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LOS HONDEROS DE SON FORNÉS

 

TALAYOT 1 DE SON FORNÉS. FOTO KURRO.TALAYOT 1 DE SON FORNÉS. FOTO KURRO.

 

No sé sabe muy bien cómo llegó a oídos de los cartagineses que en una isla perdida en medio del mar había unos hombres que destacaban por la precisión y fuerza de su lanzamiento con la honda. No se sabe muy bien cómo una sociedad - se supone que pacífica e igualitaria - generó una de las tropas de élite más famosas del Mundo Antiguo. Tampoco se sabe muy bien quienes fueron los primeros pobladores de las Islas Baleares y cómo operaron en su interior los cambios en la Prehistoria. De nuevo unas islas y de nuevo muchas preguntas. 

Las Baleares están mucho más cerca que las Canarias de la España peninsular y además en el Mar Mediterráneo, el mar que fue vehículo de culturas desde que los hombres empezaron a navegar. Paula Amengual y Lara Gelabert nos decían hoy que todas las islas - menos las Baleares - estaban pobladas en torno al 7.000 antes de la Era. Aquí, la primera comunidad pudo establecerse en el 2.300 a.C. Al menos eso es lo que puede desprenderse de los datos actuales. Es mucho tiempo después, miles de años después que el resto de las islas mediterráneas. Este hecho, en si mismo, ya constituye una rareza. 

De nuevo un grupo humano que arriba a una isla y se olvida del mundo. Vienen con sus animales y con su conocimiento. Al principio, ocupan la Sierra de Tramontana y construyen dólmenes. Después, van esparciéndose por las llanuras y edifican navetas. 

Alrededor del mil a.C. se genera el mundo talayótico. Un mundo que en boca de Paula Amengual y Lara Gelabert debió ser pacífico y socialmente poco estratificado. Las gentes de los talayots pudieron ser comunidades sin líderes claros, sin una fuerza ordenadora o dominante en la sociedad. Al contemplar los monumentos - los talayots - cuesta pensar que se emplearan únicamente como torres de vigilancia o lugar de reparto de carne. Es un esfuerzo edilicio muy importante para una comunidad de estas características. Por desgracia no hay necrópolis conocidas, ni mundo funerario pueda ayudar a los científicos a desentrañar los mecanismos sociales de estas comunidades. Pero todo se andará, no es descartable que pueda ser descubierto en cualquier excavación.

Los habitantes del poblado talayótico de Son Fornés superaron la época "clásica" que llega hasta el quinientos antes de Cristo - aproximadamente - y poco a poco fueron entrando en la geopolítica y el melting pot mediterráneo.   Mercenarios de postín, sus honderos sembraron la muerte y el terror por las riberas del Mare Nostrum. Al volver, muchos de ellos serían hombres de posibles. Y eso quizás, sólo quizás, generó una desigualdad social en aquella comunidad de iguales que fue el poblado talayótico de Son Fornés. 

Mañana, si Poseidón lo permite, llegaremos a Menorca para seguir esta singladura por la Prehistoria de las Islas Baleares. 

 

 

M.N.


 

LOS DOMADORES DE CIERVOS

ANTROPOMORFO Y CIERVO EN UN ABRIGO DEL RÍO VEROANTROPOMORFO Y CIERVO EN UN ABRIGO DEL RÍO VERO

El vuelo de los buitres leonados es majestuoso. La timidez del quebrantahuesos se adivina en los lejanos riscos de los barrancos del Río Vero. Estamos en el Somontano, en el pie de monte, en las estribaciones de Los Pirineos. La localidad oscense de Colungo es un lugar de gente brava, de personas duras, aclimatadas a un medio bello pero reacio a la prodigalidad. Son frugales estos aragoneses. Nos dicen que en tiempos de estraperlo los colunganos descolgaban los alambiques por los barrancos para hacer su aguardiente evitando a la Benemérita. Si se jugaban el tipo por un panal de miel, ¿Por qué no hacerlo para procurarse un disfrute? La vida pasa, hay que aprovechar los buenos ratos. Tempus fugit. 

Hemos pasado toda la noche en un barco que nos ha traído a Palma de Mallorca desde Valencia. Una singladura navegada un millón de veces, desde la noche de los tiempos. Hay espacios marcados como un tatuaje en la piel; caminos horadados. Otros lugares - en cambio - son señalados con el siempre caprichoso trazo de una mano humana. El arte rupestre es un buen ejemplo de ello, ¿o no?

Al mirar la plástica de aquellas lejanas sociedades se corre el riesgo de caer en un abismo, de tener una certeza descorazonadora: en el fondo nunca sabremos por qué pintaban las cosas que pintaban ni por qué elegían unos lugares y no otros. Cuando miramos el arte rupestre, miramos a los ojos de la duda, del secreto. Nunca habrá una clave, una máquina Enigma para descifrarlo. Pero lo desconocido no debe alejarnos, es más, lo misterioso nos atrae con fuerza. La curiosidad, como es bien sabido, es la madre del progreso. 

Además, el hecho de saber que estamos ante un hecho insondable en gran medida, permite que la "loca de la casa" vuele a su antojo. Es un hecho: llevo escuchadas muchas interpretaciones y son eso, interpretaciones. 

Hace un par de días, visitando el Centro de Interpretación del Arte Rupestre del Río Vero en Colungo reparamos en la reproducción de una pintura que mostraba un antropomorfo - con tipo de chamán - delante de un ciervo. La mano del individuo se acercaba al hocico del animal que parecía mostrar una actitud de sumisión (ya que agachaba su enorme cabeza y su cuerna). 

Nunca había visto algo así. Y luego, Nieves Juste, la Gerente del Parque Cultural del Río Vero me dice que hay varios casos en los abrigos del Barranco del Vero, que no estamos ante un unicum. Le pregunto por si recuerda algún paralelismo - nosotros no lo hacemos - y me responde que no. De entrada, con las debidas reservas, no hay casos de hombres y ciervos representados sobre abrigos o cuevas con esa peculiar actitud en la que el hombre tiende la mano y el venado parece olisquear o comer de la misma. 

Y claro, la imaginación se activa y plantea una duda:  ¿serían estos somontanos prehistóricos domadores de ciervos? ¿Estamos ante la plasmación de un rito de iniciación como los masai cuando van al león? ¿Es una idealización? 

Hay animales de ese tipo - como el reno - que han sido domesticados, pero no sé si la arqueología o la antropología registran un hecho cinegético y cultural así. Desde luego, en la actualidad, se domestican, bien sea en granjas ex profeso, bien en casos particulares. El secreto - al parecer - está en tratar a los animales desde jóvenes. Los viejos venados - como todos  los viejos - son reacios al cambio de costumbres. 

Si el registro arqueológico - por pedir que no quede - demostrara alguna relación material - bien con huesos trabajados o bien con la colocación de cadáveres de ciervos en un lugar especial o junto a humanos - quizás podríamos hablar de una cultura que domesticó al ciervo. 

De momento podemos afirmar que se afanaron en representar a hombres y ciervos en los escarpados abrigos del Barranco del Río Vero. 

Nos espera la arqueología de las Baleares. Os seguimos contando. 

 

M.N. 

EL VALLE DE LOS (RITOS) NEANDERTALES

ARSUAGA AYER DURANTE LA ENTREVISTA EN PINILLAARSUAGA AYER DURANTE LA ENTREVISTA EN PINILLA

Hay que ser muy buen científico y además ser un tipo fajado para defender en un congreso y una publicación que los neandertales del Valle del Lozoya, que los neandertales de Pinilla del Valle, realizaban actividades simbólicas, que ese calvero frente al viejo glaciar puede ser un santuario de la otra humanidad, esa que nos dejó - o a la que extinguimos - hace entre 20.000 y 40.000 años. Los neandertales son una especie fósil, extinta, aunque guardemos de ella un remoto recuerdo. Un recuerdo que la ciencia cifra entre el 2% y el 4% del genoma. 

Ayer preguntamos a Enrique Baquedano y a Juan Luis Arsuaga si no temían ser tachados de heterodoxos al plantear - siquiera - si los neandertales podían haber dedicado un santuario - a no se sabe muy bien qué - en Pinilla del Valle. Como son los dos buenos científicos y tipos fajados, respondieron al unísono que no. Además, no se trataba de una cuestión apriorística. El hecho de plantear esta hipótesis viene determinado por los datos, por las pruebas. Y las pruebas, el análisis de sus conclusiones, hacen que esta sea la hipótesis más factible. Por decirlo sencillamente: otra explicación - al menos de momento - no hay.  

En la península hay varios casos que inducen a pensar que los neandertales poseían un mundo simbólico: Gorham Cave en Gibraltar, Cueva Antón en Murcia, quizás la Sima de las Palomas y el Sidrón. Lo curioso es que no se repite el modus operandi en ninguno de los casos. 

El científico, los científicos, deben ser rigurosos, pero también creativos; deben dar la vuelta al prisma, subirse de puntillas a una mesa llena de papeles o bajarse a la placa del microscopio. A veces el científico debe sentarse y mirar un atardecer en un paisaje y tratar de ver lo que "ellos" vieron. Al ser individuos que viven de la prueba y la estadística deben conocer cuanto más, mejor. Si nunca han asistido, por ejemplo, a una cacería ¿Cómo pueden saber lo fácil o difícil que resulta abatir un búfalo? 

En Pinilla del Valle había animales muy grandes y los neandertales les dieron caza. Luego destacaron especialmente los cráneos de los más grandes, de aquellos ejemplares que infundían un temor reverencial a toda la comunidad. Apìlaron cráneos con alguna intención. ¿Totémica? ¿De prestigio? ¿Eran psicopompos aquellos animales?

El bestiario de Pinilla está íntimamente unido a los hombres. A aquellos tipos fajados que cazaban uros y rinocerontes y veían ponerse el sol sobre las cumbres nevadas.

M.N.


 

 

EL RÍO DE LOS MENSAJESCARMEN RODANDO AYER CERCA DE VILA VELHA DO RODAOCARMEN RODANDO AYER CERCA DE VILA VELHA DO RODAO

 

Decía Marshall McLuhan que "el medio es el mensaje". Medio y mensaje funcionan como una pareja de baile bien avenida. Si el medio se altera, el mensaje se pierde, se distorsiona. El hombre - las sociedades humanas - funciona de manera similar. A medida que visitamos yacimientos comprobamos que la vinculación de las personas con su medio y clima es el vector diferencial más importante. Imposible resulta - por tanto - comprender un periodo histórico de una sociedad concreta sin entender bien su ambiente. 

El término medio en este caso tiene más un carácter de escenario, pero en el caso del que vamos a hablar hoy, el entorno es también un medio de comunicación. Por dos razones: porque un río es una vía de comunicación humana extraordinaria - gracias a su navegación -  y porque el río del que vamos a hablar cedió sus orillas como un soporte de escritura, como un inmenso lienzo, como un libro en blanco. 

Este libro fue utilizado durante miles de años, desde el Paleolítico Superior hasta la Edad de los Metales como un  "tablón de anuncios", como el plano del tesoro y como el estudio de un pintor. Los habitantes de las riberas del Tajo dejaron el mensaje en sus oscuras rocas a modo de grabados indelebles. 

Ayer, zarpamos desde Vila Velha De Rodao camino de una incursión en el corazón del río Tajo, en las entrañas de su historia. El río que rompe en el Océano Tenebroso al pie de la Ciudad de la Luz avanza encajonado entre barrancos y cortados. La frontera española - ya borrada - está cerca. Muchos montes cercanos están pavorosamente quemados. Es desolador avanzar por Portugal y que se pierda la vista por las montañas que se desparraman durante kilómetros de autovías y carreteras secundarias. Hay gritos en este silencio. Hay silencios cómplices. 

El arte rupestre de las riberas del Tajo se descubrió hace cuatro décadas. Parte ya, se encuentra sumergido bajo aguas embalsadas. Quizá hemos mirado mucho al Mediterráneo y poco al Atlántico. Tal vez sea la hora de descifrar las orillas del Río de los Mensajes. 

 

M.N. 

 


 

EL MUSEO CANARIO Y EL CEMENTERIO DE ESCLAVOS DE FINCA CLAVIJOMUSEO CANARIO. FOTO KURROMUSEO CANARIO. FOTO KURRO

 

Las Islas Canarias en general, y la de Gran Canaria en particular, poseen una arqueología tan espectacular como poco conocida, probablemente por salirse del canon cronológico de sus contemporáneos. La excepcional atemporalidad de la arqueología canaria y su singularidad con respecto a la peninsular y a la magrebí dificulta su comprensión y son muchas las interrogantes aún abiertas acerca de su pasado. ¿Cuándo arribaron por vez primera sus antiguos pobladores? ¿De dónde venían? ¿Navegaron entre islas o vivieron en permanente aislamiento? ¿Por qué permanecieron en el neolítico cuando provenían de la Edad del Hierro? ¿Vivieron en total aislamiento o mantuvieron esporádicos encuentros con comerciantes y marinos? Para conocer y divulgar la prehistoria canaria, Arqueomanía visitó el Museo Canario, una institución fundamental para la cultura y la historia de la isla, y que quizás albergue algunas de las respuestas a esas preguntas fundamentales.

La comunidad ilustrada de Las Palmas de Gran Canaria, al calor de las corrientes europeas que facilitó la creación de sociedades excursionistas y científicas, creó en 1879 la Sociedad Científica El Museo Canario, bajo el impulso de Gregorio Chil y Naranjo. El Museo Canario se orientó, inicialmente, a las Ciencias Naturales y al conocimiento histórico y arqueológico de la Isla de Gran Canaria, haciéndose eco del interés existente entre la burguesía local por las conocidas antigüedades canarias, que iban descubriéndose en sucesivas excavaciones y expediciones. El museo se inauguró en 1880 y pronto logró reunir una importante colección, ubicada en algunas salas de la planta superior del ayuntamiento. El crecimiento de los fondos desbordó el espacio disponible, lo que hizo necesario el traslado. Gregorio Chil legó a su muerte su propia casa y la valiosa biblioteca con casi ocho mil volúmenes, así como su gran colección personal de piezas arqueológicas. Algún tiempo después, el museo se trasladó a la espléndida finca del barrio de la Vegueta, que se agrandó con la adquisición de algunas otras viviendas colindantes, hasta ocupar la soberbia edificación que hoy disfruta. El Museo Canario sigue siendo hoy una asociación privada, aunque con una intensa relación con el Cabildo grancanario, ya que, de hecho, funciona como museo arqueológico provincial, donde, además de la rica colección expuesta, se gestiona el almacén y depósito de piezas arqueológicas y se dispone de un laboratorio abierto para la investigación.

Visitamos el Museo Canario de la mano de su conservadora, Teresa Delgado, que nos explica sus colecciones y el estado actual de las investigaciones arqueológicas de Gran Canaria, entre las que destacan yacimientos con gran sonoridad e importancia, como Cueva Pintada, Risco Caído, la Fortaleza, el Cenobio Valerón o la Cueva de las Cuatro Puertas. Ella misma ha impulsado dos importantes programas de investigación que han arrojado interesantes resultados. Por una parte, se evidencia que la sociedad primitiva grancanaria fue muy violenta, a tenor del alto porcentaje de contusiones y heridas – algunas letales – que presentan los cráneos de los enterramientos excavados. Por otra, al estudiar con detalle las momias, se descubre que el proceso de momificación es natural, no artificial, mediante desecación ambiente, sin evisceración ni tratamiento alguno. Además de su envoltorio en pieles – mayor número de lienzos a medida que el enterramiento es más rico – la momia grancanaria es también envuelta en tejidos de fibra vegetal, a diferencia de las momias guanches, que sólo lo hacen sólo con piel.

En el Museo Canario destacan las riquísimas colecciones de cerámicas - realmente impresionantes -, y las de ídolos y tintoreras, una especie de sellos cerámico de motivos geométricos que parecen identificar a la familia. También resultan muy llamativas las colecciones de curtidos de pieles – de sorprendente calidad tanto en acabado como en cosido – y de tejidos con diversas fibras vegetales, como junco y palma. Resaltamos, dentro de las colecciones de industria lítica, los picos de basalto usados para excavar las cuevas, así como las lascas de obsidiana, roca valiosísima para los canarios primitivos, que excavaban costosas galerías para su extracción.

Pero el plato fuerte del museo es la riquísima colección de cráneos y momias que ocupan una gran sala al modo de los gabinetes del XIX. Centenares de cráneos se exponen ante el visitante, que se siente intimidado ante su mirada inquisitorial y vacía. Herederos de las corrientes de craneometría de Broca, los primeros investigadores del XIX escudriñaron los cráneos de los canarios prehispánicos para tratar de desentrañar en ellos los misterios de su forma de ser y de pensar. Hoy quedan como solemne reliquia de un modo pretérito de entender y abordar la ciencia, mientras envuelven, macabros y solemnes, las espléndidas momias expuestas. MOMIA CANARIA. MUSEO CANARIO. FOTO KURROMOMIA CANARIA. MUSEO CANARIO. FOTO KURRO

Y también debe reseñarse como atractivo del museo las bibliotecas históricas que dispone, tanto en la sala de entrada en la que se ubica la tienda, como en la sala interior Cabrera y Rodríguez, con sus espléndidos y ricos muebles en madera de dos pisos, que atesoran miles de libros sobre la historia y arqueología de Gran Canaria.

El Museo Canario es una visita obligada tanto para los visitantes que desean conocer la historia de la isla, como para los investigadores que escudriñan su pasado. Arqueomanía, además de grabar el museo, tenía especial interés en conocer una curiosa y apasionante investigación arqueológica que tuvo lugar en su seno y que llevó al descubrimiento del primer cementerio de esclavos conocidos en suelo español.

Y es que, a veces, la arqueología, a modo detectivesco, logra resolver misteriosos enigmas del pasado. Pongámonos en escena. En 2009, al hacer unas obras de abastecimiento de aguas en Santa María de Guía, localidad situada a unos veinte kilómetros de la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria, aparecieron unos restos humanos enterrados en foso, componiendo una desconcertante necrópolis. Los restos se dataron a principios del siglo XVI, cuanto los enterramientos ya se practicaban según el rito católico. ¿Quiénes eran, entonces, las personas enterradas de forma tan extraña? Conocemos de mano de su descubridor, Jonathan Santana, cómo la ciencia permitió descubrir el primer cementerio de esclavos encontrado en España.

Bajo la superficie excavada aparecieron los restos de catorce personas, enterradas de manera diferente, pero algunas envueltas en sudario y de lado, al modo islámico. Ese modo de enterramiento llamó poderosamente la atención de los investigadores. Una moneda encontrada sobre uno de los restos, quizás en un modesto rito funerario, fue fechada a principios del siglo XVI, cronología coincidente con las dataciones por Carbono 14. Consultadas diversas fuentes, se descartó por completo la existencia de cementerio cristiano alguno en la zona, por lo que el misterio estaba servido. ¿Cómo era posible la existencia de un cementerio heterodoxo, con ritos musulmanes incluidos, en la cristiana Gran Canaria del siglo XVI? ¿Quiénes estaban enterrados allí?

Se formularon diversas hipótesis, pero pronto tomó fuerza la de la posibilidad de que se tratara de esclavos enterrados. Se hacía necesario, no obstante, su confirmación científica para poderlo confirmar. En primer lugar, se estudió el entorno histórico para confirmar que, a principios del siglo XVI comenzaron a llegar esclavos para atender las necesidades de las recientes plantaciones de caña de azúcar y de los ingenios que las procesaban. La prosperidad de esta industria fue efímera, pues en pocas décadas se trasladó al Caribe, más rentable y feraz. Pero durante este periodo existió una abundante colonia esclava, procedente de África. Al analizar el ADN de los restos se comprobó que el origen de los enterrados era tanto del África negra, como subsahariana, así como una mestiza con aborigen que, para mayor confusión, portaba una medallita de San Francisco de Asís, lo que podría indicar que fue bautizada en el cercano convento franciscano. 

El modesto y único ajuar de uno de los hombres enterrados consistía en un pequeño collar de cuentas de vidrio, muy frecuente entre los esclavos africanos del Caribe y de Norteamérica. Todo parecía coincidir y la tesis de que se trataban de esclavos se iba confirmando. Pero, dado que no se conocían necrópolis similares, se quiso contrastar con mayor rigor y para ello se recurrió al análisis de los isótopos estables de oxígeno, que demostró que al menos dos de los enterrados no habían nacido en Gran Canaria, sino en el África negra.

Si eran esclavos, probablemente habrían realizado un gran esfuerzo físico, por lo que se procedió a analizar detenidamente los restos. Los indicadores de actividad física no dejaron duda alguna. Pudimos grabar las vértebras de uno de los esclavos en las que eran perfectamente visibles las hernias sufridas por los sobrepesos soportados. También en las mujeres se observaron indicadores de gran actividad física en hombros y codos.

La investigación demuestra que la arqueología, con el uso de las técnicas adecuadas, realiza una tarea detectivesca del pasado. El Carbono 14, sobre todo, permite calcular la antigüedad de los restos; el análisis de ADN, su filiación genética; el análisis de los isótopos estables de oxígeno, el lugar de desarrollo; y la inspección de los restos permite averiguar edad, malformaciones, enfermedades y sobreesfuerzos. Los huesos arrojan una ingente información que las ciencias de la arqueología van aprendiendo a leer progresivamente. Al igual que el forense descubre las causas de la muerte del recién fallecido con una precisión sorprendente, los antropólogos físicos – existen otras denominaciones entre los arqueólogos, pero nos quedamos con ésta por ser la más habitual -, analizan los restos humanos del pasado tanto para conocer de qué murieron y qué enfermedades padecieron al tiempo que, sobre todo, determinan cómo vivieron, su dieta y sus hábitos.

Con los resultados de todas estas pruebas, la conclusión fue clara: en Finca Clavijo fueron enterrados esclavos de los ingenios azucareros de principios del siglo XVI. Nunca, hasta ese momento, se había conocido nada parecido, lo que pone en valor la investigación que tanto nos llamó la atención y que hemos querido narrar y divulgar.

Pero quedan aún muchas preguntas por responder y los espacios oscuros que la arqueología no resuelve, por salir de su ámbito, se pueden iluminar con la opinión o la imaginación. ¿Fueron cementerios clandestinos o sencillamente tolerados por unas autoridades del todo indiferentes a las costumbres de sus esclavos? ¿Estaban bautizados, como pudiera parecer por la medalla y por las costumbres de la época? ¿Tan sólo algunos mantuvieron su fe musulmana? ¿Por qué, los que eran cristianos, no se enterraron en el cementerio religioso como era habitual? ¿Era frecuente esa situación de alegalidad o estamos ante un unicum? ¿Son algunos de estos enteramientos una revancha clandestina contra los bautismos forzosos?

Las preguntas, como los versos, se las lleva el aire, mientras recordamos, con dolor, las muchas películas de esclavos que vimos en nuestra infancia, arrancados de sus familias y conducidos hacinados en barcos hasta remotas plantaciones. En nuestra inocencia, pensábamos que aquello sólo pudo ocurrir en el Caribe, cuando, en verdad, su sangre y sudor también bañó nuestro suelo. El espejo de la arqueología nos lo ha mostrado con toda dureza y nosotros así lo hemos contado. Pobres desgraciados. Que descansen en paz; no pudieron gozarla en vida.

 

Manuel Pimentel Siles.

 


 

LAS MOMIAS GUANCHES Y EL ESPÍRITU DEL VOLCÁNPIE MOMIFICADO COLECCIÓN  MUSEO DE SANTA CRUZ DE TENERIFEPIE MOMIFICADO COLECCIÓN MUSEO DE SANTA CRUZ DE TENERIFE

 

 Desde siempre, las momias han admirado y aterrado, por partes iguales, a la humanidad. Los cadáveres momificados parecen retar al paso delos tiempos en busca de una eternidad que les permita navegar por los siglos, al menos desde la antigüedad remota hasta nuestros días. Aunque las momias egipcias copan el protagonismo del conocimiento público, los antiguos guanches de Tenerife momificaron durante mil años a sus élites, con un nivel de sofisticación y conservación que nada tiene que envidiar a las del Nilo ni a las de los Andes.

Visitamos Santa Cruz de Tenerife, con objeto de conocer y grabar a estas momias espectaculares, auténticos iconos del mundo guanche. Llamamos guanches a los aborígenes tinerfeños que habitaron la isla desde principios de nuestra era hasta finales del siglo XV y principios del XVI, en el que fueron finalmente anexionados a Castilla. Por extensión, son muchos los que denominan guanches a los habitantes de todas las islas, aunque, si hablamos con propiedad, sólo lo serían los que habitaron en esta hermosa isla coronada por el omnipresente Teide, con permiso de las nubes, claro está.

La arqueología guanche, como en general toda la arqueología canaria, es tan apasionante como desconocida. Por eso, el interés y esfuerzo de Arqueomanía por divulgar su historia, su patrimonio y su cultura. Y para ello, vamos a visitar con detenimiento el Museo de la Naturaleza y el Hombre, en el que se nos muestra tanto la historia natural como la historia humana de la isla tinerfeña, acompañados por su director Conrado Rodríguez. Y, antes de enfrentarnos a los rostros de la muerte ancestral reflejados en su soberbia colección de momias, quizás deberíamos repasar algunos de los planteamientos fundacionales – y sus dudas consecuentes – de la arqueología canaria.

El primer misterio es el del origen. ¿Cuándo llegaron los primeros guanches? ¿De dónde procedían? No existe unanimidad en la respuesta, como hemos podido comprobar durante nuestro rodaje en Canarias. Mientras que, para unos, se dio un único repoblamiento inicial entre el siglo I y III de nuestra Era, que arribaría a las islas de Lanzarote y Fuerteventura y que desde allí colonizaría el resto del archipiélago, para otros, cada isla fue ocupada en distintos periodos por poblaciones diferentes, aunque todas tendrían un mismo origen genérico bereber. Así lo piensa Conrado, que considera que, a pesar de algunos restos que pudieran datarse en el siglo VIII antes de Cristo, la ocupación real de la isla no tendría lugar hasta el cambio de era, en la que, por motivos aún desconocidos, un grupo significativo de personas, junto a sus enseres, ganados y semillas, llegó – o fue traído – hasta Tenerife. Estos primeros pobladores no procederían, pues, de cualquiera de las islas más orientales, si no que provendrían directamente desde su emplazamiento original norteafricano. ¿Por qué esta extraña migración? Algunos hablan que en verdad son exiliados a la fuerza, por haberse rebelado contra el rey Juba II, otros responsabilizan a las deportaciones romanas mientras que algunas otras voces consideran que se trató de una migración más o menos voluntaria con fines económicos de repoblación con gentes del Atlas – de ahí las semillas y el ganado – para resultar finalmente abandonados. Sea como fuere, no existe discusión alguna en cuento a la procedencia de esas primeras poblaciones. Son bereberes, emigrados desde el norte de África, como parece confirmarlo el tipo de escritura de sus grabados – considerada como líbico-bereber -, así como el ADN de su población.

Otros de los misterios a los que la arqueología canaria se enfrenta es a su atemporalidad, a unos tiempos arqueológicos por completo diferentes y asíncronos con los que dominaron el norte de África y Europa. Los guanches, por lo menos a los efectos de su industria y armamento, permanecieron en el neolítico durante toda su existencia. Es cierto que su complejidad política y social permitiría asimilarlos a la Edad del Bronce, pero lo cierto es que nunca utilizaron los metales, limitándose a la talla de útiles en basalto y otras rocas, así como el trabajo en obsidiana, de la que extraían pequeñas y valiosas lascas. ¿Cómo es posible este inexplicable retraso tecnológico con respecto a sus poblaciones de origen? ¿Cómo explicar que gentes que salieron del norte de África en plena Edad del Hierro y bajo las influencias púnicas, primero, y romanas, después, regresaran a la Edad de Piedra? ¿Estamos ante una inédita reversión cultural? Corresponde a los arqueólogos responder a estas preguntas esenciales que, hoy por hoy, siguen retando a la razón y a la ciencia. 

 

Todas estas singularidades sólo podrían explicarse desde un total aislamiento que, según las evidencias arqueológicas, no se produjo. En la isla de Lobos se está excavando una factoría romana de púrpura, mientras que se han descubierto diversas piezas cerámicas púnicas, como la que se muestra en el museo de Santa Cruz, acompañada de embocaduras de ánforas romanas, una de ellas procedente de la Bética. Las Islas Canarias fueron conocidas desde la antigüedad, al menos desde los periplos púnicos, habiéndose descrito en textos romanos, árabes y andalusíes. ¿Cómo explicar el supuesto aislamiento? ¿Acaso no comerciaron? En el museo podemos observar varios grabados guanches que representan barcos. ¿Se escondieron de ellos, acaso? ¿Nunca contactaron, entonces? Más preguntas sin respuesta sopladas al aire transparente de las Islas Afortunadas.

Los hábitos de las distintas poblaciones canarias fueron similares. Los guanches, como los habitantes del resto de las islas, dependían de sus ganados de cabras, ovejas y cerdos, aunque también cultivaron distintos cereales y legumbres. La isla quedó dividida en nueve menceyatos, con un Mencey jefe a la cabeza, que rivalizaron y combatieron entre sí, como muestra las numerosas heridas y contusiones que evidencian los muchos restos estudiados.Pero, aunque la vida de los guanches fue similar a la de los habitantes del resto de las islas, no lo fueron ante la muerte. El culto a la muerte protagonizó las creencias guanches que se expresaron mediante el rito de la momificación.Mientras que en Gran Canaria parece que la momificación fue un proceso natural, fruto de la desecación ambiente, en Tenerife exigió un cuidadoso y exigente proceso, que los guanches dominaron durante siglos. Primero, dejaban secar el cuerpo sin eviscerar, cubriéndolo de productos desecantes como la piedra pómez y la ceniza. Una vez evacuados todos los flujos, el cuerpo se untaban con distintas esencias, para finalmente ser envueltos en lienzos de piel y depositados en cuevas inaccesibles. Sólo a los poderosos – hombres, mujeres y niños – les estaba reservado el rito que les abriría las puertas de la eternidad.

La colección de momias del museo es espléndida, sobrecogedora. La excelente conservación de los restos permite que podamos observar piel, uñas e, incluso, cintas de cuero de una de las sandalias. Algunas de estas momias han logrado ser rescatadas desde colecciones extranjeras, hacia las que salieron a finales del XIX y principios del XX. Afortunadamente para la ciencia, hoy se muestran en su propia tierra, de la que nunca tuvieron que salir.

