{"id":1003,"date":"2024-08-29T10:00:00","date_gmt":"2024-08-29T10:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/arqueomania.es\/wordpress\/?p=import-3"},"modified":"2024-08-29T10:00:00","modified_gmt":"2024-08-29T10:00:00","slug":"setefilla-la-virgen-tartesica","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/arqueomania.es\/index.php\/2024\/08\/29\/setefilla-la-virgen-tartesica\/","title":{"rendered":"SETEFILLA, LA VIRGEN TART\u00c9SICA"},"content":{"rendered":"<p><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/arqueomania.es\/attachments\/Image\/setefilla-1.jpg\" alt=\"ERMITA DE SETEFILLA. FOTO PIMENTEL\">ERMITA DE SETEFILLA. FOTO PIMENTEL<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La Mesa de Setefilla, ubicada a unos nueve kil&oacute;metros al noreste de Lora del R&iacute;o, Sevilla, es uno de esos lugares condenados, desde su formaci&oacute;n geol&oacute;gica, a gozar de protagonismo arqueol&oacute;gico. Se encuentra ubicada en una cresta rocosa, en las estribaciones de la Sierra Morena, la de los silencios y la proverbial riqueza minera. Y, en arqueolog&iacute;a, adquiri&oacute; bien pronto protagonismo tart&eacute;sico, pues fue de los primeros lugares excavados que se asociaron directamente a su cultura.<\/p>\n<p>No la conoc&iacute;a, <em>mea culpa<\/em>, a pesar de haber pasado mil veces por la carretera que une C&oacute;rdoba a Sevilla por la margen derecha del Guadalquivir. Todav&iacute;a la llamamos la Carretera Vieja, vete a saber por qu&eacute;. Aunque el yacimiento gener&oacute; una informaci&oacute;n valiosa que es bien conocida por los arque&oacute;logos, durante las dos &uacute;ltimas d&eacute;cadas su importancia se ha desdibujado, porque hace mucho que no se excava y, tambi&eacute;n, por el l&oacute;gico protagonismo adquirido por los nuevos yacimientos que, como el de las Casas del Turru&ntilde;uelo, en Guare&ntilde;a, Badajoz, nos sorprenden y deslumbran con sus hallazgos. Sobre la Mesa se erige la actual ermita de Nuestra Se&ntilde;ora de Setefilla, patrona de Lora del R&iacute;o, sede de una famosa romer&iacute;a, de las m&aacute;s importante de Andaluc&iacute;a, tierra de las luminosas romer&iacute;as marianas. Raz&oacute;n de m&aacute;s para haberla visitado, pero, cosas de la vida, inexplicablemente no lo hice, aunque siempre se est&aacute; a tiempo de remediar la falta, nunca es tarde, si la dicha es buena.<\/p>\n<p>Este agosto de 2024, por fin, la visit&eacute;. Y s&eacute; que volver&eacute; a hacerlo, porque Setefilla me pareci&oacute;, sencillamente, una ubicaci&oacute;n excepcional, pr&oacute;diga en historia y paisajes. Intuyes la potencia de su yacimiento, aunque no lo ves. Paisaje, castillo y ermita reclaman toda la atenci&oacute;n, pero, paseando por sus mesetas, percibes sus entra&ntilde;as tartesias, de las que disponemos, afortunadamente, estudios e informaci&oacute;n arqueol&oacute;gica, aunque mucho del material encontrado en sus primeras excavaciones desapareciera durante nuestra Guerra Civil, de tan triste recuerdo y dif&iacute;cil olvido.<\/p>\n<p>Y comenzamos nuestra ruta a lo grande, nada m&aacute;s ni nada menos que en la necr&oacute;polis de Carmona, la se&ntilde;orial, se&ntilde;ora de la arqueolog&iacute;a andaluza. Su caser&iacute;o blanco &ndash; bell&iacute;simo -, sus iglesias y palacios, atesoran en su subsuelo la historia toda y destilada del promiscuo sur, esta tierra madre con todos coyundara para engendrar su cultura luminosa y pr&oacute;diga. Y, desde luego, la tartesia ocupa en ella un lugar destacado, tanto bajo la ciudad como en su famosa necr&oacute;polis, como lo demuestran losbell&iacute;simos vasos del grifo y de la flor de loto, de los siglos VII-VI a.C., encontrados en 1992 bajo el palacio del marqu&eacute;s de Saltillo, o los t&uacute;mulos tart&eacute;sicos que a&uacute;n se aprecian en la necr&oacute;polis, antecesores de los monumentales enterramientos hispanorromanos.