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LA TROYA ESPAÑOLA

Publicado 28/09/2018

MURALLAS DE ALCORRÍNMURALLAS DE ALCORRÍN

 

Es muy posible que ahí cerquita esté una de las puertas que daba acceso al interior de la fortaleza de Los Castillejos de Alcorrín. Debajo, a la izquierda, se aprecia un foso. Arriba, a la derecha, un baluarte, una torre.

Si se mira desde lejos la muralla de Alcorrín, con sus nueve torres, parece que estamos ante una de las grandes ciudades del oriente mediterráneo. Alcorrín es nuestra Troya. Carece de relato, de leyenda, pero no de arqueología. 

 Alcorrín se construyó entre los siglos IX y VIII a.C. Funcionó durante cien años, más o menos y luego fue abandonada con orden, fue evacuada. Sus ocupantes se marcharon para no volver jamás pero se llevaron sus pertenencias. No hubo demolición - o al menos no se ha detectado ninguna - ni incendio. Se desconoce la razón, al menos de momento.

Alcorrín abre las puertas del mundo indígena - de lo que pudiera ser Tartessos o su periferia - y a una relación política y comercial con los recién llegados, con los fenicios y toda la amalgama de pueblos orientales que se establecieron en la Península Ibérica durante la Edad del Hierro. 

El Instituto Arqueológico Alemán encarnado en la persona de su Directora en Madrid, Dirce Marzoli y el Centro de Estudios Fenicios y Púnicos, representado por José Suárez, están llevando a cabo un metódico estudio del yacimiento, que incluye la geofísica o la arqueometría, además de la excavación propiamente dicha. Este año nos han mostrado el trabajo de reconstrucción tridimensional con base fotogramétrica y es espectacular. 

Dirce y Pepe saben que analizan un yacimiento que puede cambiar muchas perspectivas. Lo que tienen entre manos es una puerta a un cambio de paradigma. Hasta ahora, el modelo de colonización fenicia se ha visto como el de los españoles en América, por poner un ejemplo. Un modelo en el que unos - los colonizadores - imponen una relación concreta a los otros - los colonizados. Y lo hacen por su superioridad tecnológica y militar. Pero edificaciones colosales como los Castillejos de Alcorrín pueden cambiar esta idea. 

La edificación de una muralla cuyo perímetro supera los dos mil metros, con refuerzos internos en forma de escalera, un grosor que alcanza los cinco metros y un interior del poblado o ciudad (tiene once hectáreas) con casas de estilo indígena y edificios rectangulares de inspiración oriental, nos deja ante un enigma arqueológico de los importantes. Esta magnífica fortaleza requirió pericia y personal para su construcción. Un fin, un plan previo y una ejecución diligente. 

Quizás estemos ante un modelo de negociado, de pacto, de relación entre pares, entre productores conscientes y comerciantes que vienen hasta el Mediterráneo occidental buscando productos concretos, por ejemplo el hierro o el estaño. 

Los Castillejos de Alcorrín dominaban el Estrecho y el paso al hinterland, a la Serranía de Ronda, a los metales. Sus constructores no fueron unos primitivos con taparrabo deslumbrados por baratijas orientales, no. 

Las relaciones de intercambio de materiales entre ambos extremos del Mediterráneo están documentadas desde - al menos - la Edad del Cobre, entre el cuarto y tercer milenio antes de Cristo. 

Después, hubo un parón, una marcha atrás, una grave crisis, al menos en el Suroeste peninsular. La Edad del Bronce fue más brillante en el Sureste, aunque eso no deba significar necesariamente un fenómeno de despoblación. Ahí está Setefilla, por ejemplo. 

Sin hablar de continuidad cultural, tampoco debemos hacernos a la idea de una península deshabitada o poblada por pueblos primitivos. No parece que Alcorrín sea fruto de una sociedad así. 

Tal vez estemos ante uno de los yacimientos más importantes del occidente mediterráneo. Nosotros empezamos a rodarlo hace siete años y estamos muy contentos de seguir haciéndolo. Larga vida a la Troya del Estrecho. 

 

Manuel Navarro


 

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