Las momias guanches, con su estremecedora ambición de eternidad, nos sobrecogen y atraen. Las cuencas vacías de sus ojos parecen observar, impasibles, el paso de los siglos. Pero nadie muere del todo mientras alguien le recuerda.  Por eso, quizás, estos guanches antiguos consiguieran la eternidad que persiguieron al momificarse. Más de mil años después, seguimos asombrándonos ante sus momias perfectas, que parecen hablarnos desde el eco de los tiempos. Las leyendas y las crónicas narran la existencia de la cueva de las mil momias. Quién sabe si son ciertas y, en el interior de alguna cueva sellada, perdida y oculta del Tenerife profundo, mil momias siguen aguardándonos desde su cápsula de eternidad, en comunión con el silencio y con la reverencia debida al espíritu del volcán, padre y señor de Tenerife.

 

 

 

Manuel Pimentel Siles.


 

LA FORTALEZA Y LA HUMIAGA, EL SANTUARIO SAGRADO DE LAS MAUGUADAS

VISTA DESDE LA FORTALEZAVISTA DESDE LA FORTALEZA

Ascendemos por la carretera serpenteante, bordeando los profundos barrancos de la Caldera de Tirajana, al sureste de la Isla de Gran Canaria, cuando, de repente, el afilado crespón aparece ante nosotros, retando a cielos y a hombres, como la aleta gris de un gigantesco tiburón telúrico. Tres roques alineados, Titana, Fortaleza Grande y Fortaleza Chica, emergen, desde el fondo del barranco, para elevarse, verticales e inaccesibles, con su colosal oración en basalto. Las montañas, para los aborígenes de la isla, eran lugares sagrados por estar más cerca de Dios, de Acorán, el señor de los cielos: sobre ellas erigieron sus santuarios más venerados y visitados. Las crónicas nos hablan de dos santuarios principales, el de Tirma, al norte de la Isla y, sobre todo, el de Humiaga, situado en el sur.

La localización de Humiaga, el mítico santuario de los aborígenes de Tamarán, antiguo nombre de Gran Canaria, ha sido uno de los grandes retos de la arqueología, para el que varias han sido las localizaciones propuestas. El equipo de arqueólogos de Tibicena, dirigidos por Marco Moreno, defiende, armado de contundentes razones, que Humiaga se localiza en el enclave de La Fortaleza, en el actual municipio de Santa Lucía de Tirajana. Tradicionalmente, la Fortaleza se asoció al lugar de Ansite, el último enclave de la resistencia heroica de los aborígenes frente a la conquista castellana. El 29 de abril de 1483 los nativos se rindieron. Su líder, Bentejuí, prefirió la muerte antes que la entrega, y se suicidó al arrojarse al vacío junto al faycán o Gran Sacerdote de Telde al célebre grito de ¡Atis Tirma! Sin embargo, las excavaciones arqueológicas realizadas en la Fortaleza no muestran evidencias de sitio ni de lucha, ni, tampoco, el lugar parece adecuado para refugiarse ante un asedio, por lo que lo más probable es que las luchas epilogales del mundo indígena se desarrollaran en el vecino Macizo de Amurga que, con sus más de mil metros de altura, proporcionaría protección suficiente para la resistencia.

A pesar de su nombre militar, La Fortaleza no es un enclave defensivo, sino uno de los lugares más sagrados y antiguos del mundo aborigen. Enclavado en ese risco imposible, que rasga el cielo con los colmillos afilados de los tres roques, la Fortaleza es, con mucha probabilidad, el gran santuario de Humiaga que hoy vamos a visitar.

Un poblado, compuesto por treinta o cuarenta casas de sólida construcción, con plantas circulares y cruciformes y muros de piedra, se sitúan en la base del único camino que permite ascender a las alturas de la Fortaleza. Estas casas parecen asociarse a los cultos sagrados del lugar, y pudieron ser lugares de sacrificios previos, ofrendas, descanso o comercio sagrado para atender las grandes romerías de fieles que acudirían en las fiestas solares a reverenciar a los dioses de sus ancestros. Los restos de un hombre y de una mujer aparecieron en una cueva situada en la parte alta del santuario, en un lugar destacado del culto. Se han datado en el siglo V de nuestra era, lo que se considera como el enterramiento fundacional del Santuario, que tuvo una prolongada existencia, desde el siglo V hasta finales del XV. Mil años de oración a Acorán y de veneración a los santones primigenios allí enterrados.

Los grabados antropomorfos que jalonarán el camino representan a mujeres – con su típica túnica – y a hombres, lo que nos remite a que el culto bien pudiera ser dirigido por sacerdotes o por sacerdotisas, quizás por las célebres mauguadas, vírgenes cantadas en las crónicas. KURRO GRABANDO UN PLANO EN EL LÍMITE DE LA FORTALEZAKURRO GRABANDO UN PLANO EN EL LÍMITE DE LA FORTALEZA

Iniciamos el camino de ascenso. Al alzar la mirada, la sola visión de las elevadas crestas, nos produce vértigo. ¿Se puede ascender realmente hasta allí arriba?, pensamos con respeto. Marco Moreno, codirector de los trabajos de investigación, nos explica apasionado cómo las grandes murallas que nos parece advertir desde abajo son en verdad, el soporte del camino que nos llevará hasta cerca de los dioses, componiendo un monumental zigurat en los que la mano del hombre modula sabiamente los agrestes relieves de la naturaleza. Por estos muros que se aprecian desde la base se bautizó al lugar como la Fortaleza, cuando, en verdad, se trata del soporte de una senda espiritual que transcurre por una vía predeterminada, franqueados por grabados antropomorfos que ayudan a purificar nuestra alma mientras ascendemos – a veces escalamos – entre cortados de basaltos volcánicos, abrazados por la flora suculenta tan característica de los lugares áridos, como la Tabaida, el Verol, el Balillo o la Vinagrera. A media ladera nos encontramos con una gran cueva-túnel- que atraviesa por completo, de un lado a otro, el gran crespón que ascendemos. En el ocaso de los solsticios, el sol lo atraviesa, para configurar un espectáculo que asombraría a las gentes del ayer. Marco nos explica que, más allá de la evidente razón paisajística, la hierofanía – la cualidad de lo sagrado – la otorga la orientación de los rayos del sol en solsticios y equinoccios. De alguna, nos encontramos ante un gigantesco templo solar, como comprobaremos definitivamente en sus alturas. Parece que, para los aborígenes, el sol era hembra y la luna macho, una inversión tan endémica como sugerente.

A partir de la cueva, el camino se estrecha y aún se hace más vertical. Escalamos hasta llegar al nivel de los grandes muros que sostienen el camino. Y arriba, en la cordada del crespón, con el abismo a un lado y otro, sabemos que, en efecto, estamos cerca de Dios. Las vistas sobre la enorme Caldera Tirajana sobrecogen nuestro ánimo y enamoran nuestro corazón. El camino de purificación y de iniciación se sublima desde el equilibrio de una línea colgada entre precipicios horadados por cuevas. Continuamos entre construcciones ciclópeas con orientación solar, que los primeros visitantes bautizaron como braseros, en los que aparecen cenizas. Estos braseros no se encontraban cubiertos y el fuego -o el humo – de aquellas hogueras podrían advertirse desde el inmenso espacio que la circunda. Los aborígenes pastoreaban cabras, ovejas y cerdos, que, a buen seguro, ofrecerían como valiosas ofrendas, aunque es probable que tan sólo cabeza y extremidades fueran quemadas en los braseros superiores. Los muros ciclópeos de estos braseros muestran una sorprendente perfección en su construcción y ajuste, con un evidente carácter monumental y escenográfico.

Todavía es posible ascender algo más, entre pequeñas cuevas y grabados, hasta llegar al nivel más elevado, al de los elegidos, donde se dominan cielos y tierra. Y, sobre estas alturas del Tirijana, más covachas y grabados, con la sensación de percibir el canto grave y mudo de un mundo mágico que desapareció para siempre para mestizarse con la sangre y las creencias nuevas que arribaban, arrolladoras, desde Europa en barcos de velas infladas por los vientos inevitables de la historia.

La Fortaleza ofrece una muestra completa de la arqueología grancanaria. Necrópolis en cueva y en túmulo, casas circulares y cruciformes, pinturas y grabados rupestres, muros ciclópeos y cuevas santuario. Una enciclopedia del pasado que los arqueólogos habrán de leer y descifrar para todos nosotros. Todo un recital arqueológico que, milagrosamente, ha logrado llegar casi intacto hasta nuestros días. ¿Y cómo es esto posible? Quizás las leyendas que cubrieron con una capa de terror el lugar lo protegieron durante siglos de visitas indeseables. Cuenta el francés René Verneau – que investigó someramente el lugar en el XIX – que los lugareños, con el cura a la cabeza, le desaconsejaron que ascendiera a la Fortaleza. Los viejos contaban en las noches estrelladas que un tesoro de monedas de plata se encontraba dentro de una piel de vaca, colgada en una de sus muchas cuevas. El viento, al moverla, las hacía sonar, atrayendo a algún incauto. Al ascender hacia la cueva, una mano negra, que parecía salir de la nada, cortaba la cuerda y el pobre desgraciado moría despeñado. Con esos precedentes populares, es normal que nadie tuviera demasiado interés en retar a esa misteriosa guardiana – quien sabe si la última mauguada – que ejecutaba fatalmente la sentencia capital para el osado profanador.

Terminaba nuestra visita y, desde los cielos, descendimos a la tierra; y desde las cosas de los dioses, nos hubimos de ocupar de las humanas necesidades. En torno a una mesa, disfrutamos de un delicioso plato de carne cabra en compañía de Francisco García, el concejal de Santa Lucía al que tanto debe el yacimiento.

 De regreso a Las Palmas, nos detuvimos para admirar, de nuevo, el perfil de los roques sagrados, solemnes, serenos y herméticos. Parece que, por fin, tras muchos años de soportar por equívoco una cota de malla y un traje de guerrero que nunca le encajaron, la arqueología le devuelve su túnica sacra y su verdadero sentido fundacional, el acercar a los hombres hasta los dioses de las alturas. Humiaga reaparece sobre el basalto que la consagró, rescatada del olvido por una ciencia tan tenaz como clarividente. Y nosotros estuvimos allí para contarlo…

 

Manuel Pimentel Siles


 

HISTORIAS DE LUZ

 

EL SOL DEL AMANECER PINTA RISCO CAÍDOEL SOL DEL AMANECER PINTA RISCO CAÍDO

 

"¡Qué mis ejércitos sean las rocas y los árboles y los pájaros del cielo!" En esos términos el profesor Jones (Sean Connery, el padre) se dirigía a Junior (Harrison Ford, el hijo) parafraseando - según el guión de "Indiana Jones y la última cruzada" a Carlomagno, mientras caminaba por una playa solitaria vestido con su elegante traje de tweed. 

Algo así, parece que pensaron los sabios y los iniciados de las montañas sagradas de los canarios cuando decidieron dejar el testigo de su historia a las generaciones venideras. Como si de un relato borgiano se tratara, el Guanarteme y los sacerdotes se reunieron en el Tagoror para codificar su mensaje. Había que buscar un sistema imperecedero, sólo al alcance de los que poblaron este mundo de roques y calderas. Entonces los arquitectos y los astrónomos diseñaron una máquina que decodificara la antigua sabiduría de este pueblo. 

Muchos siglos después, un investigador, Julio Cuenca estaba rastreando el Barranco Hondo, allí donde el Risco Caído se esconde y descubrió la vieja máquina astronómica de los canarios. Al principio no se dio cuenta. Pero pasaron los años y se percató. Había que estar allí al amanecer, justo entre los meses que van desde el equinoccio de primavera al de otoño. Entonces, solo entonces, la pintura de la luz del sol naciente iba iluminando el antiguo panel poblado de casas estelares y símbolos de feminidad. El arcano del calendario, quedó así grabado en una cueva remota hasta el final de los tiempos. Los canarios habían inventado una cámara oscura, un relato casi cinematográfico que los iniciados podían revivir seis meses al año. La memoria quedó así, a salvo. O eso pensaron. 

 

LA CUEVA PINTADALA CUEVA PINTADALa eternidad es demasiado inasible, lejana y prolongada. Aquellos que creen proyectar su testamento hacia un inagotable futuro deberían pensar en buscar un aliado, o en dejar el libro de instrucciones. De lo contrario, los alambicados relatos corren el riesgo de perderse en las profundidades del Universo.

 

Esta mañana a las seis y media, esperábamos a Julio Cuenca en una cafetería situada junto a la iglesia principal de Vega de San Mateo. El establecimiento irradiaba paz. Un matrimonio maduro regenta el local. El marido hace churros sin dar un ruido mientras la mujer despacha en la barra con una amabilidad y ternura desbordantes. Nos desayunamos y partimos hacia las montañas sagradas. Por el camino vemos perros inquietos que van a su primera cacería. Ladran. Después, volvemos a verlos - juguetones y curiosos - por la senda que conduce al Risco. 

La luz del día empieza a estar presente, clarea sobre los roques. No sé muy bien si esto se parece más a Nuevo México o a Palawan. Los templos de los viejos canarios recuerdan - siquiera un poco - a los poblados de los navajos. 

Después del prodigio abandonamos el Barranco Hondo. Por un laberinto de intrincadas carreteras, avanzando por encima de la vieja colada volcánica en la que se edificó la necrópolis de Maipés. A lo lejos, los pinos sobre las altas cimas. Estas carreteras son una danza incesante. Pero en un rato avistamos Gáldar y visitamos el yacimiento de Cueva Pintada. Jorge Onrubia nos da pelos y señales de las primeras poblaciones llegadas hasta aquí, y de como al final, siempre hay un final, se integraron en un mundo que no era el suyo. Los tiempos tienen su signo y a veces es inútil luchar contra él. Vengan a Gran Canaria, está todo por descubrir. 

 

 

M.N. 

 

 


 

 

INSULARIDAD

NECRÓPOLIS DE MAIPÉSNECRÓPOLIS DE MAIPÉS

La desolación de la vieja colada de lava, el aire absoluto moviendo las copas de lejanos pinos que crecen frente a Chibicena, hogar del Maligno, la Mar Océano al final de un valle. Por los riscos del sur se pierden las calderas y los barrancos de esta isla que nosotros llamamos Gran Canaria. Delante, negros como el basalto, los túmulos que encierran los cadáveres de la élite de Maipés, una necrópolis, datada, de momento, entre el siglo VIII y el XI de nuestra Era. Por entonces, se formó Alándalus en la península y dio sus mejores notas. 

Parece casi seguro que los primeros pobladores llegaron aquí procedentes del norte de África en torno al siglo I a. C., hace unos dos mil años. Eran beréberes. Los beréberes tienen mucho que ver en nuestra historia, algún día habrá que dedicarles el espacio necesario y el lugar preciso.

Dicen los expertos como Valentín Barroso que estos primeros canarios no eran navegantes. Se antoja entonces la isla como un mundo volcado hacia el interior, como una suerte de Rapa Nui. Hay que pensar que desde algunos oteros - como la misma Maipés - se ve Tenerife durante los días claros. Pero parece que estas personas habían encontrado un lugar en el mundo, una tierra de inmensas montañas que se cuelan en el inconmensurable mar de Poniente, aquel que los antiguos llamaron Mar Tenebroso, tal y como nombraron a estas Islas, Las Islas Afortunadas. Dicen que el mismísimo Alejandro, soñaba con ellas.  

EL CENOBIO DE VALERÓNEL CENOBIO DE VALERÓN

Para mí ha resultado inevitable recordar un proyecto querido que no pudo ser, un proyecto que protagonizaba el Almirante de la Mar Océano, aquel que rompió sus cadenas. Por aquí pasó antes de cruzar hacia Allén la Mar.

Hemos podido filmar una edificación de esa época: el Ingenio de Agaete, la fábrica de azúcar más antigua que se conserva en el mundo. Es de finales del siglo XV y sólo había una más antigua en Madeira. Vamos a buscar un cementerio de esclavos y vamos a hablar de aquel momento en nuestra incursión insular. Queden tranquilos en Baleares, que también iremos por allí en septiembre si los dioses lo permiten. 

A eso de las once y media de la mañana he telefoneado a Manuel Pimentel para hacerle una serie de consultas sobre la productividad del grano, y me ha aclarado mucho. Y lo he hecho porque estábamos filmando un yacimiento que estremece por su ubicación - en el cortado de una pared volcánica - y por su funcionalidad: un granero.

Pero no es un granero cualquiera, es un granero estratégico. Bueno, era estratégico para los primeros canarios que se preocuparon de controlar sus reservas de cereal trasladando el grano a remotos y vertiginosos parajes de montaña. Se preocuparon como Roma se preocupó de mantener Egipto, granero del Imperio.  El Cenobio parece un panal, recuerda a un yacimiento de la Edad del Bronce, a Galera. O al menos, a mi me lo recuerda.  El Cenobio - siendo un granero - toma su nombre por un error de interpretación. Alguien quiso ver aquí un lugar de retiro, una especie de monasterio. 

La sociedad de los primeros canarios es quizás menos conocida que otras de nuestra larga historia común; lo cual no implica que sea menos interesante. 

Por primera vez Arqueomanía ha podido rodar en una de las islas de nuestro país. La insularidad tiene que ser descifrada e integrada en el flujo común. Su historia es también la nuestra. Además, la insularidad genera formas genuinas y delicadas de vida. Y dentro de esas formas, también están las culturas. 

Dentro de pocas horas tendremos la oportunidad de visitar el Risco Caído, podremos ver el sol penetrar en el santuario de la gran montaña. Le damos las gracias a las personas que lo han hecho posible. Los canarios, son muy amables y tienen una historia brillante. Nosotros esperamos llevar hasta vuestras casas - cuanto menos - unas interesantes notas arqueológicas. 

Esta noche soñaremos con el sol naciente.

M.N. 

  


 

EL TAJO DE LAS FIGURAS Y EL PODER DEL RELATO

 

CALCO DEL TAJO DE LAS FIGURASCALCO DEL TAJO DE LAS FIGURAS

 

Somos relato. Nuestra mente entiende el mundo a través del relato que la construye, que la configura. El relato nos crea, nos une, nos hace partícipes de una identidad, de una tradición y de una historia. Fuera del relato, sencillamente, no somos. Desde la más remota antigüedad, escuchamos extasiados los cuentos, las leyendas, los romances, los mitos, que los juglares y los viejos narraronal calor de las hogueras que nos acompañaron en nuestro peregrinar exitoso por un mundo todavía desconocido.

Las pinturas rupestres son arte, para algunos; símbolos místicos, de poder, espirituales o identitarios, para otros; constituyen un relato, para todos. Cualquier panel, en cualquiera de las cuevas que los contienen, grita algo al vacío que, desgraciadamente, hoy no alcanzamos a descifrar. Esa voz estremecida de las pinturas y grabados parietales nos conmueve y a veces nos inquietan, porque parecen advertirnos desde su profundidad ancestral. Pues si esa voz callada se aprecia en cualquier pintura, el grito y el espíritu del relato aún se percibe con mayor fuerza y contundente descaro en las pinturas del Tajo de las Figuras, uno de los complejos parietales más importantes de esta España de nuestras entretelas.

Vamos a escribir del Tajo de las Figuras a pesar de que en esta temporada de Arqueomanía no la pudimos grabar. ¿Por qué entonces esta crónica? Pues, porque, de alguna manera, ha estado presente en nuestro periplo veraniego. Viajamos hasta Santillana del Mar para grabar un episodio sobre los pioneros de la arqueología dedicado a Sanz de Sautuola, el descubridor de Altamira. Allí nos topamos con una exposición itinerante tituladaArte y Naturaleza en la Prehistoria, que mostraba la excepcional colección de los calcos originales de arte rupestre del Museo Nacional de Ciencias Naturales. Sólo dos adjetivos para valorarla: excelente y soberbia. Quien pueda, que la visite, no se arrepentirá. Los calcos fueron realizados entre 1912 y 1936 por Juan Cabré Aguiló y Francisco Benítez Mellado, por encargo de la entonces Comisión de Investigaciones Paleontológicas y Prehistóricas. La exposición es una belleza, una oportunidad única de conocer una cuidada selección de los calcos de los paneles de pinturas más representativas del arte rupestre español. Una temprana clarividencia permitió salvaguardar para el futuro unas pinturas que, en algún caso, ya se han perdido para siempre. Los calcos, en sí mismos, ya son una bellísima expresión artística. Y las pinturas del Tajo de las Figuras, espléndidas y enigmáticas, abrían el sorprendente itinerario a través de los tiempos. Por eso, esas pinturas estuvieron presentes en nuestro caminar veraniego tras las huellas de los arqueólogos.

Las pinturas del Tajo de las Figuras muestran animales esquemáticos, sobre todo diversos tipos de cuadrúpedos y ciervos, así como aves, figuras humanas, tectiformes y dibujos varios, algunos de los cuales bien pudieran ser barcos calcolíticos o del bronce. Sin duda alguna, una de las mejores muestras del arte esquemático del sur que, desde siempre, tendió a simplificar las formas, a esquematizarlas, incluso en la previa época naturalista del solutrense y magdaleniense paleolítico. Están realizadas en rojo, con algún mineral rico en óxido de hierro. Ya hablaremos de ellas y del relato que conforman. Pero, primero, tras conocer el porqué de esta crónica, trasladémonos a las geografías que las ampararon desde la antigüedad.

El Tajo de las Figuras se encuentra en Comarca de La Janda, encrucijada de las historias y los tiempos. Al recorrerla, sentimos que estamos en el corazón de nuestro pasado en la Península, cuyo origen y antigüedad aún desconocemos, pero que bien podría haberse firmado, quién sabe, con unas primeras pisadas sobre el lienzo del suelo gaditano. La Janda, enclavada en el centro de la ruta verde que une por el interior las bahías gaditanas de Algeciras y de Cádiz, reverbera esa gran aventura humana bajo el cielo azul que la sublima para envolverse en un halo de misterio primigenioque ni siquiera el fortísimo Levante que bate sus sierras con frecuencia ha logrado desdibujar.

Los alrededores de la Laguna de la Janda poseen una enorme riqueza arqueológica desde el remoto paleolítico. Pero uno de sus vórticeses, sin duda alguna, el Tajo de las Figuras.El Tajo de las Figuras se encuentra en un risco que domina el embalse del Celemín, en el término municipal de Benalup, también conocida por Benalup-Casas Viejas. La toponimia de Benalup nos remite a la expresión árabe Ben Alup, que, según alguna leyenda local, significa hija de la loba. Benalup creció alrededor de la ermita de Casas Viejas, erigida en el siglo XVI por la ciudad de Medina Sidonia, a la que perteneció hasta 1991, en el que alcanzó su independencia municipal. Los sucesos de Casas Viejas de 1933, en el que un grupo de anarquistas, con el célebre Seisdedos al frente, fue duramente represaliado tras asaltar el Cuartel de la Guardia Civil, hizo que su nombre pasara a la historia de España. Aquella tragedia que originó la caída del gobierno de Azaña aún envuelve con su halo negro el nombre del lugar. La espiral de la historia que gira acelerada sobre este espacio mágico…

El escudo de Benalup-Casas Viejas nos muestra un cuervo, con una barra de pan, posado sobre la fortaleza musulmana primigenia. Creen los británicos que la monarquía y el imperio británico se mantendrá en el poder mientras los cuervos aniden en la Torre de Londres. Quizás el cuervo, también, sea el animal sagrado del entorno, y, quién sabe, uno de los pájaros dibujados en la cueva. El cuervo trae un pan en el pico a la villa de Benalup-Casa Viejas, un pueblo con dos nombres o dos nombres para un pueblo, un pueblo bifronte, al modo de Jano, que cambia de denominación a lo largo de la historia para, substancialmente, seguir siendo el mismo, un singular enclave humano en un territorio singular y único en el que luce, por méritos propios,el Tajo de las Figuras.

El Tajo de las Figuras se encuentra rodeado por otros abrigos menores con pinturas, muy próximo a unas tumbas antropomórficas excavadas en rocas de las inmediaciones, y situado sobre los dólmenes que aún se aprecian a orillas del embalse del Celemín. Un lugar sagrado desde la antigüedad que aún emite una extraña energía, algo así como el eco de un pasado denso y presente.

El 17 de abril de 1913, un grupo de personas cultas e interesadas por las curiosidades históricas del pueblo realizaron una visita a la cueva. Aunque conocida desde siempre por los pastores y habitantes de aquellas tierras, se considera que esa expedición constituye el descubrimiento científico – o al menos oficial – de las pinturas, pues dejaron un legado de maravillosas fotografías que cualquier puede consultar hoy en día en internet y que sirvieron para documentar las pinturas ante la Academia de la Historia de Madrid. Tras este público conocimiento, Cabré visita la cueva y al año siguiente, en 1914, lo hace acompañado por dos de los grandes prehistoriadores del momento, presentes en tantas cuevas españolas, el abate Breuil y W. Verner. Juan Cabré realizaría unos calcos maravillosos de las pinturas, que, en 1924, fueron declaradas Monumento Arquitectónico Artístico Nacional. Desde entonces, abierta a los curiosos, las pinturas sufrieron un cierto deterioro, ya que los visitantes arrojaban cubos de agua sobre el panel, para que las pinturas resaltaran, lo que creó con el tiempo una pátina caliza que las cubrió y desdibujó. Posteriormente se protegió con una reja y se habilitó una escalera de acceso. No obstante, por motivos de seguridad, las visitas están extraordinariamente restringidas, por lo que me considero uno de los afortunados que han podido disfrutarlas en estos últimos tiempos.

Visité la cueva del Tajo de las Figuras el 21 de abril de 2017, atendiendo a la amable invitación de Sonia Díez y aprovechando que el día anterior acababa de pronunciar una conferencia sobre el vino y la nueva sociedad en la bodega Williams&Humbert de Jerez de la Frontera. Sonia Díez es una mujer sorprendente, que irradia serenidad a pesar de la intensa actividad que desarrolla y de la grave enfermedad que hubo de superar. Es directora del Colegio Europa de Getxo, en Vizcaya,y creadora del Colegio Internacional Torrequebrada, en la Costa del Sol malagueña. Ciudadana del mundo, vive a caballo entre Bilbao, de donde procede, y Andalucía, donde ha encontrado su hogar. El currículum académico es de vértigo. Licenciada en Psicología, doctora en Ciencias Económicas y Empresariales, MBA por el Instituto de Empresa, a los que suma varios posgrados en Harvard. Un mundo de posibilidades, es el lema de sus colegios. Tras padecer y superar un cáncer de páncreas, incrementó su compromiso social y su actividad a través de la fundación Ítaca, de apoyo a la reinserción de presos jóvenes a través de la cultura y de la creatividad.En la actualidad también impulsaWakana, el área recreativa que se encuentra a las orillas del embalse del Celemín, a los pies del Tajo de las Figuras.

 

Antonio, un agente de Medio Ambiente de la Junta de Andalucía nos acompañó hasta la cueva, cercana al centro recreativo. Tras una cómoda subida, llegamos hasta el tajo. Para acceder hasta la altura de la cueva, utilizamos una escalera metálica batida por el fuerte levante. Cuando, por fin, nuestra vista se perdió,admirada, entre las mil y una figuras que componen el panel, los interrogantes se sobrepusieron a las afirmaciones que proclamaban sus evidencias figurativas. Podemos ver – e identificar -, con claridad esquemática, cientos de figuras; sabemos lo que son, pero no lo que nos quieren decir.Descubrimos a los protagonistas, pero no entendemos el relato que sostienen. Aquí un ciervo, allí un pájaro que parece un ibis eremita, allí un ideograma en forma de barco. Bandadas de pájaros, guerreros con armas, figuras que asemejan brujos ancestrales,todo nos aparece tan atractivo, que lo concreto nos impide ver lo general; la figura al cuadro; el verso, al poema; la frase, al relato. No son figuras sueltas al azar, componen una sinfonía armónica compuesta por el solfeo del relato. Alguien, a través de miles años, lleva contándonosuna historia que hoy no logramos entender. No estamos ante unas simples pinturas rupestres, estamos ante un cuadro, una composición, un discurso complejo en la que cada figura tiene su papel. ¿Qué pueden significar? El lugar es tan evocador que la imaginación se dispara. Algunos han querido ver el relato de Gárgoris y Habidis, toda vez que éste, criado por una cierva, antes de convertirse en rey fue bandolero, hombre de armas, como las que se aprecian en las pinturas. Quién sabe si las pinturas guardan alguna relación con la primera genealogía real conocida en España. Manuel Laza publicó en 1965 un ensayo titulado Gárgoris y Habidisprimeros reyes de Tartessos, inspirado, al parecer, por el relato que componían las pinturas del Tajo de las Figuras. Fernando Sánchez Dragó se inspiró en este libro mientras redactaba su famoso libro Gárgoris y Habidis, una historia mágica de España. Manuel Laza tiene una historia fantástica, relacionada con la Cueva del Tesoro del Rincón de la Victoria, que ya contaremos en otra ocasión. Aquí queda, negro sobre blanco, la luminosa intuición de ambos escritores, por si el tiempo – y la ciencia – terminaran algún día dándoles la razón. Pero sea éste u otro, no cabe duda alguna que el Tajo de las Figuras es el libro en piedra de un relato poderoso y profundo.

El relato nos configura, nos une, nos aporta identidad, un marco de creencias en el que vivir, unas coordinadas para ubicarnos en la historia y en la sociedad. Nuestra mente tiene naturaleza discursiva, precisa de un relato que aúne y de sentido y coherencia a los hechos, conocimientos y datos individualizados. La tradición oral garantizó durante miles de años la transmisión, de generación en generación, de las grandes historias y relatos de una comunidad. En la África profunda aún permanece esa tradición de contadores de cuentos, que atesoran en su memoria, la historia de un pueblo o de una raza. Cuando muere un viejo, desaparece una biblioteca, repiten los sabios del lugar, conocedores de que una gran parte de su propia historia se custodia en la memoria de esos recitadores de historia, hoy en peligro de extinción.

Creemos que los relatos míticos y fundacionales tan sólo se transmitieron de manera oral hasta la aparición de la escritura. Pero, ¿y si también hubiéramos utilizado el soporte artístico para narrarlas? Al fin y al cabo, la iconografía clásica, o la eclesiástica, nos muestran a través de esculturas y pinturas sus mitologías e historias sagradas. ¿Por qué no pudo pasar eso desde la antigüedad? Nosotros contamos historias a través de películas, cómics, novelas gráficas. ¿Es acaso, patrimonio de la actualidad la fuerza narrativa del arte?