<\/p>\n<p>La visita a la necr&oacute;polis siempre asombra. La ciudad de los muertos se situ&oacute; junto a la v&iacute;a que un&iacute;a dos grandes colosos del pasado, Carmo e Hispalis. Y, ya que nombramos a colosos, debemos hacer una breve glosa de George Bonsor (1855-1930) &ndash; conocido como Jorge Bonsor en estos lares -, por su extraordinario papel en el desarrollo de la arqueolog&iacute;a andaluza en general y tart&eacute;sica en particular. George Bonsor naci&oacute; en Francia, tuvo nacionalidad brit&aacute;nica y residi&oacute; en Espa&ntilde;a, tras conocerla en un largo viaje que realiz&oacute; tras finalizar sus estudios. Influido por los ideales y la visi&oacute;n de los viajeros europeos del XIX recorri&oacute; Espa&ntilde;a hasta que en Carmona encontrara el ambiente que le inspir&oacute;. Su amistad con el farmac&eacute;utico Juan Fern&aacute;ndez L&oacute;pez y con el excavador y comerciante de antig&uuml;edades &ndash; hoy ser&iacute;a denominado expoliador &ndash; Luis Reyes <em>el Calabazo<\/em>, hizo que se adentrara en el mundo de la arqueolog&iacute;a, siendo socio fundador de la Sociedad Arqueol&oacute;gica de Carmona, que tanta influencia tendr&iacute;a para el devenir arqueol&oacute;gico de la localidad.<\/p>\n<p>La necr&oacute;polis se encuentra en el Camino del Quemadero, toponimia que remite a las incineraciones ancestrales. Se conoc&iacute;a al menos desde 1868, aunque apenas hab&iacute;a sido excavada, m&aacute;s all&aacute; de los expolios puntuales. Juan Fern&aacute;ndez y George Bonsor adquirieron los terrenos en 1881 y comenzaron a excavarlo con m&eacute;todo, planos, fotograf&iacute;as y memorias, en 1882. Los descubrimientos de tumbas, algunas espectaculares, como las de Servilia o la del Elefante, se multiplicaron, siendo el primer yacimiento arqueol&oacute;gico espa&ntilde;ol excavado sistem&aacute;ticamente y abierto despu&eacute;s al p&uacute;blico.En 1930, Juan Fern&aacute;ndez y Jorge Bonsor, donaron los terrenos de la necr&oacute;polis al Estado, que, en 1931 lo declar&oacute; Monumento Nacional Hist&oacute;rico-Art&iacute;stico. La necr&oacute;polis, m&aacute;s all&aacute; de su monumentalidad, es un muestrario de la evoluci&oacute;n de los enterramientos y de c&oacute;mo el mundo tart&eacute;sico-turdetano fue transform&aacute;ndose en el hispano-romano, rico y cosmopolita.Cambiaron los ritos funerarios, los dioses y la arquitectura, pero el lugar de los muertos permaneci&oacute; inmutable a lo largo de los siglos.<\/p>\n<p>Bonsor, junto a Schulten y otros pioneros fueron los primeros interesados en los yacimientos protohist&oacute;ricos del sudoeste peninsular, como Luis Siret lo ser&iacute;a del sudeste. Tras excavar durante a&ntilde;os la necr&oacute;polis de Carmona, Bonsor aument&oacute; su inter&eacute;s por las culturas prerromanaslo que le hizo excavar diversas necr&oacute;polis y megalitos en Los Alcores. Fruto de estos trabajos public&oacute; en 1899 en la&nbsp;<em>RevueArcheologique<\/em>, bajo el t&iacute;tulo&nbsp;<em>Les coloniesagricolespre-romaines de la Vall&eacute;e du&nbsp;<\/em><a href=\"https:\/\/es.wikipedia.org\/wiki\/R%C3%ADo_Guadalquivir\"><em>Betis<\/em><\/a>, en el que formular&iacute;a una tesis que, b&aacute;sicamente, sigue siendo actual. La de que, desde finales del neol&iacute;tico, se