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La reina de la plata

Publicado 29/12/2014

Era verano, este último verano, concretamente la segunda semana de agosto. Hacía ese calor que olvidamos cuando estamos pasando días como estos de final de año. La memoria parece frágil para el tiempo atmosférico. Sonó el teléfono: Al otro lado estaba Vicente Lull. Su sonrisa casi traspasaba el espacio radioeléctrico, no hizo falta que dijera nada. A los pocos segundos lo confirmó: Una tumba excepcional había sido localizada en el gran salón de reuniones de La Almoloya. Cogimos los petates y toda la cacharrería y salimos escopetados hacia Murcia.

La semana anterior habíamos rodado en el yacimiento de La Almoloya, en Pliego, Murcia. Lo cierto es que ya estábamos muy impactados, tanto por su localización, como por su urbanismo, sobre todo por un gran salón de reuniones. A lo largo de las entrevistas con Vicente Lull, Cristina Rihuete y el resto del equipo, habíamos asistido a profundas discusiones de los investigadores sobre la naturaleza de ese gran salón. ¿Era un salón del trono? ¿Una asamblea? 

La Almoloya, Pliego (Murcia). Foto ASOME-UABLa Almoloya, Pliego (Murcia). Foto ASOME-UAB

¿La casa de un augur? Su arquitectura, la existencia de un gran podio, el resto de un gran hogar o sus estucos, son suficientes elementos para no aventurarse en una interpretación apresurada.

En lo que sí parecían estar todos de acuerdo es que si la edificación hubiera sido excavada en un contexto micénico, estaríamos ante un salón del trono sin ningún género de dudas. Pero Spain is diferent, ya se sabe.

Las cronologías de La Almoloya son similares a las de la Civilización Minoica, anteriores a Micenas. Estamos antes del tiempo de los héroes, cuando todo parece fundirse en una nebulosa.

Y desde esa nebulosa, emerge la que ya se conoce como “Reina de la Plata”. Desde luego, por su ajuar, el título es merecido. La tumba singular – doble – de la gran sala de reuniones de la Almoloya, tenía más de treinta piezas, la mayoría de plata, aunque también hay oro y minerales exóticos. La mujer que la ocupaba, junto a un hombre joven, es un dardo en nuestra imaginación. Incluso poniendo los pies en la tierra, es poco discutible que estamos ante un hallazgo excepcional, un hallazgo que lleva a los cenáculos la discusión de un estado primigenio en el sudeste peninsular. Quizá fue un reino, o una confederación de ciudades. Lo que es indudable es que estamos ante las primeras sociedades claramente jerarquizadas de occidente.

A lo largo de los próximos dos programas de Arqueomanía, entraremos a fondo en el esquivo mundo de El Argar. 

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