Las preguntas quedan en el aire mientras descendemos del Tajo, sabedores del retablo fundamental que acabamos de conocer. Visitaremos el Tajo de las Figuras en una próxima edición de Arqueomanía y nos detendremos en sus figuras. Hoy sólo queríamos dejarnos envolver por el desconocido relato escrito sobre su lienzocalizo hace miles de años. Ojalá, alguien, lograra,algún día, desentrañarlo.

 

Manuel Pimentel Siles.


 

DOS CABALGAN JUNTOS

RODAJE EN VILLA ADRIANARODAJE EN VILLA ADRIANA

El titular - palabra de honor - no tiene nada que ver con que los feriantes de Málaga estén como telón de fondo de nuestra escena diaria, y lo van a seguir estando hasta finales de semana. No es fácil vivir con flamenco y palmas como banda sonora, ni con faroles y volantes, mientras uno piensa cuánto tiempo le puede dejar a una declaración de Birley o si se habrán entendido las ideas de Cortés Copete y su equipo sobre la integración cultural del Imperio que - según ellos - promovió Adriano en todas las esferas.

Las ediciones de documentales, absorben. Estás durmiendo en mitad de la madrugada, bajo las exactamente chirriantes revoluciones de un viejo ventilador de techo y se te viene a la cabeza aquel plano que rodaste en un museo turco o esa música que reservaste durante el pasado otoño y que todavía no has conseguido colocar. La edición es un proceso introspectivo, casi una hipnosis. Es un "vivo sin vivir en mí" hasta el día que te das cuenta de que lo tienes. Entonces piensas: "es mío". 

Nada tiene que ver tampoco el titular con el icono por antonomasia de la Orden Templaria, aunque en ese caso sí que indica que se está compartiendo un medio que lleva a dos por igual. En este caso, el documental "Adriano - Metamorfosis" y la nueva temporada de Arqueomanía, comparten montura, pitanza y bota.

"Adriano" y "Arqueomanía" son algo así como Richard Widmark y James Steward en el western de Ford. Sólo que los prisioneros que rescatan lo son de la cárcel del olvido, que quizás sea peor que un presidio comanche. 

Al documental ya le va quedando menos, bastante menos, aunque el proceso de edición está resultando muy complejo, no por nada en especial, sino porque su protagonista - Adriano - lo era. Y pienso que simplificarlo, reducirlo a un mero resumen, sería un error garrafal, amén de la pérdida de una ocasión. ¿Cuántas veces tiene uno la oportunidad en la vida de "convivir" durante meses con un personaje así? Os confieso, que a veces termino hablando a esos personajes. Recuerdo que a Picasso le decía "Don Pablo esto, Don Pablo, aquello". En efecto: "están medio locos estos galos". Con Adriano, el trato es más distante, me fío poco del humor de un emperador.  

Manuel Navarro en las Galerías Altas de ArdalesManuel Navarro en las Galerías Altas de Ardales 

Arqueomanía lleva ya un buen tramo recorrido - de rodaje - aunque todavía le quedan hitos que esperamos como agua de mayo. Es la primera temporada en la que vamos a rodar en las Islas Canarias y en las Baleares. Y tenemos muchas ganas porque cada uno de los lugares que vamos a visitar representa un endemismo arqueológico. 

Pero no sólo faltan las islas y su exotismo. Vamos a adentrarnos en dos cuencas fluviales en busca de arte rupestre. Visitaremos algunas de nuestras cuevas favoritas en busca de nuevos datos; datos que estamos convencidos van a resultar toda una revolución y filmaremos edificios inexplicables de la Protohistoria. Incluso nos aguarda un viaje lejano... Tiempo al tiempo.

El conocimiento arqueológico y sobre la evolución humana va aumentando exponencialmente y casi no da tiempo a cubrir más que unos fragmentos durante la producción de una temporada. Nos estamos enfrentando a mecánicas completamente nuevas. Habrá que buscar soluciones.

Cuando salgo del sótano y veo el mar, pienso en lo lejano del horizonte; en que hemos navegado sólo unas millas en nuestras vidas. El sol me deslumbra mientras cabalgo con mis prisioneros del olvido. 

 

M.N.


 

CAPACES Y CAPATACES

Antonio ValcárcelAntonio Valcárcel

El hombre de la fotografía es Antonio Valcárcel. Antonio fue capataz de excavaciones arqueológicas durante toda su vida. Comenzó su labor en 1964 gracias a un contrato con el Instituto Arqueológico Alemán (DAI) que empezaba a desenterrar el pasado fenicio de las costas orientales de Málaga. 

Era una época dorada, casi heroica. Torre del Mar era por entonces un pueblo de pescadores, cuatro calles y cuatro casas, por decir. Eran tiempos en los que la Costa del Sol empezaba a manifestarse como un destino turístico en potencia. Entonces se comía el pescado que se desembarcaba en las orillas o que era sacado con el copo. Eran otros tiempos y para las clases populares eran tiempos muy duros. Hacía tres décadas que Dalí, Ramón o Edgar Neville habían descubierto su paraíso sureño. Un paraíso, que como la Selva Esmeralda, fue desapareciendo ante nuestros ojos. 

La desembocadura del Río Vélez ya había sido objeto de las prospecciones de algunos avezados arqueólogos. Adolf Schulten estuvo por allí, buscando Mainake. Hay que ser comprensivos: eran otros tiempos, era otra arqueología. Cada época tiene su vitola y la de los pioneros fueron las grandes ciudades míticas. Mainake estaba en las fuentes - Aviano lo certifica - y quién sabe si todavía puede aparecer frente a una de las costas de Málaga. 

Hoy Pepe Ramos, Catedrático de Prehistoria de la Universidad de Cádiz y natural de Vélez, nos ha mostrado una exposición histórica, didáctica y social. Pepe, en colaboración con el DAI, la familia Varcárcel y la Sociedad de Amigos de la Cultura de Vélez Málaga ha conseguido traer la intrahistoria de las excavaciones arqueológicas a vista de todos. En esta exposición, titulada "En equipo. Antonio Valcárcel y los trabajadores de la excavaciones del Instituto Arqueológico Alemán", podemos palpar el día a día de los trabajos arqueológicos. Durante un montón de años.  Oswaldo Arteaga, segunda fila a la derecha, con los trabajadores de una excavación en la costa oriental de MálagaOswaldo Arteaga, segunda fila a la derecha, con los trabajadores de una excavación en la costa oriental de Málaga

Casi huele a tierra removida y a humo de cigarrillo de liar. Para personas como Antonio Valcárcel, este trabajo fue una suerte, casi una bendición. Y para el DAI lo fue topar con una persona así y con unas cuadrillas como las que montaba Antonio. La simbiosis fue perfecta. El Instituto confiaba tanto en Antonio que algunos profesores como Schubar y Oswaldo Arteaga le enviaban sus alumnos para que les enseñara el trabajo de campo. 

El mensaje de colaboración, de equipo, de permeabilidad social de la exposición es muy importante; sobre todo para las generaciones venideras. Personas como las de DAI que consideraron como trabajadores cualificados a sus empleados en las excavaciones fueron valientes y modernos. Resultaron más igualitarios. Por eso, comían con sus hombres, no se iban a un lugar mejor, no se reservaban un restaurante o una sombra.

Las mujeres de las cuadrillas también están en la exposición, también son parte de la historia de estas excavaciones. Cada uno, aportaba su trabajo. Y así, con ese sistema se descubrió para el mundo el pasado fenicio de la costa malagueña, al menos en su zona oriental.  Y se trataba de un pasado esplendoroso, aunque hoy en día - por desgracia - no pueda contemplarse. 

Ha sido todo  un gustazo acompañar a Pepe Ramos y a Antonio Valcárcel (nieto, que es historiador por motivación de su abuelo) por la desembocadura del Río Vélez. Ahí hemos comprendido como operaba una polis importante diseminada por el territorio de un poderoso entrante de mar. Pepe contaba que las crónicas de la conquista de los Reyes Católicos hablaban de que una flota había tomado Vélez Málaga. Y claro, todos lo daban por imposible. Pero en aquella época, el estuario era navegable. El hecho de imaginar como sería esta bahía en época de la llegada de los primeros cananeos es un ejercicio sugerente y necesario si queremos comprender como funcionaban los fenicios en nuestras costas. 

Después de haber pasado esta semana por Vindolanda uno se plantea que harían los ingleses con un lugar como la desembocadura del Río Vélez, observando lo que han montado con los restos del muro de Adriano. 

Por cierto, hoy se cumplen 1900 años de la llegada de Adriano al trono de Roma. Fue proclamado en Siria por el ejército. Brinden por su legado, lo merece. 

  

M.N.

 


 

ALTAMIRA, LOS BUEYES QUE DERRUMBARON LA HISTORIA

 

Bisontes de AltamiraBisontes de Altamira

 

A veces, muy pocas palabras dicen mucho. Tanto que, en contadas ocasiones, son llaves que abren universos enteros. Cuando Arquímedes de Siracusa gritó su ¡Eureka!, la física se desveló ante los hombres; siglos después, al grito de ¡Tierra! de Rodrigo de Triana, un continente entero emergió para España y Europa. Y es que el mundo se esconde, travieso, detrás de palabras sencillas, que aguardan miles de años para ser pronunciadas. Así, también, ocurrió en Altamira cuando, en 1879, una niña que acompañaba a su padre a una cueva descubierta en las cercanías de Santillana del Mar gritó ¡Mira, papá, Bueyes! Nada fue igual después de aquella epifanía porque la humanidad se estremeció, incrédula, ante el misterio de su propio origen. Una niña a lomos de bisontes imposibles acababa de situarnos frente al espejo cristalino de nuestra evolución. Y la sorpresa fue tan grande, tanta irritación suscitó, que a punto estuvo de saltar en añicos aquel espejo delator.

La hija se llamaba María y su padre, Marcelino Sanz de Sautuola. Marcelino procedía de familia acomodada – basta ver la portada de su casona en Puente de San Miguel para comprobar sus posibles - y fue un hombre culto, curioso y erudito, que investigó y trabajó sobre temas muy diversos, tales como la cría del gusano de seda o la introducción del exótico, por aquel entonces, eucalipto. Progresivamente aumentó su afición por las cuestiones históricas y en 1866 fue nombrado académico de historia en Santander. Viajó a la Exposición Universal de París, en representación de los productos regionales cántabros, para quedar fascinado por los recientes descubrimientos acerca de la prehistoria europea. A su regreso comenzó a buscar hábitats prehistóricos y material lítico en las cuevas de su entorno. En aquella época aún no se había descubierto ninguna pintura rupestre y la ciencia consideraba a nuestros antepasados paleolíticos poco más que monos erguidos. La rápida extensión de las teorías de Darwin sobre la evolución abonó la idea de que aquellos primeros hombres fueran algo así como un paso intermedio entre el mono ancestral y el sapiens actual, por lo que, en ningún caso, podrían ostentar todavía capacidades artísticas.

Pero el caprichoso azar o el destino ciego, quien sabe, pusieron a funcionar el mecanismo de casualidades que trituraría, para siempre, las creencias científicas y religiosas del momento. En 1868 uno de sus apareceros, Modesto Cubillas, había descubierto una cueva, al abrirse un hueco tras las voladuras con dinamita que los canteros realizaron en su misma boca, que a punto estuvieron de hundirla por completo. Marcelino la visitó por vez primera en 1875, sin descubrir nada que le pareciera digno de reseñar. En 1879, fascinado por sus descubrimientos parisinos, comenzó a excavar en el vestíbulo de la cueva en busca de útiles de piedra similares a los aparecidos en otros lugares de Europa. Su hija, según la leyenda, se apartó un poco para deslizarse hasta una sala contigua de baja altura. Los hados de la historia se conjugaron para que la chiquilla, tras levantar la cabeza, exclamara con asombro el eureka providencial. ¡Papá, mira, Bueyes! A partir de ese grito infantil, ya nada volvería a ser igual. Con una extraña clarividencia, Sanz de Sautuola calificó aquellas soberbias pinturas como arte paleolítico, dibujados por nuestros antepasados prehistóricos, abriendo con ello la caja de los truenos. Todos se le echaron encima, con argumentos y posiciones de todo tipo. Y es que Altamira acababa de sacudir el avispero envenenado que aguijonaba a la ciencia y a la opinión pública del momento.

Desde que en 1859 Charles Darwin publicara su portentoso libro El origen de las especies, el debate que sobre el evolucionismo mantuvieron científicos y prelados de la Iglesia sacudió la opinión, la fe y la visión de los europeos cultos. ¿Qué descendíamos del mono? ¿Cómo podía ser? ¿Y la Biblia? ¿Qué hacíamos con la Biblia? Creacionistas y evolucionistas se enzarzaron en una discusión cuyos ecos aún se prolongan hasta nuestros días. Y en estas estaban cuando llegó don Marcelino a contarles que el hombre del remoto Paleolítico ya era un consumado artista, capaz de creaciones tan bellas como las de Altamira. Tanto creacionistas como evolucionistas se rasgaron las vestiduras. Aquellos porque retrasaba la fecha bíblica de la creación humana, estos porque contradecía su idea de una humanidad que evolucionaba desde un estado de bestialismo hasta la perfección contemporánea. Unos y otros sólo se pusieron de acuerdo en una cosa, en desacreditar el extraordinario descubrimiento de Sautuola. La pintura es un fraude, clamaron, obra de un pintor sordomudo que se ha visto trabajando en la cueva. La pintura es obra de los legionarios romanos ociosos tras las Guerras Cántabras, dictaminaron. Los popes de la incipiente ciencia de la prehistoria, franceses para más inri, no aceptaron la antigüedad de las pinturas de Altamira, sobre las que cayó la ignominia de la burla y el desprecio.

El erudito cántabro, prudente, publicó en el año 1880 el libro Breve apuntes sobre algunos objetos prehistóricos de la provincia de Santander. El propio título de Breves apuntes ya apunta a su modestia. En dicha obra presentó las pinturas y sus conclusiones sobre ella. En una lámina representó las pinturas de Altamira, dibujadas por el pintor sordomudo que tantos rumores y maledicencias suscitara. Sanz de Sautuola consideró como arte del paleolítico aquellas pinturas inexplicables y consideró con acierto que aquellos bueyes con corcova bien pudieron tratarse de bisontes, un animal del que nunca se tuviera noticia en España. Las autoridades en Prehistoria, encabezadas por Gabriel de Mortillet y por Cartailhac, descalificaron el descubrimiento en el Congreso de Lisboa de 1880, considerando a su descubridor como un simple iluso engañado por algún artista furtivo y contemporáneo. ¿Cómo si no – argumentaron – se explica la frescura de la pintura y el acierto de su trazado?¿Cómo creer a ese señorito de provincias que sacudía sus creencias, que ridiculizaba a sus sabios? ¿Cómo osó ese donnadie cuestionar al sanedrín de prehistoriadores franceses? ¿Pintura en la prehistoria? ¿Es que no habíamos vuelto locos? ¿Quién podría creer un desatino semejante?

 

Rodaje de este año en AltamiraRodaje de este año en AltamiraTan sólo Juan Vilanova, catedrático de Paleontología de la Universidad de Madrid apoyó sus tesis, que pronto cayeron en el olvido. Marcelino Sanz de Sautuola falleció en 1888 con la amargura de no ver reconocido su descubrimiento. Pero la verdad, al final siempre ilumina las tinieblas de las tinieblas del desconocimiento y del desconcierto y los sucesivos descubrimientos de pinturas rupestres en Francia nos hicieron comprender que el hombre primitivo fue un consumado artista. El ínclito abate Breuil apoyó la autenticidad de las pinturas de Altamira en 1902 y ese mismo año,Cartailhac, su principal detractor, publicó su famoso artículo Mea culpa d´unsceptique, en el que reconocía su error y mostraba su respeto y admiración hacia el erudito cántabro para, a continuación, visitar Altamira y rendir sus respetos a la familia. Más vale tarde que nunca, pensarían la viuda y la hija. 

Y volvamos al voluble azar, a capricho de los hados, que hicieron posible lo imposible, real lo inverosímil, verdadero el ensueño. Sanz de Sautuola no sólo descubrió las primeras pinturas rupestres conocidas, sino que, además y por si fuera poco, se trataron nada más ni nada menos que de las más hermosas encontradas hasta ahora. Llegar y topar, que diría el clásico. Una historia que parecería un cuento de hadas si no fuera por la contumacia de los datos. Es historia, historia real y no un cuento de buenos y malos. Pongámonos ahora en la cabeza de los que le negaron inicialmente el pan y la sal a Altamira. La prehistoria era por aquel entonces pura oscuridad y, de repente, el lucero de Altamira refulgió de manera insólita en aquel vasto universo de tinieblas. ¿Cómo no pensar que no se trataba más que de una farsa de fuegos artificiales? Si aquellos brutos apenas lograban tallar piedras y rocas a base de golpes, ¿cómo creer que podían tener el talento para iluminar ese retablo de belleza estremecedora?

Pero la humanidad nunca aprende de sus errores. En la actualidad, a buen seguro, algún visionario sufrirá las burlas y la ignominia por parte de la ciencia oficial: sólo el tiempo vendrá a darle la razón. Al final, tendremos que darle la razón a Cela cuando afirmaba aquello de que quien resiste, gana. El paradigma del momento nos condiciona, nos ciega, al punto de hacernos negar cualquier innovación que lo sacuda. Y esa cerrazón ante lo nuevo no es patrimonio de un pasado oscuro, sino que sigue vigente en nuestros días. ¿Qué pensaríamos, por ejemplo, si alguien afirmara haber encontrado fósiles humanos de seis millones de años en Europa junto a un ordenador cuántico? Todos nos reiríamos del infortunado que lanzara semejante sandez. Pues algo así debió significar Altamira para sus contemporáneos.

En fin, arrieritos somos y en el camino nos encontraremos. Altamira es considerada, a día de hoy, como una de las cimas del arte humano de todos los tiempos. Visitarla, aunque sea en la neocueva, es una peregrinación obligada. Quien lo haga, percibirá el misterioso eco del pasado, el arcano del origen, al tiempo que se empapa con una ducha reconfortante de humildad. Gracias, Sautuola, por haber estado ahí para contarlo.

 

Manuel Pimentel Siles

 

Publicado en el Blog www.espublico.es el 3 de agosto de 2017


 

HAGAMOS PREGUNTAS

EXCAVACIÓN 2017 EN VENTA MICENA, ORCEEXCAVACIÓN 2017 EN VENTA MICENA, ORCE

El verano está dando mucho de sí, esto es un no parar. Hoy mismo se publicaba en distintos medios que las industrias líticas de Barranco León en Orce, con 1,4 millones de años de antigüedad, las más antiguas de Europa occidental, tienen una complejidad, al parecer, impropia para dicho momento - desde luego lejano - en la Historia de la Humanidad. Lo que, por cierto, vendría a darle la razón al malogrado Antonio Ruíz Bustos, que ya atisbó que nos convertimos en "smart" como dicen los anglosajones, allá por el 1,7 millones de años "ago". Unos fríos glaciares y el comportamiento de las células mesenquimáticas fueron al parecer los responsables de nuestros cambios cerebrales. Podéis verlo en el primer dossier sobre evolución que hicimos hace unos años. 

Pero no es el único "notición" del verano. En Atapuerca por fin dejó verse el neandertal, en la Cueva Mayor y seguramente el año próximo veremos más en el nuevo yacimiento de Cueva Fantasma, en el que ya se registró un fragmento de parietal el año pasado.

Los investigadores de Cueva Negra, en Caravaca de la Cruz, Murcia, han seguido implementando las hogueras más antiguas de Europa occidental, con casi un millón de años. Este tema es de gran enjundia. 

Se ha llegado incluso a detectar un homínido sin restos del homínido, es decir un homínido fantasma. ¿Qué más se puede pedir?

Pues casi todo lo que pueda dar de sí la genética. 

En nuestra profesión, tenemos la obligación deontológica y legal de comprobar la veracidad de los hechos que publicamos. En caso de estar ante un tribunal, el juez para apreciar que no existe el llamado animus injuriandi debe tener la certeza del que el profesional trató de comprobar, al menos con dos fuentes diferentes, la fiabilidad de una información. Lo ideal son tres fuentes. Eso lleva tiempo y el tiempo es dinero. Por eso leemos artículos y por eso los consultamos con otras fuentes. A veces el asunto es tan innovador y reservado que sólo se puede preguntar al autor o los autores de esa investigación. En otras ocasiones, como en otros ámbitos de la vida, los investigadores prefieren no hacer valoraciones del trabajo de los demás. Y es que el mundo de las publicaciones científicas es extraordinariamente complejo: los editores senior son durísimos y los medios de prueba pueden ponerse en tela de juicio. Por decirlo sencillamente: es un terreno pantanoso. 

Lo cuál no es óbice para que nosotros, como divulgadores y vosotros seáis lo que seáis, no paremos de hacernos preguntas cuando aparecen temas nuevos o que llaman poderosamente la atención. A fin de cuentas, en la curiosidad está la base de todo avance, de todo aprendizaje y de toda explicación posterior. 

Uno de los casos que más me ha llamado la atención de los últimos días - amén de los que hemos tenido la oportunidad de estudiar en primera persona - como la Pileta o la Beleña de Cabra, ha sido una publicación de Plos One en la que se trataban las migraciones desde las estepas asiáticas, el neolítico y el euskera. Es un artículo complejo y extenso, con un gran soporte científico. 

CERÁMICA DE LA BASTIDA DE TOTANA. EDAD DEL BRONCECERÁMICA DE LA BASTIDA DE TOTANA. EDAD DEL BRONCE

El trabajo presenta los resultados de los análisis genéticos de 14 individuos de 8 yacimientos de Portugal. Sus cambios genéticos, los de estos 14 individuos, entre el neolítico medio y la edad del bronce son muy poco apreciables, lo que lleva a los investigadores a plantear la posibilidad de que las hordas esteparias a caballo que cruzaron el continente durante esos - al parecer - cuatro mil años, no alcanzaran la península ibérica. Los peninsulares eran de baja estatura, según la misma publicación. Eso se debe a la pervivencia de genes neolíticos. 

Si no hubo interpolación genética, no hubo invasión. Parece mucho tiempo, casi cuatro mil años, y una península con muchos kilómetros cuadrados 582 mil, para ser tan rotundos, pero la imagen que ha llegado a la prensa generalista es que Iberia se mantuvo al margen de esos aportes de población. En algunos casos se pone la barrera de los Pirineos como razón. Es curioso que los Pirineos sean de fácil paso en otros contextos.

La verdad es que leyendo el artículo y las noticias de la prensa, se me ha venido a la cabeza que muchas veces hablando con Manuel Pimentel me reseña lo inaccesibles que son las fortalezas de la Edad del Bronce. Y es verdad, son sitios inexpugnables, como la Bastida. ¿Será que los peninsulares rechazaron a las hordas esteparias desde sus fortalezas? ¿Sirvió su armamento y lo parapetado de sus posiciones para mantener a  raya los altos jinetes asiáticos? 

Por supuesto, nos encantaría hablar con el equipo que ha publicado los resultados, para darle voz - como es nuestra obligación - y para preguntar todo aquello que pensamos que vosotros querríais preguntar. Creo que será un gran reportaje para el programa. De hecho, si este año lo permite la agenda, trataremos de incluirlo. De momento, dejamos unas preguntas en el aire:

- ¿Es una muestra de 14 individuos de 8 yacimientos diferentes, aunque de un ámbito regional cercano, suficiente para las conclusiones de la investigación?

- ¿Fue el euskera la única lengua no indoeuropea de la península?

- ¿Hay restos de individuos neolíticos en la península de gran complexión física y elevada estatura?

- ¿Pudieron existir aportes poblacionales de otras latitudes como el norte de África que llegaran a la península por vía marítima?

Como decimos en el titular, hagamos preguntas, que mientras que no se demuestre lo contrario, es la mejor manera de tener alguna respuesta. 

M.N. 


 

OCVRI, DE VIVOS Y MUERTOS

 

Mausoleo de OcvriMausoleo de Ocvri

 

La verdad es que impresiona lo modernas que eran las costumbres y las leyes romanas sobre la muerte. Desde la Ley de las Doce Tablas, allá por el 450 a.C. Roma comenzó a regular las prácticas funerarias, empezando por el espacio. Los muertos deben separarse de los vivos, esa es una máxima que Roma consagra negro sobre blanco desde la citada norma. Y hay que respetar el rito y los honores al finado. La Iusta facere así lo ordena. De no sepultarse el muerto de manera adecuada podían enfrentarse los vivos a espíritus que vagaban entre dos mundos haciendo la vida imposible a los demás. Había que ponerlos con los pies por delante para salir de la casa familiar y cumplir el rito con escrúpulo, so pena de tormento fantasmal.

La visión del mundo funerario viene determinada por la idealización del mundo futuro tras la vida. Los romanos creían en el Más Allá y los muertos debían ser honrados. Incluso se hacían funerales en tumbas vacías (cenotaphium) en caso de - por ejemplo - no haber recuperado un cadáver tras un naufragio. Se incineraba o se inhumaba según la época y la clase social. 

La subida hacia Ocvri, en Ubrique, Cádiz, es dura por la pendiente pero amable por el paisaje de aromáticas, de bosques antiguos y de altas cimas. Estamos en un nido de águilas como Bobastro, como Zahara o como el mismo Alamut. Quizás algún Viejo de la Montaña con el que no se cumplió la Iusta facere vague por las faldas de la ciudad-montaña durante las largas noches de invierno. Pero esa, no es nuestra jurisdicción. 

Cuando se va alcanzando la cima, el urbanismo antiguo se presenta en forma de trozo de calle y luego, unos metros más arriba, con fachada de panteón familiar. ¿O es de una mutua? En Roma, los panteones eran propiedad de familias pudientes o de sociedades de enterramiento (collegia funeraticia). Sí, eso es, como las cofradías y hermandades de la Edad Moderna. En Roma, desde época augusta, aparecen los columbarios. Es una solución para un  problema de espacio y de salubridad, ¿os recuerda a algo?

El mausoleo de Ocvri es de gran tamaño, es monumental y tiene columbarios. Eso nos conduce hasta una cuestión ¿fue propiedad de una familia o de un collegia funeraticia? La investigación irá determinando, acotando, aclarando. Aquí queda mucho todavía por discernir y eso que la ciudad se comenzó a excavar a finales del siglo XVIII. El eco de Pompeya resonaba por sierras y valles y Ubrique, como Cártama, fueron centros de interés arqueológico. Excavaciones en el siglo XVIII, como la de las matronas de Cártama, eso sí que hubiera merecido la pena verlo. El caso es que estamos en una ciudad con vocación de gendarme territorial. Su ubicación determina su funcionalidad. Ocvri controla, desde sus alturas, el paso entre Gibraltar y Ronda, entre el Mediterráneo y el Guadalquivir.  Los tartésicos ya lo supieron y por eso se establecieron allí, para controlar la Manga de Villaluenga, Benaocaz y la selva de los Alcornocales. 

MATRONA SEDENTE DE CÁRTAMA. MUSEO DE MÁLAGAMATRONA SEDENTE DE CÁRTAMA. MUSEO DE MÁLAGA

 

En Ocvri hay también agua en abundancia, como en toda esta sierra que presenta uno de los índices de pluviosidad más elevados de la península, si no el que más. Pero es agua que corre rápida y por tanto necesita ser contenida, almacenada.

Lo que bien pudieran ser unas termas, aunque no puede realizarse la afirmación con rotundidad por falta de las pruebas necesarias, coronan uno de los flancos de la mole. Desde allí, desde su exedra - que recuerda al despacho de Adriano en el Teatro Marítimo de Tívoli, se ve a los buitres buscando la térmicas para elevarse en busca de su menú de carroña. 

Por estos pagos pueden verse todavía muchos animales pastando libres. Ganadería extensiva lo llaman. También se ven muchos conejos. Los venados y los corzos reinan en la espesura. 

Ocvri estuvo gobernada por un ordo, por un senado local, lo mismo que otras ciudades del entorno. Tiene foro, de dimensiones modestas, y una puerta empotrada en la muralla antigua. La estructura defensiva presenta diferentes fases, hasta siete, nos cuenta Luis Cobos. Lo púnico se entrevé en el aparejo primigenio. 

 

Nuestro seguimiento de la ingeniería romana de montaña termina en Zahara de la Sierra. Zahara - su etimología viene a significar peña fortificada - es un balcón al Guadalete y la Serranía de Ronda. Desde su moderno centro de interpretación pueden verse Algodonales, Olvera o la mismísima Acinipo. De hecho, las monedas que se han encontrado en Zahara fueron acuñadas en Ronda la Vieja. Las cisternas romanas y un viejo lienzo de muro son el testigo de la presencia romana. 

Pero como si de un palimpsesto se tratara, Zahara acumula capas de sucesivas culturas. Lo andalusí y la Edad Moderna perfilan el urbanismo. El ascenso hasta el centro de interpretación es mejor realizarlo con la fresca, dado el elevado porcentaje de sus rampas de acceso. Durante mucho tiempo, la peña fue abandonada. Hoy en día no, hoy en día se puede visitar. Hay una torre a medio terminar porque un clérigo prefirió dedicar los dineros a otros menesteres. ¡Cosas que pasan! Al fondo del centro de interpretación se abre un balcón y desde allí, se pisa sobre un suelo transparente, se "vuela" sobre el pasado. Bonita solución. 

El viaje por las sierras de Cádiz y Ronda todavía tiene mucho de romántico. Las rutas arqueológicas son diferentes. Estamos ante un mundo peculiar y ante una naturaleza que desborda. No dejéis de venir.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                           

M.N.

 

 


 

LA CUEVA DE LA PILETA: EL GRAN SANTUARIO PALEOLÍTICO DEL SUR

 

PISCIFORME DE LA CUEVA DE LA PILETAPISCIFORME DE LA CUEVA DE LA PILETA

 

La Cueva de la Pileta, en Benaoján, Málaga, es una cueva especial, riquísima, desconcertante. Por lo pronto, fue la primera muestra de arte paleolítico descubierta en el sur y, hasta ahora, la mejor. Vamos a conocer algunos de los tesoros y secretos de esta gran catedral de la prehistoria.