desarroll&oacute; en el suroeste peninsular una rica civilizaci&oacute;n, que en contacto con los fenicios generar&iacute;a la conocida Tartessos, que se convertir&iacute;a, finalmente, en una de sus prioridades arqueol&oacute;gicas. Por eso, excav&oacute; en las islas inglesas de los Sorlingas, Scilly, en busca de las Casit&eacute;rides en las que nac&iacute;a la ruta de aquel esta&ntilde;o que har&iacute;a rico a los tartesios de los buenos tiempos. En las campa&ntilde;as de 1923 a 1925 colabor&oacute; en las famosas e infructuosas compa&ntilde;as de Adolf Schulten en Do&ntilde;ana, tras las que marchar&iacute;a a excavar en las Mesas de Setefilla que nos ocupan.<img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/arqueomania.es\/attachments\/Image\/setefilla-2.jpg\" alt=\"SETEFILLA, FOTO PIMENTEL\">SETEFILLA, FOTO PIMENTEL<\/p>\n<p>Nos despedimos de la impresionante necr&oacute;polis de Carmona y de sus amables profesionales para viajar hasta el t&eacute;rmino municipal de Lora del R&iacute;o, en el que se enclava el yacimiento tart&eacute;sico de Setefilla, que pusiera en conocimiento p&uacute;blico el famoso y ya conocido para nosotros Jorge Bonsor, tantas veces citado en estas l&iacute;neas. Ya en carretera, atr&aacute;s quedaba la gran ciudad, Carmo, la tart&eacute;sica, encaramada en su alcor, dominando vegas, campi&ntilde;as y tesoros. Delante nuestra, la l&iacute;nea oscura de la misteriosa Sierra Morena, pre&ntilde;ada del metal que enriquecer&iacute;an nuestra protohistoria y que a&uacute;n se explota cinco mil a&ntilde;os despu&eacute;s. Qu&eacute; veinte a&ntilde;os no son nada, que canta el tango sabio. Tampoco, al parecer, cinco mil a&ntilde;os de miner&iacute;a ininterrumpida. Pues bien, todav&iacute;a bajo la evocaci&oacute;n de la ciudad de los muertos, nos dispon&iacute;amos a disfrutar de la traves&iacute;a y sus vistas. Siempre me gust&oacute; la carretera que une Carmona con Lora del R&iacute;o. Su paisaje ondulado supone un canto a las campi&ntilde;as f&eacute;rtiles desde la antig&uuml;edad. O, al menos, lo supon&iacute;a. Porque, acostumbrado a atravesartrigales y rastrojos, habituado a sus girasoles de calor, una grave agresi&oacute;n me alarm&oacute;. El paisajeestaba mutandocon horrorosa rapidez. Cientos de hect&aacute;reas de suelo cultivable estaban siendo transformadas para la instalaci&oacute;n de campos fotovoltaicos, un aut&eacute;ntico horror est&eacute;tico y medioambiental. Compartiendo la bondad de las energ&iacute;as renovables, no es razonable, ni entendible, ni l&oacute;gico, el restar suelo agr&iacute;cola por unas superficies cuasindustriales, de negras placas solares, estructuras de acero, cimentaciones de hormig&oacute;n, caminos, cercas met&aacute;licas y subestaciones zumbonas, un aut&eacute;ntico horror paisaj&iacute;stico y biocida. Para impedir el crecimiento del forraje,por ejemplo, los suelos ser&aacute;n tratados con herbicidas sist&eacute;micos, hasta que queden envenenados, muertos y yermos. No les interesa la vida, les interesa la electricidad del sol.Nos venden &ndash; y nosotros compramos &ndash; el que se trata de instalaciones sostenibles y ecol&oacute;gicas, cuando no imaginamos una pesadilla m&aacute;s invasora y antiecol&oacute;gica. El d&iacute;a que alguien grite el rey est&aacute; desnudo, seremos consciente del ecocidio de las dichosas placas, del que estamos siendo c&oacute;mplices necesarios, bobos y felices. Que una cosa es que las coloquen sobre cubiertas de edificaciones &ndash; estupendo &#8211; y, otra bien distinta, desgraciando suelo rural.