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Rodrigo de Balbín

Rodrigo de Balbín comenzó a trabajar en las grafías prehistóricas del antiguo Sahara español en los años 70. Allí comenzó a aplicar protocolos  de trabajo de carácter fotográfico,  cuando la mayor parte de los equipos hacían calcos directos. Poco después inició su relación con los estudios de Arte Paleolítico en la Península Ibérica en la cueva de Tito Bustillo, en la cueva de la Pasiega y en otros conjuntos cantábricos en los que desarrolló un protocolo de trabajo y de realización de calcos, cuyo impacto ha sido notable en la investigación de estos contextos cavernarios. Con su adscripción a la Universidad de Alcalá, recuperó el conocimiento del Arte Paleolítico en la Meseta, añadiendo localizaciones inéditas como la cueva del Reno y, sobre todo, un concepto totalmente distinto de las grafías de arte paleolítico en el Sur de Europa.

Su trabajo en Siega Verde, un yacimiento con rocas decoradas al aire libre  y sus valoraciones de las secuencias del arte del paleolítico superior al aire libre, han dado la vuelta a las clásicas lecturas del interior cavernario como  la única topografía del Arte paleolítico. En Europa y también en África, como él venía señalando desde hace tiempo, los cazadores del paleolítico Superior dejaron las zonas por las que transitaban marcadas con animales y signos idénticos a los que se realizaban en las cuevas

Ha planteado, además, la estrecha relación entre los lugares decorados y las actividades humanas más usuales como la habitación, matizando con sólidos argumentos la exclusiva adjudicación del arte paleolítico a significados en el marco de la idea de santuario. Altamira, Tito Bustillo o La Garma son excelentes casos de estudio para reflexionar sobre la relación entre áreas decoradas y áreas de habitación. Los yacimientos del Duero portugués al aire libre, especialmente Fariseu, apuntan en la misma dirección.

El tratamiento de estos símbolos como un elemento más del contexto de los grupos humanos que los realizan, pasa por aportar evidencias como análisis de colorantes, análisis de componentes en los muestreos de C14 y, últimamente, análisis de costras con el equipo que ha obtenido las más antiguas dataciones para el arte del paleolítico superior europeo en cuevas cantábricas.

En la actualidad continua con varias líneas de investigación. Por un lado el análisis de la evolución de las grafías postglaciares, al que ha aportado notables evidencias; por otro, sobre las decoraciones funerarias en sepulturas megalíticas. En los dos casos el equipo del Área de Prehistoria de la UAH que dirige está abriendo perspectivas inéditas para el conjunto de las grafías pintadas y grabadas que se conservan sobre nuestros antiguos paisajes como mudos testigos de un pasado, no tan lejano como parece.

 

Rodrigo de Balbín en Arqueomanía

 

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