La cueva se descubrió en 1905 y hacía tan sólo tres se había reconocido la autenticidad de las pinturas de Altamira, las primeras descubiertas en España. El trasiego de murciélagos de una pequeña cavidad, alertaron al agricultor José Bullón, que buscaba guano para abonar sus campos. Bullón, para acceder a la cueva, tuvo que descender la Sima de las grajas, con más de 30 metros de descenso en vertical. ¿Qué sentiría aquel agricultor al descubrir por vez primera, después de 4.000 años, las primeras pinturas rupestres, que él bautizó como letreros? En 1924 su hijo Tomás fue nombrado Guía Oficial, al ser declarada la cueva como Monumento Nacional y, hoy en día, la saga Bullón sigue custodiando la cueva con prudencia y respeto.

Desde 1907 hasta 1911, el coronel británico Verner exploró la cueva. En 1912, le acompañaron el Abate Breuil, Obermaier y Juan Cabré, que dieron a conocer definitivamente sus pinturas y grabados. Verner y Breuil tan sólo realizaron pequeños sondeos, en el que encontraron abundante material de las diversas etapas de la prehistoria en las que la cueva estuvo habitada. Parte de este material se encuentra en el museo británico y otra parte en el Museo Arqueológico Nacional y en el de Málaga. La primera – y única – excavación en la cueva se realizó en 1942 en su vestíbulo de entrada por Santiago Simeón Giménez Reina, Comisario Provincial de Excavaciones de Málaga, que excavó tan sólo un tercio de la superficie del vestíbulo hasta una profundidad de siete metros. Encontró abundante material de una extensa cronología de entre 150.000 años de antigüedad, el periodo neandertal, hasta unos 1.800 años antes de Cristo, en el Bronce pleno, en el que la cueva quedaría clausurada. Entre el rico material encontrado destaca una lámpara realizada sobre un fósil hará más de 30.000 años, la más antigua encontrada hasta ahora, que se expone en el Museo de Málaga, así como una representativa Venus neolítica. Nadie ha vuelto a excavar en la cueva desde entonces.

Sobre el año 1.800 antes de Cristo sus ocupantes decidieron sellar la entrada con un muro de piedras. Durante casi cuatro mil años nadie entró en la cueva, hasta que Juan Bullón no decidiera profanar sus tinieblas. En 1924 se localizó la puerta y se procedió a su apertura para facilitar las visitas, ya que, desde 1905, los visitantes tenían que descender por la peligrosa Sima de las Grajas.

 

Manuel Pimentel Y Miguel Cortés ante el Panel de las TortugasManuel Pimentel Y Miguel Cortés ante el Panel de las Tortugas

 

Afortunadamente, la cueva volverá a investigarse. Miguel Cortés codirige junto a María Dolores Simón, ambos docentes e investigadores de la Universidad de Sevilla, un Proyecto de cuatro años para investigar su enorme potencial arqueológico, en gran parte aún inédito. La cueva, a pesar de estar abierta al público desde 1924 se encuentra en un excelente estado de conservación, y la muchas de sus pinturas parecen estar recién dibujadas. En la Sala del Castillo destaca el material cerámico, molinos y huesos, la mayoría del ellos de la Edad del Bronce, recogido en superficie y depositado en dos de sus capillas laterales.

Tres puntos rojos, marcados sobre una estalactita, marcan el inicio de la ruta de pinturas. Estos puntos son señales muy usadas en el paleolítico de muchas cuevas europeas, lo que nos confirma la existencia de un lenguaje simbólico común.Tras estos puntos, unas pinturas de volutas, que bien pudieran representar a una venus paleolítica, nos dan entrada a la nave central, en la que salta la primera sorpresa. En un inmenso panel, visible desde lejos y enmarcado entre dos estalagmitas, podemos contemplar un excepcional conjunto de figuras geométricas y signos complejos junto a unas figuras de uro, un código que los iniciados del paleolítico sabrían interpretar.

Las salas y los paneles de pinturas se suceden, en competencia de formas y figuras bellísimas, como la de la yegua preñada, en el reducido santuario, o los caballos posiblemente auriñacienses, con más de 30.000 años de antigüedad, conviviendo en respetuosa armonía con pinturas mucho más recientes, las neolíticas y las calcolíticas, que serían dibujadas entre 6.000 y 2.000 años antes de Cristo aproximadamente. Si las pinturas paleolíticas bien pueden considerarse como de las mejores de Europa, no le quedan a la saga los espectaculares y sucesivos paneles neolíticos que llegan a su apogeo en la sala del lago. Ninguna otra cueva presenta una programa pictórico ni tan extenso ni tan rico. Se estiman que existen más de tres mil motivos dibujados en la cueva, de los cuales casi una centena serán zoomorfos. Nos detenemos absortos, ante la figura del Gran Pez, para reflexionar sobre lo visto.

A lo largo de estos casi 40.000 años, los humanos que acudieron a la cueva se expresaron en estilos artísticos muy distintos, pero siempre mantuvieron algunas pautas comunes a lo largo de los tiempos. En primer lugar, respeto por el arte de los ancestros. Los nuevos jamás destruyeron la pintura de los antiguos, por eso han podido llegar hasta nuestros días. En segundo lugar, un gusto por la escenografía, por el uso de paneles muy destacados que permitieran la contemplación colectiva utilizando también para ello las formas naturales de la cueva.

La Pileta es una riquísima desmesura de descubrimientos y emociones. Riqueza en pinturas de todas las épocas, y belleza espeleológica, pero también endemismos biológicos como el pequeño crustáceo Bullonorum que vive en el lago y que se alimenta de guano o los espeleotemas que emiten un sonido grave y telúrico que nos emociona. Impresiona la solemne resonancia de este litófono de las profundidades, usado, a buen seguro, en las ceremonias del paleolítico. Los Beatles visitaron la cueva en 1969 y Ringo Star improvisó una salmodia que fue grabada por la BBC.

Descendemos a la primera de las galerías inferiores, no visitadas usualmente, la conocida como la de las cabras, con el soberbio dibujo que la bautiza. No existen pinturas neolíticas ni calcolíticas en estas galerías, como si la prehistoria reciente quisiera rendir su culto de respeto a las pinturas de los antiguos. Avanzamos y la fuerte evocación y la riqueza de sus pinturas nos desborda. Unas manos en positivo en carbón, que deben ser muy antiguas, probablemente con más de treinta mil años, se sitúan sobre el dibujo de lo que parece ser un gran rinoceronte.

Las sorpresas se suceden. En la sala de las serpentiformes aparecen dibujadas con tres dedos una formas sinuosas y atormentadas con paralelos muy antiguos en cuevas francesas. Pero el panel más singular, el más desconcertante se nos aparece sorpresivamente en la Sala de las tortugas, así bautizada por Breuil. Unas formas y signos extraños conforman una composición armónica en la que destacan misteriosos óvalos con apéndices y trazas, signos abstractos y muy complejos que gritan algo importante que no sabemos escuchar. La sala es muy profunda, las pinturas únicas, sin parangón en cueva alguna, que nos atrapan y obsesionan. ¿Qué quieren decir? A cada persona le evoca algo distinto, por lo que invitamos a dejar volar la imaginación ante estos signos tan extraños como misteriosos, envueltos por el sonido gutural que las corrientes de aire producen en las simas. Estas figuras son muy antiguas, inclasificables, al ser diferentes a cualquiera de las conocidas, y componen un ideograma rupestre de una belleza y un valor excepcional.

Algunas de las muchas preguntas que nos formulamos tendrán respuesta tanto por las dataciones con uranio-torio, como por el conjunto de trabajos de arqueometría, bajo la dirección de Carlos Odriozola, que se están realizando en la presente campaña.

Desde la sala de los serpentiformes descendemos por una galería, casi una chimenea, de acusada pendiente. A través de algunos pasos angostos, atravesamos salas de belleza espectacular, pura poesía hecha piedra por los caprichos de la karstificación, con la excitante sensación de saber que en muy pocas ocasiones se atraviesan estos espacios, casi vírgenes para la investigación, en los que nunca se excavó y en los que aún quedan galerías por explorar espeleológicamente. En la actualidad, algunas escaleras y apoyos facilitan el descenso, pero, ¿cómo lo conseguirían en el paleolítico con simples lámparas de grasa? A medida que profundizamos en la cueva, los signos de actividad humana desaparecen, y no vemos ni pinturas ni restos cerámicos. Sin embargo, la sorpresa llega, y por partida doble, además, en las profundas salas finales, las conocidas como El Jardín y la del Ciprés Nevado. En la primera aparecen unos restos humanos y en la segunda, como un grito a la eternidad, dos manos en positivo, plegadas en forma de zarpa de fiera, que nos emocionan y conmueven.

 

RESTOS HUMANOS DEL PALEOLÍTICO DE LA CUEVA DE LA PILETARESTOS HUMANOS DEL PALEOLÍTICO DE LA CUEVA DE LA PILETA

 

 

A espera de las confirmaciones científicas, podríamos estar ante un descubrimiento de trascendencia internacional. Los cuatro enterramientos estarían vinculados a las manos mediante un desconocido ritual paleolítico. Los restos son de mujeres jóvenes, descubiertas y estudiadas someramente en los años treinta. ¿Fueron sacrificadas en una liturgia primitiva? ¿Un solemne enterramiento de personas relevantes y veneradas? ¿Simples muertes por accidente? Sea cualquiera la respuesta el hallazgo ya es espectacular, pues existen muy pocos enterramientos paleolíticos en toda Europa.

Abandonamos La Pileta con la certeza de haber visitado uno de los grandes templos paleolíticos, un lugar sagrado o totémico, al que acudirían gentes de todos los lugares. Sus pinturas, antiguas, antiquísimas, parecen aún gritar al futuro. Por eso, miles de años después, seguimos emocionándonos ante su belleza y misterio.

 

 

Manuel Pimentel Siles.

 

 


 

 

ARQUEOLOGÍA DEL INFINITO

VISTA DESDE SIERRA AZNAR EN CÁDIZVISTA DESDE SIERRA AZNAR EN CÁDIZ

 

Como si se tratara de la Biblioteca de Borges, con sus anaqueles en permanente desdoblamiento, con sus baldas profundas y oscuras, cobijando un Aleph. La arqueología en Andalucía es así, nunca deja de abrir una pista nueva, de anotar un recodo ignoto en el mapa de sus caminos. Lo que experimentamos ayer es buena prueba de ello.

La visita a la Sierra Aznar, en Arcos de la Frontera, Cádiz, nos situó en el mapa de esa arqueología infinita. Este rodaje es como la vida misma: cuando crees que lo has visto todo, te das cuenta del error.

Una gran cantera asoma tras la inmensa mole calcárea de Sierra Aznar, amenazando la historia milenaria del lugar. Las águilas surcan los cielos mientras los conejos corren entre los becerros y chivos de una explotación cercana. Los chaparros jalonan una senda que se va empinando cada vez más, a medida que nos acercamos a la muralla. Piedras sueltas y pequeñas estructuras van completando un paisaje que toma definitiva en la puerta de la que fue, probablemente, la antigua Calduba de las fuentes clásicas.

Hace calor, mucho calor.

La arqueóloga Esperanza Mata no deja de insistir: “Aquí hay mucha agua, todo es agua”. Unos metros más arriba, cuando ya puede verse – encauzado en el horizonte – el cauce del Majaceite en búsqueda incesante del Guadalete, llegamos ante una gran estructura. Se trata de un inmenso aljibe con una capacidad para dos millones de litros de agua.

Roma aparece en escena. La montaña – antaño turdetana – había pasado a estar bajo el dominio y uso de la metrópoli centromediterránea. ¿Para qué tanta agua? Tiempo al tiempo…

Ya por la tarde, en la inmensa canícula del campo andaluz, en la cercanía de la Janda, con los aromas de Medina Sidonia y Arcos en el aire azul, bajo la mirada severa de los toros bravos, nos vemos ante los arcos del que fue el acueducto más grande de Hispania. Había que llevar el agua a Gades, así lo reclamaban los Balbos y los sacerdotes de Hércules. La vaguada muestra los pilares de la civilización, de la ingeniería, de Roma.

Un rato antes, en Espera, habíamos visto las miradas perdidas de los leones iberoromanos de una necrópolis. Muchos leones. Otro reto para la infinita arqueología andaluza. Claro, que para reto el que nos vamos a encontrar hoy: las mismísimas entrañas de la Cueva de la Pileta.

El cielo, sigue azul por el sur del Sur.

 

M.N.


 

LA BELEÑA DE CABRA: SOFISTICADO NEOLÍTICO

 Cuentas de collar, de tamaño milimétrico, del yacimiento de La BeleñaCuentas de collar, de tamaño milimétrico, del yacimiento de La Beleña

Lo que se ve sobre la lupa son las cuentas de un collar, con casi toda probabilidad. Los dioses de los arqueólogos son tan caprichosos como los de los marineros y su prodigalidad es discrecional. Tranquilos, es sólo una forma coloquial de expresión. Pero los arqueólogos saben perfectamente de lo que hablamos. Unas veces hacen todo el trabajo y aparece poca cosa. Otras, en cambio, hay una explosión de información. Y hasta que no se abre el melón, no se sabe, aunque cada vez más las técnicas - que podemos denominar como prearqueológicas (escáneres, geomagnetismo, lidar) van facilitando el trabajo y adelgazando los recursos necesarios para llegar al busilis. 

El yacimiento neolítico de La Beleña en Cabra, Córdoba, es uno de esos lugares que podemos denominar un filón. Más de cuarenta individuos recuperados en la necrópolis sería suficiente argumento para sostener esta afirmación. Pero es que además hay ajuares preciosos y arquitecturas primigenias. 

Dimas Martín Socas y Dodes Camalich encabezan un proyecto de enorme importancia y rigor. Cuando se conozcan los resultados de la genética (análisis de ADN) a principios de otoño, podemos estar ante uno de los hits - si se nos permite la expresión - de la temporada. La mitad del cuarto milenio antes de Cristo es un momento de importancia fundamental para comprender la génesis de las poblaciones de la Edad del Cobre.  A continuación, Manuel Pimentel, director de Arqueomanía, nos hace la crónica de la visita al yacimiento. Esperamos que sea de vuestro interés. 

 

Dos cráneos de adulto y uno de un infantil de La BeleñaDos cráneos de adulto y uno de un infantil de La Beleña

 

LA NECRÓPOLIS DE LA BELEÑA Y LA CIENCIA DE LA INMORTALIDAD

Desde nuestro origen, la muerte fue el Asunto. Probablemente, el primer destello de inteligencia humana nos hizo vislumbrar su inevitable aliento, nos permitió conocer que, en algún momento, su visita nos sacaría de este mundo para trasladarnos a otro lugar, espacio o dimensión que ni entonces, ni ahora, logramos conocer. Y los muertos eran nuestros muertos y teníamos que atenderles y honrarles. Éramos porque ellos nos hicieron ser; nuestra legitimidad era la suya; nuestra lengua, la que nos legaron; nuestro territorio, el que ellos conquistaron o defendieron. Nuestra vida no era más que el eco continuado de la suya, por lo que, al morir, no se iban del todo, permanecían, de alguna manera, entre nosotros. Además del recuerdo, le debíamos reverencia. Éramos la vida que ellos fueron; ellos, la muerte que nosotros algún día seríamos. Por eso, los primeros cultos conocidos son de muerte. De reverencia y respeto a los difuntos de la familia y del clan. Y más allá de los mitos, creencias y religiones de los distintos grupos humanos, todos compartieron el respeto y el culto a la muerte. Y si esto es cierto en cualquier etapa histórica, lo fue en grado superlativo durante el neolítico y el calcolítico, el periodo megalítico, en el que los vivos dedicaron enormes recursos y esfuerzos para honrar a sus difuntos. Aquellas sociedades destinaron más medios a los muertos que a los vivos. Construyeron enormes dólmenes y excavaron costosas necrópolis para los difuntos mientras vivían en humildes cabañas de barro y juncos.

Cráneo adulto de La BeleñaCráneo adulto de La Beleña

Visitamos el yacimiento de La Beleña, en Cabra, Córdoba, y el rumor silente de sus muertos neolíticos reverbera en nuestro ánimo. El eco de unas vidas anónimas de hace más de cinco mil años alienta la curiosa fascinación que siempre experimentamos ante la muerte. Dolores Camalich – Dodes - y Dimas Martín, ambos docentes e investigadores de la universidad de La Laguna, dirigen la excavación con el rigor y la profesionalidad que su maestría y especialización en el neolítico andaluz les otorga. El yacimiento se localiza en un olivar de la finca La Veleña, a escaso cuatro kilómetros de Cabra, en plena Subbética cordobesa.

El momento del descubrimiento reviste una especial importancia en la intrahistoria de cualquier yacimiento. Eduardo González labraba en 2015 el olivar de la finca la Veleña cuando, en un giro cerrado, notó como el suelo se hundía. Detuvo el tractor y, al asomarse al inexplicable hueco descubierto, se encontró con dos cráneos que lo miraban con el vacío del pasado. Dos cuerdas de espacio-tiempo, el hoy y el ayer remoto, colapsaron en ese preciso instante en el que se encontraron frente a frente: los huesos de los muertos con la profanadora mirada del tractorista. Eduardo no podía saberlo, pero acababa de retroceder más de cinco mil años, hasta una etapa de transición en la que el neolítico se convertía en calcolítico. No se asustó y decidió continuar con la faena, hasta decidir qué hacer. A la siguiente pasada tomó alguna fotografía que envió a los propietarios, Manuel Valle y Amparo Caballero, que inmediatamente informaron al Ayuntamiento y a la Junta de Andalucía. El lugar fue discretamente protegido y se autorizó una excavación de urgencia. El yacimiento pudo salvarse gracias a la prudencia de Eduardo, a la generosidad de la propiedad y a la diligencia de las administraciones afectadas.

Dodes nos aporta los datos básicos. La Beleña es una necrópolis tardoneolítica, datada entre la horquilla cronológica de 3.400 -2.900 a.C. Las sepulturas están excavadas en forma de pequeños hipogeos o cuevas artificiales, con un corto corredor y una cámara circular de cubierta semiesférica. En los años 70 del pasado siglo se descubrió una primera sepultura - excavada sin excesivo rigor – sin que desde entonces se tuviera ninguna nueva noticia al respecto. La sepultura descubierta en 2015, la bautizada como la número 2, presenta un excelente estado de conservación y en su interior se encontraron los restos de 21 individuos. Desde entonces se han excavado por completo otras dos y en esta campaña se trabaja sobre la número 5, especialmente rica y compleja. Las prospecciones geofísicas permiten aventurar que el total de sepulturas que componen la necrópolis superarán la veintena, por lo que estamos ante un registro amplísimo que aportará una información muy valiosa sobre un periodo aún poco conocido.

La Beleña, ¿es un cementerio o una necrópolis? Asistimos a un breve debate al respecto entre Dodes y Jonathan, al que acabábamos de entrevistar sobre sus trabajos en la sepultura 5. Y sus argumentos nos hacen reflexionar, porque no es fácil, en verdad, distinguir entre cementerio y necrópolis. Según la RAE, el primero sería el terreno, generalmente cercado, destinado a enterrar cadáveres mientras que la segunda, un cementerio de gran extensión en el que abundan los monumentos funerarios.  Aunque, en principio, nos pudieran parecer sinónimos, algo nos advierte de los matices que las separan. Además de su sonoridad arcaizante, la palabra necrópolis es más contundente, como si los muertos la habitaran con mayor solemnidad. Y bien esa pudiera ser una de las diferencias fundamentales. El cementerio es el lugar en el que se entierran los cadáveres; la necrópolis, la ciudad en la que habitan los muertos. Los cementerios se erigen a las afueras de las ciudades, las necrópolis se enclavan en el centro del corazón de los pueblos que las erigen. La Beleña, diseñada y excavada con un diseño monumental y con gran esfuerzo y destreza, se trata, a nuestro parecer, de una necrópolis ancestral, de una ciudad de los muertos, frente a la polis, ciudad de los vivos, humilde asentamiento neolítico en este caso. Dado lo remoto de los tiempos, es posible que la necrópolis diera servicio a una comunidad que no sólo viviera en un poblado, sino que también se desplazara de manera seminómada por su territorio, en un proceso de sedentarización aún no concluido.

El trabajo de campo se complementa con su estudio en laboratorio, instalado en el IFAPA, cercano instituto de investigación agraria. Dimas Martín, catedrático de Prehistoria, al mostrarnos el material encontrado, destaca tanto las minúsculas cuentas de collar cribadas - ¿cómo lograrían horadarlas, Dios mío? – como unas puntas triangulares de flecha de sílex de la sierra del Turón, en el actual Ardales, que nunca fueron utilizadas, lo que demuestra su uso ritual como elementos de prestigio. Cerámicas, hachas de piedra pulimentada, flechas ordinarias componen los ajuares compartidos. Destacan las placas de marfil africano, probablemente grabadas, así como collares de conchas mediterráneas del tipo dentalium, engarzadas directamente entre sí, sin necesidad de cordel que las uniese. Los materiales exóticos dedicados a usos ornamentales certifican unos excedentes locales con los que comerciar e intercambiar con productos de otras regiones, algunas realmente lejanas, como África, lo que conlleva la existencia cierta de rutas de navegación.

Los huesos hablan, arrojan una gran cantidad de información para quien sepa leerla. Ayoze Trujillo, antropólogo forense, nos explica las características físicas de la población de la Beleña. Algunos individuos eran altos y robustos – superarían el 1,80 de altura – y mostraban un acusado dimorfismo sexual. Parecen que fueron sustentados por una dieta rica en carne y ninguno de los estudiados hasta el momento muestra herida de arma ni de lucha. Con los excavados en la presente campaña se han extraído al menos los restos de cincuenta individuos, Muchos de estos huesos están en buenas condiciones para la extracción de ADN, por lo que pronto dispondremos de esa información esencial, que será una referencia general para conocer el legado genético y la movilidad en los momentos de la transición del neolítico al calcolítico, y determinar quiénes eran, de dónde venían y, también, si sus genes aún habitan entre nosotros. Al fin y al cabo, aquellas gentes fueron los constructores de los grandes dólmenes andaluces, por más que, según el propio Dimas Martín, casi nada pueda Menga, todavía, decirnos al respecto. El ADN también resolverá otras de las cuestiones fundamentales, si las sepultur

 ORCE Y SU SINFONÍA DE EXTRAÑEZA ESENCIAL

 

 MANUEL PIMENTEL Y JUAN MANUEL JIMÉNEZ AYER EN ORCEMANUEL PIMENTEL Y JUAN MANUEL JIMÉNEZ AYER EN ORCE

 

Orce es una bella sinfonía en clave de extrañeza. Sus tierras, blancas, tienen el color de los millones de fósiles que dormitan sepultados bajo sus calizas sedimentarias. Orce, hermosa por caserío y paisaje, es una ventana abierta hasta aquellos tiempos extraños, un millón y medio de años atrás, en los que los primeros humanos se desplazaron por Europa.

Todavía no conocemos nuestro propio pasado. Sólo la ciencia, con el apoyo de los escasos fósiles humanos aparecidos, podrá alumbrar la caverna oscura de nuestro origen. Primero fue la inmovilidad, el relato bíblico. El mundo era como lo veíamos, apariencia, forma, que dirían los clásicos. La esencia de la materia nunca cambia, es inmutable, afirmaron. Y si la materia lo es, el mundo también lo sería, con razón acrecentada. La continuidad esencial de Parménides, el nada cambia, impregnó el paradigma del conocimiento humano hasta que los fósiles – testigos molestos de un pasado que no entendíamos – y, sobre todo, hasta que Darwin y sus teorías nos convencieron de que la vida evolucionaba y cambiaba. Orillamos a Parménides y abrazamos el Panta rei de Heráclito, el todo fluye, nada permanece. Antes, los incipientes estudios de geología nos habían descubierto las colosales fuerzas telúricas que elevaban las montañas y que hundían continentes enteros. Al-Biruni ya afirmó, allá por el siglo X, aquello tan revolucionario de que la India fuese antes un mar. Charles Lyell publicó en 1830 su famoso libro Principios de Geología, que tanta influencia tuviera en el propio Darwin, y gracias al cual la humanidad tomó consciencia definitiva de que las geografías mudaron en el tiempo y, lo más importante, que seguirían haciéndolo en el futuro.

Todo cambia, todo fluye, nada permanece. Y la certeza de que nunca podremos bañarnos dos veces en el mismo río nos provoca un sentimiento de extrañeza en relación con el mismo suelo que pisamos, sobre el familiar territorio que habitamos, que no fue como hoy lo vemos, ni será como lo vean los nietos, de los nietos de nuestros nietos. Sobre sus campos no pastaron ni cazaron los mismos animales que hoy lo hacen. Donde hoy vemos ovejas, vacas, ciervos y jabalíes, en el pasado pleistocénico al que nos remiten los yacimientos de Orce, habitaron enormes mamuts con defensas imposibles, hipopótamos, rinocerontes, hienas gigantes, tigres de dientes de sable. Y entre tanta desmesura de bestias y fieras, vivieron los homínidos o humanos pleistocénicos de alrededor de millón y medio de años de antigüedad. Nos los figuramos trémulos, asustadizos, pero con la firme determinación de sobrevivir y con una inteligencia asombrosa que les permitió tallar útiles en piedra y hueso. Ya eran nuestra estirpe, nuestros parientes apartados que nos dejaron la rica herencia de sus genes. En Europa apenas si hay yacimientos con restos humanos con antigüedades superiores al millón de años y Orce es uno de ellos, junto a Dmanisi y Atapuerca.

Orce se encuentra al norte de la provincia de Granada y acoge, como decíamos, algunos de los yacimientos con presencia humana más antiguos de Europa. El paisaje, árido, de blancas albarizas y profundos barrancos, es exótico, bellísimo y único y recuerda a las profundas gargantas tanzanas de Olduvai, consideradas por algunos como el origen de la humanidad. En el término de Orce existen abiertos varios yacimientos, de los que en la presente campaña se han excavado tres, Barranco León, Fuentenueva 3 y Venta Micena, que visitamos.Estos yacimientos se localizan en lo que fueran las orillas de un lago antiquísimo y poseen una riqueza espectacular, tanto en fauna del pleistoceno inferior como en instrumentos líticos de los homínidos que poblaron estas tierras hará, al menos, unos 1,4 millones de años.

Desde que José Gibert descubriera los yacimientos a finales de los setenta del pasado siglo hasta nuestros días, las diversas campañas de excavación – pocas para tan largo periodo – realizadas por Gibert y otros eminentes paleoantropólogos, como Isidro Toro, Bienvenido Martínez o Robert Sala, han arrojado un riquísimo material paleontológico y de industrias líticas que sitúan a Orce en el parnaso de la arqueología pleistocénica. Asimismo, se han descubierto valiosos restos humanos, como un diente infantil,un probable húmero, dos epífisis humerales o un posible hueso parietal, que son, a día de hoy, los más antiguos localizados en Europa tras los de Dmanisi.

El Proyecto Orce contempla cuatro campañas de excavación e investigación a partir de este verano de 2017, coordinados por la Universidad de Granada. Juan Manuel Jiménez Arenas, director del proyecto, es bien consciente de la enorme responsabilidad que contrae tanto con la comunidad cientínfica como con el conjunto de la sociedad. Orce es un yacimiento con un enorme potencial que arrojará luz sobre un periodo aún tan confuso como el Pleistoceno inferior. Para ello ha organizado un amplio equipo interdisciplinar e internacional, en colaboración con el IPHES, compuestos por técnicos y científicos de diversas disciplinas y con un soporte metodológico y tecnológico de última generación. El objetivo es conocer tanto la fauna como el clima de aquel tiempo remoto, así como, por supuesto, estudiar la presencia de aquellos primeros homínidos europeos, para responder así las muchas preguntas que sobre ellos aún se suscitan.

José Solano nos muestra el yacimiento de Barranco León, suspendido sobre la enorme cárcava que la erosión creó sobre el sedimento del lago. Aquí apareció el diente humano y destaca por la rica presencia de hipopótamo en unas cronologías que rondan los 1,4 millones de años.Nos trasladamos a continuación hasta Fuente Nueva 3, un yacimiento con 1,2 millones de años, donde encontramos al mamut meridional como rey. Unas defensas enormes, las mayores encontradas de la especia hasta ahora, dominan, soberbias, la excavación. Deborah Barsky, su directora e investigadora del IPHES, narra apasionada la importancia de Orce en la escena europea y la trascendencia de estas excavaciones.

El yacimiento más antiguo es el de Venta Micena, con casi 1,6 millones de años de antigüedad – muy cercano al ya que excavara Gibert -, que destaca por su alta concentración de fauna, en especial de carnívoros, aunque, hasta ahora, no se ha encontrado actividad humana alguna. Carmen Luzón, tafónoma, nos muestra la alta densidad de fósiles de licaones, lobos e hienas, además de unas imponentes cuernas de un enorme cérvido. En este yacimiento aún no se ha localizado actividad humana, aunque no descarta descubrirla en cualquier momento.

 

Fragmento de colmillo de tigre de dientes de sable excavado esta campañaFragmento de colmillo de tigre de dientes de sable excavado esta campaña

 

Hace millón y medio de años, una inmensidad en el tiempo, grandes animales vivieron en estas tierras, acompañados por unos inteligentes e inquietos homínidos, de los que aún sabemos muy poco. Orce posee la llave que nos abrirá la puerta de sus arcanos que, de alguna manera, también son los nuestros. Mientras, los paisajes de Orce, sus páramos y barrancos, continuarán componiendo su sinfonía de extrañeza singular, de asombro y sorpresa, ante el misterio más extraño: nuestro propio origen, nuestro propio Ser. ¿Somos nosotros aquellos homínidos? ¿Habitan ellos en nosotros? Quizás, al final, tanto Parménides como Heráclito tuvieran razón al tiempo, al modo de Lampedusa. Que cambie todo, para que nada, en esencia, se modifique. Quién sabe si, al final, no estamos tan lejos de aquellos primeros humanos como hoy suponemos. Orce dirá, Orce sentenciará. Y si no, al tiempo.

 

Manuel Pimentel Siles.


 

ROMA EX MACHINA

 ACUEDUCTO DE SEGOVIAACUEDUCTO DE SEGOVIA

 

Hoy quiero tener un recuerdo especial para mi amigo José Carlos Bejarano, ingeniero de caminos, hijo de Don José Bejarano, ingeniero agrónomo. Cuando podemos, pasamos muchas horas hablando de ingeniería romana. Él, cómo buen profesional, lo ve todo desde los números, desde la pura matemática, y se asombra de que aquellos romanos fueran capaces de desarrollar tan complicados y avanzados algoritmos y de entrever en el espacio lo que sólo ellos veían. Lo demás es una aplicación, dice mi querido Pepe Carlos. También dice que los romanos ya sabían casi todas las soluciones y que eran grandes conocedores del comportamiento de los materiales, de su estrés. 