<\/p>\n<p>&nbsp;Pero no permitiremos que la visi&oacute;n de aquel engendro fatal amargara una ma&ntilde;ana de descubrimientos. Regresemos, pues, a nuestra ruta arqueol&oacute;gica, que es lo que nos ocupa. Dejamos las campi&ntilde;as para adentrarnos en las feraces vegas de regad&iacute;o. Tras cruzar el Guadalquivir, dejamos a la izquierda la ciudad de Lora &#8211; al parecer su toponimia nos remite a laurel &#8211; para dirigirnos a las cercanas estribaciones de Sierra Morena. El terreno, todav&iacute;a zona de regad&iacute;o, con frutales, naranjos, olivares y alguna que otra besana de algod&oacute;n, comienza a elevarse. Dejamos a nuestra derecha la peque&ntilde;a aldea de colonizaci&oacute;n de Setefilla, de apenas doscientos habitantes, construida en los sesenta del siglo pasdoal calor de la zona regable del pantano del Bemb&eacute;zar.<\/p>\n<p>Las curvas se van haciendo m&aacute;s pronunciadas y la carretera m&aacute;s estrecha cuando, de repente, asoma sobre nosotros la Mesa de Setefilla, recortada por su cresta elevada y sus cantiles rectos, cortados en vertical. El destacado accidente se encuentra coronado porlas ruinas del castillo que se encaramara, feroz, sobre su roquedo. A sus pies,la blanca ermita &ndash; tambi&eacute;n santuario e iglesia prioral &#8211; de Nuestra Se&ntilde;ora de Setefilla, nada m&aacute;s ni nada menos, lugar de devoci&oacute;n y peregrinaci&oacute;n para miles de devotos. La actual ermita tiene su ra&iacute;z en la antigua iglesia levantada por la Orden de San Juan del Hospital de Jerusal&eacute;n en 1282.Durante los siglos XVII y XVIII se acrecent&oacute; y tom&oacute; la forma que derivar&iacute;a en la que hoy conocemos.<\/p>\n<p>Estamos ante uno de esos lugares condenados desde el principio de los tiempos a ser materia arqueol&oacute;gica, como dec&iacute;amos al inicio de estas l&iacute;neas. La geograf&iacute;a y los azares geol&oacute;gicos as&iacute; lo determinaron. El r&iacute;o Guadalbacar, afluente del Guadalquivir, labr&oacute; con paciencia milenaria barrancos y cortados, protegiendo a la mesa por su cara norte y sus costados. Nos encantan esos lugares tenaces en el tiempo que a&uacute;n custodian la arcana sacralidad del lugar. Nuestra Se&ntilde;ora de Setefilla, la Serranita Hermosa, como le cantan sus fieles, patrona de la ciudad de Lora del R&iacute;o, es venerada por la devoci&oacute;n popular, que celebra la multitudinaria romer&iacute;a a principios de septiembre. Miles de romeros rezan y cantan con viva emoci&oacute;n a su virgen, sin ser conscientes que, miles de a&ntilde;os atr&aacute;s, quiz&aacute;s, en ese mismo lugar, sus antepasados tartesios veneraran festivamente, tambi&eacute;n, a la diosa madre que los amparaba. Qui&eacute;n sabe.<\/p>\n<p>El fen&oacute;meno de las romer&iacute;as siempre me llam&oacute; la atenci&oacute;n. Particip&eacute;, en mi juventud, en mucha de ellas, comulgando con la devoci&oacute;n de la fiesta. Vivi&eacute;ndolas, pero siendo consciente de su hondura antropol&oacute;gica. Los caracteres cambiaban, las sonrisas y abrazos se multiplicaban, las l&aacute;grimas afloraban, el vino corr&iacute;a. La extra&ntilde;a mezcolanza de la devoci&oacute;n mariana &ndash; sincera y sentida -, con los excesos b&aacute;quicos, generaba una fort&iacute;sima explosi&oacute;n sensorial, que conformaba una intensa experiencia espiritual &ndash; as&iacute; podemos llamarla &#8211; nada can&oacute;nica ni ortodoxa, por cierto. &iquest;C&oacute;mo era posible rezar a la virgen con l&aacute;grimas en los ojos para, a continuaci&oacute;n, beber sin l&iacute;mite, bailar y ser pasto de desenfreno? &iquest;C&oacute;mo pasar del &eacute;xtasis m&iacute;stico a la