<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El Museo de Historia Natural de Pretoria &ndash; sede del gobierno del pa&iacute;s &ndash; ocupa un gran y armonioso edificio monumental, de aspecto cl&aacute;sico, con un extenso frontal columnado. Posee una extensa colecci&oacute;n de animales naturalizados, aunque sus verdaderas joyas se albergan en una sala acorazada. Sala Broom, leemos en su entrada, en honor al ya conocido por nosotros paleoantrop&oacute;logo que descubriera el primer cr&aacute;neo de par&aacute;ntropo y que definiera la inesperada especie, que convivi&oacute; con los &uacute;ltimos australopitecos y los primeros homos y de la que a&uacute;n tenemos mucho por aprender. Entrar en aquel santuario de la paleoantropolog&iacute;a internacional, abrigado por estanter&iacute;as de madera repleta de valios&iacute;simos f&oacute;siles, nos produjo una honda emoci&oacute;n, en especial cuando sostuvimos sobre nuestras manos algunos de los m&aacute;s famosos del planeta, como la c&eacute;lebre mrs Ples, la se&ntilde;ora Ples, el primer cr&aacute;neo, en este caso femenino, de un australopiteco. Los par&aacute;ntropos, australopitecos, <em>Homo ergaster<\/em> y otros muchos m&aacute;s, que se custodian en la sala Broom, dieron fe de la extraordinaria riqueza de los yacimientos sudafricanos que nos dispon&iacute;amos a conocer.<\/p>\n<p>El responsable del museo extrajo de una caja una pieza muy especial que Manuel Dom&iacute;nguez-Rodrigo y Enrique Baquedano ten&iacute;an especial inter&eacute;s en estudiar. Se trataba de un f&oacute;sil famoso porque sirvi&oacute; de base a Bob Brain para postular que los australopitecos no eran esos seres agresivos, carn&iacute;voros y terror&iacute;ficos, tal y como se les hab&iacute;a pintado hasta entonces, sino que, en verdad, eran presas de los grandes carn&iacute;voros.&nbsp; De cazador a cazado. &iquest;Y en qu&eacute; se fundament&oacute; para proponer esa tesis tan rompedora? Pues precisamente en el trozo de cr&aacute;neo de australopiteco o de par&aacute;ntropo que nos acababan de sacar y que hab&iacute;a aparecido a&ntilde;os atr&aacute;s en la cueva de Swartkrans con dos claras mordeduras de los colmillos de un gran carn&iacute;voro.&nbsp; Como quiera que apareciera tambi&eacute;n el f&oacute;sil de una mand&iacute;bula de leopardo cuyos colmillos encajaban en las mordeduras, se postul&oacute; que el individuo fue cazado y conducido hasta la cueva para ser devorado por el gran felino. Lo dicho, de cazador a cazado.<\/p>\n<p>Tras el detallado an&aacute;lisis de la pieza, Dom&iacute;nguez-Rodrigo y Baquedano llegaron a unas curiosas conclusiones que animar&aacute;n, una vez confirmadas y publicadas el ya de por si agitado debate paleoantropol&oacute;gico. Por eso, preferimos no adelantar acontecimientos y mantener el suspense por ahora hasta que, a buen seguro, podamos leerlas en una revista cient&iacute;fica de impacto.<\/p>\n<p>Comenzaba el viaje con la lectura de los genios concentrados en Jena que postularon el &lt;&lt;yo&gt;&gt; rom&aacute;ntico. La finalizo con mi reconocimiento a todos los paleoantrop&oacute;logos, presentes y pasados, que con su esforzado quehacer colaboran a completar nuestro &lt;&lt;nos&gt;&gt; colectivo. Mientras no alumbremos los extensos periodos todav&iacute;a oscuros de nuestro caminar evolutivo no lograremos estar completos como especie. Disipar la amnesia de nuestro pasado es alumbrar con luces largas las brumas de nuestro futuro, ya digital.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Manuel Pimentel Siles<\/p>\n<p>Publicado parcialmente en <a href=\"http:\/\/www.theobjetive.com\/\">www.theobjetive.com<\/a> el 20\/04\/2023<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><a href=\"..\/..\/home\/se-volvera-excavar-en-orce-el-proyecto-de-investigacion-encabezado-por-juan-manuel-jimenez-arenas-recibe-el-respaldo-de-la-junta-de-andalucia-durante-4-anos-mas\/\">&laquo; Anterior<\/a> | <a href=\"..\/..\/home\/lee-berger-y-sus-muchachos-del-pleistoceno\/\">Siquiente &raquo;<\/a><a href=\"..\/..\/\">Atr\u00e1s<\/a><\/p>\n<p><noscript><\/p>\n<p>\t\t\tEl soporte de JavaScript no est\u00e1 activado en su navegador. Para ver el contenido de esta p\u00e1gina, active JavaScript. 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