El otro día  Juan Luis Arsuaga le contaba a Manuel Pimentel la anécdota de Miguel Ángel y la Piedad: "estaba ahí, sólo había que sacarla". Anécdota pintiparada para explicar la previsión mental de los viejos heidelbergensis a la hora de tallar Excalibur - que era la intención de paleontropólogo - o de diseñar un acueducto o el sistema de extracción de oro de las Médulas, que es el mío.  Hay personas que poseen esa visión y otras que tienen la capacidad de llevarla a las matemáticas. Después vienen los constructores y siguen las pautas.

Desconozco si alguien ha publicado alguna vez un tratado sobre las matemáticas durante el milenio de Roma. Supongo que sí, es un tema obvio, pero confieso mi desconocimiento al respecto. Los ingenieros romanos eran grandes matemáticos, su capacidad de crear geometrías, de calcular cargas y de cuadrar presupuestos era ingente. La escuela de Ostia fue una verdadera cantera. 

He leído por ahí que los arquitectos que trabajaban en Éfeso tenían que avalar las obras con su patrimonio. Si sobrepasaban el coste en un 25% el estado ejecutaba la garantía. En cambio, si los reducían, eran premiados. Como se ve, el Estado - que en si mismo quizás sea un organismo predeterminado por la sociedad humana - siempre ha querido controlar a sus ciudadanos y contratistas. Ahora vivimos en la ERA DEL CONTROL  pero la cosa viene de lejos, por lo que se ve.

 DETALLE DEL INTRADÓS DE UN ARCO DEL ACUEDUCTO DE SEGOVIADETALLE DEL INTRADÓS DE UN ARCO DEL ACUEDUCTO DE SEGOVIATambién he leído que un investigador, el señor Jesús Antonio Rodríguez Morilla, que es doctor en Derecho, ha cifrado el costo de la construcción del Acueducto de Segovia en 320 millones de euros, unos 200 millones de sestercios. No sé si los cálculos serán exactos, pero si son lo suficientemente representativos para ver la magnitud de la obra pública en tiempos de Nerón o Trajano. También lo es que según este investigador el presupuesto del acueducto se disparó un 800%. Nihil novum sub sole. Si se hubiera aplicado la Ley de Éfeso, ¿qué habría sido del arquitecto?

Por cierto, tomando como valor de cambio los datos del doctor Rodríguez, tengo que decir que la amnistía fiscal que hizo Adriano al llegar al trono fue de 1440 millones de euros, unos 900 millones de sestercios. Claro que los que más debían, se beneficiaron más, no fue una amnistía porcentual. Los ricos serían muy felices y los pobres pudieron comer perdices, al menos durante unos días. Alguno acusará a Adriano de neoliberal, claro que lo han acusado de peores cosas. 

Traigo a Adriano a la palestra porque fue el promotor - y probable codiseñador - de la que dicen es la obra arquitectónica más perfecta que existe: el Panteón. A mí, desde luego, me lo parece, Esa esfera celestial, esa apertura cenital por donde se esparce - lenta y cadenciosa - la lluvia, ese cosmos adrianeo, en definitiva, subyuga, emociona, silencia, despierta, arroja, empequeñece y hace soñar. Adriano tuvo y un plan y lo llevó a cabo. Y eso es puramente romano. Roma es impulsada por su ingenieros y sus arquitectos, los militares y los civiles. Roma es un sueño que se materializa gracias a la trigonometría. Ya sabemos que Einstein dijo que la fuerza de la voluntad era la mayor energía del Universo. Roma tuvo voluntad, poseyó determinación. Esa es su machina.

Cuando Roma construía nuevas ciudades iba borrando la memoria de los conquistados. Les impuso un canon, un know how, que se dice ahora. Pero no se frenó ahí, también cambió su paisaje. ¿Recuerdan la película Tras el corazón verde? Probablemente los astures, indiquetes, galos, carpetovetones o britanos debieron sentirse como aquella tribu del Amazonas bajo la amenaza de enormes máquinas. 

Roma empezó a cambiar el planeta con un programa de ingeniería. No debemos olvidarlo. 

 

M.N. 


 

CUEVA FANTASMA DE ATAPUERCA: ASOMBRO Y AGRADECIMIENTO

 CUEVA FANTASMACUEVA FANTASMA

 

Atapuerca es forma y es contenido, al modo escolástico. Su nombre ya evoca antigüedad y condensa, en su sinfonía de fósiles, sedimentos y útiles, millón y medio de años de vida humana, casi nada. La Sierra de Atapuerca, que ocupa los términos municipales de Ibeas de Juarros y Atapuerca  en Burgos, alberga en sus entrañas el mejor y más completo registro paleoantropológico del mundo. Posee distintos yacimientos, todos ellos espectaculares. Sus hallazgos han asombrado a la ciencia desde hace treinta años y han jalonado de nombres propios la cultura popular. El que fuera bautizado como Homo Antecesor, y que sacudió a la opinión pública desde sus 800.000 años de antigüedad, emergió desde las profundidades de la Sima de los Huesos, que alberga más de la mitad de los fósiles humanos encontrados hasta ahora en el planeta. El famoso Miguelón, su icono, es un mocetón robusto que cazaría por esos montes hará unos 400.000 años. Junto a estos preneandertales apareció la famosa Excalibur, un valioso bifaz de posible uso ornamental. Sus yacimientos son míticos: la Gran Dolina, la Sima del Elefante, la Cueva Mayor, el Portalón y sus directores celebridades mundiales, Juan Luis Arsuaga, José María Bermúdez de Castro y Eudald Carbonell. Todo en Atapuerca evoca excelencia, vanguardia, rigor, éxito. Es el yacimiento que ha colocado a la paleoantropología española en las cimas de la ciencia internacional y el que ha ejercido una mayor influencia en las excavaciones españolas, inspiración de modos y equipos interdisciplinares de trabajo y un ejemplo de vocación divulgadora. Ni siquiera en su mejor sueño, Emiliano Aguirre llegaría a intuir siquiera, cuando comenzó con su joven equipo a trabajar estos yacimientos, que algún día Atapuerca alcanzaría una repercusión de esta magnitud. Están en lo más alto… con vocación de permanecer ahí, además, alumbrando el camino de otros durante mucho tiempo todavía. Y no es tarea fácil, porque cuando se alcanza una cima, la ley de la gravedad comienza a trabajar a la contra. Recelos, envidias, peleas, egos, políticas y un largo etcétera de posibles riesgos tan humanos como frecuentes podrían haber dado por tierra con este proyecto excepcional. Ya lo dijeron los clásicos, lo difícil no es llegar, lo realmente complicado es mantenerse una vez que sobrevuelas a la altura de los dioses. Pero Atapuerca ha sabido sortear las dificultades, empeñado en su programa de ciencia y divulgación.

Un yacimiento es la conjunción de la riqueza paleontológica que alberga con el factor humano que lo excava e investiga. Y si la Sierra de Atapuerca es un cofre calizo del pasado, la calidad científica y humana de su equipo director ha conseguido sobrevolar a la altura de las circunstancias. Gracias a esta simbiosis perfecta, Atapuerca seguirá como referencia paleantropológica para varias generaciones, lo que no es tarea fácil, dada la velocidad de los descubrimientos y las tecnologías.

Atapuerca lleva años estudiándose y excavándose, pero, a pesar de ello, su potencial es tan elevado que aún atesora cuevas y nuevos yacimientos por descubrir y excavar. En nuestra visita conocemos la Cueva Fantasma, una antigua caverna colmatada por una enorme bolsa de sedimentos, que complementará y enriquecerá el enorme registro fósil ya descubierto. La cueva Fantasma fue descubierta por los canteros de los años cincuenta del pasado siglo, al dinamitar un frente de cantera. La explosión hundió la cubierta de roca, que aplastó la bolsa de sedimentos que contenía y que se entiende desde los cien mil años hasta casi millón y medio de años de antigüedad. Los investigadores de Atapuerca la buscaron sin éxito durante un tiempo, pero la densa vegetación que la cubría impidió su localización, de ahí su apelativo de Cueva Fantasma. Una vez descubierta, se planteó su excavación, para lo que fue necesario apartar toda la cubierta estéril, una ingente tarea para la limpieza y preparación del yacimiento.

También, para nosotros, la sorpresa es doble. Por una parte, el comprobar de nuevo la riqueza proverbial y ubérrima de esta sierra, empeñada en proporcionar los mayores y mejores yacimientos de Europa. Pero, por otra, encontrarnos sublimado en Cueva Fantasma el factor humano, al ser los seniors, los Bermúdez de Castro y los Carbonell, los que excavan y trabajan directamente sobre los niveles recién descubiertos. Podían levitar en el Parnaso de los elegidos y prefieren seguir a pie de obra, con calor y con frío, arrancando a las entrañas de la tierra el suspiro fósil de un hueso, la lágrima cortante de un útil de pedernal. PIMENTEL Y BEMÚDEZ DE CASTROPIMENTEL Y BEMÚDEZ DE CASTRO

Ambos están convencidos de la enorme riqueza de este nuevo yacimiento. El material que proporcione complementará el registro hasta ahora obtenido y rellenará algunos de los huecos, como de neandertal y de Sapiens Sapiens antiguo, que aún existen. De conseguirlo, Atapuerca podría mostrar al completo las distintas fases de la evolución genética, cultural y artística de la humanidad en Europa, una información tan importante como tan escasa todavía. Para ello, es importante plantear adecuadamente la estrategia de excavación, ya que estos primeros pasos pueden condicionar de manera determinante los trabajos del futuro. Y por eso, los sabios prefieren plantearlo en primera persona, con un equipo muy reducido. Así pueden pensar y tomar las decisiones adecuadas que permitirán optimizar y racionalizar la excavación del futuro. Preguntados por cuántos años de trabajo serán necesarios para estudiar al completo el nuevo yacimiento, responden que alrededor de ciento cincuenta. Tenemos tiempo, pues, por delante, para comprender nuestros orígenes, espejo cierto para conocernos mejor a nosotros mismos.

Pero mientras se plantea el nuevo frente de excavación en Cueva Fantasma, los restantes yacimientos de la sierra siguen dando sus frutos. El futuro que promete, el presente que rinde. Juan Luis Arsuaga, sobre la Gran Dolina, nos cuenta los descubrimientos de nuevos bifaces de unos 400.000 años de antigüedad, que bien pudieron usar los preneandertales de la Sima de los Huesos, cuyo ADN ha logrado ser descifrado, una proeza científica de primer nivel. Para que nos hagamos una idea, el segundo registro cuyo ADN ha sido descifrado en el mundo tiene unos 100.00 años de antigüedad.

El conocimiento de la evolución humana está en deuda con el conjunto de yacimientos de la sierra de Atapuerca, la mayor concentración de fósiles del mundo, que pronto, serán enriquecidos por los hallazgos que se sucederán en la Cueva Fantasma, el yacimiento que ha sido planteado por los científicos de hoy, y que será explotado por los del futuro.

Fascinados por la sombra del coloso, nos dirigimos a comer con todo el equipo y patronos de la Fundación a Los Claveles, el restaurante de Ibeas de Juarros que creció con Atapuerca y que ya forma parte de su mito. La sierra vuelve a quedar en silencio, cargada de tanto pasado como futuro, mientras dormita somnolienta sobre el valle del río Pico, el cazadero de homínidos y hombres, la vega fértil desde el neolítico hasta nuestros días. El hombre es hijo del paisaje, al tiempo que lo configura. Y desde nuestros adentros emergen las dos únicas palabras que conjugan nuestro estado de ánimo y nuestro sentir:, asombro y agradecimiento. Asombro ante la excelencia, agradecimiento por la generosa sabiduría y por la clarividencia amable de estos jóvenes maduros que aún sonríen mientras trabajan, que aún comparten cuando descubren.

 

Manuel Pimentel Siles

  


 

LA CUEVA DE LOS CASARES Y LOS GRITOS DEL VACÍO

 

  RODRIGO DE BALBÍN Y MANUEL PIMENTEL EN EL PANEL DE LOS ANTROPOMORFOS DEL SENO 1 DE LA CUEVA DE LOS CASARESRODRIGO DE BALBÍN Y MANUEL PIMENTEL EN EL PANEL DE LOS ANTROPOMORFOS DEL SENO 1 DE LA CUEVA DE LOS CASARES

 

La Cueva de los Casares se divisa desde lejos, como queriendo llenar con su imponente presencia el vacío de la árida ladera. Sobre el desfiladero que cierra el río Linares, en el Alto Tajo de Guadalajara y en el término municipal de Riba de Saelices, se erige, soberbia, una torre-atalaya, que domina el valle desde su posición estratégica. Bajo la torre se abre la gran boca de la Cueva de los Casares, un importantísimo yacimiento del Paleolítico, que debe su nombre a los restos del poblado hispano-musulmán que existió en la ladera desde el siglo X hasta el siglo XIV.

Me recuerda a Cueva Negra, afirma Manolo Navarro. Le doy de inmediato la razón, porque yo estaba pensando en lo mismo. Tanto Cueva Negra, sobre el Desfiladero de la Encarnación, en Caravaca de la Cruz, en Murcia, como la Cueva de los Casares sobre el Valle de los Milagros, son algunos de esos lugares en los que la historia se concentra para conjugarse en armonía con la naturaleza. Los hombres de épocas muy distintas dejaron sus huellas en arquitectura, enseres y arte, y hoy un denso vacío parece cubrir su recuerdo. Porque no es igual el vacío que experimentamos sobre las ruinas de los hombres, que el que sentimos donde nunca hubo poso de humanidad. Al igual que en la física el vacío es una presión negativa que parece atraernos, el vacío que dejaron los hombres y las mujeres del ayer nos atrapan desde el grito silente de un recuerdo que se niega a desaparecer. Las ruinas del poblado, la atalaya, el desfiladero y, sobre todo, la boca de la cueva, componen una sinfonía del silencio que nuestra alma percibe y respeta.

La Cueva de los Casares, probablemente, sea el más completo yacimiento del Paleolítico Medio y Superior de Castilla La Mancha. Su amplio vestíbulo se abre hacia el sur, la mejor orientación para las épocas frías. Además de sus sorprendentes grabados, tanto en calidad como en cantidad, destaca una importante ocupación neandertal.

Aunque la cueva ya se conocía desde los años treinta del pasado siglo, y fue excavada en los sesenta, la universidad de Alcalá de Henares está realizando nuevas excavaciones, que arrojan valiosa información sobre la ocupación neandertal. Manuel Alcaraz, uno de sus investigadores, nos muestra la secuencia de estratos muy bien definidos y datados que demuestran la ocupación neandertales hasta hace, al menos, unos cuarenta y dos mil años. Esta cronología es muy interesante, porque algunos pensaban que el neandertal no habitó la meseta por esos tiempos, ya que, supuestamente, se habrían desplazado hacia regiones más templadas.

Miles de años después, nuestros antepasados sapiens sapiens, tomaron posesión de la cueva y dejaron, desde hace unos 26.000 años hasta hará unos 12.000 años, cientos de grabados y algunas pinturas rupestres, también, sobre sus paredes, muchas de ellas de gran calidad artística. Los grabados más antiguos serían gravetienses, los medios solutrenses y los más recientes magdalenienses. Toros y uros, ciervos y caballos conforman sus motivos más frecuentes, aunque nos llaman la atención algún león y, sobre todo, las misteriosas figuras de los antropomorfos.

ANTROPOMORFO DE LA CUEVA DE LOS CASARESANTROPOMORFO DE LA CUEVA DE LOS CASARES

De nuevo, como ya nos ocurriera en la cueva de Hornos de la Peña y en la Neocueva de Altamira, la aparición en la Cueva de los Casares de más de veinte grabados de antropomorfos nos asombra, al punto de asumir un elevado protagonismo. Todos ellos presentan aspecto similar, con rasgos tanto de animal como de hombre, que conforman inquietantes figuras. Si los artistas paleolíticos trazaban con perfección naturalista las figuras de ciervos, caballos, cabras y otros animales, ¿por qué esos antropomorfos erguidos, de cabezas alargadas e indefinidas y brazos extendidos? ¿Qué querían representar? Rodrigo de Balbín, catedrático emérito de Alcalá de Henares, comparte, al respecto, su sabiduría con nosotros. Estamos en la cueva en la que aparecen más antropomorfos, que fueron grabados a lo largo de miles de años, en composiciones bien distintas. Algunos parecen que se arrojan al agua, otros se imbrican y confunden con un caballo, los más parecen relacionarse entre sí, todos suponen un grito simbólico ante los ojos de aquella humanidad prehistórica que asumiría su mensaje. Desgraciadamente, nosotros no podemos entender su lenguaje totémico y nos quedamos absortos ante sus inquietantes formas de humanoide, que bien podrían servir de inspiración para películas de ciencia-ficción.

Bajo la atenta mirada de los antropomorfos, que parecen custodiar la cueva, nos adentramos hasta una sala profunda, en la que domina un bellísimo grabado de un león. También hemos podido observar lo que parecen ser animales de periodos muy fríos, como el rinoceronte lanudo o el glotón y algunas pinturas de caballo y de motivos geométricos, conocidas como tectiformes.

A pesar de su relativo desconocimiento, la Cueva de los Casares es, sin duda alguna, uno de los grandes hitos del arte paleolítico en España y un yacimiento de enorme potencial científico y artístico por conocer y divulgar. Las nuevas investigaciones supondrán un importante avance para su conocimiento, gracias al cual, quizás, se logre satisfacer y saciar el enorme grito de vacío con el que antropomorfos y ruinas succionan nuestro ánimo y sacuden nuestra razón.

 

Manuel Pimentel Siles


 

DE GALAXIAS Y MOLÉCULAS

 EMILIANO BRUNER NOS HA HABLADO HOY DE AFRONTAR TERRITORIOS INTERMEDIOS EN LA CIENCIA DURANTE LA GRABACIÓN EN EL CENIEH

EMILIANO BRUNER HOY EN EL CENIEH. FOTO KURRO. EMILIANO BRUNER HOY EN EL CENIEH. FOTO KURRO.

 

"Se investiga el Universo profundo y se investigan las moléculas, pero tenemos un paquete vascular enorme, una tela de araña que nos cubre el encéfalo y no sabemos para qué sirve. Cuando un cirujano tiene que intervenir, lo extirpa y para el gato". En estos términos se expresaba esta mañana Emiliano Bruner. Lo de "para el gato" suena a casquería, pero el paleoneurólogo italiano tiene razón en lo que afirma. Se trata de un debate de recursos y objetivos científicos. Por segundo día consecutivo hablamos de los objetivos de la ciencia. Es necesario formar buenos investigadores como Bruner, personas con iniciativa y sed de conocimiento, verdaderos científicos que se alejen de la creciente mercantilización de la formación universitaria en todo el planeta. 

El Centro Nacional para la Investigación Humana CENIEH es un proyecto que pretende ser punta de lanza. Constituye la vanguardia en planteamientos y medios para afrontar los estudios de evolución humana desde otras perspectivas, como el análisis del cerebro. El hecho de ubicar en Burgos - aprovechando la cercanía de la Sierra de Atapuerca - un centro de este tipo y el Museo de Evolución Humana en un único complejo es una idea brillante. Un proyecto coherente del que esperamos mucho. 

Para Bruner, la vascularización del cerebro de hombres y homínidos es un tema de investigación desde finales de la década de los noventa del pasado siglo. Por lo que hemos aprendido hoy durante su exposición magistral, los paquetes vasculares cerebrales son diferentes, y mucho, en cada tipo humano. De hecho, constituyen una huella de identidad inconfundible. 

MODELO TRIDIMENSIONAL DE LA VASCULARIZACIÓN CEREBRAL. BRUNERMODELO TRIDIMENSIONAL DE LA VASCULARIZACIÓN CEREBRAL. BRUNER

Sin pretender destripar el reportaje que vamos a dedicar al asunto en Arqueomanía, podemos adelantaros que el paquete vascular de nuestra especie, del hombre anatómicamente moderno, es mucho mayor que el de otros miembros del género homo. Por nuestro cerebro circula más sangre, por el centro, por el interior de los huesos y por las meninges. 

Las venas y arterias dejan impresiones, huellas, en la cara interior del cráneo de los homínidos. Esto permite determinar el tamaño y localización de sus vasos sanguíneos. 

El aumento de la vascularización en el hombre anatómicamente moderno puede deberse a una necesidad de refrigeración, a una mayor necesidad de consumo o a razones que aún son desconocidas. Por eso hay que seguir investigando. Y hace falta menos de lo que puede parecer, si no, pregunten a Bruner.

Esta mañana, la doctoranda cubana Gizeh Rangel nos mostraba decenas de imágenes computerizadas de zonas endocraneales y de la vascularización diplóica, por poner un ejemplo. Y comparaba nuestra especie con otras extintas. Esta joven de verbo ágil y melancolía del mar, se pasea por el interior del cerebro humano a través de potentes procesadores y pantallas de alta resolución.

Nuestro cerebro no es de mayor tamaño que el de un neandertal, pero presenta una configuración diferente y unas zonas más desarrolladas, como las parietales. El precuneus es un ojo especial, el tercer ojo, que únicamente posee nuestra especie. El neandertal, carecía de él, pòr eso sus cualidades visoespaciales eran menores que las nuestras. Por ejemplo, un neandertal tendría problemas para conducir un coche, disparar un rifle o diseñar un espacio arquitectónico. 

RECREACIÓN DE NEANDERTAL EN EL MUSEO DE LA EVOLUCIÓN HUMANA DE BURGOS. FOTO KURRORECREACIÓN DE NEANDERTAL EN EL MUSEO DE LA EVOLUCIÓN HUMANA DE BURGOS. FOTO KURRO

El laberinto de la evolución es muy amplio. Tiene calles que parecen avenidas pero que son adarves. Cuando la evolución "compra" una característica genética - por ejemplo una menor agresividad - no la adquiere sola, si no que va en un paquete. Por eso no somos perfectos. El mecanismo evolutivo "sopesa" ventajas e inconvenientes y da los pasos. Influido, también, por el ambiente. 

La genética es una información muy importante para el estudio de la evolución humana, pero no la única. El estudio de la vascularización y del endocráneo de nuestra especie y de los homínidos nos dará muchas respuestas. La anatomía y la funcionalidad de nuestro cerebro, como decíamos al comienzo, no es conocida por completo. Los estudios que realizan Bruner y Rengel contribuyen al conocimiento de la prehistoria pero también revierten en el saber médico actual. Pueden ayudar a curar enfermedades, a mejorar las funciones cognitivas, a perfilar sus procesos de análisis. 

El Universo y las moléculas son importantes, pero el hombre sigue siendo la medida de todas las cosas. Un tipo como Bruner, que lo mismo escudriña el cerebro que baila un tango, lo sabe. 

Mañana vamos, por dos jornadas, a la Cueva de los Casares. Os contaremos. 

 

M.N.


 

RODAJE EN LA SIERRA DE ATAPUERCA

 

LA CAMPAÑA DE 2017 ESTARÁ EN NUESTRO PROGRAMA. DEDICAREMOS UN CUADERNO DE CAMPO A LA CUEVA FANTASMA 

 

EXCAVACIÓN EN EL YACIMIENTO DE LA GALERÍAEXCAVACIÓN EN EL YACIMIENTO DE LA GALERÍA

 

El corte de una excavación puede ser un páramo desértico o una fértil vega. A ojos de un profano suele ser más bien lo primero, pero los expertos tienen el ojo habituado a detectar dientes de arvicólidos, industrias líticas y huesos largos. Ellos ven filones donde el común de los mortales sólo ve tierra. 

Para un paleoantropólogo, la Sierra de Atapuerca es como el Valle del Eufrates, del Nilo o del mismísimo Amazonas, por su feracidad fosilífera, se entiende. No es un problema de carencia de piezas, al contrario, es un trasunto de estrategias, de saber qué dirección tomar, de mira telescópica. Las excavaciones y los proyectos paleoantropológicos son largos y caros. Aquí saben mucho de eso, qué duda cabe. 

De pronto ves una banderola que marca el Cron Brunes Matuyama y ya sabes por dónde va la cronología de la capa fosilífera que tienes delante. Una imagen de un mamut o de un megalocero te da otra pista. Empiezan a resonar en tu cabeza los nombres míticos de la Trinchera del Ferrocarril, la Gran Dolina o Cueva Fantasma. Hay pocos lugares en los que nombren tan bien las cosas. Son nombres propios chulos, pegadizos, sugerentes. Aquí además de una cantera de fósiles hay otra de tituladores.  Y no lo digo por decirlo, es un hecho no baladí porque la socialización del conocimiento es una de las claves del sostenimiento de proyectos grandes y de proyectos pequeños.

 

CUEVA FANTASMACUEVA FANTASMA

 

Esta mañana, delante de la Cueva Fantasma estaban José María Bermúdez de Castro y Eudald Carbonell con una piqueta. Supongo que Juan Luis Arsuaga estaría en la Sima de los Huesos. Sin duda, eso es seguir a pie de obra, predicar con el ejemplo. ¿Tiene continuadores esta generación? Yo creo que sí. 

La paleontología humana nos conduce por el laberinto de nuestros orígenes como especie. Los científicos construyen el relato más importante del mundo. Aquí, en Ibeas de Juarros y Atapuerca se teclean las líneas de un capítulo clave. El ser humano necesita esta información, por fragmentada, controvertida o difícil de obtener que sea. Hablamos de nosotros, de nuestro linaje y de nuestro planeta. 

Mañana toca el CENIEH y el Museo de Evolución. Emiliano Bruner nos espera. El domingo, regresamos a Cueva Fantasma. ¡Quién sabe lo que sucederá mientras tanto!

M.N.


 

DIÁSPORA HACIA LAS VILLAS ROMANAS

Una de las cuestiones más debatidas por los historiadores y arqueólogos es: ¿por qué se abandonan las ciudades en la época final del Imperio Romano de Occidente y aumenta el número de villas?

 LA CAZA DEL LEÓN EN UN MOSAICO DE LA VILLA DE LA OLMEDALA CAZA DEL LEÓN EN UN MOSAICO DE LA VILLA DE LA OLMEDA

 

El león mira, incrédulo, al espectador mientras muere. Su corazón es atravesado por una lanza y el artista musivario quiso que la incomprensión de una víctima - al fin y al cabo inocente - llegara hasta nosotros. Entiendo que quería hacernos reflexionar.  El león mata para comer, por lo general. Es su naturaleza. Los grandes prohombres de la Historia han cazado por otras razones: deporte, fortaleza, prestigio, reto y quizás crueldad. No es posible dar una razón sola. Pero ese, es otro debate. 

Esta mañana partíamos desde Sestao con destino a Pedrosa de la Vega, en la provincia de Palencia. La villa romana de La Olmeda era nuestro destino. Pero antes de ir a Roma, me gustaría reseñar que Bilbao y su Ría son un magnífico escenario para desarrollar la arqueología industrial. Y no sólo eso. También lo son para comprender cómo operan los cambios sociales. Mientras vivimos insertos en el día a día, mientras arrancamos las hojas del calendario en el teatro de nuestras vidas no nos apercibimos de los cambios. La sociedad que nos rodea va mutando y no nos damos cuenta. No podemos estar en el presente y el futuro simultáneamente. Es cosa de elegidos. 

SESTAO ESTA MAÑANASESTAO ESTA MAÑANA

Esta mañana bien temprano veíamos a los trabajadores de La Naval, experimentábamos un paisaje industrial, que lo crean o no, es un paisaje en vías de extinción. Si no, miren la Ría de Bilbao, lo cambiada que está. Por suerte ha sido un cambio con proyecto y con sentido.  Es muy probable que los trabajadores de Altos Hornos no pensaran en ningún momento que el escenario de sus vidas presentara el cariz que presenta en el siglo XXI. 

Recuerdo que nuestra visita a Tarragona de 2011, con motivo del rodaje de la excavación del Templo de Augusto, uno de los arqueólogos nos relataba como la gran capital imperial dejó de serlo y casi se convirtió en la nada más absoluta. Algo similar ocurrió en Cádiz o en Cartagena. 

Nosotros hemos rodado en muchas villas romanas y esta temporada vamos a dedicar un reportaje de fondo a las mismas. Así, de cabeza, recuerdo la de Almedinilla, la Casa de Mitra en Badajoz, la de Hyppolitus en Alcalá de Henares o la mismísima Villa Adriana. 

El fenómeno que provoca el acercamiento, el estudio, es el siguiente: sobre el siglo IV las grandes civitas se empiezan a abandonar y las villas se multiplican. ¿Hubo una caída del poder imperial? ¿Se volvieron insostenibles los municipios? ¿Tuvo algo que ver el cristianismo? 

Hoy en la colosal Villa de la Olmeda, un mosaico presidido por la figura de Aquiles nos empuja a un pensamiento. Pareciera que las ciudades romanas hubieran sufrido un oráculo como el del héroe guerrero: "encontrarás la gloria pero el mismo camino te conducirá a la muerte". 

MOSAICO DE AQUILESMOSAICO DE AQUILES

Esta temporada trataremos de informaros a fondo del fenómeno que produjo el abandono, al menos en parte, de las ciudades romanas y la proliferación de las villas. 

M.N.


 

ARTE RUPESTRE DEL CANTÁBRICO

 

Como si se tratara de un tríptico montañoso del Tour de Francia, hemos pasado varias jornadas visitando yacimientos y museos en los que el arte parietal de época prehistórica ocupa el centro de la escena. Las cuevas de Cantabria y País Vasco han sido el teatro de operaciones soñado de este programa desde el pasado sábado. Ayer, nos dedicamos a Altamira, hoy a Santimamiñe y Armintxe. Nuestro director, Manuel Pimentel, detalla la jornada del sábado. Un día que empezó en el Desfiladero de la Hermida y finalizó pasada la medianoche en Hornos de la Peña. Todo un placer para este equipo que agradece su extraordinaria colaboración a Cuevas de Cantabria, el Museo de Altamira y la Diputación Foral de Vizcaya.  