seducci&oacute;n carnal bajo los efectos del mucho vino? Fue en el Roc&iacute;o, muchos a&ntilde;os atr&aacute;s, cuando comprend&iacute; que, en verdad, particip&aacute;bamos de un rito dionisiaco, sin ser conscientes de ello. S&iacute;, la antigua diosa de la fertilidad deseaba ser venerada a trav&eacute;s de ritos dionisiacos, donde se bebiera, bailara y amara, en una antiqu&iacute;simaceremonia colectiva y popular, sensual y sensorial. Religi&oacute;n y placer, espiritualidad popular andaluza. Estas important&iacute;simas v&iacute;rgenes del sur no desean ser veneradas con el dolor ni el sacrificio, se les adora con el placer sensorial, que tambi&eacute;n es espiritualidad, pero de otra forma. Hizo bien la iglesia en adoptar sincr&eacute;ticamente los antiguos ritos paganos para sacralizarlos en la liturgia cat&oacute;lica, donde a veces encaja con pasador, pero que funciona, al fin y al cabo. Es el concepto de religiosidad popular, con unas profundas ra&iacute;ces antropol&oacute;gicas, hist&oacute;ricas y culturales que, a veces, nos descubren un pasado habitado m&aacute;s all&aacute; del silencio y frialdad de piedras y ruinas.&nbsp; Arqueolog&iacute;a antropol&oacute;gica, pero arqueolog&iacute;a, al final y al cabo.<\/p>\n<p>Donde se veneran a las grandes v&iacute;rgenes, lugar sagrado es. Al menos, para las gentes del pueblo, que guardan en su inconsciente colectivo los ritos de sus diosas ancestrales. Romer&iacute;as del Roc&iacute;o, en Almonte; de Setefilla, en Lora; de Valme, en Dos Hermanas; de Araceli en Lucena; de la virgen de la Cabeza, en And&uacute;jar, por citar solo algunas de las m&aacute;s conocidas. Cu&aacute;ntos secretos del pasado guardan sus cimientos y devoci&oacute;n. Hablar de la blanca ermita de la virgen de Setefilla, pues, es, tambi&eacute;n, hacerlo del alma arcana de ese lugar privilegiado. Por sus ra&iacute;ces, por asistir al nacimiento de la arqueolog&iacute;a tartesia, podemos, tambi&eacute;n, considerarla como virgen tart&eacute;sica a nuestros efectos. Intentamos entrar en la ermita, para saludar a la Se&ntilde;ora, pero la encontramos cerrada. Una pena, sentimos que la visita ser&aacute; incompleta. Recorremos la galer&iacute;a cubierta que la circunda y, entre sus arcos, divisamos el castillo altivo que a&uacute;n exhala fiereza, como si se resistiera a morir del todo.&nbsp;<\/p>\n<p>En efecto, arriba, sobre la meseta m&aacute;s elevada de la cresta, se yergue el poderoso castillo de Setefilla, sobre los cimientos de la antigua acr&oacute;polis tart&eacute;sica. La construcci&oacute;n visible es por entera medieval. La primera fortificaci&oacute;n se realiz&oacute; en el siglo IX, en el primer periodo andalus&iacute;, desde el 888 hasta 912, al parecer sobre las ruinas de un antiguo castro preexistente. El castillo Chanf-Fila, como aparece citado por el famoso viajero y ge&oacute;grafo Al Idrisi en el siglo XII, defend&iacute;a la v&iacute;a del Guadalquivir casi en el mismo l&iacute;mite de la cora de Sevilla, cercana ya a la de C&oacute;rdoba. Tras la conquista castellana por Fernando III, alrededor de 1243, se entreg&oacute; a la orden hospitalaria, que estableci&oacute; un bail&iacute;o que inclu&iacute;a siete localidades. Alfonso X lo cita como Septefillas, lo que algunos interpretan como las siete localidades hijas, quien sabe. Otras voces, como la de Antonio Manuel, consideran que Setefilla podr&iacute;a provenir de la misma ra&iacute;z &aacute;rabe xata\/xatafi\/xatif que da nombre a Getafe, que significa \u00ablo que est&aacute; a lo largo del camino\u00bb. Getafe, entre Madrid y Toledo. Y Setefilla, que est&aacute; entre Sevilla y C&oacute;rdoba, ser&iacute;a \u00abla que se encuentra a lo largo del camino\u00bb, literalmente \u00abXatifiya\u00bb. Quede aqu&iacute; recogida, tambi&eacute;n, esta sugerente posibilidad. Un poblado se estableci&oacute; junto al castillo, que ser&iacute;an abandonados en 1539, tras haber perdido su valor estrat&eacute;gico y defensivo sobre ese tramo medio del Guadalquivir.