 GRABADO DE CABALLO DE LA CUEVA DE HORNOS DE LA PEÑAGRABADO DE CABALLO DE LA CUEVA DE HORNOS DE LA PEÑA

 

LAS PINTURAS RUPESTRES COMO ARTE DEL PASADO Y COMO VANGUARDIA DE FUTURO

Hablamos de arte, sin que ni intelectuales ni artistas hayan logrado ponerse de acuerdo en su esencia y alcance.  Marcelino Sanz de Sautuola, al descubrir las pinturas de Altamira, las primeras conocidas en el mundo, no dudó de bautizarlas como arte del Paleolítico. Corría el año 1879 y Altamira abrió la caja de los truenos del debate erudito. ¿Cómo podían haber realizado semejante obra artística aquellos seres antediluvianos que se suponían poco más que bestias toscas y simiescas? Altamira fue descalificada, calificada de fraude. Sólo cuando en las cuevas francesas comenzaron a aparecer pinturas con bisontes, la ciencia cayó rendida y fascinada ante Altamira y su mensaje. Para sorpresa de todos, desde miles de años atrás, la humanidad albergó una enorme sensibilidad artística, algo incomprensible para la mentalidad de la época. Los descubrimientos de pinturas y grabados, en cuevas y abrigos, se multiplicaron desde entonces. Cada nuevo hallazgo supuso un estremecimiento colectivo para una humanidad que se asombraba ante la profundidad misteriosa de su origen.

El arte rupestre es antiguo, antiquísimo. Sin embargo, la ciencia que los estudia es moderna, tan moderna que la sorpresa de los descubrimientos es aún posible. Afortunadamente, nuevas pinturas y grabados son descubiertos cada año por arqueólogos y espeleólogos. Lo que parece imposible, se hace realidad a lo largo y ancho de la geografía europea, donde España tiene un alto peso y, desde luego, Cantabria brilla, con todo mérito. Viajamos hasta tierras cántabras con la devoción del fiel que acude al santuario milagroso, con el gozoso estremecimiento del amante ante la cita deseada, con la pasión del coleccionista en pos de la pieza faltante. En ningún otro lugar existen tantas y tan buenas cuevas, en ninguna otra geografía se concentran tantas y tan buenas representaciones de arte rupestre. Y para atendernos, disfrutamos de un anfitrión a la altura del enorme patrimonio que tutela, Roberto Ontañón, director de las Cuevas Prehistóricas de Cantabria. De su mano conoceremos algunos de los hallazgos de pinturas y grabados tanto en la Cueva Auria, recientemente descubierta como en la Cueva de Hornos de la Peña, conocida e investigada desde un siglo atrás.

 

Roberto Ontañón y Manuel Pimentel en el interior de Cueva AuriaRoberto Ontañón y Manuel Pimentel en el interior de Cueva Auria

 

Donde las paredes verticales desafían a los cielos, donde los bosques se precipitan sobre el río Deva, se encuentra la Cueva Auria, en el corazón del desfiladero de La Hermida, en el término de Peñarrubia, límite entre Cantabria y Asturias. Lobos y osos habitan en los cercanos bosques de los Picos de Europa. El ascenso es breve, pero de gran pendiente. La cueva fue aprisco de cabras de la señora Auria, de la que tomó el nombre. Las pinturas, espléndidas como veremos, fueron descubiertas en 2015 en unas galerías profundas que habían sido cerradas por los pastores. La emoción del descubrimiento, la sorpresa del hallazgo, enriqueció el enorme patrimonio cántabro de arte rupestre.

Bajamos por una estrecha galería pasándonos la cámara de mano en mano. Manolo Navarro dirigía la operación de grabar en aquellas apreturas inverosímiles. El descenso supuso un bautismo iniciático para Kurro Silva y una confirmación de fe para Carmen Martínez Morenilla. Por vez primera, el equipo completo de Arqueomanía 17 nos encontrábamos en las entrañas de una caverna dificultosa. En la sala principal, algo más amplia, nos aguardaba la pintura gravetiense, antiquísima y solemne, dibujada hará más de veinticinco mil años. Sobre un panel blanquecino resalta la figura fusiforme que el artista gravetiense dibujó con la técnica de puntos marcados por su dedo en ocre. El vivo color rojizo del óxido de hierro destaca sobre el lienzo calcáreo del panel. La aparición de la figura supuso una auténtica sorpresa, porque no se esperaban pinturas de esta época fría a esa altitud del valle.

 

CARMEN EN EL RODAJE DE CUEVA AURIACARMEN EN EL RODAJE DE CUEVA AURIA

 

Roberto nos aclara que cada época del Paleolítico se expresó con unos estilos y técnicas dominantes, aunque no se debe caer en clasificaciones cerradas y absolutas. En todo caso, apuntamos nosotros, se diferencia claramente la pintura antigua gravetiense de la más moderna pintura magdaleniense, con 18.000 años de antigüedad, por poner un ejemplo, al igual que se distingue un románico de un barroco. Sorprende la relativa homogeneidad de estilos en aquellos tiempos remotos en los que la movilidad se nos antoja lenta y limitada, por no decir peligrosa y casi suicida. ¿Por qué, simultáneamente, se pintaban puntos o manos en negativo en unas épocas y ciervas y caballos en otros? ¿Por qué ocurre en periodos idénticos en una geografía tan extensa? ¿Por difusión cultural o imitación? ¿Por exigencias de un inconsciente colectivo que vibra al unísono? No lo sabemos y serán los científicos los que, con sus descubrimientos, tendrán que responder a las muchas preguntas que aún quedan abiertas.

En la cueva existen siete paneles o zonas de pinturas, la mayoría simples puntos rojos, que probablemente serían señales o indicativos compartidos con miembros del clan. Pero la gran sorpresa la encontramos en nuestro ascenso hacia la salida. En un panel elevado, similar al de la figura fusiforme, se nos muestra una original figura antropomorfa, espectacular a nuestro parecer, también conformada por puntos de ocre, una figura única en su cronología y que tendrá que ser aún desentrañada.  Roberto, prudente, nos advierte que aún están trabajando en ella, pero que si se confirmara su antigüedad gravetiense estaríamos ante un gran descubrimiento, ya que nada similar se conoce hasta el momento. Regresamos a la superficie tan fascinados como intrigados. ¿Representarían esos puntos realmente una figura humana? ¿Cómo es posible que estas figuras hubieran llegado sin descubrir hasta nuestros días?

Tras el almuerzo en La Hermida nos trasladamos hasta San Felices de Buelna y a su cueva más conocida, la de Hornos de la Peña, abierta al público desde hace años y en la que, paradójicamente, aún siguen descubriéndose nuevas figuras. La cueva es famosa por sus grabados, tanto gravetienses como magdalenienses, de uros, caballos, cabras, bisontes y renos. Alberga también una pintura magdaleniense de caballo y el grabado de un curioso antropomorfo de brazos elevados, como en plegaria, similar a los de otras cuevas y que son conocidos como los orantes.

Hornos de la Peña fue minuciosamente rastreada por los pioneros, Obermaier y Breuil, a principios del XX, que fueron los descubridores de los paneles principales. Desde entonces, cientos de investigadores han estudiado la cueva, considerada un referente en figuras grabadas. Pero, sorprendentemente, durante estos últimos años nuevas figuras han aparecido, fruto del riguroso trabajo de Olivia Rivero, que nos acompaña en la visita. Entre otras de las recientemente descubiertas, nos llama la atención una cierva de trazado trilineal. Compartimos con Olivia la emoción del hallazgo, facilitado, según sus propias palabras, por las nuevas tecnologías al alcance de la ciencia. Olivia nos insiste en la maestría técnica de los grabadores que, sin error y en muy pocas líneas, eran capaces de evocar a la perfección animales en movimiento. Eso, además de un evidente talento pictórico, significaba práctica y aprendizaje, que debería realizarse sobre materiales menos nobles en el exterior.

Conocer los grabados de Hornos de la Peña es conocer los orígenes del arte humano, un arte antiquísimo, pero rezumante aún de vanguardia. ¿Se puede considerar, entonces, como arte las pinturas rupestres? Bajo una hornacina natural, un auténtico retablo cavernario en el que reina un soberbio uro, entrevistamos a la pintora Ana Melgosa, que no tiene duda al respecto: las pinturas y grabados paleolíticos son arte, puro arte, que influye poderosamente, además, en las vanguardias actuales. 

 

Manuel Navarro rueda un plano con Carmen Martíenez en Hornos de la Peña. Foto KurroManuel Navarro rueda un plano con Carmen Martíenez en Hornos de la Peña. Foto Kurro

 

Pero el grabado más peculiar, el más inquietante, es el del antropomorfo, el humanoide que parece gobernar la cueva desde su retablo final y que guarda relación con otras figuras del momento – algunas conocidas como orantes – localizadas en cuevas situadas a lo largo de España y Francia. El antropomorfo de Hornos presenta rabo y pene, una característica compartida con algunas de las figuras similares, que siempre se encuentran en paneles principales de la cueva, como si quisiera dominarla. ¿Qué significan estas figuras? ¿Deidades, seres bondadosos, malvados? ¿Simples animales? Roberto Ontañón deja abiertas estas preguntas, aunque afirma que su trazado no es casual, sino que quiere significar algo distinto a la tradicional fauna paleolítica.

Abandonamos la cueva a las doce de la noche, bajo una débil llovizna. Aunque el debate sobre la esencia y naturaleza del arte continuará en los sanedrines de los eruditos, nosotros salimos con la convicción de que hemos contemplado arte, puro arte, cargado de emoción e intención, de estética y de simbolismo. La jornada ha sido larga e intensa, pero conducimos hasta el hotel mientras comentamos la promesa que siempre suponen los yacimientos paleolíticos con arte aún por descubrir. Los nuevos hallazgos de pinturas rupestres, tanto en las cuevas bien conocidas como en las recién descubiertas, continuarán iluminando con su arte primigenio nuestro conocimiento y sentimiento, porque, simultáneamente, el arte prehistórico es pasado y es futuro, vanguardia de una humanidad reflejada por siempre en la caverna de sus ancestros.

 

 

Manuel Pimentel Siles

 

 


 

 

 

LA CAPILLA DE SANTA CRUZ EN CANGAS DE ONÍS Y EL PODER DEL DOLMEN

 PUENTE DE CANGASPUENTE DE CANGAS

 

El dolmen, arquitectura poderosa y sagrada, siempre estuvo ahí, enlazando a los hombres con la fuerza de la tierra y de los cielos, con el más allá, con el linaje de los antiguos. Catedral primigenia, unió cielo, hombres y tierra con la fuerza telúrica de su construcción megalítica. Venerado y temido, respetado y adorado, el poder del dolmen se extendió durante miles de años hasta llegar, sorprendentemente, hasta nuestros días. En Cangas de Onís, la antigua capital astur, a orillas del rio Sella, vamos a conocer una excepcional historia que nos hablará de un dolmen convertido en iglesia, de una monarquía – la nuestra – cimentada sobre un dolmen en el que los restos de los reyes que se confundieron con los huesos de los poderosos neolíticos de los que heredaron la fuerza y el prestigio, enterramientos reales sobre necrópolis prehistóricas. Lo que aparenta ser literatura fantástica es pura realidad, lo que parece nacer de una imaginación desbocada es, en verdad, historia. Es más, se trata de nuestra propia historia.

Desde siempre, el poder se conquista. Pero, ya en la antigüedad, los sabios advirtieron que lo difícil no era conseguirlo, sino mantenerlo. Un golpe audaz, una osadía afortunada, un acierto fortuito, puede conceder al héroe el bastón de mando, la corona y el cetro. El guerrero victorioso que levanta la admiración entre los suyos y que lidera a sus seguidores por el prestigio de sus hazañas. Hasta ahí, bien. Pero el liderazgo de la epopeya es efímero, se apaga al acallarse el estruendo de los tambores de la batalla gloriosa. Al hijo del héroe le resultará mucho más difícil mantener la autoridad paterna, conseguir que los compañeros heroicos de su padre le obedezcan y sigan. Por eso, una vez alcanzado el poder, el monarca ha de esforzarse en legitimar su linaje

Pelayo, tras su victoria en Covadonga, se convirtió en rey. Más allá del debate sobre los aspectos míticos o legendarios de la batalla, lo cierto es que inició la dinastía monárquica del primer Reino de Asturias. Noble visigodo, como hablan las crónicas, o caudillo astur, quién sabe, lo cierto es que su linaje quiso legitimarse más allá del poder que las armas le confirieron. Y para conseguirlo, nada más útil que investirse con el símbolo de poder respetado y venerado por los astures, con la encarnación del prestigio de los antiguos por antonomasia. ¿Y cuál podría ser ese tótem sacro? Pues el dolmen, que, desde siempre, siempre estuvo ahí como lugar sagrado, como templo ancestral. Por eso, lo primero que hizo su hijo Favila en su corto reinado fue erigir, en octubre del año 737, la Iglesia de la Santa Cruz sobre el dolmen más poderoso, el de Cangas de Onís. La fuerza del dolmen, todo el prestigio de los ancestros, el poder de los antiguos, legitimaron así el linaje de Pelayo. Favila ya no era simplemente el hijo del héroe, Favila se convirtió en el heredero legítimo de aquellos primitivos y misteriosos astures que, en tiempos inmemoriales, erigieron el dolmen prodigioso. Según la tradición, el rey Favila y su mujer Froiluba, se enterraron bajo la Iglesia, es decir, en el corazón del dolmen arcano. Curiosamente, su padre Pelayo y su madre Gaudiosa también serían enterrados junto a otro dolmen cercano, el de Abamia. Como decíamos, los enterramientos reales se ubicaron sobre las antiquísimas necrópolis megalíticas, bajo tejos y robles, o, al menos, eso es lo que nos cuenta la tradición remota.

Según la leyenda, la Iglesia de Santa Cruz – hoy capilla desacralizada - debe su nombre a la milagrosa cruz de madera de roble que portó Pelayo en la batalla de Covadonga. La cruz se veneró inicialmente en la capilla hasta su definitivo traslado a la catedral de Oviedo en el año 908 por Alfonso III el Magno, que encargó para su custodia el relicario de la Cruz de la Victoria, símbolo, aún hoy día, de Asturias. La semilla del Reino de Asturias germinó en el dolmen de Cangas, que quedó sepultado bajo la iglesia y olvidado en los tiempos, hasta que una excavación en el XIX lo sacó a la luz, entre el asombro de las gentes. ¿Qué significaban aquellas grandes piedras bajo la iglesia fundacional? ¿La cripta y el enterramiento de Favila, acaso? La ciencia le puso nombre de inmediato. Se trataba de un dolmen, la construcción megalítica que se comenzaba a conocer y comprender a lo largo de toda la Europa Atlántica. Los vecinos, de inmediato, consideraron que la tierra de esas grandes piedras era milagrosa, por lo que acudieron a llevársela como reliquia, lo que perjudicó la conservación y propició el expolio.

El dolmen de Cangas fue levantado sobre al año 3.700 antes de Cristo, con unas dimensiones enormes para la escala cantábrica. La cámara está ricamente decorada y el túmulo llegó a tener un diámetro de unos treinta metros y una altura de más de cuatro metros. En su interior se encontró, entre otras piezas, una espléndida hacha pulimentada de fibrolita, horadada en uno de sus extremos.  Pero lo realmente singular es su ubicación, en una zona inundable, junto a la intersección de los ríos Sella y Güeña, un importante cruce de caminos. El dolmen, construcción del poder y de lo sagrado desde el neolítico, sería venerado durante miles de años, hasta que su fuerza fue adoptada por la incipiente monarquía astur y su recuerdo perdido en los tiempos. 

INTERIOR DE LA CAPILLAINTERIOR DE LA CAPILLA

Aún hoy se aprecia perfectamente el túmulo del dolmen sobre el que construyó la capilla y sobre el que también crece un tejo centenario, el árbol sagrado para los astures. Cangas de Onís, un centro de poder desde el neolítico, se convertiría en la primera capital del incipiente Reino de Asturias, del que descendería, finalmente, la monarquía hispánica. Nuestra corona se cimienta, pues, sobre un ancestral dolmen astur. La lápida fundacional de 737 comienza con un verbo sugerente: Resurge. ¿Qué resurge? Algunos entienden que una previa capilla visigoda, pero otros apuestan por el resurgimiento del poder del dolmen, puesto al servicio de la monarquía. El poder del dolmen que, al no ser del hombre, sino de la tierra, nunca mengua, siempre se encuentra ahí, esperándonos paciente.

Ana, la guía de la capilla, nos consiguió la escalera para bajar hasta el dolmen. Miguel de Blas, nuestro anfitrión y catedrático de Prehistoria de la Universidad de Oviedo, desciende con nosotros para describirnos la cámara y mostrarnos los ricos dibujos y grabados realizados sobre sus ortostatos, de alguno de los cuales fue el descubridor.  Apasionado por la permanencia del poder megalítico, nos convence con sus análisis y razones. Acertaron, pues, los reyes, al adoptar el símbolo de los antiguos.

La dinastía astur se legitimó en el prestigio del dolmen, venerado aún por los astures de la Alta Edad Media. La leyenda nos cuenta que el propio Pelayo fue enterrado junto a su mujer Gaudiosa en la Iglesia de Santa Eulalia de Abamia, en las cercanías de Cangas y junto a otro gran dolmen, excavado en el XIX, y del que podemos conocer algunos de sus ortostatos decorados en el Museo Arqueológico Nacional.

El dolmen legitimó en vida a los primeros reyes astures, padre e hijo, que pidieron, también, ser enterrados en las antiquísimas necrópolis neolíticas. Cambiaron las arquitecturas, permaneció el poder, telúrico y profundo, de la tierra madre. Y es que es bueno que el poder nuevo se remita al original para refrendarse. Pelayo y Favila fundaron una dinastía sobre el dolmen: acertaron. Los otros monarcas de la época no lo hicieron: se equivocaron. Los descendientes de aquellos caudillos astures fueron, siglos después, reyes de León, de Castilla, de Aragón, de España. Reinaron sobre un enorme imperio y su estirpe aún porta hoy la corona de nuestra moderna monarquía parlamentaria. El poder del dolmen los invistió, el poder del dolmen hizo llegar, lozana, su sangre hasta nuestros días. 

Manuel Pimentel Siles

 


 

 COVA EIRÓS Y EL ARCANO MÁGICO DE GALICIA 

  

Galicia es tierra mágica; aseveración que, no por tópica, deja de ser menos cierta. Pasear por sus caminos y veredas es comulgar con su espíritu, misterioso y antiguo, que nunca atrapamos, pero que siempre nos estremece y atrapa. Escritores y poetas se preguntaron, desde siglos atrás, por dónde habitaría el arcano del misterio gallego, donde residiría su corazón ancestral. Algunos afirmaron que en las penumbras celtas de sus bosques, otros que en sus cruceiros y meigas, los más marineros que en sus costas de mar bravío, que en sus rías serenas y ubérrimas. Nunca se pusieron de acuerdo y, probablemente nunca lo harán. La esencia del misterio, precisamente, es lo inexplicable, lo inasible, lo invisible. Lo que se percibe, pero no se entiende; lo que se siente, pero que no se razona. Por lo tanto, inútil es buscarlo. El misterio gallego nunca se encontrará, jamás se rendirá ante la tenacidad científica; el encanto del misterio gallego aparecerá, fugaz y caprichoso, aquí y allá, cuando su alma ancestral así lo desee, para mostrarnos los reflejos brumosos de su esencia. Y hoy, se nos muestra generosa: cuando ascendemos hasta Cova Eirós, cubiertos por las copas frondosas de carballos y castaños, abrazados por su penumbra densa y telúrica, sentimos que la madre Galicia nos acoge en su regazo. 

En la falda de una pequeña colina de la parroquia de Cancelo, en Triacastela, al sur de Lugo, se encuentra la Cova Eirós, el yacimiento prehistórico más importante de Galicia. ¿Y si el alma de Galicia se custodiara en algunas de las escasas cavernas que esconden sus montes y montañas?, nos preguntamos mientras tomamos resuello y contemplamos a nuestros pies el mosaico de prados verdes que el capricho de un minifundismo atávico trazó en geometrías imposibles. Ramón Fábregas, catedrático de prehistoria de la universidad de Santiago de Compostela, nos habla del cruce estratégico de cauces y rutas en el que nos encontramos. Durante siglos, los peregrinos del camino francés recorrieron estos paisajes bellísimos sin llegar a sospechar que, desde la entrada de la cueva, al menos cincuenta mil años de la historia de la estirpe humana observaban sus sacrificios y esfuerzos de caminante. 

Poco se conocía del paleolítico gallego. Durante mucho tiempo se pensó que el arte rupestre del Cantábrico se interrumpía en el occidente asturiano, lo que, en principio, no tendría sentido alguno. Si los sapiens del solutrense y del magdaleniense pintaban sus cuevas en lo que hoy es Cantabria y Asturias, ¿por qué no habrían de hacerlo en Galicia? La respuesta era obvia: la causa no había que encontrarla en el talento humano, sino en los caprichos de la geología. Galicia, tan pródiga en cuarcitas y pizarras, apenas si acoge formaciones calizas en las que las cavernas pueden formarse. Pues bien, la Cova Eirós, precisamente, se encuentran en esa franja caliza que se adentra en los montes de Lugo, por lo que pudo acoger y custodiar, pinturas y restos de aquellos tiempos remotos. 

Alcanzamos la entrada de la cueva, oculta bajo un bosquete de avellanos, que nos invita a adentrarnos en los secretos de los tiempos que custodia. Su boca responde al canon, al arquetipo, de cueva que todo niño dibujaría. Los andamios protegen la profunda excavación de su suelo. Allí, frente a un corte que nos muestra sus largas cronologías, entrevistamos a Arturo de Lombera, codirector del yacimiento de Cova Eirós, que nos habla de periodos, de industrias líticas y especies humanas que compitieron con las fieras que también ambicionaban las acogedoras penumbras de la caverna. Las piezas más antiguas encontradas datan de unos cincuenta mil años y hasta hace unos cuarenta mil los neandertales la ocuparon esporádicamente, como evidencia la rica industria musteriense encontrada. Un núcleo de cuarzo de factura Levallois nos muerta la pericia que alcanzaron en la talla de la piedra. Los últimos neandertales desaparecen de Cova Eirós hace alrededor de cuarenta mil años, algo antes de que apareciéramos nosotros, los primeros Sapiens Sapiens, con nuestra revolución tecnológica en los enseres, en la industria lítica y en las manifestaciones artísticas, tanto de arte mueble – nos muestran una fantástica azagaya de hueso con motivos geométricos – como en las pinturas rupestres y grabados que nos aguardan en el interior. Los últimos neandertales y los primeros humanos vivieron en este lugar sin llegarse a encontrar en las cronologías que marca la excavación. Cova Eirós, sin duda alguna, arrojará luz científica al debate que tanto apasiona e inquieta. ¿Somos los responsables de la extinción de los neandertales o nos hibridamos con ellos? ¿Somos especies distintas o simplemente razas diferentes? Dejamos la pregunta en el aire y nos adentramos en la cueva, atravesando una estrecha gatera que nos conduce a la gran sala de las pinturas, que Ramón Fábregas nos explica con la erudición del sabio y la pasión del enamorado. Caballos, toros, ciervas, grabados geométricos… toda la sala es un gigantesco retablo que tardó en descubrirse y que constituye la principal – por no decir casi la única – muestra de pintura rupestre de Galicia. Las pinturas en trazos negros, con unos diez mil años de antigüedad, se superponen sobre los grabados más antiguos, configurando un palimpsesto prehistórico de enorme valor histórico y artístico. Para nuestro anfitrión las pinturas paleolíticas se extendieron durante un periodo tan extenso que no se puede simplificar sobre su función y finalidad. Quizás representaciones sagradas en unos tiempos, símbolos identitarios en otros, elementos chamánicos e iniciáticos en ocasiones. Desde las entrañas de los montes gallegos contemplamos estas pinturas milenarias y entrevemos retazos fugaces del misterio fugitivo que desde siempre atormentara a poetas y escritores y que hoy desvelan arqueólogos y paleoantropológos. 

Pero neandertales y humanos no fueron los únicos habitantes de esta cueva, en la que se han encontrado abundantes restos de osos cavernarios y de leones de las cavernas, que competirían, quien sabe si con la furia de sus fauces y garras, contra los palos y piedras de aquellos nómadas organizados en bandas de pocas familias y de menos de cincuenta personas. Al fondo de una galería se han encontrado los restos de más de cuarenta individuos del temible oso de las cavernas, cuyos zarpazos aún marcan, amenazantes, las paredes de la cueva. 

Nos toca abandonar Cova Eirós. Dejamos atrás el eco desgarrado de los últimos neandertales, las primeras huellas del sapiens triunfante y los útiles de ambos. Afuera nos espera el verde de las praderas y de los bosques en los que nuestros antepasados cazaron miles de años atrás. Desde entonces, los espíritus venerados de los animales, encarnados en pinturas y grabados, custodian la sagrada oscuridad de la cueva ancestral y primigenia que nos conmuev


ELS VILARS, EL CORAZÓN DEL GUERRERO

ELS VILARS. FOTO AÉREAELS VILARS. FOTO AÉREA

 A veces, los guerreros más fieros ocultan en sus entrañas un corazón delicado, una emoción trémula, un amor inconfesado. Bajo la fiereza de sus corazas y panoplias, tras el brillo de sus escudos, espadas y lanzas, el joven temeroso que se enfrenta a la batalla siempre tiene un recuerdo emocionado a los suyos, a su amor, a su hogar. Por fuera, hierro; por dentro, sentimiento. Pero sin que se note demasiado, claro está, porque, ya se sabe, los hombres ni lloran ni se reblandecen por sensiblerías ni sentimientos. Hombres de hierro, puro hierro, para la batalla sin cuartel.

Los guerreros se protegen en el interior de las fortalezas desde que, en el remoto neolítico, nos hiciéramos sedentarios y territoriales. Pero fue en la Edad del Hierro cuando las fortificaciones adquirieron un terrorífico aspecto, amenazante y letal. Hoy visitamos la fortaleza íbera de Els Vilars, con planta conceptual de dibujo de Miró y alzado feroz de intimidante armadillo pétreo.

En el corazón de una fértil llanura regada por el canal del Urgell se encuentra la localidad leridana de Arbeca, famosa por ser la cuna del arbequino, la variedad de olivo que produce el aceite más afrutado. Pero el sorprendente descubrimiento de la fortaleza íbera, allá por los años setenta del pasado siglo, bautizada como Els Vilars, por la toponimia del lugar, la colocó entre el olimpo de las ciudades con un patrimonio arqueológico ibérico más destacadas.  Els Vilars presenta un buen estado de conservación y su planta circular, fuertemente amurallada y que gira sobre un gran pozo central, traza un dibujo entre geométrico y abstracto en el paisaje que nos asombra e intriga. ¿Por qué ese diseño arquitectónico, esas fuertes murallas, esos fosos desproporcionados?

RODAJE EN EL VILARSRODAJE EN EL VILARS

Conocemos el yacimiento de la mano de Emili Junyent, catedrático de Prehistoria de la Universidad de Lérida y director de las excavaciones desde su descubrimiento, que nos responde pacientemente a las muchas preguntas que el lugar nos suscita. Primero el porqué. Los íberos ilergetes la construyeron ex novo, con un diseño cerrado, a mediados del siglo VIII a.C., en el hierro antiguo.

Paradójicamente la fortaleza se erigió en un llano, rechazando la lógica defensiva de las alturas circundantes. La finalidad última, pues, no pudo ser la defensiva, otros debieron ser los motivos que justificaran la osadía de levantar una gran fortaleza en un lugar tan difícil de proteger. La respuesta de Emili Junyent apunta a criterios políticos de ocupación del territorio y, sobre todo, al deseo expreso de exteriorizar poder, inspirar temor, advertir a propios y extraños sobre el lugar donde residía la jefatura a quien respetar y obedecer.

Pues si esa fue la finalidad de los ilergetes, vive Dios que bien lo consiguieron al erigir la fortaleza de Els Vilars. Su visión exterior asemeja a una gigantesca bestia antediluviana defendida por corazas, espinos y cuernos. Muros de seis metros de ancho, con casi nueve metros de altura y con catorce torreones, todo ello rodeado por un gran foso de más de veinte metros de ancho y con una profundidad media de unos 4 metros. Las afiladas defensas del campo frisio aún se recortan amenazantes ante nosotros. Demasiado artefacto militar – el 80% de la superficie está ocupada por las murallas - para una ciudadela de apenas sesenta metros de diámetro y habitada por unas ciento cincuenta personas. Sin duda, sólo la representación escenográfica del poder justificaría tamaña ostentación.

La ciudad presenta varios niveles de ocupación, desde el primer hierro hasta el ibérico pleno, para ser abandonada a mediados del siglo IV a.C., tras cuatrocientos años de ocupación continua. La ciudad no fue destruida, sino, al parecer, pacíficamente abandonada. Sencillamente, había perdido su razón de ser. Su silueta ya no imponía temor, como antaño, y los guerreros y poderosos del momento decidieron que otros debían ser los lugares donde enarbolar sus pendones, consagrar sus templos, adorar a sus dioses, engendrar a sus hijos. Deshabitado y abandonado, Els Vilars sólo encontró el consuelo de la ocultación bajo el manto de tierra con el que el tiempo, siempre generoso, lo cubrió. Mejor desaparecer con honra que ser objeto de escarnio y desgarro, con los jirones de sus murallas expuestos impúdicos ante los ojos de todos. Su viejo orgullo íbero no soportaría la humillación de recibir burlas cuando nació para inspirar temor, suscitar sumisión y reclamar obediencia.

POZO DE ELS VILARSPOZO DE ELS VILARS

Aquellos guerreros de aspecto fiero y, quién sabe, de corazón sensible, levantaron una fortaleza con un exterior terrorífico para albergar sus hogares en su interior. Y en ellos, la calidez doméstica, el amor familiar. Bajo los suelos de algunas de las casas se han encontrado – como es habitual entre los íberos – enterramientos de niños muertos al nacer, de guerreros que nunca pudieron ser y que, desde el cielo de los seres inocentes, bendecirían a la sangre que lo engendró. Pero, bajo esas casas, se escondía, también, restos de fetos de potros. Se han encontrado al menos quince y esta muestra de veneración por el caballo es algo propio de Els Vilars. Quien diría al observar sus fosos, murallas y torres que, en su interior, niños y potros muertos al nacer serían venerados al unísono bajo el tálamo y el hogar. Quien así oficia en casa, sentimientos alberga en su corazón.

Un templo – un espacio cultual en jerga científica – los reuniría para su devoción. Una hornacina en la que se situarían sus betilos, un altar/hogar en forma de piel de toro - al modo tartésico y orientalizante -, y lámparas que impregnarían de hollín paredes y techos, demuestran el culto permanente de aquel espacio sagrado.

Espacios domésticos, almacenes, talleres y hornos se encuentran articulados de manera concéntrica alrededor del gran pozo/aljibe central, una monumental excavación revestida en piedra que recogía el agua de lluvia y aportaba seguridad ante el posible asedio prolongado. El pozo es el auténtico corazón de Els Vilars, al punto de preguntarnos si, además de su función como depósito, pudo tener algún especial simbolismo para los que lo custodiaban.

Pero aquellos guerreros, ya lo sabemos, también eran padres de familia, agricultores en gran parte del año que, al modo homérico, sólo eran llamados a la lucha cuando el tambor de la guerra resonaba al alba de la gloria; de la gloria o de la muerte. Por eso, sudorosos bajo su panoplia, se encomendarían al hijo enterrado, o al potrillo de sus lares o de sus dioses domésticos. Aullidos de lobo fiero al exterior, tierno ronroneo, apenas si musitado, en el interior.

Las excavaciones en Els Vilar continúan y los descubrimientos se sucederán en el tiempo. Existen otros fosos exteriores que, una vez excavados, incrementarán la monumentalidad de la fortaleza. La necrópolis aún no ha sido descubierta y sus muertos y ajuares suponen todo un reto para los arqueólogos que la investigan. Sorpresas y conocimientos que, sin duda alguna, el yacimiento generoso nos regalará en un plazo breve.

Pese a su aparente fiereza, nos sentimos bien en Els Vilars. Toda su tramoya militar, sus defensas desmesuradas, su ostentación bélica, ni nos intimida ni nos inquieta. El lugar, hoy, evoca paz; insufla serenidad. Quizás sea porque los guerreros se fueron hace tiempo, con sus corazas y dagas, a otras fortalezas de las de verdad, para dejar aquí enterrados los restos de los hijos muertos con la fiel compañía de sus potros neonatos. Junto a ellos, intuimos, quedó un trozo de ese corazón, tierno y palpitante, que nunca se atrevieron a mostrar y que siempre ocultaron en aquellos tiempos feroces de la Edad del Hierro que les tocó vivir.

 

Manuel Pimentel Siles.

 


 

ULLASTRET, EL ESPÍRITU MELANCÓLICO DEL LOBO

 

MURALLA DE ULLASTRETMURALLA DE ULLASTRET

 

El espíritu del lobo merodea las ruinas de las ciudades íberas que los adoraron y que lo representaron en esculturas, cerámicas, armaduras y escudos. El lobo es un feroz cazador y un tierno padre de familia. Aparece y desaparece como por ensalmo y alimenta a su prole sin desmayo. Quizás por eso, la sociedad íbera admirara – y temiera - a la fiera que aullaba estremecedoramente en las noches de luna llena. Y quizás por eso, sus guerreros mostraran una fiereza salvaje con sus enemigos derrotados, humillados, vejados. Visitamos Ullastret, la capital de los Indiquetas, y la visión de los cráneos decapitados clavados sobre las puertas nos sobrecoge y atemoriza. ¿Quiénes fueron estos guerreros? ¿A quién temían?

Enclavada sobre el Puig de Sant Andrés, un cerro que domina un antiguo lago, Ullastret es una de las ciudades íberas más importantes de España. Se levanta en el corazón del Bajo Ampurdán, en la provincia de Gerona, sobre uno de sus paisajes más hermosos, en palabras del escritor Josep Plá. Su simple visión ya impone, por lo que nos acercamos a ella con temor reverencial. Se encuentra defendida por una enorme muralla ciclópea y rodeada por un profundo foso que evidencia un elevado conocimiento de la ingeniería militar. El director del yacimiento, Gabriel de Prado, nos habla de sus cronologías, desde un primer asentamiento en el siglo VII a.C., hasta su apogeo y plenitud entre los siglos VI y IV a.C., cuando llegó a albergar una población de entre 4.000 y 6.000 personas, una desmesura para su momento.

Los habitantes de Ullastret manejaron con gran maestría la forja del hierro, con el que fabricaban herramientas y aperos agrícolas y, sobre todo, armas. Destacan las espadas del tipo La Tene, mucho más abundantes que las tradicionales falcatas ibéricas. La estremecedora costumbre de clavar en las puertas las cabezas decapitadas de los enemigos nos evocan la fiereza de alguna de las costumbres de la época. Algunas de las cabezas de estos desdichados –  de tan sólo 16 años de edad, uno de ellos – nos miran desde las vitrinas del museo. Los guerreros de Ullastret los derrotaron y no tuvieron piedad: se sabían poderosos y mostraban su poder con el espectáculo macabro de los cráneos enclavados.

La ciudad erigió palacios y templos, y estuvo gobernada por una aristocracia que tomaba sus decisiones en un senado patricio. Su economía agraria basada en el cereal le permitía valiosos excedentes con los que mercadear con el rico emporio griego de Ampurias. De ahí los muchos silos que aparecen diseminados por la ciudad y de ahí también la rica cerámica griega encontrada. Pero por encima de silos, palacios, templos y aljibes, destacan su arquitectura militar, con murallas ciclópeas, torreones y fosos, levantados antes de que cartagineses y romanos comenzaron a hollar su territorio. ¿Por qué, entonces, este enorme artefacto militar? ¿A quién temían?

Sabemos que sus enemigos ancestrales eran sus propios vecinos, otros pueblos íberos con los que, por causas diversas y de manera esporádica, entraban en guerra. Por eso la desmesura de sus defensas, pensadas tanto para resistir el asedio como para atemorizar con su poderío a propios y extraños. Pero de nada valieron sus baluartes cuando las dos potencias del Mediterráneo occidental, Roma y Cártago, rompieron hostilidades en 218 a.C. para dar comienzo a la que sería conocida como II Guerra Púnica. Roma destruyó a los púnicos que osaron retarla ante sus mismas puertas y su victoria decidió el declive y muerte de Ullastret. Roma se enseñoreó de la Iberia y no podía permitir que sus poderosas ciudades retaran su poder desde la altura de sus murallas. Por eso, ordenó que sus habitantes la abandonaran. Ullastret quedó como una ciudad fantasma, deshabitada, pero sin destruir. El tiempo tenaz e incansable la enterró bajo la tierra y su nombre y recuerdo se perdió en la noche de los tiempos.

En la parte alta de la ciudad, que domina el antiguo lago, se edificó posteriormente, junto a un aislado castillo carolingio, la iglesia de San Andrés en el siglo XIII, cuanto Ullastret ya sólo era una sombra perdida en la memoria. Como en otros tantos lugares, las ermitas y pequeñas iglesias rurales se cimentaron sobre los altares de los dioses antiguos, sobre las recias piedras de los templos olvidados. Nadie escuchó ya los aullidos desgarrados del lobo derrotado. Ya eran espíritus y a los espíritus nadie los quiere ni, mucho menos, los escucha.

Ullastret se abandonó y sus ruinas quedaron sepultadas durante más de dos mil años. La arqueología descubre hoy sus secretos e ilumina con sus hallazgos un esplendoroso pasado ibérico que apenas si hemos comenzado a conocer. El espíritu del lobo ya no aúlla feroz, pero si lo convocáramos, percibiríamos su mirada de derrota y melancolía sobre el paisaje único y luminoso del Ampurdán.

 

Manuel Pimentel Siles.

 

 


 

GERONA JUDÍA

INSCRIPCIÓN FUNERARIA JUDÍA DE GERONAINSCRIPCIÓN FUNERARIA JUDÍA DE GERONA

Al cabo de una semana es posible que veamos decenas o centenares de lápidas funerarias. Los rodajes de arqueología son así. Quizás hoy resultan más conmovedoras por tratarse de lápidas de personas que fueron los familiares de desterrados. 

En 1492 los Reyes Católicos firmaron el Edicto de Expulsión. El 1 de agosto, todos aquellos judíos que no estuvieran convertidos al catolicismo debían abandonar España. Algunos tuvieron escasos días para reaccionar. La especulación se disparó, la ruina de muchas familias fue inevitable.

Una parte de de nuestra historia se desgarraba así del trono común. Sefarad se marchaba. Desde entonces, Fez, Esmirna, Alejandría o Salónica fueron el refugio de aquellos a los que no se les permitió vivir en la tierra de sus padres. El episodio, no por conocido, resulta menos trágico.

Aquellas gentes, o muchas de ellas, hablaban ladino, una forma de castellano antiguo que todavía pervive en algunos reductos.  Muchos sabrán que hay incluso - o había - un programa en ladino en Radio Exterior de España. 

Hoy hemos visitado el Museo Judío de Gerona. Es un museo histórico y arqueológico. Recoge una amplia información de lo que se conoce como el Call (la calle), es decir, la judería gerundense. Hemos podido filmar su baño ritual del siglo XV y diversas piezas de carácter religioso, funerario o civil. 

Los judíos se aposentaron en Gerona al menos desde el siglo IX. Prácticamente tuvieron una sucesión de generaciones ininterrumpidas durante casi seiscientos años. Un episodio de 1391 - el asalto de la Aljama - pareció el principio del fin. Muertes, conversiones forzosas o secuestro de niños. Pintaba mal para los judíos, a pesar de ser siervos del Rey de Aragón. 

Hubo precedentes y habría réplicas. La crisis y el milenarismo fueron el caldo de cultivo ideal para un antisemitismo poco o nada disimulado, no existía la corrección política. Como dato sobrecogedor, perfectamente documentado, decir que existía la tradición de apedrear las casas de los judíos durante los viernes (quizás los viernes santos)

En Gerona floreció una brillante tradición cabalista, una sucesión de rabinos y místicos que fueron dando cuerpo a la heterodoxia hebrea. Antes se decía que la Cábala no se podía estudiar hasta haber cumplido los cuarenta años, ¿seguirá siendo igual? Tal vez haya que ir a Safed o llamar a algún experto en el Zohar para averiguarlo. Los místicos siempre han seguido caminos inescrutables. 

Nosotros habitualmente vemos religiones que ya no existen: el culto imperial, el panteón griego o los dioses íberos. Acercarse desde la arqueología a religiones vivas, exige un tacto mayor, qué duda cabe. Esta temporada ya hemos visto piezas y oído historias muy interesantes al respecto. Seguiremos informando. 

 


 

BARCINO, LA BARCELONA ROMANA

EL ACUEDUCTO ROMANO DE BARCELONA EN EL ARCHIVO HISTÓRICO MUNICIPAL DE BARCELONAEL ACUEDUCTO ROMANO DE BARCELONA EN EL ARCHIVO HISTÓRICO MUNICIPAL DE BARCELONA

El hecho de buscar los restos romanos de una ciudad como Barcino en la Barcelona actual constituye en si mismo un hecho reseñable. El tamaño de la gran urbe devora su lejano pasado. ¿O no?

Había elementos que estaban ahí, a la vista de casi todo el mundo, pero había que tener ojos peritos para identificarlos. Cuando los profanos miramos un muro, raramente vemos algo más que un muro. Hay que ser un experto y saber lo que se busca para hallar una muralla romana. 

La muralla romana de la vieja Barcino está en pleno centro, circunvalando la Catedral, en paralelo a la Vía Layetana o la Plaza Nova. El acueducto - según se ve en la imagen superior - aflora en su bifurcación bajo los cimientos del Archivo Histórico Municipal de Barcelona. Llegó a medir trece kilómetros, una longitud nada desdeñable.

En el centro de Barcelona también puede verse un templo de Augusto en la Sociedad Excursionista, que amablemente permite la entrada a tirios y troyanos para disfrutar de las tremendas columnas del monumento imperial. 

 

Columnas del Templo de AugustoColumnas del Templo de Augusto

Nadie sabe a ciencia cierta por qué Augusto decidió hacer una fundación sobre unas colinas en un delta. Nadie tiene todavía una explicación definitiva. Tarraco le devolvió la salud y él se lo agradeció con un enorme programa edilicio y con la capitalidad de la provincia más grande del Imperio, la Hispania Citerior. Pero ¿por qué una pequeña ciudad como Barcino en una región con gran profusión de asentamientos?

Barcino es originalmente una ciudad amurallada de unas diez hectáreas. Probablemente la gran pared fue levantada por una legión. Pero su primera muralla no tenía un carácter defensivo, sino de prestigio. La puesta en escena, con el Templo de Augusto coronando el conjunto, debió de resultar de un gran efectismo vista desde el mar. 

En Barcino se procesaba pescado y mucha gente vivía en el suburbio extramuros. El siglo IV lo cambió todo. Se refuerza la muralla, comienza el miedo. Antes Barcino había sido un paraíso para los libertos y la patria de un prohombre como Licinio Sura, de quien dicen que fue amigo del mismísimo Trajano. 

En Barcelona están por la labor. Quieren que Barcino aflore, que los ciudadanos la conozcan. Y por eso tienen un plan, el Pla Barcino. Carme Miró nos lo ha contado muy bien. Lo verán en el programa. 


 

MONTSERRAT, PUERTA DE LA ARQUEOLOGÍA BÍBLICA

BIBLIOTECA DE LA ABADÍA DE MONTSERRATBIBLIOTECA DE LA ABADÍA DE MONTSERRAT

Pocas disciplinas resultan tan atractivas y sugerentes como la arqueología bíblica. Hablar en España de arqueología en relación con la Biblia conlleva, necesariamente, referirse al Scriptorium Biblicum et Orientale de Montserrat, la colección bíblica más emblemática, rica y estudiada. Queríamos conocerla y hoy, por fin, visitamos Montserrat, corazón de Cataluña y centro religioso y cultural fundamental para la historia de España entera. Aunque la aparición de la Virgen de Montserrat se data en el año 880, no sería hasta 1025 cuando el Abad Oliva autorizara el primer monasterio sobre la antigua ermita. Durante mil años, este santuario ha sido un referente espiritual e intelectual, con una prolongada influencia en toda Europa. Se encuentra enclavado en las alturas del macizo de Montserrat, cuyas bellÍsimas formas geológicas lo convierten en un lugar único y, probablemente, sagrado, desde la más remota antigüedad. Montserrat es suelo santo, cuya energía telúrica y espiritual percibe el visitante sensible. Como todos los grandes santuarios marianos, Montserrat es un lugar de fe y de oración y, al tiempo, un destino turístico donde se reza y se comercia, donde se peregrina y se turistea. Mesnadas de visitantes, fieles, turistas y viajeros recorren sus museos, capillas e instalaciones, sabedores de que, quien no conoce Montserrat, nunca llegará a conocer el alma de Cataluña. Primero Montserrat, después el resto de esta tierra hospitalaria y maravillosa.

Los monjes benedictinos, desde la fundación del monasterio, desarrollaron una fructífera actividad intelectual y cultural, fruto de la cual podemos disfrutar de su biblioteca, sus museos y su escolanía. Pero hoy conoceremos el museo de arqueología bíblica, su colección más singular, dirigida por el erudito padre Pius-Ramón Tragán, que nos sobrecoge con su sabiduría, bondad y clarividencia desde sus portentosos 89 años

 

 

.MOMENTOS DEL RODAJE DE HOY CON EL PADRE PIUSMOMENTOS DEL RODAJE DE HOY CON EL PADRE PIUS

Óscar Bardají, el responsable de comunicación del monasterio nos conduce amablemente a través de salas de pintura – un espectacular Caravaggio nos saluda a nuestro paso – hasta la colección de arqueología. Allí nos presentan al padre Pius que, acompañado por Pau, que nos adentra en el ala en la que se custodia el núcleo de la colección. Y en una pequeña sala dedicada a Egipto grabamos la entrevista, que a todos nos parece, sencillamente, formidable. El padre Pius, que ha estudiado y trabajado muchos años en Roma y Jerusalén, es un erudito conocedor de varias lenguas orientales, antiguas y modernas, que ha sabido mantener el museo a la altura que soñara su fundador, el legendario padre Ubach.el libro de la historia sagrada, sino que es una auténtica joya arqueológica, el único relato que disponemos que arranca en la prehistoria y que nos conduce hasta los tiempos de Cristo, es decir, hasta la práctica actualidad. El museo bíblico de Montserrat permite que los estudiosos puedan conocer y comprender mejor los contenidos de la Biblia, gracias a su contexto arqueológico. Como decíamos, la Biblia, además de un testimonio religioso y espiritual, es un formidable libro de historia que, desde la remota edad del bronce, puede ser contrastada – al menos en sus grandes ejes históricos - por numerosos hallazgos arqueológicos. El Scriptorium Biblicum et Orientale de Montserrat abarca tres grandes colecciones. Por una parte, la colección de arqueología bíblica, creado en 1911, y compuesta por unas 5.400 piezas, egipcias, mesopotámicas, siriopalestinas y chipriotas. Por otra parte, el archivo fotográfico creado por el padre Ubach, que consta de unas 600 placas de vidrio y unos 5.000 negativos, perfectamente clasificadas por su creador. Y, por último, la fundación Roca i Puig, que custodia unos 1.500 papiros, algunos de incalculable valor histórico.

La Biblia es un relato muy prolongado en el tiempo que transcurre en geografías diferentes, pero bien definidas y conocidas, como también lo son muchos de los monarcas y lugares citados. Desde finales del XIX se inició la inquietud intelectual por descubrir si la ciencia – la evidencia arqueológica – sostenía el relato bíblico. Y en esa corriente, un hombre excepcional, sabio, políglota e inquieto, el padre Ubach, fue comisionado por el monasterio de Montserrat para crear una colección de arqueología bíblica. Desde 1906 comenzó a recorrer las geografías bíblicas, adquiriendo piezas singulares y de un gran valor arqueológico. El museo nació en 1911 y fue progresivamente enriquecido por adquisiciones y donaciones hasta reunir las casi 6.000 piezas que hoy podemos contemplar. El padre Ubach anotó minuciosamente en sus diarios de viajes todas sus adquisiciones y descubrimientos; gracias a su método científico de ayer, el museo resulta de máxima utilidad para los investigadores de hoy, que tienen las puertas abiertas para sus estudios.

La arqueología bíblica es, también, fuente de inspiración cinematográfica. Desde la búsqueda del Arca de la Alianza por Indiana Jones hasta la obsesión nazi por el Santo Grial, mil películas nos han mostrado sus intrigas, misterios y enigmas. El Sinaí, la Arabia Pétrea, la remota Babilonia, la vieja Siria, el Nilo milenario, son escenarios de ensueño para la gran aventura de la arqueología bíblica. Pero más allá del espectáculo, de la literatura y el cine – que es bueno que existan -, la arqueología bíblica es una disciplina científica que estudia el contexto arqueológico – tanto en el tiempo como el espacio – de los diversos episodios y sucesos bíblicos. Y la arqueología es generosa con estos lugares en los que se desarrollaron algunas de las mayores civilizaciones de la antigüedad.

La visita y la entrevista con el padre Pius nos sabe a poco. Queremos conocer más, pero el tiempo apremia y los monjes deben acudir al refectorio. Nos despedimos agradecidos de quienes con tanta generosidad y hospitalidad nos han atendido; sólo nos queda mostrar nuestra admiración por esta obra colosal que nos abre las puertas de la arqueología de la Biblia desde el mismo corazón de esta montaña de Montserrat, tan mágica como hermosa.

 

                                                           Manuel Pimentel Siles. 


 

SAGUNTO, EL ESPEJO QUE ENGAÑÓ A ANÍBAL 

 CASTILLO DE SAGUNTOCASTILLO DE SAGUNTO

Aníbal ansiaba la gloria. Y para alcanzarla, debía derrotar a la Roma odiada, que había incumplido los acuerdos alcanzados tras la I Guerra Púnica. Con la vigorosa ambición de su juventud, el general cartaginés soñó con lo imposible: destruir Roma. Para ello tendría que armar un ejército poderoso y cruzar los Pirineos y los Alpes, una hazaña sólo al alcance de los grandes héroes en los que se reflejaba. Y Arse, la fortaleza inexpugnable que después sería conocida como Sagunto, se interponía en su camino. Determinó conquistarla, antes de comenzar su azaroso camino a la victoria total. 

Aún hoy, cuando nos acercamos a Sagunto, la visión de su recinto amurallado, nos sobrecoge. Sus torres y murallas nos retan amenazantes desde sus alturas verticales. Nadie, en su sano juicio, se atrevería a atacar esa meseta imposible, que domina, soberbia, la llanura litoral mediterránea, a escasos treinta kilómetros de la ciudad de Valencia. Pero Aníbal ordenó hacerlo en el año 219 a.C. Las puertas de Roma, para las gentes de Cartago Nova, se encontraba en Arse. Si las abría, podría llegar con sus elefantes y sus hombres hasta la ciudad de las siete colinas.

Años atrás, cuando todavía era un niño, su padre Amílcar Barca, apodado el Rayo por la velocidad de sus ejércitos, le hizo jurar odio eterno a los romanos en el Templo de Melkart, en la isla gaditana de Sancti Petri. Y Aníbal se crio en el odio inculcado: odiaba a los romanos y odiaba a los habitantes de Arse, aliados de la ciudad maldita y que le retaban desde la orgullosa Iberia profunda. Los edetanos, ante el inminente asedio del cartaginés, pidieron auxilio a Roma, un auxilio que nunca le llegaría. Los habitantes de Arse – Sagunto – tendrían que enfrentarse en solitario a las fauces hambrientas del conquistador. No se lo pusieron fácil y durante más de ocho meses resistieron la agonía de un asedio feroz. Cuenta la leyenda – hermosa y épica, pero no contrastada – que sabedores de su derrota, prefirieron arrojarse a la hoguera antes de aceptar la rendición ante Aníbal. Sea como fuere, Aníbal logró la hazaña de conquistar la ciudad inconquistable y se creyó ungido como héroe por el alto designio de los dioses. Con Arse en sus manos, la retaguardia quedaba garantizada y el camino a Roma expedito. La II Guerra Púnica había comenzado. 

INSCRIPCIÓN EN ÍBERO Y LATÍNINSCRIPCIÓN EN ÍBERO Y LATÍN 

El resto de la historia ya la conocemos. Aníbal llegó a las mismas puertas de Roma, pero no entró en ella. Los cartagineses fueron derrotados, los campos de Cártago sembrados de sal, y Arse refundada como la ciudad romana de Sagunto, floreciente y hermosa, con foro, teatro, circo y anfiteatro. Durante el periodo andalusí sería de nuevo rebautizada como Murviedro, cuyos perfiles amurallados aún hoy vemos, ya que ni siquiera el bullicio del desarrollismo, con sus mesnadas de turistas y de Altos Hornos, lograrían desmocharlos.

El Castillo, como se conoce, sigue reinando sobre el Sagunto actual. Almorzamos en la Taverne de la Serp, en la antigua judería, bajo los pies del controvertido teatro. Ni la voz dulce y melódica de la cantante que ameniza el lugar, ni la cerveza que nos refresca, logran apagar los gritos de furia de los asediadores ni los alaridos de terror de los asediados. Su eco milenario llega hasta nosotros. Al final, unos y otros, serían derrotados y ejecutados. La gloria efímera se cubrió, como siempre, con el manto escarlata de la sangre derramada. Los dioses jugaron con el destino de edetanos y cartigineses para, al final, tomar partido. A ambos les tocó morir para que la gran Roma se convirtiera en señora indiscutible de un mar que, para siempre, sería conocido como el Mare Nostrum.  

La voz de la cantante se apaga, terminamos nuestros bocadillos y nos dirigimos hacia el coche. Nos toca abandonar Sagunto, el espejo engañoso en el que Aníbal se creyó reconocer como el emperador que nunca sería. La gloria siempre niega sus mieles a quien sólo sabe vivir en el odio eterno. 

                                                           Manuel Pimentel Siles.


 

BOLOMOR, CAZADORES DE ELEFANTES

RODAJE EN LA CUEVA DE BOLOMORRODAJE EN LA CUEVA DE BOLOMOR

 

Y no solo de elefantes: rinocerontes, megaceros, hipopótamos, uros o macacos. Los neandertales de Bolomor eran cazadores y dominaban el fuego. Desde su atalaya situada en el extremo nordeste de las Cordilleras Béticas, coronando el llano que conduce al Sistema Ibérico, podían controlar los desplazamientos de las grandes manadas. Un botín muy apetitoso para el que había que estar preparado técnica y estratégicamente. Esto es muy importante de asimilar, ya que presupone un alto grado de evolución de los moradores de este nido de águilas. 

Hoy en día se ve el mar desde Bolomor, desde la entrada del refugio. Durante los trescientos mil años documentados de ocupación de este campamento neandertal, la linea del mar se movió muchas veces, en función de los cambios climáticos. El frío polar, la glaciación, retrae las aguas, que luego regresan cíclicamente. 

Imaginar la vida de los homínidos es un ejercicio de funambulismo intelectual. Pero hay certezas y las de Bolomor apuntan a la manera en que descarnaron y trasladaron a sus víctimas. Víctimas que a veces fueron de su propio género. ¿Se comieron estos neandertales a sus enemigos de los clanes rivales? Es una posibilidad.

Actualmente hay once restos humanos documentados en esta cueva. El comportamiento en el procesamiento de la carne y la talla de útiles está en un estado muy avanzado. La genética es el siguiente reto. La genética está abriendo muchas y relucientes puertas para comprender la evolución humana. 

El hecho de conocer estas poblaciones previas a los neandertales clásicos y que son muy anteriores a la irrupción de nuestro género en la península es muy importante para la ciencia. Estos preneandertales son probablemente los mismos que habitaron Átapuerca en el Pleistoceno Medio. Tal vez son los que poblaron Benzú o la entrada de la Cueva de la Garma. ¿Serán los mismos que ocuparon la Cueva del Ángel?

Estamos plenamente convencidos de que el equipo científico que lleva a cabo su estudio, en coordinación con el Museo de Prehistoria de Valencia nos va a dar respuestas muy pronto.  


 

LOST IN TRASLATION

¿SE PUEDE TRADUCIR EL ÍBERO?

LENGUA IBERA DEL SIGLO I ANTES DE CRISTO. INSCRIPCIÓNLENGUA IBERA DEL SIGLO I ANTES DE CRISTO. INSCRIPCIÓN

Hoy hemos alcanzado los seis mil kilómetros en ruta. Esta road movie arqueológica nos lleva por esos caminos de Dios y del Diablo. Ya van decenas de localizaciones y entrevistas. El calendario avanza, inexorable. Tempus fugit.

Buen momento para plantearse, tras andar dos días por Valencia - el lugar que más y mejores inscripciones ibéricas posee - si será posible traducir la lengua de aquella civilización en un plazo relativamente breve. 

No nos meteríamos en este jardín del bien y del mal, que alguno calificará de sensacionalista, si no lleváramos dos días oyendo pistas a cerca de ello. 

La placa que figura en la fotografía, es del siglo I antes de Cristo. Por entonces, el latín y el griego campeaban hace mucho por el levante y el sur peninsulares. ¿Por qué no puede aparecer un texto bilingüe o trilingüe? Ya pasó con el celtíbero en Botorrita. 

Se podrá argumentar que eso es un imponderable y es verdad. Pero también lo es que cada vez se excava mejor, que de alguna manera se va afinando el tiro. 

Por otra parte, los paleolingüistas ya han atisbado algunas vocales, consonantes, sílabas y numéricos de esta lengua muerta. 

Por cierto, viendo que aquellos artistas sofisticados contaban sus historias mezclando imagen y textos, no puede uno dejar de conmoverse. Tan lejanos y tan parecidos. Lo que estoy haciendo ahora, lo hicieron los habitantes de Edeta hace dos mil trescientos años. Eso sí, mucho mejor. 

El conocimiento va avanzando, como hemos tenido ocasión de comprobar en el Museo de Prehistoria de Valencia. Un institución que está a pie de excavación desde 1928, el año de su fundación. 

Un museo que participa de todo el proceso arqueológico - desde los planteamientos de dónde y cómo hacer una excavación, hasta la puesta en valor de sus piezas - es un agente cultural de primer orden, un motor de conocimiento y socialización del mismo. 

La complejidad de orquestar trabajos de prehistoria, como los de la Cueva de Bolomor, puesta en valor de los yacimientos, como en la Bastida de les Alcusses y publicaciones o seminarios es muy grande. Por eso, este modelo, que también vimos en Alicante - cada uno con sus peculiaridades - es muy activo, muy energético - por así decir - desde su definición misma. 

Pero el resultado es muy sugerente. La visita al Museo de Prehistoria de Valencia es obligatoria para comprender la arqueología en España y en Europa Occidental. La prehistoria, el cobre valenciano, el mundo ibérico o Roma son algunos de los hitos. Os dejamos una imagen de la espléndida cerámica ibérica de Valencia. Mañana, nos espera Bolomor. 

CERAMÍCA EDETANACERAMÍCA EDETANA

 


  VIAJE A LA EDETANIA

 

Zona de vivienda del Tossal de San MiguelZona de vivienda del Tossal de San Miguel

 

El mundo ibérico tiene una extraordinaria variabilidad y una gran complejidad. En el territorio de la antigua Edetania puede visitarse uno de los oppida  con mayor importancia de los pueblos del levante peninsular. Lliria se fundó sobre la brava colina del Tossal de San Miguel. Ahí se forjó, mirando hacia el horizonte del mar.  

Edeta es uno de esos nombres míticos de nuestra arqueología. Su extraordinario legado cerámico deja boquiabierto a todo aquel que se acerca contemplarlo. Mañana iremos al Museo de Prehistoria de Valencia a filmar esos vasos cerámicos únicos. 

Hoy hemos estado, bajo un sol de justicia, acompañados por el arqueólogo municipal de Lliria. Vicent Escrivá nos ha mostrado las zonas de habitación y talleres de la vieja Edeta. El espacio, aterrazado, muestra elementos como molinos y hornos. Desde allí, poderosos señores, controlaban un extenso territorio. La vista alcanza desde Sagunto hasta Denia. 

Tras la visita a la ciudad de los íberos, hemos pasado un buen rato en una de las termas romanas más espectaculares que hemos visto. Pensadas y costeadas por Nigrino, un senador rival de Trajano, muestran todo el repertorio arquitectónico de este tipo de edificaciones del siglo II.  

El patrimonio de Lliria se extiende también hasta el mundo andalusí y la Edad Moderna. Lliria es un lugar estratégico desde la protohistoria. Y eso, se nota. 


 

TAMBORES LEJANOS EN EL MUSEO DE ALICANTE

EL HOMBRE JAGUAREL HOMBRE JAGUAR

El sonido es muy importante, mejor dicho, los sonidos son casi todo en una ambientación, en una puesta en escena. Los de la exposición Mayas, el enigma de las ciudades perdidas son perfectamente evocadores de un mundo lejano, selvático y rotundo, distante y desconocido. 