&nbsp;<img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/arqueomania.es\/attachments\/Image\/setefilla-3_3.jpg\" alt=\"SETEFILLA. FOTO PIMENTEL\">SETEFILLA. FOTO PIMENTEL<\/p>\n<p>Recorremos los dos patios del castillo, separados por una muralla interior. Ocupa una superficie superior a la que se percibe desde la ermita. Se aprecian distintos torreones y bastiones, en diferente grado de ruina. La torre del homenaje destaca, dado su volumen y mejor estado de conservaci&oacute;n. Tiene cuerpos constructivos incomunicados entre s&iacute;. Al inferior se accede a trav&eacute;s de una puerta del patio, junto a la que apreciamos los restos de un peque&ntilde;o aljibe abovedado, mientras que al cuerpo medio a trav&eacute;s del paseo de ronda sobre la muralla. Un castillo s&oacute;lo accesible por la pendiente suave que lo une con la meseta inferior donde la ermita reza a la reina de los cielos. Solo el imponente castillo de Almod&oacute;var del R&iacute;o competir&iacute;a en vistas y poder&iacute;o sobre el valle medio del Guadalquivir, entre C&oacute;rdoba y Sevilla.<\/p>\n<p>El yacimiento arqueol&oacute;gico tart&eacute;sico no se ve, pero se percibe y, sobre todo, en parte al menos, se conoce, porque fue parcialmente excavado, sobre todo dos t&uacute;mulos de su necr&oacute;polis.&nbsp; La relevancia arqueol&oacute;gica de la Mesa de Setefilla era ya conocida en el silgo XVIII. Pero fue el gran Bonsor el primero que lo excav&oacute;, como hiciera con otros tantos yacimientos protohist&oacute;ricos de la comarca. Explor&oacute; la zona en 1889, en busca de la antigua Axati, la ciudad romana que dar&iacute;a lugar a la actual Lora. Su fino olfato le hizo saber que se encontraba ante un importante yacimiento arqueol&oacute;gico. En 1901 regresa y realiza una descripci&oacute;n pormenorizada de la Mesa. Entre 1926 y 1927 excav&oacute; la necr&oacute;polis, junto a su ayudante Raymond Thouvenot. Acertadamente,la adscribi&oacute; a la cultura tart&eacute;sica, lo que supone todo un m&eacute;rito clarividente por la temprana fecha en la que la formul&oacute;. Dat&oacute; el yacimiento entre los siglos VII y VI a.C. en funci&oacute;n del material de car&aacute;cter orientalizante encontrado. Tras las excavaciones de Bonsor, el yacimiento quedar&iacute;a abandonado casi cincuenta a&ntilde;os hasta que, en 1973, Mar&iacute;a Eugenia Aubet (1944-2024) se interesara por los materiales encontrados en las excavaciones de Bonsor. Ese mismo a&ntilde;o comenzar&iacute;a a excavar el t&uacute;mulo A. En 1975 lo hizo en el t&uacute;mulo B, ambos ya trabajados previamente por Bonsor. Realizar&iacute;a posteriores excavaciones en 1976, 1980-81 y 1982, cuyos resultados publicar&iacute;a en art&iacute;culos y publicaciones diversas. Estos trabajos establecieron una secuencia de ocupaci&oacute;n ininterrumpida desdeel Bronce Medio hasta el periodo ib&eacute;rico, demostrando la relaci&oacute;n entre el poblado y la necr&oacute;polis.