Cómo no recordar a Borges y a su Jaguar al contemplar la magnífica escultura que encabeza estos párrafos, como no rememorar el misterio de las manchas de su piel al plantarte delante del Hombre Jaguar de la Sala III de la exposición. 

Los responsables del MARQ en estricta colaboración con otros colegas europeos han traído a Europa un soplo de la selva del Yucatán. Se sienten la magia y la profundidad de los zenotes, las danzas de la lluvia, el robusto jugador de pelota. Se padecen miradas severas, colores desconocidos a este lado del Océano Tenebroso.

Alicante, pedazo de la Contestania, fulgor del mundo ibérico, tesoro de la prehistoria, puerto romano. Y todo está en el MARQ, parece que el mundo entero cupiera en el MARQ, como cabía en la India, según Borges, ¿O lo dijo Kipling?

Hay mil y una razones para visitar ese museo construido por un arquitecto checo en un viejo hospital. Qué bonito gesto cambiar salas de padecimiento por espacios de deleite. Y es que así es la vida, nada permanece. Aunque viendo las colecciones del MARQ, nos entren dudas al respecto. Hay fondo y hay calidad, mucha calidad. 

Si no conocen este templo de la cultura, visítenlo, y si pueden hacerlo durante la exposición de los mayas, tanto mejor.  Seguimos.

 


 

El tesoro busca su origen

TESORO DE VILLENATESORO DE VILLENA

Sin duda 1963 fue un año brillante para la localidad alicantina de Villena. El primero de diciembre fue un día para la Historia. José María Soler, el sabio local, estaba a punto de abandonar la excavación en una rambla cercana. El sol se ponía, las sombras eran alargadas.

Soler  se había dirigido allí  tras estudiar la tierra de una construcción cercana en la que había aparecido un brazalete de oro. De pronto, sin apenas luz, afloró una vasija. Los destellos amarillos resaltaron en la oscuridad invernal, los brillos del oro eran una sonrisa a la luz de las antorchas y candiles. Uno de los mejores tesoros de la prehistoria occidental había sido rescatado de su ocultación en el corazón de Alicante. 

Poco tiempo después, al saberse la noticia, Almagro padre envió un transporte y dos escoltas para trasladar el hallazgo a Madrid. Soler se negó. Tiras y aflojas. Al final, el tesoro no se movió de Villena. 

Soler fue un estudioso, un hombre dedicado a la historia de Villena y su patrimonio. Lo que acrecienta el valor del tesoro es la dedicación y el estudio de este arqueólogo vocacional y sus discípulos. 

Durante los años 80 Mauro Hernández, de la Universidad de Alicante, inicia la excavación sistemática del Cabezo Redondo de Villena. Un tesorillo - de la Edad del Bronce - lo había puesto en situación. Desde entonces, va aflorando lo que es un yacimiento de mitad del segundo milenio de una importancia extraordinaria. Las concomitancias con el vecino Argar son manifiestas. Los sabios decidirán. 

En el Cabezo Redondo hemos visto una cultura desarrollada, sofisticada, con importación de materiales muy, muy lejanos. 

El oro, sin la ciencia, sin la Historia, no deja de ser un metal. El tesoro, gracias a los investigadores, busca su origen. ¿Pertenecería a un reyezuelo local? ¿A un templo aún por descubrir? ¿A las arcas de un incipiente estado?  Los expertos de la Universidad de Alicante y del Museo de Villena darán con la solución. Seguro. 

 


 

#MuseumWeek

Escudo de DelfosEscudo de Delfos

Que se dedique una semana completa a los museos en los tiempos que corren es algo sencillamente prodigioso. Fruto o no de los largos brazos del marketing (es igual) supone una oportunidad para que ciudadanos, gestores y administraciones alcancen el grado de conciencia necesaria para defender la herencia de la humanidad que nos precedió, el legado que debemos entregar en las condiciones adecuadas a las generaciones venideras.

En este programa ya dedicamos un reportaje a los museos, de forma especial y romántica, que se tituló "Un domingo en el museo". Y es que antes los domingos eran los días en los que nos llevaban a disfrutar de los museos allá por la lejana infancia. Había paz, se despertaba la curiosidad y era barato.  

Luego han venido trabajos específicos como los dos especiales del MAN o los programas que estamos preparando actualmente sobre museos como los de Málaga, Valencia, Villena o el Call. 

Los museos vertebran nuestra sociedad, la enlazan con su pasado, con su materialidad, con sus ideas, con sus valores. En cualquier museo arqueológico de España podemos ver piezas maravillosas, verdaderos tesoros. Pero también podemos asistir a la narración de múltiples relatos y a centenares de actividades. 

Los museos se han incorporado también a la revolución digital y algunos de ellos desarrollan una actividad incesante en el ciberespacio. Sigan si no al MAN, el MARQ o el Museo de Almería, por citar sólo algunos ejemplos. 

Los museos socializan el conocimiento, ofrecen un espacio para actualizar el relato de la Historia y son contenedores de nuestra herencia cultural. Los museos son, junto a los colegios, los lugares más importantes de la sociedad. En la polis del siglo XXI, deberían ocupar el centro del Ágora. 

Luego están los turistas, la sostenibilidad, la colaboración privada, las fundaciones y todo lo que hace falta para que sean viables y modernos. Pero como si de un astrolabio se tratara, nunca debemos perder el rumbo de lo verdaderamente importante: los museos son tesoros que debemos entregar a generaciones venideras, tesoros que deben ser comprendidos por amplias capas de la sociedad. 

Arranca una semana dedicada a los museos, qué duda cabe que será la mejor semana del año. Nosotros andaremos rodando por algunos de ellos.  

 


 

COMPLUTUM

Lucerna orientalizante. Foto KurroLucerna orientalizante. Foto Kurro

Sebastián Rascón, Arqueólogo Municipal de Alcalá de Henares, nos ha conducido por los entresijos de un municipio romano que está empezando a mostrar todo su extraordinario potencial arqueológico.

Complutum lleva unos treinta años siendo investigada sistemáticamente y los resultados son espectaculares. 

Alcalá de Henares, es una ciudad de ciudades, con rango de Patrimonio de la Humanidad. Cuando se redactó el expediente, su mundo romano no había aflorado aún, o al menos no con la intensidad actual. Y eso que lleva siendo observada desde la Edad Moderna.  

Actualmente sí que se ha materializado ante nuestros ojos gracias al trabajo de grandes profesionales. La Casa de los Grifos o la de Hippolytus son hitos que se complementan perfectamente con los materiales que se exponen en el Museo Arqueológico. 

Complutum parece una ciudad del estado, una ciudad sede de instituciones que cobra una gran importancia desde el siglo II de nuestra era.

 

Encrucijada entre Astúrica Augusta y Cartago Nova, entre Emérita Augusta y Tarraco, fue fundada por Augusto sobre territorio carpetano. Tiene notas brillantes en la Tardo Antigüedad, cuando la mayoría languidece. 

Estamos convencidos de que el potencial de Complutum será cada día mayor ya que todos los implicados están muy volcados en su divulgación. Los yacimientos socializados, son mejores yacimientos. 

 


 

DRIEBES, EN UN LUGAR DE LA ALCARRIA

El Tajo desde el espolón de CaracaEl Tajo desde el espolón de Caraca

Una de las hoces del río Tajo flanquea el talud sobre el que se eleva, majestuosa, como la proa de un trirreme, la antigua ciudad de Caraca.

Ptolomeo o el Anónimo de Rávena hablaron en sus escritos de esta urbe que se encontraba en el camino de Segóbriga a Complutum.

Tierra de esparto y de yeso, de cristal y de cielos en Cinemascope. 

Hace setenta años apareció por allí un tesorillo de plata, hace unos treinta se propuso por primera vez que Caraca podría estar en esta meseta de Driebes. 

Hoy el arqueólogo Javier Fernández nos ha mostrado el lugar, hemos visto la huella Carpetana, el paisaje, una vista privilegiada desde el cielo y un acueducto. Una ciudad con el Tajo a sus pies y un acueducto por la retaguardia. ¿Da qué pensar, no creen?

Parece ser que Caraca, como Segóbriga, vivió del lapis especularis que creció bajó su demanda y que feneció cuando cambió el tipo de cristal o se demandó de otras minas del Imperio. La ventanas siempre resultan problemáticas.

Bajo la ermita de la Virgen de la Muela, en la que se ven sillares y columnas de mármol empotradas, puede florecer una ciudad del siglo I. Es un paso más en el magno puzzle, un renglón más en de la Historia. 

Cómo no recordar a Cela por aquí, como no soñar con cielos llenos de estrellas en el país carpetano. 


 DE HOMBRES Y BESTIAS

Antonio Rosas en su laboratorio del Consejo Superior de Investigaciones CientíficasAntonio Rosas en su laboratorio del Consejo Superior de Investigaciones Científicas

España se cuece en esta ola de calor gigantesca llamada verano y los rodajes arqueológicos avanzan a toda máquina. 

Esta tarde hemos recibido una "actualización" - que se diría en términos informáticos - sobre lo que hemos dado en denominar "la cuestión neandertal".

Durante los últimos años se ha investigado mucho y se ha publicado muchísimo. Como saben nuestros seguidores, este equipo ha visitado multitud de yacimientos y dedicado un espacio importante al asunto. Y piensa seguir haciéndolo.

El aspecto feroz del hermano neandertal se ha ido disolviendo en una imagen de clanes familiares amables; casi de gentes desdichadas que, conocedoras de su terrible final ante el moderno sapiens, pasan sus últimos años buscando un refugio ecológico que les permita la subsistencia. Aquel terrible hombre primitivo resulta que no lo era tanto. Seguramente hablaba, enterraba a sus muertos y quizá se vestía con plumas de ave. 

Pero hoy Antonio Rosas nos ha hablado de cosas increíbles; de encontrar ADN de hombres y bestias en el sedimento de una cueva, de como del análisis de los residuos de la dentición se pueden deducir gastronomía y farmacopea. 

Así, mientras la canícula asfixiaba al más pintado, hemos pasado una tarde en la que hemos aprendido muchas cosas nuevas para contarlas en el programa. Seguimos. 


 TRABAJO DE CAMPO

kurro silva y carmen martínez hoy en santo tomékurro silva y carmen martínez hoy en santo tomé

En las fotografías y en los vídeos no hace calor, no huele mal, no te pican los insectos. En las fotografías y los vídeos no se tuercen los tobillos al pisar una piedra en un remoto olivar. En las fotografías y los vídeos se ve el resultado, pero no se ve el trabajo.

Es la intrahistoria lo que nos marca. 

El trabajo de los arqueólogos - y por seguimiento el nuestro - está plagado de lugares maravillosos, de espacios que fueron históricos y que ahora suelen ser un olivar como el que cobija el secreto de la Batalla de Baécula. Ahí, en el Cerro de la Albahaca se parapetó Asdrúbal para conseguir su objetivo de engañar a Escipión y poner pies en polvorosa camino de Italia. Ahí, subiendo la cuesta pedregosa hemos estado nosotros para llevaros de primera mano el estado de la cuestión.

La intrahistoria son las balas de los honderos baleares, las puntas quebradas de las flechas lanzadas por escorpiones, los fosos de las empalizadas, un talismán que había acompañado a un mercenario desde Esparta o desde Zama. El arqueólogo, los arqueólogos, construyen la intrahistoria para responder a la Historia o para completarla. 

El historiador clásico se atiene a las fuentes y se hace fuerte en la epigrafía. En una versión, en un relato que construye desde otros relatos. Retazos que hacen un todo.

El arqueólogo actual trata de deducir qué ocurrió a través del registro material. Tirios y troyanos. Para entender algo globalmente necesitamos que nos lo expliquen globalmente. Sin fuentes no hay Historia, sin intrahistoria tampoco. 

Decía Séneca que: "sin razón se queja del mar el que otra vez navega". Amén. Mañana más, si lo permiten los dioses. 

 


 

 

ESTO ES LA GUERRA

Excavación en La Muela, JaénExcavación en La Muela, Jaén

 

Parece un titular altisonante, pero es que lo que hemos vivido hoy es la guerra. Bien es cierto que se trata de la Segunda Guerra P&ua

MONTELIRIO,

MONUMENTO A LA INVESTIGACIÓN

MONTELIRIOMONTELIRIO

Por fin, esta semana ha llegado a nuestro poder la publicación "Montelirio. Un gran monumento megalítico de la Edad del Cobre", editado por la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía.

No es sólo la calidad de la publicación, su gran formato, sus magníficas fotografías e ilustraciones, es la gran entidad de la investigación desarrollada lo que más llama la atención. Se trata del arranque de un proyecto científico que puede resultar paradigmático por su carácter coral y multidisciplinario. 

Algunos de los mejores expertos de este país han participado en su génesis. Los editores son profesionales de reconocida solvencia y trayectoria. Hemos tenido la oportunidad de colaborar con dos de ellos en la grabación de Arqueomanía: Álvaro Fernández Flores, que en su día nos acompañó al yacimiento de El Carambolo y Leonardo García Sanjuán, que nos ha asistido en infinidad de ocasiones en temas de prehistoria. Leonardo ha desarrollado una gran labor en la candidatura a la Unesco de los Dólmenes de Antequera. Es un gran conocedor de la materia y siempre acudimos a él cuando nos aproximamos a los yacimientos de Valencina de la Concepción y Castilleja de Guzmán. Y a Manuel Vargas, el arqueólogo municipal de Valencina. 

El Tholos de Montelirio está dentro de ese singular yacimiento de la prehistoria que se sitúa sobre más de 400 hectáreas de los términos de Valencina de la Concepción y Castilleja de Guzmán. Estamos ante uno de los hitos de la prehistoria europea, ante un espacio arqueológico que puede encerrar valiosas claves de la Historia de la Humanidad.

El pasado viernes tuvimos la oportunidad de filmar las piezas que figuran en la portada del libro: son puntas de flecha que forman parte de un ajuar funerario. Su técnica de construcción es tan delicada que implica un desarrollo tecnológico sin parangón. Algo similar sucede con el puñal de cristal de roca del cercano yacimiento PP4.

Hemos tenido la oportunidad de hablar con otros autores del volumen, como Rodrigo de Balbín y Primitiva Bueno. Ellos desarrollan junto a otros dos autores un espléndido capítulo sobre el arte y la plástica en el tholos de Montelirio. La decoración de los ortostatos es de esas cosas que uno no puede perderse en la vida.

En el libro se analiza el monumento con gran detalle y rigor científico. No queda casi nada sin escudriñar, aunque parece ser que se pueden practicar nuevas investigaciones, ahondar los caminos ya transitados con nuevos métodos.

La arquitectura, la cultura material, el ritual funerario... Son muchos los aspectos que hay que estudiar y que se afrontan en este magnífico trabajo. España tiene un patrimonio arqueológico de primer nivel mundial. Es justo que la investigación y las publicaciones también lo sean. Con trabajos como esta monografía de Montelirio, el objetivo está más cercano. Queremos dar nuestra enhorabuena a los autores y editores del mismo.  


 

ANTONIO RUIZ BUSTOS

OBITUARIO

http://www.rtve.es/alacarta/videos/arqueomania/arqueomania-dossier-1/2049571/http://www.rtve.es/alacarta/videos/arqueomania/arqueomania-dossier-1/2049571/

 

 

Hay días que uno escribe por placer, con alegría, por oficio, por satisfacción. En otras ocasiones las motivaciones son bien distintas. Hoy para nuestro equipo era un día feliz hasta poco antes de las doce del mediodía. A esa hora, después de llevar toda la mañana rodando en el Museo Arqueológico de Sevilla, disfrutando de los maravillosos ajuares de Montelirio, recibíamos la trágica noticia: Antonio Ruiz Bustos había fallecido en su finca de Loja hacía un mes. En ese momento nos hemos quedado helados. No entraré en las circunstancias trágicas de su muerte - no me corresponde - pero si me gustaría glosar - siquiera levemente - mi relación con él. 

Creo que Antonio Ruiz Bustos era un hombre íntegro y un científico verdadero. Me puse en contacto con él en el año 2009 para pedirle que participara en el documental "El hombre de Orce" que por entonces estábamos produciendo. Antonio, según me habían informado fuentes fidedignas, conocía la historia en profundidad. Tuve una primera cita con él en Granada el 25 de junio de ese 2009. Tomamos un café cerca de la Facultad de Ciencias y me dio la sensación de que el tema no era agradable para él. La controversia había llegado quizás demasiado lejos y no conseguí - pese a mi insistencia - que Antonio diera su versión en la película. 

No obstante comenzamos una relación epistolar (de 22 correos) ciertamente respetuosa en la que fui poco a poco, conociendo al hombre y su trabajo. Al entrar en sus propios temas Antonio cambió de registro inmediatamente y vi que su entusiasmo era un aleación de extraordinaria dureza. Él sabía que su línea de trabajo era compleja, que no se correspondía con otras versiones más mediáticas de la ciencia. No obstante, no renunció a explicármela. Me permito la licencia de transcribir un fragmento de uno de nuestros intercambios epistolares en los que Ruiz Bustos me daba norte sobre su trabajo:

"El libro titulado: Escala Bioestratigráfica y Cambio Climático en la Cordillera Bética es el primero de la tetralogía: Desde Orce y Cúllar hasta Piñar y Zafarraya.

El ecosistema terrestre bético como consecuencia de su altitud (3000 m en Sierra Nevada) y latitud (36º LN) reproduce en sus biotopos altitudinales la fauna, flora y clima del ecosistema eurasiático.

El libro usando las relaciones entre mamífero, vegetación y clima, analiza la morfología de los mamíferos fósiles béticos durante los últimos 10 millones de años. Este describe los morfo-eventos, su correlación con los sedimentos fosilíferos que los conservan, su cronología y cambios climáticos en la Cordillera Bética.

El método del libro transforma a los mamíferos béticos en un punto estándar para comprender y verificar la litoestratigrafía, magnetoestratigrafía y mediciones de isótopos paleo-ambientales obtenidas en sedimentos continentales y marinos procedentes del Mediterráneo y áreas oceánicas."

 Después vinieron las células mesenquimáticas, su intención de sistematizar la evolución natural con un sistema inspirado o similar al de Linneo, sus hexágonos, sus arvicólidos... 

 

RUIZ BUSTOS EN CÚLLAR 1RUIZ BUSTOS EN CÚLLAR 1

Antonio conocía Orce, Solana del Zamborino o Cúllar desde los años 70. El yacimiento de Cúllar 1 fue la inspiración para sus hipótesis. Observó las labores de carnicería de los homínidos del Pleistoceno Inferior y se percató de la evolución de sus inteligencias. Ese fue el impulso, la coordenada en el mapa. Luego concluyó que la evolución humana (la aparición de la humanidad, del carácter "smart" de los anglosajones) se había producido en Asia y no en África. Pero esa es otra historia que podéis ver en el Dossier 1 que preparamos hace unos años. 

Antonio conoció y estudió muchos de los grandes yacimientos de Andalucía como Píñar, Zafarraya, Solana de Zamborino, Cúllar o la Carihuela. En la foto de al lado, que él mismo me proporcionó, se le ve muy joven con un gorro rojo en el yacimiento de Cúllar 1. 

A veces es bueno para todos que haya personas con una vocación y una dedicación tan grande como la de Antonio Ruíz Bustos. 

Hacía unos meses que no hablaba con él. Sabía que se iba a jubilar de su trabajo en el Instituto de Ciencias de la Tierra del CSIC en Granada. Tenía pensado escribirle, pero no de esta manera. La verdad, lo he sentido mucho. Espero que descanse en paz y sobre todo espero que se lean sus trabajos excepcionales. 

 

Manuel Navarro (@arqueomaniaprod) 

Productor y realizador de Arqueomanía 

 


 

SE RUEDA, SE VIVE, SE NARRA

 Hace apenas unos días que todo ha comenzado y las sensaciones son buenas. El Turuñuelo de Guareña, en pleno corazón de Badajoz, en la frondosa ribera del Guadiana, fue el escenario soñado. ¿Qué mejor regreso que en un yacimiento tartésico? Parece ser que esos dichosos lares son considerados la periferia de Tartessos, o al menos su limes. Sebastián Celestino, que siempre está en las mejores, nos explicó con todo lujo de detalles lo que es un enigma arqueológico. Las evidencias van apareciendo, pero como casi siempre, van dibujando un puzzle de teselas dispares y asimétricas. Tarea para sabios, labor de gigantes. 

Nosotros nos conformamos con contarlo, con narrarlo por tierra mar y aire. Decía Don Marshall McLuhan que el medio es el mensaje. Nuestro medio es televisivo pero quiere extenderse desde esta web. Por estos rincones del ciberespacio tenemos más capacidad para el presente, para narrar lo que estamos haciendo y lo que estamos rodando. Seremos breves haciendo caso a Don Marshall, pero seremos constantes. Y ya sabéis que este canal de comunicación está abierto a todos. Sed buenos y soñad con excavaciones maravillosas como la del Turuñuelo de Guareña. 

 

 


 

LA HISTORIA PASA POR CÁSTULO

ENCUENTRO SENTIMENTAL CON EL LEGADO DE BLÁZQUEZ

No han hecho falta demasiadas horas en Linares para atisbar la extraordinaria importancia que tiene el yacimiento ibero-romano de Cástulo. Marcelino Castro relataba esta misma mañana, con emoción, las actuaciones del gran José María Blázquez desde los años 70.: "Seguramente sin él, no estaríamos donde estamos hoy", afirmaba el director del conjunto arqueológico. 

Al asomarse sobre la muralla, asoma el pulso de la Historia. Baste con pensar el pavor que debieron sentir los locales al contemplar al enfurecido ejército romano durante la Segunda Guerra Púnica. 

Al final, como en otras ocasiones, hubo pacto y no sangre, lo que no evitó que los vencedores arrimaran el ascua a su sardina. 

Un templo y un león que dominan los centenarios olivares; una patena de cristal, una lucerna con una Menorá o una crátera griega. El mundo de Cástulo es fascinante y es cercano. Les pilla de paso si van desde Andalucía a la Meseta, o viceversa. No dejen de ir. 




 

UNA TARDE CON LATOVA

El programa rueda un reportaje con José Latova en el Museo Arqueológico Nacional

El equipo con el maestro LatovaEl equipo con el maestro Latova

Ha sido una de las mejores tardes en la historia de los rodajes de Arqueomanía. Y lo ha sido porque hemos podido filmar la obra de un gran hombre, que como todos los grandes hombres, es un hombre sencillo. 

José Latova ha demostrado ser un maestro y nosotros estamos muy agradecidos de poder haber aprendido mucho con él durante esta tarde inolvidable. Y no sólo hemos aprendido de fotografía y de arqueología. Nos ha maravillado su profundo conocimiento de la arqueología y del medio visual. 

Latova es, si se nos permite, el ojo matemático y el ojo artístico: un hombre del renacimiento y un hombre del futuro. 

Felicitamos al MAN por tan brillante iniciativa. Y especialmente a Carmen Ordóñez por atendernos tan bien como siempre. 

El día había comenzado en los laboratorios del CSIC en la Universidad Autónoma. La restauración de los materiales del yacimiento de Turuñuelo de Guareña nos ha ocupado una interesantísima mañana junto a un gran equipo de profesionales. La excavación que dirige Sebastián Celestino va a dar mucho que hablar durante años. Estamos seguros. La calidad e las piezas excavadas, amén de la espectacularidad del nuevo yacimiento tartésico, van a tener un lugar muy destacado en el programa. Pero esa historia la contará nuestro director, Manuel Pimentel. 

 

Equipo de restauración del CSIC en la AutónomaEquipo de restauración del CSIC en la Autónoma

 

 

 


 

 

Los sueños se cumplen (con tesón)

 

Nuestra profesión nos ha llevado a ver y grabar museos por medio mundo, desde Copenhague a El Bardo, desde el Louvre a Hanoi, desde Estambul a Gwonju. Y la vida, el destino o la casualidad a nacer en Málaga. Hoy era por tanto, un día especial: el nuevo Museo de Málaga abría sus puertas al público.

Nos hubiera gustado hacer un especial como cuando se volvió a inaugurar el Museo Arqueológico Nacional https://goo.gl/vkG4rK  pero en esta ocasión no ha resultado posible, ya que en estos momentos no estamos produciendo programas de Arqueomanía, situación que esperamos, acabe con prontitud.

 

Profesionalmente habíamos filmado una vez dentro del Palacio de la Aduana, para el documental “Luz de Mar. Málaga y Pablo Ruiz Picasso” que Manuel Navarro dirigió en 2005 y que se estrenó muy cerquita del nuevo museo: en el Cine Albéniz, hoy baluarte del Festival de Cine Español de Málaga. En aquella ocasión tuvimos la oportunidad  de grabar varios cuadros de la colección pictórica que se encontraban en depósito en la planta alta del edificio. Fue un día difícil de olvidar.

 

Hemos vivido intensamente la lucha porque la Aduana fuera para Málaga. Recordamos cuando era Delegación del Gobierno y se expedían allí los pasaportes, esos papeles que nos sirven para movernos con libertad. Hasta denuncias hemos sustanciado dentro de esas cuatro paredes. Por eso entrar hoy por esas puertas, cruzar ese patio, tenía algo de victoria cívica. Probablemente el mejor edificio de Málaga esté ya en manos de los ciudadanos para mucho tiempo; siempre es demasiado, como decía Rick.

Bueno, trataremos de dejar los miles de recuerdos porque si no esto más que una crónica de la apertura de un museo va a parecer un libro de memorias. Como decíamos al principio, hemos trabajado en muchos museos, bastantes de ellos españoles, pero un número importante extranjeros. Decimos esto porque pensamos que tenemos bagaje suficiente para expresar esto: el nuevo Museo de Málaga tiene altura internacional. Es moderno, tiene contenido, contexto urbano y discurso formal. Su narrativa es impecable, sus colecciones brillantes y su puesta en escena elaborada, pero no por ello menos emotiva.

 

Lo primero que nos ha llamado la atención – además de que había cola para entrar – ha sido una sala dedicada a “almacén visitable”. Ha sido una idea brillante y está fenomentalmente ejecutada. Destaca especialmente un recurso espacial que lleva el sello, o a nosotros nos lo parece, de Juan Pablo Rodríguez Frade, arquitecto responsable de la remodelación del Arqueológico Nacional. Hasta donde sabemos, su estudio ha hecho el trabajo de la Aduana.  El recurso es la creación de salas exentas dentro de un espacio superior. En el caso del “almacén visitable” esta sala contiene diversos tipos de piezas en vitrinas y cajoneras que el visitante puede abrir a su amor. Ha sido muy emocionante tirar de uno de esos cajones y ver puntas de flechas; en otro había monedas con cabiros, como las que calcó Guillén de Robles. Lo dicho, un recurso magnífico para el visitante y una acotación del espacio – que repite en el resto de salas – que provoca que haya intimidad y recogimiento dentro del contexto de los claros espacios de la Aduana. De hecho, la sala del almacén visitable parece una enorme lonja, eso sí, llena de piezas de ensueño. De ensueño, pero no durmiendo el sueño de los justos. Las de Málaga están ahí, a la vista de todos.

En la primera planta, a la que hemos accedido por la escalera monumental – por gusto, ya que los ascensores están perfectamente indicados – se puede contemplar la colección pictórica. Está ahí el recuerdo de aquella Málaga del XIX con sus burgueses y sus toreros, con sus pobres y sus luminosos pintores. Empiezan a brotar pinceladas y nombres. De Muñoz Degraín a Chicano, pasando por el monstruo más grande que conocieron los tiempos: Pablo Picasso. Si es usted aficionado a la pintura del XIX y al inicio de las vanguardias, si le gustan Moreno Carbonero o la Revista Litoral, si echa de menos los veranos de Hinojosa con Dalí, éste puede ser su rincón predilecto.

Un detalle – nos ha parecido – exponer parte del bestiario recuperado del desaparecido Convento de la Merced o las obras de Mena de El Retiro de Churriana.

En las salas pictóricas, la distribución de los espacios, la iluminación, la circulación de personas… Todo muy bien pensado y solucionado.

Y subimos otra planta… ¡A por la colección arqueológica! El conjunto situado en la entreplanta es espectacular. Las esculturas romanas colosales de Cártama tienen un espacio predilecto, pero es que se lo merecen. Sólo el gran mosaico que puede verse en el interior, proveniente de la misma localidad, le da contrapunto. Por cierto, que el abuelo de un miembro de nuestro equipo trabajó en la panadería bajo la que apareció este espectacular mosaico. Pero esa, es otra historia.

 

Superado este encuentro glorioso con las sacerdotisas romanas, con las blancas lápidas de Alándalus, con la fiera que devora su presa, nos metimos en plena Prehistoria. Y ahí, ahí vuela nuestro corazón porque hemos podido filmar en las maravillosas cuevas y los elevados riscos, en simas como la de las Tinajas – donde tuvimos que bajar 40 metros por una grieta – para dar testimonio de una de las excavaciones más difíciles que se han hecho en la época contemporánea. https://goo.gl/fWtp4x

 

 

Claro, ahí te acuerdas de Cecilio Barroso al ver la Mandíbula de Zafarraya, de Pepe Ramos y Pedro Cantalejo al ver las cosas de Ardales, de Dimas Martín Socas, Dodes Camalich, Bartolomé Ruiz y Leonardo García Sanjuán al llegar al neolítico y los dólmenes; de Miguel Such https://goo.gl/MVzVau como pionero y hombre recuperado – tarde y mal en la postmodernidad.

En todas estas salas de Prehistoria y Protohistoria hemos tenido la sensación de pasear por un mundo muy familiar. La selección – dado el enorme tamaño de los fondos – ha debido ser complejísima. Allí hemos podido gozar al ver por fin, uno de nuestros hitos favoritos: el hoplita de Calle Jinetes. Sencillamente espectacular: https://goo.gl/PyU29w

Después se ven Roma, la Antigüedad tardía, Alándalus y hasta la Edad Moderna. Todos los espacios perfectamente legibles y aislados de los demás que los circundan y abrazan, todos en armonía dentro de un conjunto que es un cosmos.

 

 

Como personas de la cultura, de la comunicación y como malagueños (en algún caso del equipo) no podemos hacer otra cosa que felicitar a los responsables, invitar a todo el mundo a que venga y gozar de vez en cuando, de tan magnífica instalación. Si los responsables de esta magna obra preguntan en su lecho mortuorio – como hizo Augusto – si habían representado bien su papel, a buen seguro que los que los rodeen en tan señalado momento dirán que sí. 

 

 

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