<\/p>\n<p>Los t&uacute;mulos excavados y estudiados por Aubet son estructuras complejas, con enterramientos m&uacute;ltiples, usados y removidos en distintas fases, con varios niveles de enterramientos y edificaci&oacute;n. Su c&aacute;mara fue expoliada desde la antig&uuml;edad o en la Edad Media, pues se encontraron en su interior cer&aacute;micas medievales. Las posteriores dataciones radiocarb&oacute;nicas, publicadas en 2017 por Brandherma y Krueger, demostraron que el nivel m&aacute;s antiguo pertenece al Bronce Medio, o quiz&aacute;s antes, aumentando la densidad de ocupaci&oacute;n durante la transici&oacute;n del Bronce al Hierro para llegar a su apogeo en los siglos VIII y VII a.C., es decir en pleno periodo orientalizante o tart&eacute;sico. Su construcci&oacute;n demuestra que fueron tra&iacute;das tierras de otros enterramientos remozados, no sabemos si por alguna l&oacute;gica ritual o por simple comodidad pr&aacute;ctica. Esta continuidad poblacional desde el Bronce medio al Hierro tiene valor, pues, por lo menos en esa zona, contradice la idea extendida de que se produjo una acusada despoblaci&oacute;n en el sudoeste peninsular en el Bronce final, a partir del 1100 a.C.lo que habr&iacute;a favorecido la colonizaci&oacute;n fenicia sobre un territorio despoblado. No parece que el an&aacute;lisis radiol&oacute;gico de los restos de Setefilla abonen esta tesis, dada la secuencia continuada de ocupaci&oacute;n, desde momentos, adem&aacute;s, algo m&aacute;s antiguos de los esperados.<\/p>\n<p>Mar&iacute;a Eugenia Aubet, catedr&aacute;tica de prehistoria de la universidad Pompeu Fabra, merece nuestro reconocimiento. Entre sus muchas publicaciones, destaco un interesant&iacute;simo estudio de los marfiles encontrados en yacimientos relativamente cercanos, como los de Bencarr&oacute;n, en Los Alcores de Alcal&aacute; de Guadaira, Santa Luc&iacute;a, en Mairena del Alcor y Setefilla, en Lora del R&iacute;o, todos ellos con motivos similares, claramente orientalizantes, con presencia de grifos y jinetes, que nos hablan de la presencia de talleres locales, aunque inspirado en los modelos del Mediterr&aacute;neo oriental, al parecer m&aacute;s motivados por su belleza est&eacute;tica que por su simbolog&iacute;a religiosa. Aubet llega a postular la existencia de un &uacute;nico taller, ubicado durante el siglo VI a.C. en alg&uacute;n punto del Valle inferior del Guadalquivir &ndash; desde Carmona a C&aacute;diz -, que logr&oacute; hacer obras originales, pero claramente inspiradas en el arte fenicio arcaico. Se han localizado algunas de estos marfiles tallado tart&eacute;sicos en otros puntos del Mediterr&aacute;neo, como Cartago o a la isla de Samos, pero se considera que su producci&oacute;n estaba dedicada &iacute;ntegramente al consumo local.<\/p>\n<p>Toca ya regresar a C&oacute;rdoba. Nos detenemos sobre el puente del r&iacute;o Guadalbacar, para despedirnos de la Mesa de Setefilla, que se advierte arriba, a lo lejos, en silente plegaria tart&eacute;sica. M&aacute;s adelante, observamos la imponente silueta del castillo de Almod&oacute;var del R&iacute;o, en perfecto estado de conservaci&oacute;n gracias a sucesivas restauraciones. Tuvo mejor suerte que el de Setefilla, su hermano arruinado. El Guadalquivir los une, qui&eacute;n sabe, si tambi&eacute;n, el pasado tart&eacute;sico que apenas si comenzamos a descubrir.&nbsp;&nbsp;&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Manuel Pimentel Siles<\/p>\n<p>Visitado 14\/08\/2024<\/p>\n<p><a href=\"..\/..\/home\/tejada-la-vieja-la-plata-tartesia\/\">&laquo; Anterior<\/a> | <a href=\"..\/..\/home\/hasta-siempre-karla\/\">Siquiente &raquo;<\/a><a href=\"..\/..\/\">Atr\u00e1s<\/a><\/p>\n<p><noscript><\/p>\n<p>\t\t\tEl soporte de JavaScript no est\u00e1 activado en su navegador. Para ver el contenido de esta p\u00e1gina, active JavaScript. 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